Inicio > Actualidad > Entrevistas > Sebastián Álvaro: «El Everest nos muestra su impresionante poder y nuestra insignificancia»

Sebastián Álvaro: «El Everest nos muestra su impresionante poder y nuestra insignificancia»

Sebastián Álvaro: «El Everest nos muestra su impresionante poder y nuestra insignificancia»

Sebastián Álvaro y José Mari Azpiazu tienen la suerte de haber experimentado momentos sublimes y salir airosos tras batirse con las cumbres. Ambos acaban de publicar La vida en el límite de la vida.

—Admirados Sebastián Álvaro y José Mari Azpiazu, ¿qué os empujó a emprender este magnífico libro?

—SA: En realidad, los mejores proyectos surgen inesperadamente. Unas cervezas compartiendo charlas con otros buenos amigos acaban, inevitablemente, en las montañas del mundo. En algunas de ellas que conocíamos de primera mano y en otras a través de lecturas. Lecturas, expediciones, amistades y afectos, emociones, en definitiva, nos llevaron a plantearnos dar forma a un libro que recogiera buena parte de nuestras experiencias y conocimientos. Un libro que fuera la suma de muchas expediciones y muchas lecturas. Es decir, un libro de madurez.

—JMA: La necesidad de presentar la montaña como escuela de vida, valiéndonos de reflexiones y testimonios de alpinistas de ayer y de hoy.

—Vosotros habéis conocido de primera mano la experiencia que queda reflejada en el mismo título de esta obra. ¿Cómo es la vida al límite de la vida?

"Es una vida apasionante, aventurada, con bastantes alegrías y alguna tristeza"

—SA: Es la vida en esos límites difusos de nuestro ser, en las fronteras entre la vida y la muerte, cuando tratamos de buscar respuestas en espacios llenos de incertidumbre, cuando nos adentramos en lo desconocido, en los límites de nuestro planeta y en los límites del ser humano. Es una vida apasionante, aventurada, con bastantes alegrías y alguna tristeza. Sin duda hay otras vidas más sosegadas, tranquilas y apacibles, pero no sé si merecen tanto la pena.

—JMA: Se basa en la honestidad, tanto en la montaña como en la vida urbana. Darlo todo hasta donde te lleve tu capacidad, sin traspasar las líneas rojas de la prudencia y de la salud.

—¿Por qué creéis que se produce esa especie de viaje interior cuando se realiza una ascensión en la alta montaña?

—SA: Porque toda gran experiencia, para que merezca este nombre, siempre es un viaje interior. Y la montaña siempre es una metáfora de la Vida. Los antiguos imaginaron las montañas como la residencia de los Dioses y allí fueron a buscar la revelación los profetas. Desde el Renacimiento los seres humanos comenzaron a mirar la Naturaleza con otros ojos y desde la Ilustración las montañas fueron objeto de estudio y admiración. Subir a las montañas es recoger toda esa herencia, donde el aspecto deportivo no es lo más importante. La montaña es la suma de ese impresionante armazón físico y una importante herencia cultural.

—JMA: Porque la montaña en general y sobre todo la gran montaña es lugar de encuentro con uno mismo.

Everest

—¿Qué experiencia os ha marcado más en montaña?

—SA: En mi caso es probable que la primera expedición que hice al Karakórum. Fue una conmoción descubrir las montañas más bellas y grandiosas de la Tierra. Al mismo tiempo fue una experiencia al límite en todos los sentidos, en el sentido físico (estuve a punto de morir cuando me caí en una grieta a 6.500 metros) y en el sentido espiritual. Nunca he sentido una emoción tan profunda, tan intensa, tan transformadora. Quizás por ello he vuelto al Karakórum docenas de veces. Y este verano volveré a subir algunas de esas montañas… Allí también sufrí una de esas tristezas que nunca te abandonan, la pérdida de un compañero, Atxo Apellaniz, en el verano del K2 mientras descendía de la cumbre. Con esas ausencias hay que acostumbrarse a vivir el resto de tu vida.

