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Qué ver de… David Simon

La respuesta, aunque el titular ni siquiera está enunciado como pregunta, es «todo», hasta el último minuto. David Simon es el responsable de varias de las mejores series de televisión del último cuarto de siglo, y aquí echamos un vistazo a su producción completa, por si a alguien se le ha escapado alguna. Nacido en Washington en 1960, fue periodista durante doce años antes que guionista y productor. Su labor como reportero de temas delictivos y policiales para The Baltimore Sun (1982-1995) le dio acceso de primera mano a una gran cantidad de temas que luego fueron emergiendo en sus series, como el tráfico de drogas, la justicia social, la corrupción política, las responsabilidades de las autoridades locales, las problemáticas de la clase trabajadora y sobre todo la noción de cómo el ser humano se fabrica unos sistemas de gobierno que no solo acaban no sirviendo para sus propósitos originales, sino que sus fallos se perpetúan y repiten constantemente. Inicialmente idealista en su carrera, a lo Todos los hombres del presidente, el pragmatismo y la cruda realidad se fue imponiendo poco a poco, hasta que finalmente se fue del periódico cuando este cambió de dueños y empezó la espiral de despidos que afectó a una generación entera de viejos (y no tan viejos) sabuesos del oficio, que ya no podían tirarse varios meses detrás de un gran reportaje de impacto.

Homicide: Life on the Street (1993-1999, 7 temporadas, 122 episodios)
El día de Navidad de 1985, un agente de Baltimore le dijo a Simon: «Si a alguien le diera por escribir lo que pasa en este sitio durante un año, tendría un libro cojonudo». Dicho y hecho, tras participar activamente en una huelga en el periódico durante 1987, Simon dedicó 1988 a tomarse un año de baja para «empotrarse», como se diría después, en el departamento de homicidios de la ciudad durante doce meses, convirtiéndose en parte del mobiliario. El libro resultante, Homicide: A Year on the Killing Streets, es un tomo de más de seiscientas páginas que se publicó en 1991, ganando el premio Edgar. En él se destripa cómo en una ciudad portuaria de un tamaño similar al de Zaragoza ocurrieron 234 asesinatos en ese año (353 en el 91, cuando se publicó, uno al día). Su tono de desmitificación y des-romantización del detective de policía americano es toda una joya, llena de tonos grises, absurdeces cotidianas, detalles reales que serían rechazados en un guion por parecer imposibles y mucho humor negro como manera de sobrevivir a la observación diaria de lo peor de la humanidad en un entorno urbano. La famosa pizarra blanca con los casos resueltos en negro y los abiertos en rojo, casi como marcador con minuto y resultado de este macabro enfrentamiento, simboliza toda una manera de intentar organizarse, y fracasar muchas veces, ante tanta estupidez humana. Con un público televisivo que ya había asistido a Canción Triste de Hill Street (Hill Street Blues) en los 80 como terreno abonado, el libro fue convertido en serie por la cadena en abierto NBC. En contra de lo que parecería lógico, que Simon participara como guionista al principio, para luego ir dejando el proyecto a otros, aquí fue al revés: considerando que no tenía experiencia, Barry Levinson se convirtió en el nombre principal de la serie, y Simon se unió activamente como guionista con un episodio de la segunda temporada protagonizado por Robin Williams. En 1995, cuando Simon dejó el periodismo definitivamente, escribió dos episodios para la cuarta temporada, y en las siguientes fue entrando en labores de editor de guiones, productor y guionista. Aunque Simon piensa que la serie es «notable», no cree que refleje el libro tal y como él lo creó. Sin embargo, es muy recomendable por su aversión al heroísmo de novela.

The Corner (2000, miniserie, 6 episodios)
En 1993 Simon repitió la jugada de tomarse un año entero de baja en el periódico para dedicarse a observar algo en concreto, y esta vez fue el mundillo de los drogadictos locales de Baltimore, en concreto los relacionados con una sola esquina, reflejando tanto a los vendedores, adictos y polis de barrio como la destrucción que la droga va causando en varias vidas, en especial en la familia McCullough (padre, madre e hijo de 15 años). El nuevo libro resultante, también cercano a las 600 páginas, The Corner: A Year in the Life of an Inner-City Neighborhood, coescrito con el detective de policía Ed Burns, acabó en las pantallas, pero esta vez en formato miniserie y para la cadena de pago HBO, con la que Simon ha trabajado siempre desde entonces. Más sobre este serie en Zenda, aquí.

