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Todo está en el libro escrito sólo con finales

Todo está en el libro escrito sólo con finales

Para mí, empedernido lector, confieso que lo que me haga sentir la primera frase de un libro es casi definitivo para que éste me enganche. La última obra de Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), La isla del doctor Schubert, da comienzo de la siguiente manera: “El doctor Schubert atravesó el vestíbulo del Savöy con la lentitud de los hombres que capitanean barcos de plata. Se deshizo de su abrigo y ordenó servir una copa de tequila con pólvora a sus invitados”.

Con sólo estas tres líneas supe que me encontraba ante una historia distinta que me predisponía a engancharme, aunque no pensé que lo haría de una manera tan esclava. Su maravillosa prosa poética, la estructura narrativa, el sinfín de metáforas, la vibrante definición de los personajes y sus preciosas ilustraciones me llevaron a leer de un tirón el libro. Cada vez que terminaba una página, gracias a la belleza de las descripciones, unida a la originalidad de la historia, me impelía a seguir leyendo. Hasta que, sin apenas darme cuenta, llegué al desenlace, en donde la autora, con la misma originalidad existente en toda la obra, desvela que: “De aquellos papeles nació La isla del doctor Schubert, el mapa de un mar tibio y espeso, una historia larga y antigua que aún lame la arena de un islote con forma de dragón”.

"Hay también otro punto de proximidad entre el Principito y el doctor Schubert: ambos son seres que no envejecen"

Con el punto final volvió a mí la misma emoción que cuando, allá por el año setenta y poco, descubrí a Antoine de Saint-Exupéry y su El Principito. En ambas obras, los personajes son más que entrañables y acaban convirtiéndose en seres queridos; el ambiente fantástico que los envuelve los convierte en únicos dentro de su estilo, con almas complejas en un mundo lleno de seres mágicos dotados de una sabiduría y de un sentido poco comunes pero entrañables. Los mundos, sideral y marino, que habitan los dos protagonistas no pueden ser más dispares. El mundo insular del doctor Schubert, con el mar, la arena, la humedad, los monstruos y los faros, tiene puntos oníricos de coincidencia con el mundo sideral del Principito, con los baobabs, las serpientes, una rosa, un cordero, etc. Y hay también otro punto de proximidad entre el Principito y el doctor Schubert: ambos son seres que no envejecen. Leyendo, recordé una frase de Saint-Exupéry que, a mi juicio, podría encontrarse en la obra de Sainz Borgo: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Tengo que hacer otra confesión; nada más cerrar el libro, decidí que al día siguiente lo volvería a leer despacio, con calma, disfrutando de los muchos pasajes, llenos de la maravillosa poética y original prosa, que había subrayado en mi primera lectura.

"Karina Sainz Borgo, como podemos apreciar en esta pequeña muestra, emplea un lenguaje y un vocabulario sublime, rico, sorprendente y precioso que hasta es capaz de conseguir que los objetos inanimados cobren vida"

En algunos momentos, hay un quejido inmenso en donde el sentimiento está a flor de piel. Uno de los momentos más representativos podría ser este: “Las mujeres teñían de negro sus vestidos de novia y primera comunión. Padres, maridos, hermanos e hijos que no regresaban a tierra firme y por los que ellas guardaban un luto antiguo”.

Karina Sainz Borgo hace una maravillosa descripción de la isla y del doctor Schubert. Como muestra representativa de las decenas de afirmaciones que me llamaron poderosamente la atención podría destacar:

  • “La isla del doctor Schubert, según se enteró en los puertos en donde entregó la correspondencia de las lamias, sirenas y ondinas, es el lugar donde los dragones desovan el fuego y veranean los monstruos del mar cuando hace frío en el inframundo”.
  • “Para conseguir el mapa del islote, la intérprete ofreció a los navegantes de San Marcos cuarenta cantos de sirena traducidos a varias lenguas europeas y una bolsa de cincuenta perlas”.
  • “En la isla del doctor Schubert todo ocurre en dirección contraria a la muerte”.
  • “Por eso el doctor Schubert se hace mar incluso donde el agua no existe”.
  • “En su balcón con vistas al fin del mundo, el doctor Schubert cultiva cardos, flores de pascua y mascarones de proa”.
  • “Cuentan los cronistas baleares que fue justo en aquellos viajes cuando escribió el abecedario de abisales, uno de los bestiarios que más aprecian los marinos y aventureros”.
  • “Él mismo ha dejado pistas sobre su colección de posibilidades en las páginas de un libro escrito solo con finales”.
  • “Nada de todo esto es del todo cierto, pero no por ello falso”.
  • “La dirección postal del doctor Schubert no se marca, ni se transcribe, se desabotona”.
  • “Padecía el cansancio de los volcanes cuando están a punto de echarse a dormir”.

Karina Sainz Borgo, como podemos apreciar en esta pequeña muestra, emplea un lenguaje y un vocabulario sublime, rico, sorprendente y precioso que hasta es capaz de conseguir que los objetos inanimados cobren vida.

Espero haber sido capaz de expresar, de manera convincente y rotunda, la emoción que me causó la lectura de La isla del doctor Schubert, un libro con reminiscencias de los grandes autores de novelas de aventuras y al que me atrevo a calificar dos veces de arte, ya que no solo lo es gracias a la literatura, sino también a las ilustraciones que llenan las páginas y que permiten al lector visualizar varios pasajes del libro.

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Autora: Karina Sainz Borgo. Ilustradora: Natàlia Pàmies. TítuloLa isla del doctor Schubert. Editorial: Lumen. VentaTodos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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