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Tres novelas ejemplares

EL MEJOR LIBRO DEL MUNDO

Don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes Saavedra
Crítica/Alianza/Espasa…

Muy probablemente, al pensar en El Quijote, Cervantes tenía en la cabeza el claro propósito de escribir un libro de pasatiempo, según dijo una vez Juan Valera. Es difícil de saber lo que pretende un autor al escribir una obra y, mucho menos, saber qué será de ella después de ser publicada. El Quijote ha ido cambiando de sentido según los tiempos. La novela de la que hoy hablamos no es la misma que la del siglo XVII. Hace dos siglos todavía era tenida como una obra cómica, incluso despreciada por algunos autores, aunque fuera de España, con Fielding y Schlegel adquirió una mayor proyección.

"Don Quijote es España y no el arquetipo de los españoles; es la nación metida en empresas descabelladas y gloriosas..."

Don Quijote fue un adelantado y un adalid de muchos postulados morales que luego enarbolaría la Revolución Francesa. Es, en este sentido, el defensor de un mundo más justo, reñido con la paz impuesta por los poderosos, fueran quienes fuesen: engendros, dioses, fantasmas o ejército. Es un guerrero de la justicia, y basa su razón en el derecho de los ofendidos, pero es un guerrero que primero recurre a la persuasión antes que a la fuerza, eso sí, si no se aceptan sus condiciones recurre a la fuerza de su brazo. Podríamos decir que Don Quijote es España y no el arquetipo de los españoles; es la nación metida en empresas descabelladas y gloriosas, y frente a Don Quijote está Sancho, grosero, lleno de buen sentido, crédulo, aunque no siempre, que ve cómo se deshace el mundo en el que vive.

Es posible que exista una edición de la primera parte del Quijote, la de 1604; mientras no aparezca sigue considerándose la primera, la editada en Madrid en 1605. Este año celebramos los 400 años de nuestra obra más universal. Es un buen pretexto para empezar a leer la novela más conocida del mundo, no así la más leída.

 

Juan Eduardo Zúñiga

RECUÉRDALO TÚ, RECUÉRDALO A OTROS

Capital de la Gloria
Juan Eduardo Zúñiga
Alfaguara

"Zúñiga escribe sobre el pasado para que no se olvide"

El título Capital de la Gloria es un préstamo del poema homónimo de Alberti sobre Madrid, una “ciudad de los más turbios siniestros provocados”. El libro está compuesto por diez historias que vuelven sobre el episodio que más ha marcado la obra de J.E. Zúñiga: la guerra civil española, en las que priman la profundidad de planteamientos y una gran belleza literaria. Con Capital de la gloria el autor culmina la trilogía Largo noviembre de Madrid y La tierra será un paraíso, en la que se muestra el deterioro espiritual que invade a la población civil que vive y sufre en Madrid y que trata de escapar de una ciudad en la que “la angustia nocturna ordena hundirse al miedo”, según el citado poema de Alberti. Una “capital madura para los bombardeos, avenidas de escombros y barrios en ruinas”, en donde la derrota forma parte de sus conciencias en un contexto trágico que lleva a sus habitantes al límite de la soledad. Son diez relatos de personajes, en su mayor parte femeninos, sobre los que planea el amor en lucha contra la muerte. El escenario -el Madrid de la contienda- aparece como un fresco al que el autor confiere una gran carga afectiva en donde coexisten la tragedia y la belleza como un gran choque, roto sólo por el amor, único elemento con capacidad para superar la fatalidad de la guerra. Es algo que da sentido al dolor de unas vidas, como dice el poema, “donde con ojos fríos espían las troneras/un cielo temeroso de explosiones y llamas”. El libro dibuja personajes anónimos que vivieron entonces, y que en estas narraciones antiépicas muestran problemas similares a los de cualquier ser humano en el mundo de hoy tan contaminado por los horrores de la guerra.

Zúñiga escribe sobre el pasado para que no se olvide. Como estos últimos versos del poema de Rafael Alberti, Capital de la gloria, 1936-1938, Madrid-Otoño, cuyo contenido está tan vivo en estos relatos: “Ciudad presente / guardas en tus entrañas de catástrofe y gloria / el germen más hermoso de tu vida futura./ Bajo la dinamita de tus cielos, crujiente,/ se oye nacer el nuevo hijo de la victoria./ Gritando y a empujones la tierra lo inaugura.”.

Ya lo dijo Luis Cernuda: “Recuérdalo tú, recuérdalo a otros”.

 

John Steinbeck

CINE, CINE, CINE…

Al este del Edén
John Steinbeck
Tusquets editores

Esta novela, escrita por John Steinbeck y publicada en 1952, le sirvió a Elia Kazan para hacer su primera película en color y en Cinemascope del que hace un uso magistral al conseguir planos que introducen al espectador en toda la carga dramática que Steinbeck plantea.

La novela trata de una generación que despierta a nuevas ideas liberales mientras los sentimientos son reprimidos por las viejas. Situada en Estados Unidos en la época de la Primera Guerra Mundial, en el valle de Salinas, en California, viene a ser una adaptación posfreudiana de la historia del Génesis y los hermanos Caín y Abel, hijos de una amarga y efímera unión entre su padre Adan y su madre, encargada de un burdel, que considera asfixiante la piedad y moralidad cristianas. En el filme de Kazan, a Caín lo interpreta James Dean, en el que sería el primero de sus tres papeles importantes antes de su muerte en un accidente de coche. Aunque en términos realistas Dean era demasiado moderno para el papel, tanto en su estilo de vida y personalidad fuera de la pantalla como ante la cámara, el atractivo y joven actor representó el espíritu de rebeldía por encima de su edad e hizo que los problemas personales del personaje fuesen los de la juventud contemporánea, siendo nominado al Oscar por su interpretación.

Steinbeck, que con otra de sus grandes novelas, Las uvas de la ira, ya había sido adaptado al cine por otro grande, John Ford, y escrito junto a Kazan el guión de Viva Zapata, al preguntarle su opinión sobre Al este del Edén respondió: “Estoy más que contento, creo que es la mejor película que haya visto nunca. ¡Es extraño ser capaz de decir esto con humildad!”.
James Dean murió la noche del 30 de septiembre de 1955. Tras el rodaje de Gigante, dirigida por George Stevens, en el que interpreta el papel de un hombre al que vemos envejecer desde los veinte a los sesenta años. Dean, que tenía un Porsche Spyder esperándole tras el  rodaje, se despidió con estas palabras: “Creo que voy a hacer una balada en el Spyder”. Nunca regresó. Otro vehículo le interceptó en una carretera secundaria y el automóvil del actor volcó. Marlon Brando dijo una vez, con la sorna que le caracterizaba, cargada de autoafirmación y egolatría, que sólo había un par de buenos actores por generación: “la mía estuvo cubierta por Brando y por Dean. Antes de que nazca otro Brando u otro Dean ha de llover bastante”.