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‘Nunca es demasiado tarde, princesa’, de Irene Villa

‘Nunca es demasiado tarde, princesa’, de Irene Villa

DETRÁS DE LAS PALABRAS: NUNCA ES DEMASIADO TARDE, PRINCESA, DE IRENE VILLA

Una noche que promete ser grande para una joven y se detiene en un accidente de coche. Un joven que le hace la vida imposible a su madre y a todos los que se cruzan en su camino. Un padre enfrentándose a una enfermedad mortal. Una mujer soberbia y caprichosa que maneja a los hombres a su antojo hasta que un día pierde su trabajo. Un deportista famoso y engreído acostumbrado a los éxitos y, también, a las drogas. Una chica insegura que cae en el pozo del maltrato. Complejo y variado panorama. Y también habitual, más de lo que creemos. Con un día normal en la vida de estas personas arranca la historia que nos cuenta Irene Villa en su tercera novela titulada Nunca es demasiado tarde, princesa. Un día normal con una peculiaridad: ninguno de los seis protagonistas cree que su vida puede ser otra que la que conocen.

"En estas seis historias entrelazadas late la vitalidad de Irene, su autora, que por experiencia propia ha sabido aprender tan bien y transmitirla."

En un instante, un golpe de efecto y sucede un giro inesperado con el que esas personas no contaban. La casualidad hace que estén en el lugar y en el momento inoportunos. Algunos de ellos ya habían caminado al borde del abismo, pero otros no. Se lo encuentran, sin más. Todos acaban en un callejón aparentemente sin salida, aquello en lo que creían se desvanece, y después de tocar fondo se ven obligados a elegir dos caminos. El de la propia destrucción, o el desconocido camino de la felicidad. No están solos, aunque estén convencidos de ello, y eso es justamente lo que descubren en el duro proceso de resarcimiento que experimentan. De eso nos habla Irene Villa en su gran libro. En realidad, todos estamos expuestos a que en cuestión de segundos nuestra vida, planes, expectativas, se modifiquen. Y hasta tal vez drásticamente. Quien pierde eso de vista está expuesto y es extremadamente vulnerable. No existe, en verdad, un camino. Solo existe en nuestra mente. No obstante, hay múltiples variantes en este laberinto que solo tiene salida en nuestro cerebro, pues en cada golpe nos vemos obligados a cambiar lo que esperábamos.

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No hay finales felices en sí, sino proyecciones mentales de lo que parecen ser finales felices. Rara vez lo son, pues la propia palabra «fin» lo indica. Quizás hay finales imperfectos. Y sobre todo intermedios imperfectos que pueden convertirse en lo más parecido a la felicidad y armonía cuando se cambia de actitud, se acepta la realidad y se sabe elegir estímulos que reporten bienestar. En Nunca es demasiado tarde, princesa esos pilares son el amor, la amistad, el deporte y la psicología positiva. No existe una sola posibilidad de vida, existen muchas. Precisamente son estos giros los que obligan a retroceder en la senda para ver los detalles que te pierdes continuamente pasando por el mismo lugar.

En estas seis historias entrelazadas late la vitalidad de Irene, su autora, que por experiencia propia ha sabido aprender tan bien y transmitirla. Por muy bajo que caigan los personajes con sus caminos rotos hay un punto de no retorno en el que se dan cuenta de que solo ellos pueden cambiar lo que viven, y así lo hacen. Y la paradoja es que sus vidas son mejores de lo que eran antes, precisamente por lo que descubren de ellos mismos. Existen las segundas oportunidades, por supuesto, pero también las terceras, las cuartas… las que cada uno se marque.

IRENE VILLA

Irene Villa (Madrid, 1978) es licenciada en Comunicación Audiovisual, Humanidades y Psicología. Trabaja como escritora, conferenciante, periodista de opinión en diferentes medios de prensa. Colabora con organizaciones en defensa de la paz y los derechos humanos, y ha sido galardonada con el Premio de Ejemplaridad (1991), Premio Niños de Europa (Londres, 1992) y Antena de Oro (2012). Fue candidata al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1992) y a los Premios de la Victoria (Washington, 2008). Es autora de cinco libros.

IRENE

Irene llena su vida normal de cosas extraordinarias. Estudia, es miembro del equipo nacional de esquí adaptado (deporte por el cual ha ganado varias medallas), viaja sin parar, ha buceado con tiburones ballena… «Sabe que se puede», y lo hace, cada día. Su vida ha recomenzado varias veces, la primera cuando solo tenía doce años y sufrió uno de los peores atentados terroristas de nuestra Historia. Ha aprendido a caminar de nuevo, y durante ese aprendizaje ha sabido rescatar lo más positivo. Más que volver a caminar, Irene aprendió «a volar». Su lucidez, tenacidad, valentía y optimismo son extraordinarios, y se ha convertido en un ejemplo de superación a todos los niveles para millones de personas. Y este libro suyo que tengo ante mis manos es extraordinario, imprescindible.

