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Retrato de escritor frente a los mares

Retrato de escritor frente a los mares

De Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) se conocen, sobre todo, las novelas que escribió con el investigador Arturo Andrade como protagonista principal. Se trata de una serie que ha dado hasta la fecha cinco títulos, cuatro publicados en Alfaguara —El arte de matar dragones, El tiempo de los emperadores extraños, Los demonios de Berlín y Soles negros— y el último, Los días sin ayer, alumbrado por entregas en las páginas de El País Semanal. En ellos, Del Valle se mueve entre el género negro y el histórico con gran soltura y mejores resultados, alimentando tramas que evidencian los resortes explícitos y ocultos de la Historia al tiempo que abordan las luces y las contradicciones de unos personajes sometidos al vaivén de unos acontecimientos tan vertiginosos como imprevisibles. El ciclo de Andrade constituye, por lo tanto, el eje central de su obra, pero no es el único núcleo en torno al que orbitan sus intereses. Dejando aparte sus dos primeras y premiadas novelas —De donde vienen las olas (1999) y El abrazo del boxeador (2001)—, el autor asturiano ha venido combinando la escritura de la saga con la publicación de volúmenes en los que tantea otras formas y otros fondos mediante los que conjugar sus obsesiones. Componen ese ramal de su trayectoria, secundario sólo en apariencia, las novelas Cómo el amor no transformó el mundo y Busca mi rostro, así como el libro de relatos Caminando sobre las aguas, y es en esa vertiente donde se inscribe Índigo mar (Pez de Plata), su última novela, que acaba de llegar a las librerías.

"Índigo mar está protagonizada por Pablo, un escritor en plena crisis creativa que busca el alivio a su bloqueo en una isla solitaria donde espera hallar la inspiración necesaria para pergeñar una nueva novela."

Tiene Ignacio del Valle gusto por los protagonistas solitarios, viejos lobos que se enfrentan al trance de buscarse a sí mismos como única vía para encontrar la salida de su particular laberinto vital, y que en ese camino chocan con las afiladas aristas que tallan la complejidad del mundo. Es posible que en el caso que nos ocupa, además, esa querencia tenga algo de expiación enmascarada. Índigo mar está protagonizada por Pablo, un escritor en plena crisis creativa que busca el alivio a su bloqueo en una isla solitaria donde espera hallar la inspiración necesaria para pergeñar una nueva novela. No se ofrecen coordenadas concretas, pero por las indicaciones climatológicas, geográficas y hasta sociológicas es relativamente sencillo ubicar ese reducto en algún lugar perdido entre las corrientes donde se confunden el océano Atlántico y el mar Cantábrico. En el transcurso de su estancia, se cruza con diferentes personajes que configuran un microcosmos humano en el que se perfila un jeroglífico de resolución difícil y apasionante. Hay un extraño individuo que ocupa su tiempo siguiendo el rastro de metales por las arenas de la playa, una joven cuya forma de estar en el mundo evidencia la sombra de un conflicto dilatado e irresuelto, un anciano que por el día se encarga de atender la capilla y por la noche se entrega al contrabando, un guardia civil al que le cuesta camuflar la violencia que carcome sus entrañas, una mujer de la limpieza melancólica y, sobre todo, un paisaje donde radica el verdadero meollo de la novela y que añade al aislamiento propio de la insularidad las atmósferas desasosegantes de una urbanización residencial abandonada en el invierno, un paraje boscoso de aspecto inextricable, unos cubos de hormigón con pinturas alusivas y una plataforma petrolífera que se alza sobre el mar como síntoma de que los anhelos de los hombres bien dan para hollar el paraíso. Ese maremágnum, aderezado por elementos secundarios que entran y salen de la escena —la mujer y la madre del escritor en crisis, los partes meteorológicos que anuncian incesantemente una borrasca de intensidad brutal, una pantera que se aparece en sueños durante la noche y cuyas huellas se perciben en la claridad del día—, constituye la masa de consistencia variable en la que se desenvuelve el argumento, cuyos eslabones se van desencadenando en una suerte de esfumado que se extiende y se contrae ante los ojos del lector a medida que el libro avanza.

Ignacio del Valle

"En Índigo mar laten con eficacia y buena resonancia los ecos de los grandes temas en los que ha venido fundamentando la solidez de su poética."

Hay en Índigo mar una intriga necesaria para que se vayan moviendo los resortes que guían a su protagonista principal, pero es tan mínima y tan cotidiana que no se puede entender sino como una simple excusa para engrasar los resortes de la acción y dejar que ésta transcurra en plácido curso hasta su desembocadura. En la novela es tan importante aquello que se cuenta como lo que sólo se deja ver entre líneas y conforma, en verdad, el epicentro intelectual del libro. Tiene que ver con el aislamiento y las tribulaciones del creador, con la difícil legibilidad del mundo, con la convicción íntima de que, por acompañados que nos encontremos, siempre acabamos estando solos. También con el amor como herramienta para la redención y, a la vez, como causa definitiva de condena; con la infinita escala de grises que separa el negro del blanco; con la certeza de que no existen las personas de una pieza y cualquier escala humana se basa en una suma inexacta de interrogantes y claroscuros. El estilo de Ignacio del Valle —ágil y sencillo, pero en absoluto complaciente ni ensimismado— bucea entre todas esas cuestiones a través de una prosa consistente que a ratos deja entrever destellos líricos y otras veces busca la brevedad concisa de la acción.

La novela suma a sus cualidades puramente literarias el añadido de la cuidadísima edición que, en su línea, ha llevado a cabo Pez de Plata, con ilustraciones y una lámina a cargo del artista Miguel Navia. Seguramente el hecho de ver la luz en un sello independiente provoque que Índigo mar tenga menos repercusión que cualquiera de los títulos adscritos a la serie de Arturo Andrade. Se equivocarán los lectores que, conociendo aquellos, no se hagan con éste, porque a veces son los detalles situados en los márgenes del camino principal los que hacen el viaje más interesante. Del mismo modo, acertarán plenamente quienes, sin haber leído antes nada de Ignacio del Valle, opten por adentrarse en su obra con esta novela, en la que laten con eficacia y buena resonancia los ecos de los grandes temas en los que ha venido fundamentando la solidez de su poética.

Título: Índigo mar Autor: Ignacio del Valle Editorial: Pez de Plata. Venta: Amazon

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