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Una metáfora perfecta

Una metáfora perfecta

Hablar de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick nos remite inevitablemente a su adaptación al cine, Blade Runner (título que tomaron de la novela de ciencia ficción de  William S. Burroughs que poco o nada tiene que ver ni con la novela de K. Dick ni con la adaptación que realizó de ella Ridley Scott), y seguramente será el punto de referencia para muchos a la hora de decidirse por enfrentar su lectura en esta bella edición numerada que la editorial Minotauro ha lanzado para celebrar su aniversario y quizá, para qué negarlo, aprovechar el previsible tirón que la secuela de Villeneuve está teniendo en cines. Enfrentar un análisis de la obra original de K. Dick para mí, que colecciono ediciones en distintos idiomas de la novela, ha sido un tanto complicado por el apego emocional que siento por el texto y por la película de Scott, posiblemente mi favorita. Si hablamos de Blade Runner, sucede que parece que todo el mundo la amó desde el principio, cuando fue un sonoro fracaso y fue tildada de todo lo que se tilda en estos momentos a su secuela: lenta, pretenciosa, confusa, aburrida. Nada de esto encontraremos en la novela original de K. Dick, en cuyo frenético ritmo e imágenes luminosas nos costará hallar algo de la tormentosa oscuridad de Los Ángeles en la pantalla. Sí está en ella su suciedad y sus malentendidos con la verdadera naturaleza del cazador de replicantes, cuya obsesión en el caso de la novela es comprar una oveja robótica carísima para dar un poco de calor a su hogar, ya que no pueden huir a las colonias, salir de esa tierra contaminada en la que viven ellos pero ningún animal real podría sobrevivir. K. Dick, en su habitual naturaleza paranoica y conspirativa, nos dibuja un mundo en el que las personas están obligadas a empatizar a través de pantallas que homogeinizan su pensamiento (¿adivinó el escritor que existiría algún día Twitter?), en el que los androides en general se alejan tanto del último destello de humanidad de Roy Batty en el ático de la película Blade Runner como pueden: en el universo K. Dick los más humanos que los humanos son también perversos y crueles. Rachael se aproxima muchísimo más a la Luv de la secuela que a la tierna y frágil Sean Young de la película de 1982. 

"En la novela, el viaje que Deckard hará para dudar de su propia realidad es mucho más semejante al viaje real que tendría un enfermo mental"
 K. Dick nos somete a un constante análisis de las motivaciones de la humanidad, de las motivaciones de esos androides a los que es casi imposible distinguir del resto salvo, quizá, porque no empatizan como deberían, como es obligatorio. ¿Pero acaso los humanos obligados a empatizar no son también como máquinas? El autor sólo nos permite un respiro a través de una cantante de ópera que resulta ser una androide fugada a la que Deckard debe retirar, y que recuerda de una forma vaga, hermosa y brutal, a la escena de la película en la que Harrison Ford dispara a una Zhora que huye a través de una colección de escaparates ochenteros que ninguno comprendemos por qué están colocados de forma secuencial, aunque no nos importa cuando volvemos a visionarla. 
"¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? sigue siendo una metáfora perfecta de qué se siente al no poder distinguir qué es real."
 
En la novela, el viaje que Deckard hará para dudar de su propia realidad es mucho más semejante al viaje real que tendría un enfermo mental, alguien a quien su propia mente lo pusiera en constante prueba, acaso inspirado K. Dick por sus propios problemas a ese respecto. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? sigue siendo una metáfora perfecta de qué se siente al no poder distinguir qué es real y K. Dick el escritor que más ha influido en el imaginario cinematográfico y de cultura popular del siglo XX, aunque prácticamente ninguna de sus adaptaciones sea fiel al texto original. Pero quizá ahí está la gracia: en que la película y el libro puedan tomarse como entes individuales, como si no estuviesen relacionados. Es necesario leer el libro. Leed el libro. No encontraréis en él casi nada de lo que amáis en Blade Runner y sin embargo no podréis dejar de amar su extrañeza, su originalidad, su crueldad, su capacidad para predecir algunas preocupaciones de nuestros días. Quizá os obsesionéis, como Deckard, con adquirir una oveja. Una que parezca de verdad aunque no lo sea.

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Autor: Philip K. Dick. Título: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Editorial: Minotauro. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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