ENTREVISTA CON IRENE VILLA

-¿Por qué te decidiste a escribir esta historia?
-Para acercar a las personas que no suelen leer libros de no ficción consejos acerca de manejar situaciones difíciles y formas de afrontamiento. Hay mucho de psicología positiva en toda la novela, lecciones que aprendí en la vida pero también en la carrera de Psicología, así como nuevas técnicas y terapias, como las de la sanación espiritual que aparecen en el capítulo de Belén.

-Irene, no sé si se puede llamar a la tuya una vida normal, pues es una vida realmente excepcional. ¿Siempre habrá un nuevo reto en tu existencia? ¿Qué te queda por probar?
-Por supuesto que la vida está llena de desafíos, retos, nuevas aventuras e ilusiones. En eso consiste vivir, en experimentar y disfrutar de lo que la vida nos ofrece. Y siempre quedan cosas por probar. Ahora estoy inmersa en mi trabajo, mi fundación y en mis hijos, que es lo más maravilloso que me ha pasado y también lo que más tiempo requiere. Por eso lo de escribir otra novela, que me encantaría, sigue en el aire.

-Una reflexión: todo lo que dices se puede conseguir, pero no es en absoluto fácil. ¿Qué pasa cuando no hay esperanza, cuando uno está solo, cuando el miedo incapacita?
-Ocurre que hay que librarse de esas cadenas mentales, liberarse del miedo que nos paraliza, que además ahuyenta el amor, que es el motor de todo, y que significa un lastre muchísimo más grande y pesado que por ejemplo una discapacidad. Hay que usar todo para avanzar, incluso lo negativo.

"La felicidad es algo momentáneo, instantes irrepetibles. Lo que trato con la novela es descubrir que no estamos tan lejos de la felicidad si nos proponemos disfrutar desde hoy de lo que tenemos"

-Te he escuchado decir que estás recogiendo los frutos del perdón, y un dicho: «quien se venga es feliz un día y quien no, lo es el resto de su vida». Amar, perdonar y olvidar. ¿Esa es la clave? ¿Cómo se puede llegar a perdonar? ¿No debería pagar quien causa dolor por sus injusticias?
-Claro que creo en la justicia, pero también en el perdón para poder seguir viviendo sin rencor y con tu corazón intacto. El hecho de no perdonar solo hace daño a quien decide no hacerlo. Quien perdona descansa y consigue romper para siempre el vínculo con el que te ha hecho daño.

irene villa chile copia

-Nunca decaes, o esa impresión nos produce a muchos. ¿Qué te hace volver a levantarte siempre? ¿Tu espíritu luchador es innato?
-Sí es verdad que tengo un espíritu bastante optimista y alegre, trato de buscar siempre el lado bueno de todo y de no pasar malos ratos inútilmente. Pero también de vez en cuando necesito por ejemplo unas palabras de mi madre, que ella sí que es la alegría personificada, una charla con amigas, un viaje familiar… Esas son las cosas que me llenan y me recargan las pilas.

-En tu libro la vida de los protagonistas da un vuelco y pueden resarcirse, pero ¿y la de las personas que se cruzan en sus caminos? ¿Necesitarían otro libro? Me viene a la cabeza la historia de Lucas. ¿Qué será de su madre Julia, y que será de Ruth, la chica que utiliza?
-Sí, hay muchas tramas abiertas. De hecho, justo ese capítulo necesita otro desenlace, en el que quizás Lucas tendría que pagar por el dolor que causado. Creo que algún día lo retomaré. ¡Gracias por la propuesta!

-Las historias en el libro convergen todas en un punto y están, de un modo u otro, ligadas a ti y a tu familia. ¿Son historias reales?
-La idea es que suenen muy reales para que la gente pueda identificarse con ellas, y el hilo conductor es nuestra vida, también para que la gente vea que llevamos una vida de lo más sencilla y normal, pero son todas completamente inventadas, así que es cierto que he conocido personas en situaciones muy similares a las que narro y que también han conseguido salir adelante.

-La opción de Ramón Sampedro no es comprendida por el amigo de Elsa. ¿Esa opinión representa todo lo contrario a lo que defiendes en tus libros?
-Es otra forma de verlo, efectivamente. Yo respeto la eutanasia, pero quería dar un enfoque distinto, de las personas que deciden seguir en este mundo pese a todo y que al final la vida les recompensa.

Foto Pablo Candamio

-Puede que la fortaleza de la que hablas esté en uno mismo y sea el cuerpo el que genere sus propios mecanismos de defensa, pero a veces nunca se descubren. ¿Es fundamental que estén los demás para conseguirlo?
-El trabajo en equipo es vital. De hecho, yo no podría haber conseguido éxitos deportivos, ni laborales, ni familiares sin contar con otras personas que han sido fundamentales en mi vida. Pero yo también abogo por expresar las emociones, los sentimientos y contar lo que nos pasa para que otros nos puedan echar una mano.

