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Populismo patrio

En la historia de la España del siglo XX hay un vacío historiográfico correspondiente a la década de los años veinte que el libro de Alejandro Quiroga, doctor en ciencias políticas, Miguel Primo de Rivera. Dictadura, populismo y nación, intenta cubrir: desde el momento en el que se produce, en 1923 y con el acuerdo expreso del rey Alfonso XIII, el golpe de estado militar con el teniente general Miguel Primo de Rivera al frente, hasta el momento de su caída a principios de 1930.

Al igual que hizo el dictador italiano Benito Mussolini, Primo de Rivera se presentó como alternativa regeneracionista y vital que iba acabar con un sistema corrupto controlado por una oligarquía de caciques liberales y políticos disolutos. El autor intenta a lo largo de la obra humanizar a Primo de Rivera, desmitificarlo, presentando “un retrato complejo del dictador, aunque el cuadro resultante no sea siempre coherente ni lineal”.

"El dictador se dedicó a reprimir a los críticos y organizó asesinatos extrajudiciales a sangre fría de sindicalistas y encarcelamientos masivos de opositores políticos, y utilizó armas químicas sobre la población civil de Marruecos"

Miguel Primo de Rivera, político de uniforme, fue el primer gobernante en España en utilizar de modo sistemático un discurso populista desde el poder. A lo largo del libro se demuestra que su interés personal es solo por el poder, utilizando sin escrúpulos la propaganda. Siempre le decía a su interlocutor lo que quería oír, no le importaba que fuesen nacionalistas catalanes, militares africanistas, obreros del PSOE, etc: siempre recurría a la mentira para convencerles de que sus intereses coincidían con los suyos. Su formación académica y militar fue mediocre, pero supo buscarse padrinos poderosos que, en base a actos militares valientes, le ayudaron a subir en el escalafón. Siembre estuvo amparado y a la sombra de su tío, el marqués de Estella, que tenía el grado de teniente general. El dictador se dedicó a reprimir a los críticos y organizó asesinatos extrajudiciales a sangre fría de sindicalistas y encarcelamientos masivos de opositores políticos, y utilizó armas químicas sobre la población civil de Marruecos. Hay cartas que demuestran cómo organizó un terrorismo de Estado.

En 1923, una vez producido el golpe de estado, Primo de Rivera juraría ante Alfonso XIII como presidente del Consejo, pero presidiría, no un gobierno al uso, sino un Directorio Militar que suspendería la Constitución, dejando claro que era el país y no el rey en quien recaía la capacidad para elegir gobernantes. Se puede afirmar que Primo de Rivera adoptó el disfraz de dictador bonachón y afable, aunque en realidad su papel es el de un déspota que se dedicó a acumular, en su figura, todos los poderes del Estado. El dictador necesitaba ganarse el respaldo popular para sobrevivir, y para ello utilizó la movilización de sus seguidores y de los medios de información. Utilizaba notas oficiosas, redactadas por él y su gobierno, para explicarse y crear una corriente de opinión favorable a sus postulados. De esta manera, la propaganda fue su programa de instrucción y uno de los elementos de adoctrinamiento de la población. Uno de sus objetivos era presentarse como antipolítico, ya que consideraba que los males de España estaban propiciados por políticos corruptos a los que había que arrancar del escenario patrio. Llegó a patrocinar un “partido apolítico y una liga de ciudadanos” que agrupaba a todos los “españoles de bien” para la salvación de la Patria, frente al “dogmatismo” de los partidos políticos. El Directorio Militar impulsó transformaciones significativas en la estructura estatal. Pretendía regenerar al Estado, llevándolo a un concepto moderno en el que las regiones se administrasen ellas mismas. Debido a sus conceptos volubles, enseguida abandonó la idea regionalista para impulsar la reestructuración del Estado desde el ámbito municipal, reconociendo que “la fuente originaria de toda soberanía municipal radica en el pueblo”. Se reconoció el voto femenino, excluyendo a las casadas. El Estatuto Municipal no se desarrolló, impidiendo su aplicación, y tampoco convocó elecciones y mantuvo las Cortes cerradas.

"Con el cambio de tendencia económica de 1929, la depreciación de la peseta, unida a otros factores políticos, produjo que los poderes fácticos, incluidos los capitalistas, retirasen el apoyo a Primo de Rivera"

Entre 1925 y 1930 el gobierno se trasformó en un Directorio Civil. Intentó la articulación de un sistema político antiliberal. Creó una Asamblea Nacional corporativa para representar a las familias, los municipios y las provincias, a las que llamó en 1926 “entidades naturales de la sociedad”. Esta nueva estructura no se llegó a desarrollar, pero sirvió para que la adoptasen como suya la Falange Española de las J.O.N.S. y el Franquismo. Encomendó a una comisión de notables elaborar una nueva Constitución; una vez que terminaron su redacción, en 1929, esta no salió adelante ya que contó con la oposición de todos, incluida la del rey Alfonso XIII. Sin embargo, esta Constitución sirvió de base para que durante el franquismo se utilizase para redactar las Leyes Fundamentales del Reino. En el aspecto económico, el sistema corporativo hay que entenderlo dentro del “marco de construcción de un estado moderno, autoritario, intervencionista y expansivo”. Se crearon empresas monopolistas como la de petróleo o telefónica, planteando desde el Directorio la idea de que “el bienestar material iba a compensar la pérdida de libertades”. Con el cambio de tendencia económica de 1929, la depreciación de la peseta, unida a otros factores políticos, produjo que los poderes fácticos, incluidos los capitalistas, retirasen el apoyo a Primo de Rivera, lo que le obligó a dimitir a finales de enero de 1930 y pasar a vivir exiliado en un modesto hotel de París, donde el 16 de marzo de 1930 murió.

La historia nos explica que Primo de Rivera fue un juerguista, ludópata y mujeriego que siempre andaba falto de dinero y de honradez. Pretendió ser un caudillo nacional y fracasó estrepitosamente, a pesar del empeño y los medios que tuvo a su disposición. La dimisión de Primo de Rivera puso fin a más de seis años de dictadura que cambiaron para siempre el país. “La Dictadura liquidó el régimen de la Restauración y anticipó en muchos aspectos el Franquismo”.

El libro de Alejandro Quiroga, escrito de manera rigurosa y amena, logra llenar ese inmenso hueco que había en la historiografía sobre la figura de un militar que quiso ser político y en ella encontró su mayor derrota.

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Autor: Alejandro Quiroga. Título: Miguel Primo de Rivera. Dictadura, populismo y nación. Editorial: Crítica. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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