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The Beatles en The Cavern y en el show de Ed Sullivan

The Beatles en The Cavern y en el show de Ed Sullivan

Otros nueve de febrero, los de 1961 y 1964, hace hoy sesenta y uno y cincuenta y ocho años, respectivamente, la cultura juvenil, con anterioridad prácticamente inexistente, asiste a un par de manifestaciones que vienen a confirmar tanto su existencia como su insospechada pujanza. Hasta entonces los jóvenes querían ser adultos prematuros, como sus mayores. Mas, desde que, a comienzos de los años 50, el rock & roll ha empezado a soliviantarles, más aún de lo que lo hacen los himnos y canciones de batalla a las tropas que van a entrar en combate, se vienen viendo fisuras en lo que hasta entonces había sido un culto monolítico al mundo de sus padres. Vayamos con el primero de los hitos que nos ocupan.

Un día como hoy, el nueve de febrero del 61, aquellas palabras pronunciadas por Louise Michel —combatiente de la guardia nacional, que defendió París de los versalleses en 1871, durante las gloriosas jornadas de La Comuna— acerca de la necesidad de que la verdad ascienda desde los tugurios, porque “desde las alturas no se desprenden más que mentiras”, se convierten en toda una premonición en un sótano de Liverpool, sito en el número 10 de Mathew Street. El establecimiento se llama The Cavern.

"También será Astrid, el amor alemán del quinto Beatle, quien aconseje a la banda que cambie el clásico tupé de rocker por ese pelo largo y con flequillo"

Hablamos de un jueves por la tarde y de un cuarteto recién llegado de Hamburgo. Muchos se creen que son alemanes. En realidad son unos jóvenes autóctonos que se hacen llamar The Beatles y, pese a que sus edades rondan en torno a los veinte años, son unos auténticos estajanovistas del rock & roll. Allá en Hamburgo eran capaces de estar tocando durante ocho horas ante cualquier tipo de público. La heterogeneidad de sus audiencias alemanas va desde las prostitutas y los marineros, que las rondan en los clubes de alterne que animan los muchachos, hasta los amantes de ese ritmo del diablo, que viene soliviantando a la juventud desde que Bill Haley & His Comets grabaron Rock Around the Clock en el 52, dirán las futuras crónicas.

Entre estos últimos, entre los amantes del rock & roll que integran el primer público alemán de los ingleses, no faltan intelectuales. Muy parecidos a los que unos años después, cuando la escena del rock & roll se traslade a Nueva York, se verán en el underground neoyorquino. De hecho, una estudiante de arte, Astrid Kirchherr, es la causa de que el antiguo quinteto que fueron cuando Stuart Sutcliffe formaba con ellos se haya quedado en cuarteto. También será Astrid, el amor alemán del quinto Beatle, quien aconseje a la banda que cambie el clásico tupé de rocker, que vienen peinando desde que comenzaron a interpretar rock & roll profesionalmente allí donde hiciese falta escucharlo, por ese pelo largo y con flequillo, la “melena Beatle”, que a su vez será origen de ese “pelo largo” en que la sedición juvenil, que hoy da un gran paso hacia su eclosión, tendrá una de las principales manifestaciones exteriores de su rebeldía. “Córtate el pelo”, empezarán a decir los padres a sus hijos melenudos. Y repetirán la frase una y mil veces, hasta que el pelo largo, muchos años después, sea asumido por la sociedad que ahora posterga al cuarteto a los sótanos y a los clubes de alterne.

"Serán tantos los jóvenes que pregunten por la grabación en Nems, una tienda de electrodomésticos con una de las mejores secciones de discos de la ciudad, que su responsable, Brian Epstein, acudirá una tarde al 10 de Mathew Street y bajará a The Cavern"

Aunque hayan dejado los tupés en sus últimas actuaciones en el Indra y el Kaiser Keller, los establecimientos más respetables de cuantos les han acogido en Hamburgo, The Beatles aún visten de riguroso negro, como corresponde a los rockers más graves. El nuevo peinado es la prueba de que están abiertos a otras influencias. Bien puede decirse que, por un procedimiento semejante, su repertorio será la transición que llevará a la música joven del rock & roll seminal al rock o pop en su concepción más amplia. Ringo Starr aún no está con ellos. Pete Best es su batería.

En este primer concierto en The Cavern básicamente interpretan versiones de Buddy Holly, Chuck Berry, Little Richard y de una canción tradicional escocesa titulada «My Bonnie». Esta pieza, en una interpretación vertiginosa, aunque en la voz de alguien ajeno a la formación, Tony Sheridan, será la cara “A” del primer sencillo del grupo, editado en Alemania. Y también será el piñón que ponga en marcha el engranaje de la historia.

Serán tantos los jóvenes que pregunten por la grabación en Nems, una tienda de electrodomésticos con una de las mejores secciones de discos de la ciudad, que su responsable, Brian Epstein, acudirá una tarde al 10 de Mathew Street y bajará a The Cavern. Será otro día nueve —como si este número significase algo en la historia del cuarteto— cuando Epstein descubre cómo enloquecen frente a The Beatles en la caverna.

"Otro día como hoy, el nueve de febrero de 1964, ya con Epstein como manager y Ringo Starr como batería, el cuarteto de Liverpool actúa por primera vez en el show de Ed Sullivan"

Los existencialistas franceses, algo así como los beatniks europeos, o viceversa: los beatniks californianos, algo así como los existencialistas americanos, también escuchan su jazz —bebop, cool— en cuevas: las caves del Barrio Latino de París o las de San Francisco. Heraldos unos y otros de esa eclosión juvenil que se avecina en toda la sociedad occidental, Epstein la palpará en el ambiente. «Su música me impresionó de inmediato, su ritmo y su sentido del humor sobre el escenario. E incluso más tarde, cuando los conocí, también quedé impresionado por su carisma personal. Y fue en ese mismo instante en donde todo comenzó».

Otro día como hoy, el nueve de febrero de 1964, ya con Epstein como manager y Ringo Starr como batería, el cuarteto de Liverpool actúa por primera vez en el show de Ed Sullivan, el programa de variedades de mayor audiencia de la televisión estadounidense. “El centro de la conciencia universal se ha trasladado a Liverpool”, ha proclamado el poeta beat Allen Gingsberg.

Desde que Epstein los lleva han cambiado las chupas por los trajes, pero se han convertido en un fenómeno de masas. En el Reino Unido la beatlemanía causa estragos. Las chicas enloquecen ante su presencia, lloran de emoción, gritan, pierden el conocimiento. Los adultos niegan su música. No entienden nada.

"En el primer término del plano, como Paul McCartney es zurdo, el mástil de su bajo asoma por la derecha. En el otro lado, el mástil de la guitarra de John Lennon hace otro tanto. George Harrison permanece en el medio"

Al otro lado del Atlántico, la juventud les descubre con «I Want to Hold Your Hand». Desde el primero de febrero, esta pieza encabeza las listas de éxitos norteamericanas. Pero en la televisión sólo se ha visto una pequeña filmación de una actuación inglesa de la banda. Esa falta de imágenes de los causantes de un fenómeno, que incluso sobrepasa a los provocados por los ídolos locales del rock & roll —Elvis Presley incluido—, va a ser enmendada este domingo por la noche.

Epstein, desde Inglaterra, ha contratado tres actuaciones, pero la que hace historia es la primera. Hasta su cuidada puesta en escena ha de ser memorable. El regidor del programa —en colaboración con Epstein, quien supervisa cuanto concierne a sus patrocinados— ha dispuesto que los ingleses entren en los hogares estadounidenses en una formación que recuerda una “T”, mayúscula e invertida. Star la preside con su batería ocupando una plataforma. En el primer término del plano, como Paul McCartney es zurdo, el mástil de su bajo asoma por la derecha. En el otro lado, el mástil de la guitarra de John Lennon hace otro tanto. George Harrison permanece en el medio. La profesionalidad de los de Liverpool, empero su desenfado, llama la atención de todos los técnicos.

Esta primera actuación en el Show de Ed Sullivan se prolonga durante algo más de trece minutos. Hay tiempo para interpretar piezas como «All My Loving», «She Loves You» o «I Want to Hold Your Hand», entre otras piezas… Al acabar, la cuota de pantalla no tiene precedentes. Han visto a The Beatles setenta y tres millones setecientos mil telespectadores. Considerando que la población del país asciende a los ciento noventa y un millones de personas, puede decirse que uno de cada tres norteamericanos ha visto a los jóvenes.

Los expertos en fenómenos de masas sostendrán que, tras el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy el último mes de noviembre, la audiencia precisaba toda esa alegría que The Beatles les ha proporcionado. Lo que sea con tal de no reconocer que la mayor sedición juvenil que ha conocido el occidente cristiano está en marcha. Así se escribe la historia.

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Bixen
Bixen
4 meses hace


Oh bring back my Bonnie to me!
Fue la primera que aprendí en inglés.

Pepehillo
Pepehillo
4 meses hace

Pesaícos con los Beatles, como si no hubiera habido otro grupo. Dejad a esos moñas amaestrados y escuchad a los Small Faces, los Who o al chalao de Paul Revere. Y luego, a Manuel de Falla, pero para eso hay que tener sangre en las venas y no transfusiones.