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Un signo de vida

Un signo de vida

Este es un libro que podría crear cierto recelo a la hora de elegirlo como lectura, y se estarían perdiendo uno de los más interesantes e impactantes que he leído este año. El tema es duro y tan verdadero y real como la vida misma. Philippe Lançon, periodista del periódico Libération y de la revista satírica Charlie Hebdo, fue víctima del atentado que ocurrió el 7 de enero de 2015 en la redacción de la revista satírica en París. Muchos de sus compañeros murieron en el acto pero Lançon vivió pese a que tuvo profundas heridas en los brazos y perdió la mandíbula. Este es un libro que demuestra que se puede vivir sin odio, que una profesión vocacional como la del periodismo puede salvarte de caer en el más oscuro de los agujeros y que la determinación en la vida es fundamental para sobrevivir a los baches más duros e inesperados. Lançon no tiene ira, tiene tristeza, mucha tristeza. A Lançon le salvaron el periodista que hay dentro de él y la literatura. Para Lançon “Alá es grande” era un grito de paz antes de este atentado. Después de él, despertaba con pesadillas.

"Estaba de mal humor y no tenía ganas de ir pero en el último momento decidió acudir con su bicicleta a la primera reunión del año. Pocos minutos después, sucedió el atentado"

La revista había sido amenazada pero este grupo de periodistas que retomaban el nuevo año con una reunión de redacción jamás pensó que el fanatismo religioso les pudiera arrebatar la vida de esa manera. Lançon cuenta en este libro, tan personal e íntimo, cómo recuerda la víspera del atentado. Había quedado con Nina, una gran amiga, y un amigo de esta para ver una obra de teatro, Noche de Reyes, de Shakespeare. Durante la función, Lançon sacó su libreta y anotó: “Nada de lo que es, es.” Fue como una frase premonitoria. Al día siguiente tenía dos artículos que escribir para Libération, uno de ellos hablaría sobre el libro Sumisión, de Michel Houellebecq. Estaba de mal humor y no tenía ganas de ir pero en el último momento decidió acudir con su bicicleta a la primera reunión del año. Pocos minutos después, sucedió el atentado. Nada volvió a ser igual. Desde entonces, han tenido que pasar por dieciocho operaciones, meses sin poder hablar ni comer algo sólido, y mucho dolor. Lançon habla de dos mundos: el de antes del atentado y el de después: “Estos dos mundos parecen en la actualidad ser paralelos, y no sé si algún día podrán volver a encontrarse”, asegura en su libro. Me atrevería a decir después de haber podido charlar más de una hora con él que esos dos mundos se están acercando y que el periodista que trabajó en Cuba y en varios países de Asia, el que se salvó de un terrible atentado, ha vuelto al mundo de los vivos porque durante los meses de hospital se creó su propio mundo, rodeado de las personas que consideró que le hacían más fuerte, de sus libros: Shakespeare, Kafka, Proust, y de la música de Bach y Bill Evans… porque lo ocurrido le arrebató todo. Tuvo que volver a esta vida paso a paso, recorriendo los pasillos del hospital escoltado constantemente por dos policías. Si hay algo que este atentado le ha recordado a Lançon es “por qué ejerzo este oficio en Charlie y Libération: por espíritu de libertad y por gusto de manifestarla.” El último capítulo del libro se titula “Los regresos”, y en él se cruzan lo ocurrido con lo que vendrá “porque ya no soy el mismo”.

"Estaba dividido entre la felicidad de estar vivo y la culpabilidad de haberme salvado"

¿Qué le mantuvo fuerte y tenaz? El optimismo de la voluntad que como él mismo dice “es un signo de vida”. Porque en las diferentes habitaciones de hospital en las que estuvo, sus refugios, donde se comunicaba con los médicos y visitas a través de una pizarra, confiesa que hablaba más a los muertos que a los vivos”. Porque no es fácil ser un superviviente. “Estaba dividido entre la felicidad de estar vivo y la culpabilidad de haberme salvado”.

Lançon lo ha conseguido en este libro en el que se mezcla literatura y periodismo, en el que solo en uno de los veinte capítulos habla sobre el horror del atentado en estado puro, de la experiencia de alguien que ha vivido desde dentro el terrorismo pero sin pizca de autocompasión. Este es el libro de quien ha tenido que renacer porque la vida que tenía se la arrebataron esa fatídica mañana de enero y para eso ha buscado (y encontrado) al periodista que había sido durante más de treinta años y al grandísimo escritor que ya había dentro de él.

El libro fue escrito en Roma y ha sido fenómeno editorial en Francia. Espero, con esta breve reseña, haberles convencido para leer El colgajo. Si no, ustedes se lo pierden. Yo he vuelto a despertar con su lectura.

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Autor: Philippe Lançon. Traductor: Juan de Sola. TítuloEl colgajo. Editorial: Anagrama. VentaAmazonFnac y Casa del Libro.

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