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‘Todos náufragos’, de Ramón Lobo

‘Todos náufragos’, de Ramón Lobo

DETRÁS DE LAS PALABRAS: TODOS NÁUFRAGOS, DE RAMÓN LOBO

El libro tiene la portada de color negro. Llevaba meses pensando en leerlo. Me llamaba la atención el título y el autor, que ha sido todo un descubrimiento para mí. Y ese color negro, tan acorde al momento que vivimos. Entré y ya no pude salir.

"No hemos sido capaces de construir una exigencia ética que rechace la corrupción y la mentira como formas de hacer política o de ejercer el periodismo, que penalice a los estafadores y a los timadores."

Pertenezco a esa generación de personas que creen que la Transición sí funcionó, que cree que lo que sucede ahora es un ciclo de la Historia que se repite cada vez que hay desigualdades. Sé que se han agudizado diferencias, que hay viejos odios, pero no creía que pudiéramos arrastrar tantos años de penitencia. Ramón Lobo ha dinamitado esa visión que yo tenía, y desde que inicié el libro no he dejado de cuestionarme ideas en las que me había instalado cómodamente. Es posible que por el camino perdiéramos el sentido de la polisemia, otorgando un solo significado sin matices, un uso excluyente de la palabra. Como dos extremos que no se acaban de encontrar.

"Nos faltó vivir un proceso generoso de memoria, verdad y reconciliación, como el de la Sudáfrica que emergía del apartheid. Nos faltaron Nelson Mandela y Desmond Tutu."

Lo dice Ramón Lobo en su libro, y también lo ha dicho siempre Arturo Pérez-Reverte: nos equivocamos de Dios en Trento y nos equivocamos de nuevo al escoger el bando erróneo cuando vinieron los franceses. Del oscurantismo nos fuimos a un blanco y negro de cuatro décadas, y tras el breve estallido de colores en los 80 pasamos a creer que éramos importantes e infalibles. Ahora estamos como estamos. Sumidos en la amnesia, el miedo. En la confrontación. En la incapacidad de comprender al Otro. La comprensión del Otro es precisamente uno de los temas centrales de Todos náufragos. La importancia de los Puentes, tanto en las vidas personales, como en las universales.

Todos náufragos es un recorrido por la vida de Ramón Lobo, un viaje de 60 años. Y al mismo tiempo es también un recorrido por la historia reciente de España, desde la Guerra Civil –que le hace recordar otras vividas en su oficio como corresponsal de guerra– hasta los momentos convulsos de la actualidad. El autor ha organizado sus propios recuerdos y los de dos generaciones anteriores a él contrastando datos y novelando sin ficciones. Es éste un viaje íntimo y arriesgado a la memoria, la propia, y la rescatada a través de investigaciones y conversaciones, en las que el autor ha tratado de imaginar las vidas de las generaciones que le preceden en sus dos líneas familiares, paterna y materna. Cuando le preguntan de qué trata su libro él dice que es un libro “contra su padre”. Mi impresión es que se trata de un libro sobre y para su padre, franquista y excombatiente de la División Azul, no contra él. Durante su infancia, Ramón Lobo sufrió las consecuencias de una educación férrea («para ser un verdadero hombre») y fruto de esa misma disciplina adoleció de carencias afectivas, de la falta de un centro, que ha arrastrado toda su vida y que ha ido equilibrando con lo que él denomina «rescatadores» (amigos y lugares donde ha sentido un hogar temporal).

"Mientras exista un desaparecido forzado, sea cual sea su ideología, este país no podrá ser decente"

Ramón Lobo decidió salvar a una parte de su familia por ser republicana (abuelos y bisabuelos) o representar todo lo contrario a la España franquista y postfranquista que él conoció y sufrió (la rama inglesa de su familia, apellidada Leyder por parte de su madre). En este libro se acerca tanto a esa familia salvada como a la otra, pero especialmente busca razones en ésta última: la «descartada», la condenada, para comprender que no sólo existe una realidad, o un solo punto de vista. Y que otros son víctimas de circunstancias que a su vez les hacen ser náufragos, como él mismo. El libro representa una búsqueda, un viaje a sus raíces, en busca de una absolución. Una justificación y un perdón. Lo no hablado, que tanto pesa. Un intento por hallar al Otro en él mismo.

No ha debido de ser fácil para Ramón Lobo recomponer esta arqueología familiar, y menos vencer esa dicotomía entre dos bandos. Uno está cómodo creyendo cosas y no cuestionando. Pero asomarse al abismo personal puede haberle resultado más arriesgado incluso que cuando ha viajado al “epicentro de la desgracia” en “territorio comanche”, en lugares como Bosnia-Herzegovina, Siria o Irak. De esas heridas se puede escapar, son circunstanciales, y, como él mismo reconoce, le gusta “abrazar lo efímero”. Pero no se puede huir eternamente de uno mismo, de las formas esculpidas a golpe de vida, especialmente las que moldean la infancia.


Ramón Lobo supo hacerse un camino, paradójicamente gracias a la España oscura sometida a una dictadura de 40 años, y la dictadura que vivió en su propia casa. Fue cerrando puertas y abriendo otras, desde que empezó a leer compulsivamente gracias al padre de una amiga, cuando se “independizó” en su habitación, llamada “Pensión Lobo nº 13”, hasta su ingreso en el instituto de Izarra, en Álava, que quizá supuso su primera apertura de fronteras. El hogar que busca como náufrago es la reconciliación con esa infancia robada. Ese hogar perdido y hallado en multitud de sensaciones que en su oficio ha podido descubrir. Las guerras a las que acudió en busca de libertad, para alejarse de su propia lucha interna. Durante el proceso de escritura de este libro, Ramón Lobo descubre que algunas de las personas salvadas habían provocado otros náufragos, y algunos de los “condenados” habían sido víctimas a su vez de otros “verdugos”. Como la propia España, víctima de un odio histórico y de una enfermiza tendencia a despreciar al que no piensa como nosotros, y como su padre, víctima de su madre, de un ejército fanático y de la Falange. Y así, en la cadena de errores, se fue pagando generación tras generación, trasladando heridas a quien menos culpa tenía.

Todos náufragos es un libro soberbio. Está muy bien escrito y el lector hallará pensamientos lúcidos e interesantes que le harán detenerse. En términos modernos, está lleno de tuits con potencial viral. Una obra sumamente personal pero a la vez periodística, un análisis honesto de nuestro tiempo. Se percibe la intensidad con la que el autor ha trabajado, y además lo hace aún más interesante, pues enriquece las anécdotas familiares, la vida vista a través de los ojos de sus padres, abuelos y bisabuelos, con las cosas que Ramón Lobo ha visto en su oficio como reportero de guerra, durante muchos años. Y así, poco a poco, parte de un inicio en el que siendo niño se inventó una vida, hasta un final en el que lo que ha contado es su propia vida. Una existencia no inventada que ha valido la pena.

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