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Silencios vivos, de Nach

Silencios vivos, de Nach

Silencios vivos es una invitación a convivir en la intimidad de otro. Con estos poemas, Nach abre la puerta de su peque­ño mundo al lector atrevido, dispuesto a volar. Letras que son emoción sincera, cargadas de anhelos, de confesiones y de introspección. El autor vuelve a asomarse a su propio interior para ofrecer una escritura llena de memorias y vivencias, para construir una forma voraz de cuestionar el mundo y dejarnos entrar en su paraíso silencioso, el nuestro, el de todos.

Zenda adelanta su primer capítulo.

Silencios que susurran

1

Vengo

Vengo de las noches sin cordura
y de los paisajes constantes.
Vengo de esa esquina de la habitación
que nunca te paraste a mirar.

Vengo dejando atrás el reloj y su tridente,
sin haberme despedido
de algunos cuerpos que aún me esperan.

Me dejé llevar por el viento
y sus ángulos imperfectos,
caminando con oficio,
obligando a cada hueso,
mientras escupía mi culpa en el trayecto
y recogía del desahucio a cada pájaro caído,
a cada cara que era una máscara.

Lo hice sin ser huida,
sin ser regreso,
sin negarme ni aborrecerme.

Por eso ahora
solo vengo hacia la vida,
decidido,
aun sabiendo
el esfuerzo enorme que supone.

2

Debería vivir así

Doy gracias al viento que es una flecha
y a la risotada que me asalta y me ilumina.

Debería vivir así…

Debería mordisquear todos los pechos escondidos tras
el tedio,
debería hacerle un truco de magia a cada niño,
debería ayudar a tantos a encontrar sus propias huellas,
debería limpiar con sonrisas y bromas la sangre seca del
asfalto,
debería gastar todos mis consuelos para ser abrigo del
que llega tarde,
o del que llega demasiado pronto.
Deberíais saber que todos llegan.

Doy gracias a mis ojos porque hablan con los vuestros
y me mantienen aquí,
anclado en las aguas termales del romance latente.

Debería ser siempre así…

Debería arrancar el gris de cada corbata testaruda,
debería decirle a este mundo moderno que aún somos
bárbaros,
debería animarlos a tirar los dados en cualquier lugar,
decirles que donde menos lo esperan ganarán alguna
lágrima alegre,
debería decirles que se fumen el cielo,
que se beban el pecado,
que corran hacia lo absurdo,
y se corran con lo que les dé la gana.

Doy gracias al recuerdo que es un refugio,
y a los rostros que repaso y me sonríen.

Debería quedarme así…

Debería hacer de tantas pieles mi vivienda,
debería decirles a ellos que sean más tontos,
a ellas que sean más locas,
a todos que sean más ingenuos,
menos avispados,
más payasos,
menos actores, y que se dejen
de juegos donde no gana nadie.
Debería decirles que aprendan
la constancia de las hormigas,
la paciencia de los árboles,
la libertad del viento,
el silencio del mar.

Debería vivir así…

Sin pensar tanto, sin seleccionar tanto,
sin analizar pros, contras y miradas,
sin intentar leer entre líneas hasta quedarme ciego,
sin ser contable de errores y oportunidades perdidas.

Debería quedarme así…

Quieto en mí
una y otra vez.

3

Química

Me tumbo
sobre la arena
o la piedra.

Me levanto y corro,
respiro el sol,
como la tierra.

Soy agua limpia,
sangre veloz,
células coordinadas.

La serotonina,
la dopamina,
la endorfina,
deciden mi alegría o mi tristeza.

Me hago llamar humano,
pero solo soy
un experimento
de química.

4

Espejo en la mañana

Eres tu primer pedazo,
de otra mañana equilibrista.
Bostezas entre tus faros
y tus sombras cómplices
pensando en otra noche
cristalina que se ha ido.

Me saludas intentando moldear
tu rostro arcilloso y resignado.
Me susurras mientras
tu desnudez infinita se abre.

Te acercas…

Saludando a esos complejos
que te espían,
dialogando con las batallas
fracturadas,
prometiéndote un pálido cambio,
una mejora que es tu angustia.

Sabes que eres piel,
pero no lo que eres debajo.
Sabes que eres tú,
aunque a veces no quisieras serlo.

Sabes tantas cosas,
pero ignoras la más importante.

Que solo aceptando tus fondos,
reconocerás tus superficies.

5

Una vez mil veces

Una vez fui caricia,
de esas que recorren el alma tocando las ganas de vivir.
Una vez fui mar,
porque me di cuenta del mundo infinito que soy.
Una vez fui luz,
cuando quien yo amaba me dijo que me amaba aún más.
Una vez fui red,
porque vi a los que quería tambaleándose en la cuerda
floja.
Una vez fui música,
cuando el mundo solo era un estruendo desafiante.
Una vez fui secreto,
guardando en mí una flor con los colores que el resto
temía.
Una vez fui jarra,
que cayó salpicando con mis pedazos a quienes tenía
cerca.
Una vez fui pregunta,
porque continuaba repitiéndome día tras día.

Todo lo que fui me hace hoy preguntarme
por qué la gente quiere llegar intacta a su destino
si lo único que importa es mancharse de vida
y convertirse en ella.

6

Necesito recorrer el hormiguero

Salto de la cama como quien abandona su otra vida,
me desayuno la intrépida y ansiosa mañana mientras
enciendo la calle
y la miro girar con un murmullo infinito,
mientras camina patas arriba y duerme boca abajo.

Necesito la ciudad como quien debe respirar,
aunque yo sea tan solo una célula entre millones de arterias,
aunque acabe desplomado en su hielo,
agotado en su desierto de hierros y asmas.

Voy desde la biblioteca
iluminada y sabia
hasta el antro donde la inocencia
es una colilla olvidada,
pasando por esa calle
abarrotada de amores imposibles,
por esa plaza de pasos firmes
y luces flácidas que sobrevuelan nuestras sombras
y absorben nuestra humanidad.

Salgo de un concierto de jazz
y paso por un callejón
donde se ahogan gemidos robados.
Entro a un bar,
pido una caña entre Pepes y Pacos
y más tarde llego a una exposición
de pinturas que son golpes
catapultándome a otros ojos
para no querer volver.

La calle es así,
tiene un gatillo en muchas bocas,
guarda mil secretos en cada esquina.
Yo la recorro mientras admiro
a quienes piden permiso,
y a quienes piden socorro.

Discuto con los edificios resignados,
con las juergas programadas,
con la desesperación moderna, con los futuros en el aire.
Converso con los pecados bellos,
y conozco demasiados por si acasos
enrollados en banderas blancas
que se guardan bajo la solapa.

Del barrio periférico a la esfera alta,
desde el restaurante chic
hasta la limosna del que escribe su eslogan en un cartón,
paso por esas iglesias que admiro y esquivo,
también por cada colegio cuyo recreo
me obliga a buscarme entre cada niño.
Y así transito Ubers, frenazos, metros, buses,
insultos, sonrisas, agradecimientos, paradas, suicidios y
perdones.

Llego a casa y apago la calle,
desde mi noche,
donde el edredón me espera
como una amante aburrida.

7

Amistad

Te conocí como se conoce
a la verdadera amistad,
por pura coincidencia.
Ahora no es coincidencia
que esta amistad sea pura.

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Autor: Nach. Título: Silencios vivos. Editorial: Planeta. Venta: AmazonFnac y Casa del Libro.

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