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Robert Graves, Chet Baker y Fernando Beltrán: una misma música, un solo poema

Robert Graves, Chet Baker y Fernando Beltrán: una misma música, un solo poema

Tumba en Deià de Graves. La inscripción dice: Robert Graves. Poeta. 1985. La libreta es de Fernando Beltrán, con un poema escrito allí. Foto: Fernando Beltrán

Con 34 años Robert Graves escribió una autobiografía que tituló Adiós a todo eso. Poco después, abandonaría Inglaterra para vivir para siempre en Mallorca. El título es la despedida de un tiempo amargo, con el que cerraba una etapa para renacer en otra realidad que ya no abandonaría nunca.

Fernando Beltrán ha pasado con Robert Graves, al pie de su tumba en Deià, más de mil horas. De hecho, el poema “La paciencia del cobre” (“Apenas somos manos / asustadas…”), de su último libro, La curación del mundo, lo escribió allí, poco antes de estallar la pandemia.

Beltrán también cerró recientemente una etapa, cuando sufrió lo que ya es la enfermedad de nuestro tiempo, y que tan malos augurios presagia. Cerró una etapa y abrió otra, que inauguró con “Tacto”, un poema en el que se dolía del futuro desde el primer verso: “Nada será como antes”.

El poeta que rebautizó la húmeda “ciudad de sucias tejas», del soneto de Ángel González, como Lloviedo, ha renacido también en otra realidad que tampoco abandonará nunca. Seguirá “jugándose la vida” para ser tacto al fin, porque “el amor no será ya el amor, / será solo el amar, y será más”.

El “Adiós a todo eso”, de Robert Graves, es el “Todo esto” de Fernando Beltrán, el poeta que pone atención a lo que pasa en la calle, el que recoge el dolor de los otros, el que se duele con los demás al escribir. El que, a su pesar, con la compañía de Chet Baker, con la frágil compañía de las cosas de la vida y de ser aún capaz de amar, a su pesar, digo, está también “cansado de todo esto”. M. M.

TODO ESTO 

Fernando Beltrán

(27 de enero de 2021

Esto no es vida…,

me dice al despedirse la cajera
del supermercado, amable, triste
tras hablar de todo esto.

Esto no es vida.

Y la frase se pega a mis zapatos
mientras camino lento hacia mi estudio
cansado de todo esto.

Enciendo Spotify, y me dejo caer
de nuevo con Chet Baker.

Sólo escucho su queja de trompeta
desde que busco abrigo,

al raso de todo esto.

Había mejorado, pero el miedo
quizás se sintió solo al alejarse
y decidió volver, chocar conmigo
una vez más, como dos piedras

que sólo hiriéndose supieran
convocar el fuego.

La tarde o el encuentro
que ayude de algún modo
a olvidar todo esto.

Me dice que no es vida, tras decirnos
que estamos bien los dos.

Afortunadamente.

Y la frase se aloja en mi cabeza
mientras camino lento hacia mi estudio,
mientras escucho ya la piedra de Chet Baker,
mientras el fuego asoma ya tras los cristales,

primera luz del día

en el patio interior donde alguien tiende
la ropa helada y hueca de todo esto

mientras la sombra lenta retrocede
empujada bellísima por ese

sol de enero tan frágil como un hombre
capaz de amar aún, capaz aún,
cansado de todo esto

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