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Ron Padgett o la poesía de las cerillas

Ron Padgett o la poesía de las cerillas

Fotograma de Paterson.

Al comienzo de Paterson, la película de Jim Jarmusch, su protagonista —interpretado por Adam Driver— está tendido sobre la cama junto a su pareja. Se levanta sin que suene el despertador, se acerca a la cocina y se sirve un bol de cereales mientras observa una caja de cerillas. Después, acude a la estación de autobuses, donde recoge su vehículo para empezar su día de trabajo. Sin embargo, llega unos minutos antes, saca un pequeño cuaderno, lo apoya en el volante y comienza a escribir un poema a las cerillas. Cerillas que vienen en “cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas / con palabras grabadas con forma de megáfono”, cerillas para “encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas / por primera vez —y ya nada nunca / vuelve a ser igual”. Se para, reflexiona y recuerda a su novia, todavía dormida cuando él se levantaba. Escribe: “Eso es lo que me diste, yo / soy el cigarro y tú la cerilla o yo / la cerilla y tú el cigarro, quemándonos / con besos que arden hacia el cielo”. Guarda el cuaderno, cierra las puertas del autobús y empieza a conducir.

"La poesía de Ron Padgett parte de lo minúsculo. Parte de las cerillas, pero también del tapizado de un coche, o de un salsero. Es incluso capaz de escribirle un poema a un martillo"

Ese poema, al igual que todos los que escribe el personaje principal de Paterson a lo largo de la película, pertenece al poeta norteamericano Ron Padgett (Tulsa, Estados Unidos, 1942), inédito en castellano hasta que la editorial Kriller 71 se ha decidido a traducirlo y hacer la selección de poemas para la antología Cómo ser perfecto, ya disponible en librerías. En este volumen, la mirada de este singularísimo escritor se desperdiga por todo nuestro entorno, como aquella pequeña voz de la conciencia encargada de recordarnos, casi en susurros, la existencia de las cosas a las que decidimos no prestar atención.

La poesía de Ron Padgett parte de lo minúsculo. Parte de las cerillas, pero también del tapizado de un coche, o de un salsero. Es incluso capaz de escribirle un poema a un martillo, concretamente a “El Estwing, con «Mango Irrompible / en Condiciones de Uso Normal», made in USA”, “una barra / de acero pulido con el mango forrado / con tiras de cuero unidas misteriosamente, / el peso una distribución de lo perfecto, / de la cabeza al mango”. Sus palabras se deslizan como bailarinas sobre los electrodomésticos, bebiendo de aquel William Carlos Williams que escribía del amor a partir de la comida del congelador.

"En días veloces y grandilocuentes, cruzarse con la construcción del imaginario de Ron Padgett supone recibir un aliento familiar, un aroma casi a hogar"

Uno se adentra en las carnes de la poética de este imaginativo autor y descubre, de lleno, un relámpago iluminador de fuerza cegadora. Ante la pesadumbre, Padgett se desvela como un danzarín de la luminosidad, lanzándola con violencia sobre lo inerte y trayéndolo a la vida, como si de un mago se tratase. Para él, una cerilla puede ser símbolo de un desbocado amor; la construcción morfológica de la palabra telephone le hace pensar en cómo el tele y el phone necesitan estar juntos, al igual que dos enamorados. En todo su discurso se intuye un relajado desprecio por lo trascendental y un apego tierno a lo tangible, a aquellas cosas dispuestas a la caricia. “Ordena tu habitación antes de salvar el mundo“, dice, en su guía sobre cómo ser perfecto —en esa misma guía también apunta: “No des consejos” o “No practiques el canibalismo”—.

En días veloces y grandilocuentes, cruzarse con la construcción del imaginario de Ron Padgett supone recibir un aliento familiar, un aroma casi a hogar, que te induce a un suave estado de olvidada ingenuidad —en el buen sentido, que lo tiene, del término—. Así, uno puede pararse a contemplar las cosas, al igual que lo hace el protagonista de Paterson mientras conduce su autobús: el delicado mecerse de las ramas de los árboles, el distendido caminar de los niños por la calle —ellos, “tan jóvenes como para / sonreír y devolver el saludo”, la grumosa textura del asfalto sobre el que circulan los neumáticos. Sobre todas esas cosas levanta Padgett la proclama de la belleza.

"Él lo hace sencillo: consigue que lo grande y lo pequeño choquen con violencia y demuestra que el resultado de esa colisión no siempre está definido de antemano"

Además, el poeta de Tulsa se erige también contra esa idea moderna de la novedad por la novedad. Regresando a uno de los poemas integrados en la película de Jarmusch, nos encontramos con esta plácida oda a la rutina: “De pequeño / aprendes / que hay tres dimensiones: / altura, anchura, y profundidad. / Como una caja de zapatos. / Más tarde te enteras / de que hay una cuarta dimensión: / el tiempo. / Hmm. / Y otros dicen / que podrían ser cinco, seis, siete… / Después del trabajo / me tomo una cerveza / en el bar. / Miro el vaso / y me siento bien“. Él lo hace sencillo: consigue que lo grande y lo pequeño choquen con violencia y demuestra que el resultado de esa colisión no siempre está definido de antemano.

No se trata, sin embargo, de que su poesía esté exenta de angustia existencial: Padgett padece, como humano que es, un severo miedo a la muerte y a muchas otras cosas. Su movimiento maestro se encuentra en la forma de afrontar ese miedo. Él lo hace con leve humor, con un sentido de la ironía que siempre se toma su tiempo para rodear las cosas, para discernirlas, para curiosear por sus escondites. Asume que la ausencia de vida es una cuestión pesarosa, pero exclama con su fuerza susurrante que, mientras la haya… sería estúpido no detenerse en la baranda, sentir el tacto del metal bajo el vello de los brazos y observar, a lo lejos, la incesante percusión de las aguas marinas.

Hay algo de milagroso en Cómo ser perfecto y en la escritura de Ron Padgett en general, y es que está desprovista de cualquier sentido de búsqueda indolente: es, de hecho, un ejercicio constante de descubrimiento, de ingenio, de despertar. Una invitación constante a quedarse parado en un verso concreto de una canción, construir allí una casita de madera y vivir muchos años hablando con los peces y los pájaros. A protegerse bajo las sábanas en un día de lluvia, y pensar: “Qué bien. / Hemos ganado“.

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Autor: Ron Padgett. Selección y traducción: Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo. Título: Cómo ser perfecto. Editorial: Kriller 71. Venta: Kriller 71.