Inicio > Libros > Narrativa > Trabajar para los ricos sale muy caro

Trabajar para los ricos sale muy caro

Trabajar para los ricos sale muy caro

Decía Groucho Marx que tener mucho dinero te permite, entre otras cosas, elegir tu propia forma de desgracia. Pascual Cordero, el raro y particular detective que lleva a cabo las pesquisas con las que intenta averiguar si el ricachón don Ramón Glasé ha palmado de muerte natural o ha sido asesinado atiborrado de viagra, es el primero en sufrir el trato con gente bien situada, de muy buen pasar, pero que, a la hora de la verdad, cuando es preciso rascarse el bolsillo, muestra su cara más tacaña y rastrera.

De hecho, hay una teoría, sostenida por el propio Pascual, del que luego tendremos ocasión de hablar, sobre los barrios ricos y los barrios pobres que se atienen a ciertas conductas que resultan curiosas: mientras que en los barrios pobres las calles y las plazas se construyen para acercar a los vecinos, es decir, para crear barrio, en las exuberantes urbanizaciones de los ricos las calles cumplen la función de alejar a la gente, de separar mansiones y evitar así encuentros accidentales. En las casas de los ricos, se añade unas líneas más adelante, la hierba es como una alfombra verde, “de un verde casi sobrenatural”, los caminos de piedra relucen como si estuvieran contentos, y al fondo —muy al fondo— aparece una casa enorme de impecable geometría que desafía al horizonte con sus agresivas líneas.

"Es ahí, ante todos estos personajes, como un consumado antihéroe, donde emerge la figura de Pascual Cordero que, por sí mismo, sostiene con solvencia todo el andamiaje de esta amena novela"

Juan Marsé, que también retrató en sus novelas estos suntuosos barrios habitados por la sacrosanta burguesía catalana, aseguraba en uno de sus relatos que, mientras que los chalés de quienes aún no habían llegado por completo a la condición de ricos podían ser observados por algún curioso desde el exterior, en el caso de los que ya nadaban en la abundancia esas enormes moradas se hallaban alejadas de la mirada de los furtivos, utilizando como elemento disuasorio un tupido enrejado de plantas y de pinos contra los que chocaba toda indeseada mirada.

La familia Glasé, a cuya cabeza se halla don Ramón, que acaba de pasar a la condición de fiambre, tiene, a pesar de su alta situación social y su aparente liquidez económica, un grave problema. Los ricos también lloran, y con mayor abundancia de lágrimas que los pobres. Una familia acomodada en la que don Ramón goza de querida, como Dios manda, y los hijos van cada uno a su rollo: el mayor, que lleva el nombre de su padre, ha huido a Londres, en donde lleva una vida muelle con la ayuda de refinados narcóticos. Él fue quien, en sus tiempos mozos, alentado por su madre, le sacudió un buen tiro en el culo a su propio progenitor durante un día de caza. La hija, Eloísa, pasa por ser una original diseñadora, pero, en el fondo, presenta un currículum lamentable y un aspecto desastroso, acorde con sus extravagantes ideas. Y por último, el tercero en discordia, Hugo Glasé, va por la vida de brillante emprendedor, cuando, en realidad, la empresa que dirige va camino de la bancarrota. Tres eran tres. Sin que falte la valiente esposa, Sagrario Peusec, que harto trabajo tiene con soportar al marido putero y a sus tres “maravillosos” retoños. Es ella, sin embargo, la que intenta sostener el prestigio de la familia a base de disimulo y, también, la que sabe pararle los pies al detective Carnero, que busca desesperadamente que alguien ponga sobre la mesa los cuartos derivados de su trabajo: “¡Será por dinero, Carnero!”, le espeta doña Sagrario, que no obstante, no hace el más mínimo amago de echar mano a su repleta cartera.