JMA: Darme cuenta de que la montaña y la vida son una misma causa. La montaña es un inmejorable banco de pruebas. Aprendes a superar las dificultades y a hacer frente a las adversidades como en ningún otro lugar, cosa que te ayuda en la vida diaria.

—Sebas, has dicho en alguna ocasión que el mayor fracaso, de lo que te arrepientes toda la vida, es no intentar aquello que deseas con toda tu alma. ¿Cómo se sabe cuándo hay que renunciar al objetivo?

"Quizás no estabas suficiente preparado y a la altura del objetivo, quizás debas renunciar, quizás debas volver. Sólo tú lo sabes"

SA: Cuando has puesto todo lo demás a cambio (como dijo Kurt Diemberger al regreso del K2) y no has podido con ello. Cuando has traspasado los límites del riesgo que decidiste asumir y no se ven perspectivas razonables de conseguirlo. Cuando la inteligencia y el análisis dictan que ya es hora de regresar a casa. Cuando te miras por dentro y sabes que has dado todo lo que tenías… pero no era suficiente. Así que te vuelves a casa satisfecho, sin haberlo conseguido, pero en paz porque lo has intentado con todas fuerzas. Quizás no estabas suficiente preparado y a la altura del objetivo, quizás debas renunciar, quizás debas volver. Sólo tú lo sabes.

Jose Mari Azpiazu

—Jose Mari, en el libro aseguras que la curiosidad se acentúa cuando nos encontramos ante un muro. La vida está llena de muros. ¿Cuál es el precio de rodearlos?

La dificultad y las sorpresas son inherentes al alpinismo y también a cualquier actividad profesional. Cuando te topas con un muro inesperado es cuando realmente te comunicas con tu interior. Te vales del conocimiento, de la técnica y también de tu capacidad de improvisación para salvar cualquier dificultad no prevista.

—A lo largo de la Historia de la montaña podemos comprobar que esta ha sido fuente de inspiración de artistas, se trate de literatos, músicos, pintores o fotógrafos. ¿Qué enigma guardan esos accidentes geológicos que llamamos montañas para despertar tanta pasión en el mundo del Arte?

"Es el enigma del ser humano, la pasión del arte, quizás porque las montañas son el símbolo de lo inaccesible, de todo lo que desconocemos pero nos gustaría conocer"

SA: Es el enigma del ser humano, la pasión del arte, quizás porque las montañas son el símbolo de lo inaccesible, de todo lo que desconocemos pero nos gustaría conocer. También porque en ellas se recluye la Belleza, la Soledad, el Silencio. Y estar allí, dentro de ellas, es formar parte de la gran Naturaleza, los últimos lugares que nos hablan, al tiempo, de la grandiosidad de nuestro planeta y nos muestran nuestra desnuda vulnerabilidad.

JMA: La contemplación de las montañas estimula el sentimiento. Nos vuelve más sensibles y activa nuestra inspiración, sea para reflexionar, escribir, pintar o, sencillamente, hacer fotografías.

—El montañero, geólogo y escritor Eduardo Martínez de Pisón sugiere que lo avanzado en el campo de la cultura, desde los renacentistas y principalmente con los ilustrados y los románticos, es ver un paisaje donde solo había un territorio. ¿Cuál es la sensación estética que se experimenta cuando se está de frente a la cara norte de la cima de las cimas, el Monte Everest con sus casi 9.000 metros de altitud?