The Wire (2002-2008, 5 temporadas, 60 episodios)
Considerada por muchos como la mejor serie de televisión de la historia, puede que a muchos otros no les parezca para tanto, pero sí es indudable que es seguramente la serie que mejor ha convertido la vida real, con todas sus ramificaciones y complejidades, en una creación ficticia que afila y mejora la perspectiva de la realidad en la mente del espectador. La serie comienza como una de policías contra camellos, a los que se intenta cazar a bases de escuchas telefónicas (en España la serie lleva el título o subtítulo oficial de Bajo escucha), pero a medida que se va abriendo el foco se aprecia la incompetencia de algunos agentes de policía y de sus mandos, y las complicadas circunstancias de los involucrados en la venta de drogas, sin tampoco querer disculparlos de una manera buenista. En temporadas siguientes se analizan el decaimiento post-industrial del puerto de Baltimore (y cómo la droga empieza a ser allí también una tentadora fuente de ingresos ante los continuos despidos), los tejemanejes políticos de un joven candidato demócrata, el impacto del sistema educativo (probablemente la mejor temporada de una serie de televisión en la historia), y el papel de la prensa en todo esto. En conjunto todas ellas ofrecen una visión desde varias perspectivas que hacen que cada detalle sea importante y cada uno de sus decenas de personajes deban ser recordados y colocados mentalmente en su lugar adecuado. Por esta razón fracasó bastante en su emisión semanal, estuvo a punto de ser cancelada y no logró ningún premio importante a pesar de ser marca HBO, pero a través del DVD cogió vuelo como lo que merece calificarse: quizá la primera gran novela hecha para televisión, y que por tanto se beneficia de verse seguida y sin grandes pausas entre episodios, que aquí mejor deberían llamarse capítulos. Simon en esta ocasión fue creador, show runner, productor ejecutivo y guionista jefe, así que es completamente su criatura, aunque en el detective de policía Ed Burns, Simon encontró un alma gemela hasta cierto punto, sobre todo en su frustración con cómo el sistema acaba fallando a los más débiles, y por ende a la sociedad entera. Es la serie favorita de Barack Obama, y su presidencial opinión de que su mejor personaje es Omar Little, el negro gay que roba a los camellos para dárselo a sí mismo, será compartida por casi todos. El banquillo, sin embargo, es de lujo: McNulty, Bunk, Stringer Bell, D’Angelo Barksdale, Kima, Bubbles, Lester Freamon, Frank Sobotka, Carcetti, Prez, Bunny Colvin, Bodie, Marlo, la extraña pareja Herc & Carver, e incluso Wallace, protagonista de uno de los momentos más emotivos de la serie («Where’s Wallace at? Where’s the boy, String?») encarnado por un Michael B Jordan de 16 años, pre-superhéroe y pre-supercachas.

Generation Kill (2008, miniserie, 7 episodios)
Como se ha visto hasta ahora, Simon ha ido siguiendo a rajatabla aquello de «escribe sobre lo que conoces», incluso (y especialmente) cuando se trata de ficción. No habiendo estado personalmente en la guerra en Iraq, la siguiente mejor opción era recurrir a algo escrito de la misma manera en que lo hizo él, incrustado en medio de lo que cuenta, así que en esta ocasión el libro elegido fue el del mismo título, del reportero de la revista Rolling Stone Evan Wright, que estuvo acompañando a un batallón de marines en vehículos ligeros durante la invasión de 2003, aquella de las armas de destrucción masivas («Where’s the WMDs at? Where are the weapons, Dubya?», se le podría preguntar a George Bush hijo). Convertido a miniserie cuatro años después, es otro catálogo de increíbles comportamientos donde la ambición política, el egoísmo, la incompetencia y por qué no, la calidad humana a veces se muestra con crudeza, humor negro y mucha testosterona. Más sobre esta serie en Zenda, aquí.

Treme (2010-2013, 4 temporadas, 36 episodios)
Treme es una joya poco convencional que debería conocer más gente. Esta vez no está basada en un libro concreto, pero sí está hecha con el conocimiento local de primera mano de la gente de Nueva Orleans, que es donde se desarrolla esta serie. En los años inmediatamente siguientes al huracán Katrina, varios personajes residentes del barrio de Tremé (con tilde) intentan rehacer sus vidas, desde un DJ de radio hasta una cocinera de restaurante de postín, pasando por «el sexto mejor trombonista de Nueva Orleans, lo cual me convertiría en el número uno en cualquier otra ciudad», o el impagable hallazgo de ese jefe de Mardi Gras Indians (indios del Martes de Carnaval) que se pasan el año cosiendo a mano el traje más imponente que pueden, para luego desfilar por las calles junto a su hueste «retando» a los demás ver quién es the prettiest, el más pavo real de todos. También hay espacio para investigaciones sobre víctimas aún desaparecidas, para advenedizos robadineros que se quedan con los fondos públicos, y sobre todo para mucha música (soul, jazz, blues, cajún, country y muchos más estilos), tanta que hay veces que los episodios se llegan a detener para escuchar determinadas piezas a gusto. De entre todas sus series hasta la fecha, esta es quizá la culminación de una forma de narrar que consiste en mostrar varios personajes a la vez, en una historia sin principio ni final explícito, aparentemente sin mucha estructura de planteamiento, nudo y desenlace, como la que tiene la vida real y normal de cualquier persona, que en el fondo es una especie de jazz que a veces no tiene ton ni son y otras parece orquestada por algo o alguien desde arriba. Yo siempre he pensado que algo similar se podría hacer a la española en Cádiz, por ejemplo, donde puedes mezclar varias vidas relacionadas con las drogas, las pateras, el desempleo, la guasa, el turismo, el flamenco y, cómo no, el carnaval, que rivalizaría sin problemas con cualquiera. A ver si alguien recoge la idea.

