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Un descomunal batir de alas

Un descomunal batir de alas

Y sí, ya habíamos perdido la costumbre de abrir las páginas de un libro y encontrarnos —toparnos sería más preciso— con una historia de costuras sherezadianas, repleta de estrategias laberínticas en las que las cajas chinas, las muñecas rusas que se contienen unas a otras y se dan sentido al propiciar la combinatoria alucinada que las estructura y define, consiguiera transportarnos a los dominios de la gran literatura, esa que nos estimula, nos altera y nos solaza a un tiempo. Tal vez porque nunca se perdió del todo el deseo de contar, Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) se ha vuelto el abanderado indiscutible de ese territorio en que lo onírico se da de bruces con la realidad, para perfeccionarla o simplemente para constatar que todo es sin distinción la misma cosa. Lleva a sus últimas consecuencias el adagio que advierte de que no hay más ciego que el que no quiere ver… la realidad. Con algunas excepciones (alguien debería presentarle al Luis Mateo Díez de El reino de Celama, sin ir más lejos), no le falta razón al autor de “El ruletista” (la primera de sus prosas de ficción, veinticuatro años a la sazón) cuando señala que “después de Cien años de soledad, ningún libro ha contado historias”. Esa parece ser su encomienda, que a él le surge con la naturalidad que asiste a los elegidos, aquellos que hacen de la escritura una casa, un lugar para vivir en los libros que alientan, en los universos que iluminan.

En Cegador (Orbitor) se contienen los tres relatos seleccionados de Los conocedores; es una máquina de generar emociones de un millar y medio de páginas. La imaginería desbordante de Cărtărescu se pone al servicio del relato para dar forma a una historia caleidoscópica que arrastra al lector por las tierras donde mejor prospera la intelectualidad subversiva del autor rumano: El ala izquierda (1996), El cuerpo (2002) y El ala derecha (2007), todas editadas en español por Impedimenta y traducidas por Marian Ochoa de Eribe. Es de ese corpus del que se desgajan Los conocedores, que no se le escapa al iniciado que responde al nombre de la secta imaginada que controla lo visible y lo invisible en la colosal novela en tres partes, que no trilogía. Así, en el clan arcaico de “Los Badislav” aparece un ejército de muertos vivientes, la hueste de ángeles bizantinos enviados para combatirlos, las mariposas gigantes enterradas en el río helado, el iluminado albino que se burla de la muerte o los gitanos adictos a la flor de la amapola.

"La conmoción por el hallazgo de esta narratividad sin asideros que socorran ni miedos que paralizcan va pareja a la transformación que supone haberse embarcado en la aventura lectora"

Esa vorágine donde lo real se torna maravilloso y viceversa se amplía con el relato de “El circo”, en el que la encarnación del alma maravillosa de la antigua India se da cita con la mística aparición del Hombre Serpiente, trasunto del yogui Vanaprashta, que marca el camino para balizar el tema principal de la monumental novela, la liberación de la conciencia y el encuentro con el ātman, esa luz cegadora que en sánscrito es la consecuencia primordial de la sabiduría y de la autoconciencia del ser a la que algunos llaman alma.

El cierre del recorrido —o más bien la apertura definitiva de las puertas de la percepción cartaresquiana— lo pone “La boda”, un viaje onírico por el laberinto de la genealogía familiar del escritor, donde aquel éxodo místico inicial de la familia se topa con otra fantasía enraizada en lo real sobre un supuesto ancestro polaco y aristocrático del pequeño Mircea y se vuelve plenitud (ya con la imagen de la mariposa en toda su expresión), habiendo pasado por todos los estados metamórficos, completada y resuelta a mostrar tanto la plenitud del hallazgo narrativo como su fugacidad intrínseca donde todo fluye mientras trata de perdurar en un desvanecimiento perpetuo que sólo alcanza a consolidarse en la memoria del lector osado al que Cărtărescu convoca a la fiesta.

"En Los conocedores se convocan todos los vientos que propaga el batir de alas de la mariposa, los mismos que mueven la hierba estremecida de prados y prados y prados"

La conmoción por el hallazgo de esta narratividad sin asideros que socorran ni miedos que paralicen va pareja a la transformación que supone haberse embarcado en la aventura lectora. Se sale de ella transformado y con apetito voraz, ahíto por la intensidad de lo narrado, pero resuelto a seguir nutriéndose con esperanza y convencimiento de una prosa que sólo puede catalogarse de mirífica. Si cupiere enseñanza final, habría que decir que en lo insignificante cabe un mundo, como reza uno de los poemas del bardo rumano:  “Cuántas cosas suceden / en la raíz de una brizna de hierba, estremecida / por la brisa de aire cálido que sopla desde las ventanas de la fábrica de / alambre.” En Los conocedores se convocan todos los vientos que propaga el batir de alas de la mariposa, los mismos que mueven la hierba estremecida de prados y prados y prados.

Post scriptum: Existe una edición de coleccionista que incluye el ejemplar en tapa dura, el relato inédito “En la calle del crepúsculo”, un marcapáginas exclusivo y un póster único para curiosos con fotografías del autor que recorre toda su biografía.

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Autor: Mircea Cărtărescu. Título: Los conocedores: Tres relatos de Cegador. Traducción: Marian Ochoa de Eribe. Editorial: Impedimenta. Venta: Todos tus libros.

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