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Propósitos 2021

Propósitos 2021

Foto de Andrea Abreu.

2021 empieza conmigo yendo a rehabilitación. Empieza en una sala decorada como un gimnasio de escuela, como un circuito para perros superdotados. 2021 empieza conmigo metiendo el pie en una bañadera de agua congelada y cagándome en todoslossantosquesemenean. Con la noticia de que el arreglo me sale más caro que lo que me costó la furgoneta, de que Jony, el mecánico de mi madre, le dice que él, como amigo, no como mecánico, me aconseja que la venda por piezas a la chatarra. El año nuevo empieza con la imagen de un hombre muy pequeño, pequeñito como un hámster ruso, dándole vueltas demasiado rápido a una rueda clavada en la pared de la sala. Con una fisioterapeuta que se llama Ainhoa. Una fisioterapeuta que se llama Ainhoa y tiene las piernas larguísimas y el pelo negro larguísimo y le grita al hombre-hámster ruso ey, Lucio, más despacio, por favor. ¿Cómo? ¿Así?, le responde Lucio desde el otro lado de la sala, haciendo girar, ahora, la manivela demasiado lento mientras me clava los ojos y mi pie reposa debajo de un arco de magnetoterapia y tomo notas en el móvil.

Beber AGUA en ayunas todos los días
Aprender a dibujar con técnica: curso Domestika
Proposito lectura en Goodreads 50 LIBROS
Hacer articulo Zenda

"2021 empieza con la certeza de que hay otro nivel de entendimiento. Otro que solo afecta a las personas que sufrieron un accidente de tráfico"

No, así no, muchachito de Dios, un punto medio. Se ve que se conocen desde hace rato. Pienso que también llegará un momento en el que Ainhoa y yo tengamos ese nivel de complicidad, y me asusto. Ahora yo soy como esta gente, me digo. 2021 empieza con la constatación de que yo soy como esta gente. Niños obedientes, faltos de cariño. Niños que esperan detrás de la puerta de la entrada a que vuelva el padre de trabajar con la tarea hecha. Y el padre es Ainhoa. Y la tarea es cumplimentar este circuito cerrado. Llego. Paso la tarjeta. Uno, dos, un, dos, uno, dos, un, dos. Pie arriba. Pie abajo. Sentadilla. Rayo láser. Agua fría. Pitido. Cambio. Ponte el zapato. Quítate el zapato. Uno, dos, un, dos. Descarga eléctrica. Masaje. Paso la tarjeta y la vuelvo a pasar por el lector y sale mi nombre y buenos días, buenos días, hasta mañana, hasta mañana. Uno, dos. Un circuito cerrado con forma de sala acristalada con pegatinas de Navidad que llevan cinco años pegadas en la misma esquina. Una sala dividida en cuartitos de madera numerados. Cuartitos como habitaciones privadas de tortura. En los que la gente coloca partes de su cuerpo dentro de aparatos de aspecto futurista pero que llevan veinte años desfasados. Empieza con una doña pelirroja con la nariz por fuera de la mascarilla esperando a que la saquen de la sala del agua congelada (sala 10). A que el pilotito verde de la sonda que flota en la bañadera se ponga rojo lo más rápido posible, para que, de nuevo, venga Ainhoa y le dedique ese ratito de amor y de palabras suaves como duraznos pelones: A veeeer, Encarnación, ahora te me vas a la sala de electro (sala 5), trajiste los electrodos, ¿no? Y que la doña pelirroja se vaya cojeando y sonriendo con los ojos. Y que se siente en la silla que hay en la sala 5 y que se queje ay, un quejidito breve pero duro, como un pinchazo de cuchillo pelando papas. Y que se queje solo para que Ainhoa la oiga, porque para qué sirve quejarse si nadie te escucha.

Escribir todos los días min 200 palabras
Aprender a hacer pan bien hecho
Mejorar en repostería
Aprender un DEPORTE NUEVO
MEDITAR 5 min mañana 5 min antes de dormir

2021 empieza con la certeza de que hay otro nivel de entendimiento. Otro que solo afecta a las personas que sufrieron un accidente de tráfico. Que solo es posible entre quienes vieron la muerte cerquita-cerquita, tan cerquita que lo apostaban todo a que no la contaban. Una sabiduría que les hace aterrorizarse con películas de las once de la noche en AXN. Películas en las que Tom Cruise cae desde quince metros de altura y a los dos minutos está corriendo y disparando. Que les hace atender con demasiada fuerza a cada señal, bache, gota de lluvia, aceite, vino, veneno que haya sobre el piche. Una especie de conexión mística, como un radar que les permite intuir si el chico con moño y mascarilla de Star Wars también dio cinco vueltas de campana dentro de una armadura de chapa pintada de negro.

"2021 empieza conmigo después de ir a rehabilitación pensando en que no quiero más propósitos de año nuevo. En que solo sirven para sentirme como una sandwichera rota que necesita arreglo"

2021 empieza conmigo después de ir a rehabilitación pensando en que no quiero más propósitos de año nuevo. En que solo sirven para sentirme como una sandwichera rota que necesita arreglo. Como una casa de autoconstrucción siempre a medio hacer. Con la amasadora aparcada en la misma puerta de la entrada. Con una montaña de arena para construir, toda llena de mierda de gatos y de gatos y de bichos carreteros haciendo colonias, casas dentro de la arena mojada ya y con hierba de todo el tiempo que hace que no se usa. 2021 empieza conmigo llorando después de ir a rehabilitación. Conmigo llorando y leyendo un cómic. De vampiros. Titulado Aspirina. Un cómic con una viñeta en la que un personaje le dice a otro: «Esa necesidad de que la existencia sirva para algo. Es la juventud, luego se pasa. Llega un momento en que uno se da cuenta de la inutilidad de cuestionárselo. Nos limitamos a aprovechar lo que nos ofrece el mundo».

Conseguir un coche nuevo
Dedicarle más tiempo a mis amigas
Secar flores
aprender a hacer injertos de árboles
MENOS MÓVIL
Cuidarme la piel que la tengo toda reseca

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