Show Me a Hero (2015, miniserie, 6 episodios)
Volvemos aquí a adaptar un libro-reportaje sobre un tema muy concreto, en esta ocasión escrito por Lisa Belkin, periodista del New York Times, sobre un caso real que ocurrió en Yonkers, estado de Nueva York, entre 1987 y 1994, cuando la ciudad se vio envuelta en una gran polémica debido a la decisión de las autoridades locales de construir viviendas sociales para la población más desfavorecida. ¿Qué problema puede tener eso? Pues lisa y llanamente, que una zona acomodada (y blanca) se llene de gente pobre (y principalmente negra). Porque sí, todos piensan que está bien que haya este tipo de viviendas, pero mejor lejos de mí, en otro lado si eso. Contado así, parece un aburrimiento carne de debates entre bostezos en el consistorio local, pero examinado con cuidado y en detalle resulta otra nueva muestra de cómo todo está conectado entre la sociedad, la política, la economía, los prejuicios raciales y, en este caso, lo que puede llegar a causar un populismo irresponsable. Oscar Isaac, poco después fichado por la saga Star Wars, intepreta aquí al joven emprendedor Nick Wasicsko, que ve en esta polémica el tema ideal para arrasar en las elecciones locales… ¿Pero luego qué? Un auténtico caso de estudio político-social, con grandes interpretaciones y Bruce Springsteen en la banda sonora.

The Deuce (2017-2019, 3 temporadas, 25 episodios)
El auge de la industria del porno en la mugrienta Nueva York de los 70 y 80, una auténtica jungla de asfalto en aquel entonces, es el tema de esta serie, que comienza entre chulos de putas con bastón, sombrero y trajes que hacen daño a la vista y poco a poco se va convirtiendo en la industria que empaqueta el deseo sexual en cómodas cintas de vídeo. James Franco (interpretando a gemelos) y Maggie Gyllenhaal como una prostituta que intenta pasarse al cine para adultos tiran del carro en una nueva historia coral donde no faltan mafiosos, lecheras de la pasma, pegajosos antros donde se mira pero no se toca (a no ser que pagues algo más) y la fábrica de los sueños en versión sin ropa, con otra banda sonora potente.

La conjura contra América (The Plot Against America, 2020, miniserie, 6 episodios)
A todo esto, no hemos dicho todavía que Simon es judío, descendiente de familias del este de Europa. En su último proyecto hasta ahora adapta la novela ucrónica de Philip Roth, el gran novelista judío neoyorquino de las últimas décadas y eterno «nobelable» que explora la posibilidad de que los Estados Unidos hubieran tenido, en la época de la Segunda Guerra Mundial, un gobierno mucho más filonazi del que hubo en realidad. En la novela esta versión alternativa dura solamente un ciclo electoral antes de que las aguas vuelvan a su cauce, pero estrenada en plena era Trump, ya nada parecía demasiado exagerado como para no poder ocurrir. La trama, con los grandes acontecimientos políticos limitados a la radio y los noticieros cinematográficos, se ve desde el punto de vista de una familia judía, los Levin, basada a grandes rasgos en la del propio Roth. Más información sobre esta serie en Zenda, aquí.

Esto es todo por ahora, pero según parece Simon tiene varios frentes abiertos en cuanto a próximos proyectos, entre ellos series sobre Martin Luther King, Abraham Lincoln, la CIA, una nueva visita al submundo de las drogas en Baltimore (esta vez entre 1950 y 1980) y sobre todo, la brigada Lincoln, que participó en la Guerra Civil Española en ayuda de la República. Mientras tanto, hay mucho para ver y revisitar en la obra de uno de los grandes nombres de la televisión de calidad.

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