Inicio > Actualidad > The Best or The Greatest, Cristiano, Ali, Cervantes y el poder de la semántica

The Best or The Greatest, Cristiano, Ali, Cervantes y el poder de la semántica

The Best or The Greatest, Cristiano, Ali, Cervantes y el poder de la semántica

Cristiano Ronaldo acaba de ganar su quinto Balón de Oro al mejor jugador de fútbol del presente año, y, lo que es más llamativo, se ha auto-declarado a su vez «el mejor jugador de la historia», a tenor de lo cual me he percatado de que en castellano tenemos una laguna lingüística importante en esta área, que paso a explicar.

La palabra «mejor» usada como en el párrafo anterior denota un grado superlativo relativo del adjetivo «bueno», de tal modo que se puede afirmar que para France Football Cristiano es el «más bueno» («el mejor») de todos los jugadores de fútbol de este año. Un grado superlativo absoluto se limitaría a afirmar que Cristiano es «muy bueno, buenísimo», pero en el superlativo relativo se nos limita el ámbito de acción del adjetivo «a un conjunto determinado de seres» (DRAE), que en este caso serían el conjunto de los jugadores de fútbol profesionales que pueden optar al galardón. De esos jugadores, muchos serán «muy buenos, buenísimos» (superlativo absoluto), pero solo uno es «el mejor» (superlativo relativo).

Sin embargo, no es por ahí por donde va la cuestión. La cuestión no es gramatical, sino semántica: «mejor» es la forma comparativa de «bueno», que puede usarse a su vez como superlativo. Según el DRAE, «bueno» (y por tanto su comparativo o superlativo «mejor») significa en su primera acepción: ‘de valor positivo, acorde con las cualidades que cabe atribuirle por su naturaleza o destino’. Esta acepción, qué duda cabe, a pesar de su formulación abigarrada, es la más común: «bueno» significa habitualmente que algo tiene un «valor positivo» a juzgar por las «cualidades» que «cabe atribuirle» al sustantivo al que se aplique «por su naturaleza o destino»; es decir, que si por ejemplo tenemos en cuenta que un automóvil tiene como «destino» (‘empleo’, en su quinta acepción también del DRAE) transportar a la gente de forma rápida, cómoda y segura, un automóvil será «bueno» si posee estas cualidades, y aquel automóvil que transporte a la gente de forma más rápida, más cómoda y más segura que otro, será «mejor» automóvil.

"Así, Cristiano Ronaldo ha sido «el mejor» porque, siempre según France Football, sus cualidades individuales (objetivas y subjetivas) y sus logros colectivos lo acreditan como tal."

Si aplicamos esto al fútbol, encontramos que el «mejor» jugador ha de ser aquel que posea mayores «cualidades» de acuerdo con el «destino» (‘empleo’) propio de un jugador, que no es otro que el de jugar al fútbol. Cualidades estas en algunos casos objetivas y cuantificables, como qué jugador ha marcado más goles (mejor goleador, como los trofeos Bota de Oro o Pichichi), qué portero ha recibido menos goles (mejor portero, como el trofeo Zamora), o incluso de qué jugador ha dado más asistencias, más pases o más remates de cabeza; pero en otros casos, se trata de cualidades subjetivas e incuantificables: qué jugador es el más determinante, el más completo, o el más talentoso. Y a esto, además, habría que sumar, en el caso concreto del galardón concedido por France Football, los logros colectivos: número e importancia de los títulos obtenidos en sus respectivos equipos.

Así, Cristiano Ronaldo ha sido «el mejor» porque, siempre según France Football, sus cualidades individuales (objetivas y subjetivas) y sus logros colectivos lo acreditan como tal. Y «el mejor» jugador de todos los tiempos será, igualmente, aquel que conjugue unas cualidades futbolísticas excepcionales con la consecución de ciertos logros colectivos de gran relevancia. Cristiano ha declarado ser él mismo este jugador, pero independientemente de que lo sea o no (por el momento no hay ningún jurado competente para declararlo, que yo sepa), la cuestión sería si, además de ser «el mejor» de la historia, es también «el más grande». O si está entre «los mejores» o «los más
grandes». No voy a dar aquí mi opinión personal sobre Cristiano (que sería tan poco válida como la de cualquiera), sino a tratar la cuestión lingüística: qué significa ser «el mejor», qué significa ser «el más grande», y la laguna lingüística que existe en nuestra lengua castellana con estos dos conceptos, que no es otra que la distinción existente en la lengua inglesa entre los adjetivos good y great, o entre sus superlativos, the best y the greatest, una cuestión menor en términos lingüísticos, sin duda, pero ni mucho menos en términos deportivos.