"Se le presenta el primer gran caso de su vida como detective, tras unos cuantos casos bien resueltos sobre asuntos de cuernos, y por su cabeza no pasa otra cosa más que el empeño de demostrar lo mucho que vale"

A tan “distinguido” personal, que parece formar parte del dramatis personae de un cómic cualquiera o de un sainete de don Ramón de la Cruz, se le unen personajes como el comisario jubilado José Escombreras, que hace honor a su poco elegante apellido, experto en cagarse con harta frecuencia en su puta vida, la examante de don Ramón, muy buena moza y mejor persona, Margarita Somontano, el inspector jefe de policía González Ahíto, que es toda una pieza, y al que Aitor Marín nos lo presenta casi sepultado en su despacho de comisaría, donde se aprecia, entre otros objetos, un carro de la compra de Alcampo, un mogollón de expedientes y una tonelada de carpetas y documentos que dan lugar a una complicada torre de difícil equilibrio. Por no hablar de Camilo Soria: periodista a la violeta —no muy alejado de algunos de los que hoy pululan por el mundo de los plumillas— y biógrafo de don Ramón; un personaje que, como apunta Marín en la novela, destila confianza y seguridad, “como los bonos del estado”, y cuya minuciosa y detallista descripción nos recuerda a cierto comunicador español que, en la actualidad, genera tantas filias como fobias.

Y es ahí, ante todos estos personajes, como un consumado antihéroe, donde emerge la figura de Pascual Cordero, que por sí mismo sostiene con solvencia todo el andamiaje de esta amena novela. Cordero —o Carnero, como algunos le llaman y lo confunden con aviesas intenciones— es, para empezar, un detective de medio pelo, expulsado del cuerpo de la Guardia Civil por un delito que ni siquiera había cometido; no bebe alcohol, no consume tabaco, carece de imaginación, vive solo, toma sopa de sobre y tiene una bien ganada fama de hombre triste y solitario.

"Aitor Marín no se complica la vida y, con un lenguaje cuya brillantez reside en la soltura con la que lo maneja, va al grano, pensando no tanto en el quisquilloso crítico de turno, sino en el paciente lector, que es el que paga"

Se le presenta, pues, el primer gran caso de su vida como detective, tras unos cuantos casos bien resueltos sobre asuntos de cuernos, y por su cabeza no pasa otra cosa más que el empeño de demostrar lo mucho que vale. Aitor Marín, en el capítulo de “Agradecimientos” con el que concluye la novela, nos da una pista sobre la estirpe a la que pertenece el bueno de Cordero cuando mete por medio el nombre de Eduardo Mendoza. Y es que, aunque no esté loco por una Pepsi —¿o era Coca Cola?— ni sea un guarrete en toda regla, exhibiendo un eterno y contumaz tufillo a axilas, nuestro manso Pascual Cordero nos trae de inmediato a la memoria al innominado e improvisado detective de El misterio de la cripta embrujada, obra con la que el escritor barcelonés le dio vuelta y media al anquilosado y sucio calcetín de la novela policiaca española de su tiempo.

El tono y el ritmo de la obra son sostenidos a lo largo de estos dos centenares y medio de páginas, con momentos de gran altura, de una especial brillantez, como aquel pasaje en el que la habitación de un hotel de la cadena familiar, donde se aloja Ramón Glasé hijo, que acaba de regresar de Londres, se convierte, de la noche a la mañana, en una especie de camarote de los  hermanos Marx a la española, con mucho ajetreo, con constantes entradas y salidas, como si se tratara, mismamente, de una divertida comedia del Siglo de Oro con dos puertas que guardar.

Aitor Marín no se complica la vida y, con un lenguaje cuya brillantez reside en la soltura con la que lo maneja, va al grano, pensando no tanto en el quisquilloso crítico de turno, sino en el paciente lector, que es el que paga. Y para ello, emplea una estructura sencilla, a la vieja usanza, y una trama de las de sota, caballo y rey, con una solución final, plenamente verosímil, que sabe, un poco, a película de Almodóvar: coloca hábilmente todas las piezas en el lugar que le corresponden, dejando patente, como reza en una de las citas iniciales de la novela, que “dos de cada tres españoles hechos a sí mismos están mal hechos”. Y el dinero ayuda bien poco en estos casos.

—————————————

Autor: Aitor Marín. Título: Será por dinero. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros.

5/5 (1 Puntuación. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios