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Violencias del hambre en España (1900-1923)

Violencias del hambre en España (1900-1923)

“Nunca revela mejor el hombre toda la extensión de su poderosa inteligencia que cuando la emplea en realizar el mal”

Manuel Gil Maestre, ‘La criminalidad en Barcelona y en las grandes poblaciones’ (1886)

 

Se le olvidaron las clases sociales a Gil Maestre (1844-1912), historiador y exgobernador civil de Barcelona, hijo ilustre y buen escritor de sucesos. No distingue entre pobres y ricos en la cita que abre su capítulo sobre estafadores y taruguistas, extractado en el minucioso volumen Fuera de la ley. Hampa, anarquistas, bandoleros y apaches. Los bajos fondos en España (1900-1923) (La Felguera). En los textos de finales del XIX y principios del XX se diluyen las clases sociales: como si la vileza iletrada de las clases muy, pero que muy, bajas y muy, pero que muy, amplias no tuviese ningún condicionante para que las clases altas, pero que muy, altas y muy, pero que muy, reducidas, la calificasen de muy, pero que muy, inteligente y muy, pero que muy, malvada. Aunque la inteligencia juegue un papel en estos criminales, lo que centra toda esta obra es el hambre: un hambre de principios del XX, un hambre industrializado, miserable y obrero. Si aplicamos a nuestra España de 1900-1923 el clásico “primum vivere deinde philosophari”, ahí germinan grupúsculos de bandoleros, apaches, randas y rateros, estafadores, enterradores, espadistas, topistas o ladrones que se movían por caminos, calles, bares cantantes o cabarets a buscarse la vida. Solo te buscas la vida cuando no la tienes, como la cartera de los demás.

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La Felguera, esa editorial con nombre de villa de las Cuencas asturianas, está empeñada en alegrarnos la vida con miserias, sucesos y tragedias del XIX y XX: desde su órgano de difusión web, Agente Provocador, que también tiene réplica en papel-revista, hasta su ya extenso catálogo, la labor de estos extraños personajes roza lo obsesivo y hasta lo siniestro. Mejor, que sigan así. Sin ellos, no nos hubiesen llegado volúmenes tan maravillosos como Londres noir. El libro negro del crimen, casi un complemento a Fuera de la ley; Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos, imprescindible; la edición en castellano del Libro de la ley de ese chamán satánico que se llamó Aleister Crowley; el necesario manifiesto anti-Movida “La Movida modernosa de José Luis Moreno-Ruiz; o su último engendro, Diario de un Resurreccionista. Una historia secreta e ilustrada de los ladrones de cuerpos y los anatomistas, que aún no he leído pero que ya noto que va a quemar en las manos.

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"Las casi seiscientas páginas del volumen se quedarían en una valiosa compilación de textos si no fuese por la meticulosa labor de los editores al completarlas con una gran cantidad de ilustraciones, fotografías y una parte central dedicada a recopilar fichas policiales."

Casi rebelándose contra sí mismo, aparece en Fuera de la ley un género de malhechores que, quizá, no lo fuesen tanto. Se hace necesario colocarlos en ese lugar si se tiene en cuenta el contexto de los textos que aquí se recopilan, la mayor parte de principios del XX, pero por dignidad hay que alejar a los anarquistas del hampa. El movimiento obrero debe al anarquismo una parte de sus avances. Y sí, aunque suene mal en esta limpísima sociedad de consumo, fueron avances conseguidos a través de una violencia que hizo que se les colocase dentro de los bajos fondos por obra y gracia de las clases altas, pero que muy, muy altas. Hay que leer muy atentamente los textos recopilados en Fuera de la ley, contextualizarlos y analizarlos críticamente entendiendo cuándo, cómo y por qué ocurrieron los hechos que describen. Para eso es muy hábil la introducción de los editores, Un país en llamas, que nos ayuda a empezar a entender en qué España nos adentramos, qué clase de gentes la habitaban, qué escritores nos la van a contar y por qué desembocó en situaciones como la Semana Trágica de Barcelona en 1909.

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Las casi seiscientas páginas del volumen se quedarían en una valiosa compilación de textos si no fuese por la meticulosa labor de los editores al completarlas con una gran cantidad de ilustraciones, fotografías y una parte central dedicada a recopilar fichas policiales que aparecen publicadas con todo su esplendor. Entonces sí podemos verle la cara a todos los maleantes del libro: caras de hambre, de analfabetismo, de suciedad, de ¿maldad? También podemos saber en (cierto) detalle de dónde venían, sus tatuajes, por qué eran peligrosos y a qué se dedicaban cuando no pertenecían a los bajos fondos. “Jornalero”, “baulero”, “alpargatero”, “tornero”, “barbero”… profesiones que acabaron en el hurto, el carterismo, el asesinato o, al mismo nivel en la ficha policial, la blasfemia. Ahí es donde les vemos, donde se cierra verdaderamente este magnífico libro, colocados de frente y de lado para que nosotros saquemos conclusiones que piden de clases sociales. Hay que celebrar la labor de los editores de La Felguera, que está al nivel de lo que Herbert Asbury hizo en 1927 con Gangs of New York: bandas y bandidos en la Gran Manzana (1800-1927), publicado en España por Edhasa a raíz de la adaptación cinematográfica de Scorsese. Hay otra violencia en su hermano norteamericano, quizá violencia individualista, aún más brutal y evidente, porque en Fuera de la ley hay violencia comunal, endogámica, subterránea: con cada página es imposible no pensar en ese estallido de violencia tan nuestra que comenzó en 1936.

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Título: Fuera de la ley. Editorial: La Felguera. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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