En castellano the best se traduce fácilmente como «el mejor», o sea, «el más bueno», que según la acepción que antes recogíamos del DRAE significaría algo así como ‘aquel que tiene un valor más positivo con respecto a sus cualidades en relación con un destino o empleo’ (recordemos: un coche es «bueno» si cumple con las cualidades propias para las que está destinado: ser rápido, cómodo, seguro, etc.). Sin embargo, the greatest tiene una traducción mucho más compleja. Podemos traducirlo igualmente como ‘el mejor’, pero también como ‘el más grande’, o incluso ‘el más estupendo’ o ‘el más maravilloso’, ya que la palabra great no tiene equivalente unívoco
en castellano, como sí lo tienen good (‘bueno’) o big (‘gran, grande’), siendo estos dos adjetivos intercambiables en algunos contextos tanto en castellano como en inglés (big, al igual que «grande» en castellano, suele referirse al tamaño, pero puede referirse a cualidades de un objeto o persona, lo que en español suele marcarse anteponiendo y apocopando el adjetivo a «gran»: a big man – ‘un gran hombre’).

"Pero claro, que alguien sea the best no significa que sea the greatest. Para ser the best, «el mejor», hay que sumar una serie de cualidades y logros."

La laguna en la lengua castellana, por tanto, es la de que no existe una palabra que implique los mismos matices que great. La palabra great proviene, al parecer, del germánico occidental, y en su origen tendría una traducción mucho más concreta, algo así como ‘áspero, rudo’, a partir de la cual se derivarían otros significados como ‘espeso, duro, grande, alto’, y posteriormente los actuales ‘estupendo, maravilloso’. No es por tanto una palabra de origen latino: de ahí posiblemente provenga el entuerto.

Volvamos al fútbol. Hemos quedado en que Cristiano Ronaldo es «el mejor» jugador («el más bueno») de este año, es decir, Cristiano Ronaldo es the best (superlativo de good) de este año. Esto, como hemos dicho, significa que posee unas ciertas cualidades objetivas y subjetivas en mayor grado que sus rivales, y que ha obtenido una serie de logros colectivos importantes con sus equipos, avalándole esto, en opinión del jurado, para obtener el galardón.

Pero claro, que alguien sea the best no significa que sea the greatest. Para ser the best, «el mejor», hay que sumar una serie de cualidades y logros (y Cristiano, sin duda, habría logrado tanto lo uno como lo otro, por tanto podría optar perfectamente a ser considerado «el mejor» de la historia, the best); pero para ser the greatest no bastan las
cualidades y logros: hace falta otra cosa, un «algo» de naturaleza insondable, incognoscible. Para ser the greatest en cualquier área (aunque aquí hablemos de deporte) ni siquiera es imprescindible ser the best (o sea, «el mejor», el de «mayores cualidades», el que obtuvo «más logros») ya que el adjetivo great incorpora a la ecuación un matiz puramente emocional, una alusión directa a la subjetividad, a los sentimientos. Así, por ejemplo, ni Pelé, ni Maradona, ni Cruyff son los jugadores que más goles han marcado a lo largo de sus carreras (Pelé es el tercero, por detrás de un tal Josef Bican y de su compatriota Romário), ni los que han dado más asistencias (Maradona es el cuarto); Pelé sí que es el jugador con más Mundiales (tres), pero Maradona solo ganó uno y Cruyff ninguno; y en cuanto a la Champions League, el título de clubes más codiciado, Pelé no logró ninguno (nunca jugó en un club europeo), ni tampoco Maradona. Cruyff sí ganó tres, pero la lista de jugadores que han ganado cuatro ya sube a siete (entre ellos, claro, Lionel Messi y Cristiano). Por tanto, si contamos únicamente cualidades objetivas (en este caso, número de goles o asistencias) y logros colectivos (títulos de Mundiales y Champions) ninguno de estos tres jugadores, Pelé, Maradona o Cruyff, podría ser considerado «el más grande». Pero lo son. Junto con algún otro, estos tres son «los más grandes», the greatest. Y si lo son es porque cualquiera de ellos posee ese «algo» que los hace distintos, ese matiz que los distingue de otros que quizá tuvieran más talento o más títulos. Ellos son the greatest por revolucionar la forma de entender el fútbol (Pelé desde el campo, Cruyff sobre todo desde el banquillo), por ganar títulos de manera épica (Maradona y el Mundial del 86), por su sombra alargada fuera de los terrenos de juego, por su magnetismo personal, por todo lo que representaron y representan en la historia del deporte.

