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‘Saint Jack’: Un americano tranquilo

‘Saint Jack’: Un americano tranquilo

Esta nota va de un proxeneta y de la guerra del Vietnam, así que si tienen algún reparo sobre esa profesión o sobre aquella guerra, quizás deban apearse. Porque Saint Jack (1979), la película que ahora les comento, no emplea moralina ni cancelación sobre el tema, y el personaje más bien los mira con cierto afecto, nada complaciente ni cómplice, sino con la mira de Somerset Maugham o Joseph Conrad, cuando recordaban cómo era la vida y los humanos bajo el calor húmedo de ese Lejano Oriente malayo o indochino. Para los que se hayan apeado o lo vayan hacer, quizás les sirva de consuelo saber que Saint Jack fue lo que en el mundillo de Broadway o en Musso and Frank, en los aledaños de Hollywood, se conocía como un flop, un fracaso, que hizo más bien poco para la declinante carrera como cineasta de Peter Bogdanovich.

"Bogdanovich quería que la dirigiera Orson Welles, al que el cineasta alojaba en su casa, quien le había recomendado elogiosamente la novela y del que deseaba relanzar su carrera como director de películas"

Jack Flowers, un Ben Gazzara en el mejor personaje de su dilatada y subestimada carrera, es un expatriado de todo, una suerte de Rick aún más desilusionado, más escéptico, sin ninguna causa por la que luchar y sin ninguna dama que recordar o detestar. Su exilio en Singapur, sin embargo, no es de mera subsistencia; no es de los expatriados sumergidos en el nirvana del alcohol, las drogas o la degradación. Es, ya lo he dicho más arriba, un ser humano conradiano. Y lo es porque en su ADN lleva impreso el código genético de la decencia, de conocer los límites de la corrupción más allá del dictum de las leyes o las costumbres más gregarias. La llegada a Singapur de William —qué excelente actor era Denholm Elliott—, un contable gris que solo quiere cumplir su trabajo y regresar a casa, pondrá en marcha aquel ADN impreso en Flowers. En un mundo regido por la profusión de razas, credos y costumbres siempre emerge la violencia de los poderosos, sean las tríadas chinas o los oscuros personajes que esgrimen para sus cambalaches obscenos la razón de estado con que cobrarse la pieza de un senador norteamericano o la vida de una chica de un burdel. Esa es la hora de Cervantes antes que la de Shakespeare, la de Quevedo antes que la de Balzac. Es la hora, la cita vital, de Jack Flowers, el circunstancial banderín de enganche de lo que ha sido toda una vida.

"Bogdanovich, con mucho tino, eligió a Robby Müller, el director de fotografía de Wim Wenders, con la idea que le ofreciera una suerte de crónica impresionista de la vida en Singapur"

Saint Jack se la produjo a Peter Bogdanovich su antiguo jefe, Roger Corman, el productor que gobernó durante décadas la marginalidad de las producciones off Hollywood, desde las películas de terror y monstruos a las de los Ángeles del Infierno cabalgando en sus ruidosas motos. Como cualquier película legendaria que se precie, el camino hacia el cine de Saint Jack merecería otra película. Si el macguffin es un chantaje, el de su elaboración casi lo linda. A Cybill Shepherd, la guapa novia de Bogdanovich —y excelente actriz—, le publicó Hugh Heffner en su Playboy, sin su permiso, unas fotos muy evocadoras, tomadas durante el rodaje de The Last Picture Show. Miss Shepherd demandó a la popular revista y como parte del acuerdo Heffner le cedió los derechos de adaptación al cine de Saint Jack, la novela que había escrito Paul Theroux. Bogdanovich quería que la dirigiera Orson Welles, al que el cineasta alojaba en su casa, quien le había recomendado elogiosamente la novela y del que deseaba relanzar su carrera como director de películas. Welles dijo que no, porque pensaba que esa era una película para Peter. Este decidió rodar la película in situ, pero el problema era que a las autoridades de Singapur no les agradaba en absoluto la novela de Theroux, así que Bogdanovich les anunció que iba a rodar con Gazzara Jack of Hearts, una película mezcla de La colina del adiós y Pal Joey, y lo hizo tan bien que incluso parte del equipo técnico y actores y actrices locales estaban convencidos de que ese era el tipo de película que estaban rodando.

Bogdanovich, con mucho tino, y merced al cinéfilo que siempre llevó dentro, eligió a Robby Müller, el director de fotografía de Wim Wenders, con la idea de que el inteligente, sofisticado y rápido técnico le ofreciera una suerte de crónica impresionista de la vida en Singapur como Empress Place o Bugis Street, de manera que el hábitat de Jack Flowers se revela como esencial y sincero. Müller hizo un trabajo excepcional y la película destila el perfume de esos momentos en los que el cine —»mentira sincera», en palabras de Garci— nos hace soñar con querer vivir, o mejor, nos convence de que vivimos en ese lugar al que nos transportan mágicamente imágenes en movimiento.

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Saint Jack (1979). Producida por Roger Corman. Dirigida por Peter Bogdanovich. Guion de Peter Bogdanovich y Howard Sacker, adaptando la novela de Paul Theroux. Fotografía de Robby Müller, en color. Montaje: William C. Carruth. Dirección de arte: David Wu. Interpretada por Ben Gazzara, Denholm Elliott, George Lazenby, James Villiers, Joss Ackland, Rodney Bewes, Mark Kingston, Lisa Lu, Monika Subramanian, Judy Lim, Peter Bogdanovich, Joseph Noel. Duración: 112 minutos.

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