-La clase de felicidad que descubren los personajes de tu novela, ¿es una felicidad más fuerte, más real?
-La felicidad es algo momentáneo, instantes irrepetibles. Lo que trato con la novela es descubrir que no estamos tan lejos de la felicidad si nos proponemos disfrutar desde hoy de lo que tenemos y valorar a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

"Creo que todo pasa por algo y en definitiva existen pruebas que debemos superar para ser espejo de otras personas y sobre todo porque podemos afrontarlas."

-¿Cómo tienes pensado educar a tus hijos?
-Quiero que sean personas fuertes emocionalmente y comprometidas socialmente. Para ello trabajo desde ya la resiliencia, que es la capacidad de solucionar cualquier situación difícil e incluso salir fortalecido de ella. Por supuesto, también la generosidad, la constancia, la confianza en ellos mismos, la voluntad… Valores que me parecen imprescindibles en la vida son los que les estamos inculcando.

-Considero que tu vida es épica, que podemos conocer no solo con tus hechos, sino ahora volcada también en tu escritura. ¿Cuál ha sido tu mayor motivación para vencer la adversidad?
-Como dice mi primer libro: SABER QUE SE PUEDE. Y la segunda gran motivación es sencillamente el gran regalo que es la vida. Eso, saber que estamos aquí por una razón, no puede dejar de motivarnos.

-Existe un fenómeno conocido como el «Third man factor» que reporta la existencia o presencia de seres que acompañan, guían y alientan durante experiencias traumáticas cuando la vida está en peligro. El explorador Ernest Shackleton fue uno de los primeros en reconocer que una presencia le guió para salvar a su tripulación cuando el barco Endurance quedó atrapado en los hielos de la Antártida. Pero este fenómeno mental parece ser extremadamente frecuente en otras circunstancias. Se trata de un proceso alucinatorio de supervivencia que nuestra mente interpreta por «presencias» reales de otras personas que acuden en nuestra ayuda. ¿Crees que eso existe?
-Hay tantas cosas que desconocemos, que por supuesto no niego que existan ciertas energías que nos ayuden en nuestro día a día, sobre todo si creemos en ellas. Yo por ejemplo sentí desde aquel atentado, que coincidió con la muerte de un ser muy querido, que su alma seguía conmigo, me protegía, me impulsaba y me daba muchísima fuerza. Era mi tío Carlos, y de hecho mi primer hijo se llama a Carlos por él. También cuando se fue mi abuelo le sentí más cerca que nunca. Esto me hace pensar que sí que existen almas vagando con la misión de protegernos y ayudarnos.

-¿Crees que hay personas destinadas a hacer de sus vidas algo extraordinario y que para ello pueden llegar a sucederles cosas terribles?
-Sí, creo que todo pasa por algo y en definitiva existen pruebas que debemos superar para ser espejo de otras personas y sobre todo porque podemos afrontarlas. Y puede ser que las cosas más terribles les ocurran a quienes van a saber afrontarlas.

-Vivimos tiempos muy malos. Terrorismo internacional, crisis económica que causa estragos… ¿Cuál es el papel de la cultura, la educación, en la salvación y el bienestar de las personas?
-La cultura nos ayuda a todo, es una gran herramienta en el aprender, el saber, el permitirte pensar por ti mismo sin que nadie te manipule y en definitiva saber que se puede superar cualquier cosa y en cualquier situación.

-¿Tienes algún personaje histórico o actual como modelo de superación? Dime, por favor, un ejemplo para imitar en estos momentos, alguien en quien poder fijarnos.
-Yo siempre me he fijado en dos personas a las que admiro por su templanza, su serenidad, su compasión, y su inmenso amor. Me refiero a la madre Teresa de Calcuta, cuyas frases repito en cada una de mis conferencias y me sirven para todo, son mi filosofía de cabecera, y también muchas de las enseñanzas que nos dejó Gandhi son mi inspiración.

-Ser consciente de que la vida consiste en eso, en perder lo que no esperamos perder. ¿Sería lo recomendable?
-Creo que lo que hay que pensar es que la lucha nunca acaba, y ciertamente hoy estamos bien, pero nadie está exento de que le ocurra alguna desgracia. Es importante saber afrontarlo con ánimo, optimismo, amor y esperanza.

-¿Te gustaría escribir narrativa de ficción, diferente de lo que has tratado hasta ahora?
-Sí, de hecho en mi segunda novela, que se titula Como el sol para las flores, trato sobre la infancia más desprotegida: niños sin una estructura familiar, algunos habiendo vivido cosas terribles, pero también inspiradora y es cierto que la marca de la casa va a ser siempre un final feliz, porque es en lo que creo. Que estamos aquí fundamentalmente para ser felices.

Es este un libro imprescindible, lleno de sabiduría. Todo el mundo debería leerlo, aprender de él. Y de ella. Gracias por tu alegría contagiosa, y por tu tenacidad y serenidad aleccionadoras. Te sigo los pasos desde aquel fatídico día de 1992, y me has dado una gran lección de vida. Muchas gracias, Irene.

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