Pero no es en el fútbol, sino en el boxeo, donde mejor apreciaremos el matiz. Si preguntamos a varios aficionados al boxeo quién es «el mejor» boxeador (the best) de todos los tiempos, o sea, «el mejor» de acuerdo a sus cualidades (cualidades boxísticas en este caso: pegada, juego de piernas, defensa, etc.) y de acuerdo a sus
títulos, las opiniones serán seguramente variopintas: Mike Tyson, Sugar Ray Leonard, Joe Louis, Rocky Marciano, Roy Jones Jr., Floyd Mayweather, etc. Pero si la pregunta es quién es el «más grande» (the Greatest) de todos los tiempos, no ya únicamente por sus cualidades y títulos, sino incluyendo ese matiz sentimental que aporta el adjetivo great, la respuesta sería unánime: the Greatest Of All Time (acrónimo habitual en inglés GOAT) es Muhammad Ali. Él mismo se auto-concedió el título, y nadie ha osado nunca arrebatárselo. Floyd Mayweather, sin ir más lejos, se autodenomina The Best Ever, que más o menos se traduciría como ‘El Mejor que Nunca ha Existido’; a pesar de sus cincuenta victorias, cero derrotas y diversos títulos mundiales, Floyd no se atrevería nunca a nombrarse a sí mismo the Greatest; ni él ni ningún otro boxeador en su sano juicio.

"Sus guerras sobre el ring con Foreman o Frazier, por ejemplo, fueron experiencias que sobrepasaron el ámbito del deporte, fueron eventos sociales a nivel mundial."

Greatest en boxeo solo hay uno, Muhammad Ali, a pesar de que posiblemente sean pocos quienes consideren que sea «el mejor», en cuanto a sus cualidades y títulos, de todos los tiempos, ya que hubo y hay boxeadores mejores en cuanto a su técnica, su defensa, su pegada o su juego de piernas; y también hubo y hay boxeadores que ostentaron y ostentan más títulos; o que lograron más victorias o que se han mantenido invictos durante más peleas. Pero todo eso no importa: Muhammad Ali es «el más grande» de todos los tiempos, the GOAT, no solo por su trayectoria deportiva, —por ser tres veces campeón de los pesados y atreverse a hacer cosas en el ring que un peso pesado nunca había hecho, como «flotar» alrededor del rival o refugiarse en las cuerdas y dejarse castigar como estrategia para la victoria, su mítico rope-a-dope—, sino también por su trayectoria humana, por sus batallas dentro y fuera del cuadrilátero, por lo que su figura representó y representa para el boxeo, para el deporte en general, para la sociedad americana, la afroamericana, la musulmana, y también muy especialmente por su personalidad arrolladora. No se puede entender por qué Muhammad Ali es considerado the GOAT si no nos alejamos del boxeo y admiramos el conjunto con perspectiva. Sus guerras sobre el ring con Foreman o Frazier, por ejemplo, fueron experiencias que sobrepasaron el ámbito del deporte, fueron eventos sociales a nivel mundial sobre los que posteriormente se han escrito libros y se han rodado películas y documentales para tratar de comprenderlos en su complejidad. Su imagen con el brazo flexionado invitando a Liston a levantarse después de haberlo noqueado en el año 65 —una fotografía de un joven de 22 años, Neil Leifer, para Sports Illustrated, denominada por algunos como the Greatest Shot of the Greatest— es uno de los símbolos del siglo XX, junto con el rostro del Che Guevara inmortalizado por Korda o el hombre protestando delante de los tanques en Tiananmén. Posiblemente no encontremos nunca un fenómeno similar en el boxeo, ni en ningún otro deporte, ya puestos, en los próximos cien años.

Algo parecido se podría decir de Michael Jordan: no es el máximo anotador ni el jugador con más anillos de la NBA (ese título lo ostenta un tal Bill Russell, un auténtico desconocido para el gran público), pero, ¿quién se atrevería a discutirle a Jordan ser el «más grande», the Greatest, del baloncesto de toda la historia, además de todo un icono del deporte y de la América de los 90? En Fórmula 1, del mismo modo, Schumacher es conocido como el piloto más laureado por haber conseguido siete Mundiales, pero si preguntamos a los aficionados, el «más grande», the greatest, sería probablemente Ayrton Senna, a pesar de «solo» haber conseguido tres.

"La cuestión, por tanto, como he dicho antes, puede que sea menor en términos lingüísticos, pero no lo es en términos deportivos: ser «el mejor» o estar entre «los mejores» no es lo mismo que ser «el más grande» o estar entre «los más grandes»."