SA: El Everest nos muestra su impresionante poder y nuestra insignificancia, básicamente. Aunque la cara norte del Everest no es la montaña que más me ha impresionado. Quizás el K2, el Namche Barwa IV, el Ama Dablam o el Gasherbrum IV son, bajo un punto de vista estético, montañas más espectaculares y bellas. Recomendaría ir en persona a verlas, y quizás también la cara nordeste del Masherbrum mientras atraviesas el collado del mismo nombre. El Everest tiene otra medida, la de la altitud: te impresiona a medida que te va arrebatando la vida. Es una forma insidiosa de demostrarte sus poderes. De todas formas, la belleza y los sentimientos de las montañas, al menos en mi caso, van unidos a las emociones que me provocaron. Aquello que decía el poeta Robert Browning al respecto de que casi nunca tenemos al mismo tiempo el lugar, el momento y la persona amada: en mi caso en las montañas a veces encontré dos o tres de esas cosas. Así que en montañas más pequeñas tuve momentos de plenitud parecidos a la felicidad. Son esos momentos de aventura que dan sentido a una vida.

—Todos hemos visto estos días de la primavera de 2019 la imagen de alpinistas haciendo interminables colas para alcanzar la cumbre del Everest. ¿Os parece un atentando contra el espíritu puro del montañismo?

"Nada de lo que está pasando en el Everest tiene que ver con el alpinismo. Más bien todo lo contrario"

SA: En realidad no tiene nada que ver con el alpinismo, ni con el sentimiento de la montaña. Esa imagen, calificada como la fotografía de la vergüenza, representa todos los males que aquejan a la montaña más alta de la Tierra: la banalización, la masificación y la codicia. La gente que compra seguridad y éxito al cien por cien a veces lo que recibe es un pasaporte al infierno. Nada de lo que está pasando en el Everest tiene que ver con el alpinismo. Más bien todo lo contrario. Frente a la inteligencia se levanta la falta de sentido común, frente a la planificación el desorden y la improvisación, frente a la ética el egoísmo codicioso, exento de solidaridad; cuando vienen mal dadas se abandonan a las personas a su suerte.

JMA: Nos debería hacer reflexionar seriamente, porque supone una deshumanización del sentimiento de la montaña. Una romería, aunque sea en las alturas, nada tiene que ver con el alpinismo y mucho menos con el juego limpio que se corresponde con un modelo de evolución que gran parte de los alpinistas defendemos a pies juntillas y que consiste en hacer más con menos y no al revés. Mucho me temo que la involución, que es contraria a la evolución, se extenderá hasta otras grandes montañas por el gran negocio que comporta.

—Algunos de ellos pagan con la vida, anhelando el sueño de conquistar esa u otras cumbres. ¿Estáis de acuerdo con lo que afirmaba el gran alpinista Kurt Diemberger de que el séptimo sentido es la fuerza de la vida que te empuja a pesar de los peligros y el sexto sentido el que te advierte que lo pienses bien?

SA: En montañas tan altas creo que es preferible utilizar la inteligencia y, si acaso, pero mucho después, utilizar el resto de los sentidos. El sentido común debería dictar a muchos de los que se encontraban en ese atasco cerca de la cumbre del Everest que no deberían estar en ese lugar.

JMA: Estoy de acuerdo con el  gran Kurt. Cuando asoma el peligro hay dos voces interiores: una te empuja hacia adelante, la otra te frena. Antes de nada hay que medir el peligro y, a partir de ahí, actuar en consecuencia, con responsabilidad.

Cara norte del Everest

—¿Por qué llegar al límite de la vida para darnos cuenta de la esencia de la misma? ¿El equilibrio está, como dice Greg Child, en algún lugar entre el miedo y la fascinación?

"El miedo es una argolla y la fascinación puede resultar una trampa"

SA: Conocí a Greg Child en el K2 y me parece un buen alpinista, pero la verdad es que no comparto el sentido de esta frase. Y quizás no sea extraño: hay tantas formas y motivos para acercarse a las montañas como personas. Para mí las montañas tienen más que ver con la aventura, con esa sensación de plenitud y prodigio que te embarga cuando estás en ellas. Pero también con las personas, con las buenas personas, con las que las he compartido. Con amigos, con amores, con los afectos que en ellas he tejido. Sin duda, a veces, el miedo ha sido un peaje a pagar. El miedo es una emoción primaria que nos ha servido para sobrevivir, pero si el miedo es demasiado grande quizás lo mejor es que te vuelvas de esa montaña. No vamos a pasar miedo, vamos a disfrutar de la vida.

