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El último verano infantil

El último verano infantil

Niña con lazo azul, de Joaquín Sorolla.

Es una manía extravagante y curiosamente extendida. Los novelistas suelen ubicar la acción de sus relatos en el punto exacto en que los acontecimientos tienen lugar. ¡Qué curioso! Aterriza el lector y justo todo está ocurriendo. Debe, pues, tratarse de una coincidencia de orden místico, de una alineación fabulosa y astronómica de las constelaciones: siempre asomamos las cabecitas cuando las espadas están perforando los pechos, cuando los amores comienzan o terminan. Siempre en ese territorio que circunda a lo climático, a lo verdaderamente importante. A Elisa Victoria todo eso le da igual. Ella quiere jugar en el patio con sus muñecas Chabel e imaginarse que la infancia es una orgía potencial, siempre con el erotismo tambaleándose en el horizonte. Ella se sitúa en el umbral de las cosas y las observa perfilarse en un futuro que nunca alcanza a posarse en sus ventanas. Hablo de ella; bien podría hablar de Marina, la joven protagonista de Vozdevieja (Blackie Books).

Marina es una niña de 9 años y su madre está enferma. Ella no sabe qué le pasa a su madre, dado que todavía es muy joven como para saber cosas sobre enfermedades. La ausencia, sin embargo, evidencia la enfermedad. En Sevilla, el verano se dibuja en colores densos, en colores pastel deslizantes —como de barra de labios—. Es 1992 y Marina se avergüenza profundamente de ser tan pequeña. En su interior late una pulsión incontrolable, un arrebato de madurez sonrosada que asoma con violencia, golpeado contra las paredes de su realidad, todavía estática. Y en ese verano sevillano, en ese verano en que su madre se posa, frágil, sobre la hipotética y blanca cama de un hospital desconocido, Marina sólo busca que el tiempo corra, que el aire se descomprima finalmente y ella pueda abandonar esa grieta espaciotemporal, ese hábitat en el que ya no parece tener derecho a pertenecer a ninguno de los colectivos conocidos. Ya no es niña, aún no es adolescente. Está todavía muy lejos de ser adulta.

Así que el esfuerzo narrativo de Elisa Victoria reside, fundamentalmente, en encapsular la energía de ese punto de inflexión. De esta manera, amalgama la esencia de sus dos poemarios, Porn & Pains y La sombra de los pinos, ambos publicados en la editorial Esto no es Berlín. Danzando entre la coctelera pop —cómics, pornografía, estrellas de la televisión española, rock & roll, flamenco, juguetería— y la descripción costumbrista —las abarrotadas playas marbellíes, el ajetreo de las piscinas comunitarias, la exaltación de los San Fermines—, Vozdevieja exprime sus posibilidades atmosféricas para gestionar el retrato de una niña perdida en el contacto permanente entre su mundo interior y la realidad social que la acecha, tiznada de imposiciones y de cosas difíciles de comprender.

A través de este último elemento maneja Elisa Victoria el diseño de su punto de vista narrativo: aprovechando la lógica inocencia de Marina y la proximidad de su extinción, es capaz de enfrentarse a cuestiones conflictuantes —perspectivas de género, dualidades políticas, enfermedades terminales— desde un lugar limpio, atravesado por una distancia que permite observarlas en su correspondiente dimensión. Así, la mirada de Marina se convierte lentamente en un ojo crítico, en un milimétrico catalizador de una realidad compleja. Hay inteligencia tras esta simplificación: Elisa Victoria plantea la posibilidad distante de que la complejidad esté en nuestra manera de afrontar el mundo, no en el mundo per se.

La apuesta estilística de esta joven narradora (Sevilla, 1985) funciona, de hecho, en coherencia con su propuesta argumental. Elisa Victoria emprende, en Vozdevieja, un irónico estudio del lenguaje como generador de realidades al que disfraza de presunta inocencia, de nuevo con la corta edad de su protagonista como pretexto. Armada con un arsenal léxico-gramatical que se engrandece con el avance de las páginas —mientras Marina aprende—, Victoria susurra desde la superficie acostumbrando al lector a un registro cómico, banalizado por la sencilla lectura humorística de los días de la pequeña protagonista —resulta verdaderamente fascinante el empleo de los pedos como recurso narrativo en Vozdevieja—. Y cuando lo tiene atado, hipnotizado por esa danza liviana y estival a través de los días de una niña, alza el látigo lírico que anida en el fondo de su novela. Y castiga.

La dramatización de los eventos es escasa en Vozdevieja, dado que no existe en Marina una concepción trágica de la realidad. De nuevo, un gesto de inteligencia narrativa: al desproveer al lector de un estímulo dramático al que sostenerse, termina por reducirlo también a la distante mirada de un niño. Así que las páginas de la novela funcionan como pantalla energética, como máquina del tiempo. Uno lee y de pronto está en Vigo, en el año 2001, recibiendo por primera vez las noticias de las aguas negras; preguntándole a la abuela que cómo es posible eso de que no podamos ver a alguien nunca más. Todo se vuelve blando a lo largo de la lectura de Vozdevieja, y es por eso que, en el momento en que la realidad sucia golpea la superficie inalterable del mundo de Marina, nuestra versión actual y adulta despierta de su letargo herida en lo profundo. Somos unos niños capaces de comprenderlo todo. Somos Vozdevieja.

Hay, en el debut novelístico de Elisa Victoria, una vocación de estilo desprovista de afectación e impostura que la convierten, como narradora, en un viento paralelo al que atraviesa su propio libro, en un aire genuino y fresco. Y todo el dispositivo narrativo desvela un impetuoso esfuerzo literario que nos devuelve al comienzo de este texto, a aquella asunción de las cosas importantes como centro del relato. Ella da un paso atrás y sitúa Vozdevieja en el último verano antes de que todas las cosas comiencen a ocurrir. En las noches insomnes que preceden a los despertares. En esos años 90 que olían a cambio pero que todavía estaban presos en ese espacio temporal tan lejano del siglo XX, tan oscuro que casi parece azul. Todo está a punto de empezar para Marina; todo está a punto de empezar para Elisa Victoria.

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Autora: Elisa Victoria. TítuloVozdeviejaEditorial: Blackie Books. VentaAmazonFnac y Casa del libro.

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