Esta distinción de matiz entre the best y the greatest que permite la lengua inglesa suele solventarse en castellano, como he hecho más arriba, traduciendo comúnmente esto último como ‘el más grande’ o ‘la más grande’ (un título que en femenino, en España, alude a una folklórica; en fin) pero qué duda cabe de que la palabra «grande» carece de la connotación adecuada: la prueba es que The Greatest Of All Time se puede traducir indistintamente como «el/la mejor de todos los tiempos» o «el/la más grande de todos los tiempos». En inglés la distinción es obvia: una simple búsqueda en Google permite apreciar el gran número de artículos en prensa y conversaciones en foros dedicados a tratar la cuestión, especialmente, como aquí estamos haciendo, en su vertiente deportiva (cualquier lector, sin ser un gran experto tecnológico, podrá encontrar discusiones en Quora, Reddit, Yahoo! Answers, o Wordreference). Sin ir más lejos, y por poner un ejemplo cercano, unas declaraciones para FIFA TV de Dani Alves acerca de Messi y Cristiano de septiembre de este año 2017 donde declaraba que «el mejor jugador» contra el que se ha enfrentado ha sido Cristiano, pero que «el mejor jugador de la historia» es Messi, han sido recogidas en los
diarios de habla inglesa con titulares del tipo: “Alves: Cristiano is the best, but Messi is the greatest”. Tal eco tiene este asunto, el de pertenecer al Olimpo de «los más grandes», que la tenista Serena Williams ha declarado estar harta de que le pregunten si ella es «la más grande» o está entre «las más grandes» (nadie le pregunta si está entre «las mejores», the best, eso se da por descontado), o, peor aún, si merece que se la considere entre los deportistas varones o debe comparársele solo con otras mujeres: ella afirma, con toda la razón, que si fuera hombre nadie dudaría que está entre los más grandes, lo mismo hombres que mujeres. Han pasado más de cuarenta años del partido entre Billie Jean King y Bobby Riggs y parece mentira lo poco que se ha avanzado en según qué ámbitos.

La cuestión, por tanto, como he dicho antes, puede que sea menor en términos lingüísticos, pero no lo es en términos deportivos: ser «el mejor» o estar entre «los mejores» no es lo mismo que ser «el más grande» o estar entre «los más grandes». A los primeros, a «los mejores», no siempre se les recuerda, no siempre trascienden el ámbito de sus respectivas disciplinas; «los más grandes», en cambio, the greatest (Pelé, Ali, Jordan, Senna o Williams) sí serán recordados, son aquellos que traspasan las barreras de sus disciplinas, los que se convierten en algo más que deportistas, los que pasan a ser leyenda.

"Lamentablemente, para dilucidar la cuestión literaria no podremos revisar ningún tanteo de goles o palmarés de títulos, ni asistir a un combate en Kinshasa entre Cervantes y Shakespeare."

Y aunque aquí hemos hablado de deporte, convendría recordar que esta misma distinción de matiz se puede aplicar a cualquier otra área, como por ejemplo la literatura. ¿Quién puede dudar de que Faulkner, Cortázar, o Hemingway están entre «los mejores», the best, del siglo XX? ¿O que lo estén Virginia Woolf o Alice Munro, sin
que nadie pueda relegarlas (como se sigue haciendo en el deporte) a una suerte de «segunda categoría de mejores» por el hecho de ser mujeres? Ahora bien, si nos ponemos exquisitos y tratáramos de adivinar quiénes se incluirían en la otra lista, la de «los más grandes», the greatest, de la literatura de este o aquel siglo, o de esta o aquella lengua, o de toda la historia, la cosa cambia. Ahí es donde saltan las alarmas y donde los literatos comenzamos a afilar las navajas. Si no me creen, permítanme recordarles algo: lo que en el deporte se conocen como «los más grandes», the greatest, en literatura se denominan «clásicos». Sobre qué es un autor «clásico» y quiénes deben estar incluidos en este Olimpo (llamado en literatura comúnmente «canon») se ha escrito tanto que es muy posible que el lector posea ya una extensa bibliografía al respecto, por tanto voy a limitarme simplemente a nombrar el texto de referencia, El canon occidental de Harold Bloom (acusado, oh, sorpresa, de no incluir suficientes mujeres, lo mismo que ocurre en el deporte), o el magnífico Por qué leer los clásicos de Italo Calvino.

Los mejores son los mejores, y nadie les discutirá nunca estar entre los mejores. La cuestión, como hemos visto, es quiénes son los más grandes, quiénes se incluyen en esta categoría semántica ulterior que da acceso a la inmortalidad: quiénes son the greatest y deben ser incluidos en el Olimpo del deporte, los clásicos que constituyen el canon literario. Ya hemos dicho que en el ámbito del deporte, o al menos en el boxeo, el título de «el más grande», the Greatest of All Time, ya está concedido. La pregunta que podemos hacernos a continuación es obvia: ¿Quién es the GOAT en literatura? Lamentablemente, para dilucidar la cuestión literaria no podremos revisar ningún tanteo de goles o palmarés de títulos, ni asistir a un combate en Kinshasa entre Cervantes y Shakespeare. Seguiremos discutiendo. Aunque yo personalmente creo que Cervantes, con un gancho de su mano buena, derribaría al bardo mucho antes del octavo round.