JMA: Es una bonita frase con un gran significado. El miedo es una argolla y la fascinación puede resultar una trampa.

—El libro Annapurna, primer ochomil, de Maurice Herzog, es todo un referente de la literatura de aventuras y de conquistas, y no solo para montañeros. ¿Podéis explicarnos por qué?

SA: Creo que, por su narración desde dentro, por su épica y su canto a la vida, a la solidaridad, a la camaradería. Por eso ha perdurado como un símbolo del alpinismo clásico. El talento de Herzog hizo posible una de las mejores narraciones sobre aventuras en montañas, algo que además se acrecentó por la peripecia vivida por el autor, que perdería los veinte dedos de pies y manos. De aquellos tiempos también se escribieron las expediciones al Nanga Parbat, Everest y el K2 y ninguna de ellas tuvo el impacto y ha perdurado en el tiempo como el libro de Herzog.

JMA: Porque relata la primera ascensión a una montaña de más de ocho mil metros, como fue el Annapurna en 1950, porque lo escribe en primera persona el propio Herzog, que llegó a la cima acompañado de Lachenal, y por el enorme gesto de solidaridad de compañeros como Terray y Rebuffat, que salvaron la vida de éstos cuando descendían con las manos y los pies congelados. Si no estoy equivocado, es el libro de montaña más leído. ¡Por algo será!

—Otra obra literaria fundamental es Los conquistadores de lo inútil, de Lionel Terray. ¿Se trata de la historia de un desengaño entre el hombre y la montaña?

SA: A mí me parece que es una de las mejores memorias de un montañero. A veces se ha dicho que le ayudaron a escribirlas, pero creo que refleja el carácter de uno de los espíritus más libres y, junto a Walter Bonatti, el mejor alpinista de su generación. Hay partes del libro que me parecen muy inspiradoras.

JMA: Terray fue un alpinista adelantado a su tiempo. Yo más bien creo que es una historia de amor que combina pasión, drama y decepción.

—Habladme de Chris Bonington. ¿Cuál es el motivo para que sea considerado el caballero del alpinismo?

"Creo que a Bonington se debe el mayor avance del alpinismo en la segunda mitad del siglo XX"

SA: Bonington es sin duda uno de los personajes más notables del alpinismo británico desde los tiempos de Mallory. No sólo destacó desde sus comienzos con escaladas como al pilar central del Freney, sino que enseguida sumó aspectos básicos que forman la esencia de la cultura montañera. Es un gran escritor, un brillante conferenciante y ha participado en varios documentales de montaña. Pero sin duda su mayor aportación al alpinismo contemporáneo ha sido su faceta de organizador y jefe de algunas de las expediciones más innovadoras y comprometidas en la historia de la montaña, entre ellas las de la pared sur del Annapurna, la sudoeste del K2, la sudoeste del Everest, la sur del Ogro, el Melungtse y otras muchas que supusieron abrirse el himalayismo al concepto de las grandes paredes que ya habían triunfado en los Alpes. Creo que a Bonington se debe el mayor avance del alpinismo en la segunda mitad del siglo XX, y por eso es justo que en Inglaterra le concedieran el título de Sir. Un caballero del alpinismo, ciertamente.

JMA: Gran alpinista y organizador escrupuloso. En gran medida, gracias a Bonington y a una extinguida generación de escaladores de clase excepcional, Gran Bretaña llegó a ocupar el lugar más alto del Olimpo alpinístico.

—¿Qué supuso la llegada de Reinhold Messner al alpinismo?

"Messner es un revolucionario, el que culmina una línea lógica de pureza y vanguardia que comienza con Mummery y continúa con Paul Press"

SA: Messner es un revolucionario, el que culmina una línea lógica de pureza y vanguardia que comienza con Mummery y continúa con Paul Press, George Mallory, Hermann Buhl, Lionel Terray y Walter Bonatti. Messner da forma a ese pensamiento y lo aplica de forma revolucionaria en las montañas, primero en los Alpes y luego en las más altas montañas del Karakórum y el Himalaya. La consecución del primer ochomil en estilo alpino, el Hidden Peak, la primera solitaria al Nanga Parbat, la primera ascensión al Everest sin oxígeno y la consecución de los catorce ochomiles componen, sin duda, el mejor historial alpino de la historia. Quizás la ascensión del Everest en solitario supone un símbolo de lo mejor que hizo. Pero además es un brillante escritor, un pensador de la montaña (con el que no siempre coincido, pero al que siempre respeto), que ha realizado una gran aportación a la cultura moderna del alpinismo.

JMA: Una revolución. Estamos hablado de uno de los mejores alpinistas de todos los tiempos. No voy a mencionar sus logros. Baste con decir que fue el primer alpinista que coronó el Everest sin oxígeno, el primero que ascendió solo una montaña de más de ocho mil metros, el primero que coronó los catorce ochomiles del planeta…

—El propio Messner aseveró en alguno de sus numerosos libros de literatura de montaña: «Hay una dimensión más allá de lo que se imagina, que se ve, que se percibe, esta dimensión es el infinito silencio, el infinito tiempo, el infinito espacio, el infinito todo». ¿Qué os sugiere?

SA: A mí me sugiere precisamente la Vida en el límite de la Vida. Ese espacio compasivo al que se accede cuando te atreves a dar pasos que te sitúan en el límite de la existencia.

JMA: Sólo quien ha vivido lo que ha vivido Messner puede experimentar esas sensaciones y conocer esas dimensiones de las que él nos habla.

—Peter Habeler, tras culminar con éxito junto a Messner el ascenso del Everest sin botellas de oxígeno, dijo esta sugerente reflexión: «La victoria no se obtuvo en los últimos metros de altura que teníamos ante nosotros. Se obtuvo en el momento en que dimos el primer paso hacia lo desconocido». ¿Es necesario adentrarse siempre en lo desconocido?

SA: La curiosidad y la imaginación son las mejores demostraciones de la inteligencia. Tienen que ver con la exploración y con esa cualidad humana de hacerse preguntas, de internarnos en lo desconocido. El verdadero alpinismo, el gran alpinismo, supone seguir esa vertiente de exploración, básicamente intelectual, unida a la acción llevada al límite del compromiso, al mayor grado de exposición. Luchar y comprender, nunca lo uno sin lo otro, como dijera Mallory.

JMA: Conociendo a ambos, estoy seguro de que el primer paso hacia lo desconocido no lo dieron precisamente en el Everest, sino cuando comenzaron a esbozar la ascensión y formular la metodología en el tiempo de planificación.

—¿Qué posibilidad hay de que George Mallory y Andrew Irvine conquistasen la cumbre del Everest en 1924, robándoles así el protagonismo a Edmund Hillary y Tenzing Norgay por su hazaña de 1953?

SA: Muchas. Y no sólo pondría en cuestión a Hillary y Tenzing, sino también a todo el alpinismo expedicionario desde los años treinta hasta 1975 y 1978, cuando Habeler y Messner escalan el Hidden en estilo alpino y luego el Everest sin bombonas de oxígeno. Porque supondría descubrir que se podía hacer mucho más con equipos pequeños. Pero seguir esta hipótesis supondría, seguramente, escribir un libro…

JMA: Hay posibilidades, claro que sí. Pero no estamos en condiciones de poder afirmar ni desmentir nada. Hay conjeturas basadas en datos probables, pero no hay pruebas definitivas ni a favor ni en contra.

—»¿Hemos vencido al enemigo? A ninguno, salvo a nosotros mismos». Eso decía el alpinista y profesor de literatura George Mallory. ¿Es la montaña una experiencia más individual que colectiva?

"Me gusta mucho esta frase de Mallory. El mérito es colectivo, pero la evaluación interior es individual, pertenece a cada uno"

SA: Creo que no, aunque la soledad buscada muchas veces es una agradable experiencia de búsqueda interior, que recomiendo. Siempre he sido feliz compartiendo las emociones de las montañas con buenos amigos, y a veces allí he tejido nuevos afectos. Lo que sí creo es que siempre la experiencia montañera es una experiencia espiritual, casi religiosa, como dejó escrito Giner de los Ríos contemplando un atardecer en el Guadarrama.

JMA: Me gusta mucho esta frase de Mallory. El mérito es colectivo, pero la evaluación interior es individual, pertenece a cada uno.

—Un fenómeno curioso, muy relatado en la literatura de montaña, son las alucinaciones. Al parecer, son favorecidas por respirar un aire enrarecido en oxígeno y el ambiente de soledad, y usualmente se desencadenan en momentos críticos, de percepción de peligro. Este fenómeno fue bautizado por el explorador John Geiger como «el tercer hombre». ¿Alguno de vosotros ha experimentado especialmente estas presencias humanas?

"Nuestro libro es válido para toda persona, sea alpinista como no. Concebido como un antídoto contra la apatía y la adversidad"

SA: Yo personalmente no lo he experimentado. Pero en la dramática expedición de 1994 nuestro compañero Juanjo San Sebastián sufrió un episodio de alucinaciones a ocho mil metros mientras pasaba su segunda noche al raso y descendía de la cumbre. Durante esa terrible noche, con el vacío a las noches y sin poder quedarse dormido, se le aparecieron compañeros del trabajo que le convencieron de que entrase a un sistema de pensiones dónde estaría calentito y podría descansar. Aquellas alucinaciones le sirvieron para sobrevivir a aquella noche crítica y, a la postre, regresar con vida a casa. Aunque en aquella dura prueba perdería a un amigo y a él le amputarían siete dedos de las manos.

JMA: El propio Shackleton también se refiere a este fenómeno. Yo no lo he experimentado.

—¿Qué consejo le daríais a las personas que vayan a leer vuestro libro?

SA: Que lo disfruten y se lo pasen tan bien como nosotros disfrutamos mientras le dábamos formas. Que se enriquezcan con estas historias que, creo firmemente, nos ayudan a ser mejores personas.

JMA: Que es un libro válido para toda persona, sea alpinista como no. Concebido como un libro de mesilla o de compañía. Un antídoto contra la apatía y la adversidad. Fácil de leer y capaz de entretener. Recomendable a todas luces.

—Quisiera finalizar este interesante encuentro con vosotros sin olvidarme de las poblaciones que viven en la montaña, los montañeses, pues en realidad son los auténticos protagonistas del entorno agreste donde habitan. ¿Hay en ellos un espíritu común respecto al medio ambiente, se trate actualmente de un pastor del Pirineo o de un campesino sherpa del Himalaya?

SA: Probablemente haya un nexo común, en su forma de reaccionar y adaptarse al entorno más duro del planeta (quizás con la excepción del Ártico) que haya sido colonizado por un ser humano. Y, a pesar de todo ello, empeñarse en seguir viviendo pegado a las montañas. Hay algo de ese sentimiento sublime al que se refirió Kant, mezcla de fascinación y pavor. Algo ancestral y primitivo que siempre ha unido al Hombre y la Montaña.

JMA: Entre un pastor del Pirineo o del desierto de Wadi Rum hay poca diferencia en cuanto a sencillez y hospitalidad. Diría lo mismo de los sherpas, pero el ecosistema en el que viven integrados los ha convertido en biodiversos, de manera que el turismo de las grandes alturas está alterando la conducta de muchos de ellos.

5/5 (15 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)