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¿Seguros? ¿Por qué?

Dos profesores universitarios de literatura comparten un café tras conocerse en un campus de Nueva Jersey. Ella, francesa, acaba de llegar a Estados Unidos. Él es un escritor de éxito que acaba de salir de la cárcel. The Affair (Hagai Levi, Showtime, en España en Movistar+), temporada tres, primer capítulo:

Juliette Le Call: Antes de empezar, recibí una especie de, ‘merde’, ¿cómo lo llamáis? Un sermón del decano para hacer que los estudiantes se sientan seguros. Pensé: «¿Seguros, en una universidad? ¿Por qué?». No recuerdo sentirme segura cuando iba a la facultad, ¿y tú?

Noah Solloway: No.

Juliette Le Call: ¿Ves? Dije: «‘Monsieur’, ciertamente, nuestro trabajo es desafiarlos, inquietarlos, hacer que se sientan inseguros, ¿no?».

Noah Solloway
: No. Ya… No siempre fue así. Recuerdo cuando daba clases en el instituto, empecé a notar un cambio después de los ataques del 11 de septiembre. El presidente salió en televisión y empezó a hablar de proteger a los americanos, y de repente todos los estudiantes lo estaban repitiendo. Y los estudiantes de hoy en día, son…son incluso más jóvenes, y… y han crecido con toda esa retórica de mier…

La retórica a la que hace referencia el protagonista no se desarrolla únicamente en institutos y universidades. Ha calado en la sociedad expandiéndose a través de todo tipo de soportes. No hace falta tener estudios para construir un refugio personal lleno de falsas certezas. Es cómodo.

La ficción es una de las pocas armas capaces de agitar ese búnker en el que estamos encerrados. Como manada, tendemos a sumergirnos en un gran Barça-Madrid, a asir con fuerza las etiquetas que nos dan seguridad, señalando cada opinión como buena o mala, blanca o negra. Le hemos pillado el gusto a esa retórica de mierda que nos hace vivir tranquilos. Somos así de cobardes.

Es lógico que personajes como Tony Soprano, Dexter, Walter White, Noah Solloway, Falcó o Juan Torca funcionen en este entorno. Son grises, villanos que nos fascinan cuando se convierten en protagonistas con una colección de matices que hemos desterrado de nuestro día a día. Rompen la monotonía del blanco y negro, nos atraen pese a representar todo aquello que no queremos ser.

Su éxito quizá se deba a que pensamos que ese mundo de ficción está muy lejos de nuestra realidad esterilizada al baño maría. Pero, ¿y si no es así? Los malos sin miedo tienen mucho que ganar mientras los cobardes defienden su confinamiento en una vida llena de aparentes certezas. Ahí está Trump. Si queréis sentiros inseguros prestad atención a The Affair.

P.D.: Esta entrada complementa este texto del prisionero Leandro Pérez, otro que, como todos, siente simpatía por Tony Soprano.

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