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Voraces, un homenaje a nuestros Vengadores del siglo XIX

Voraces, un homenaje a nuestros Vengadores del siglo XIX

El Romanticismo, el gran denostado. Y sin embargo todo lo que somos, lo que sentimos, lo que amamos y odiamos nació en el siglo XIX, a la orilla del Lago Leman, en aquel año sin verano. Somos románticos aunque nos duela, nos pese y nos empeñemos una y otra vez en huir de ese bucle decimonónico que nos aterra y nos fascina. Nos aterra tanto que nos hemos empeñado en olvidar a nuestros héroes, a nuestros guerreros, a nuestros poetas, a nuestros libertadores. Confinados al ostracismo, a la lectura de un poema, al olvido en las escuelas, los románticos españoles levantan la cabeza y concentran la mirada como Torrijos en la playa de Málaga en la que fue fusilado.

"Voraces nació como una mirada curiosa sobre Juana de Vega, desconocida e ilustre dama coruñesa, una mujer fuerte, culta y precursora del feminismo, como su amiga íntima Concepción Arenal"

Voraces nació como una mirada curiosa sobre Juana de Vega, desconocida e ilustre dama coruñesa, una mujer fuerte, culta y precursora del feminismo, como su amiga íntima Concepción Arenal. Juana reposa en el Cementerio de San Amaro, muy cerca del nicho de mi familia. En el suyo reza una inscripción curiosa: “Viuda del General Espoz y Mina, cuyo corazón se haya aquí”. Puro romanticismo. El corazón de su amor enterrado con ella. En la tierra de las meigas y los trasgos, en la tierra en la que se mezcla la ficción y la realidad. A la muerte de Mina, ella había pedido los permisos para embalsamar el cuerpo del héroe y conservarlo en su casa de la Calle Real. Pidió también conservar el corazón del héroe en una urna de plata y ébano para que la acompañara en sus viajes. Esa historia tan victoriana fue la que me llevó a descubrir otras historias, historias de pasión, heroísmo y también miseria. Juana de Vega se casó con el guerrillero más ilustre de la Guerra de la Independencia y ambos partieron hacia el exilio en Londres huyendo del absolutismo del Rey Felón. En esa estancia inglesa el matrimonio coincidió nada más y nada menos que con Espronceda en busca de Teresa Mancha, el General Torrijos, el duque de Wellington, vencedor de Napoleón en Waterloo, Tennyson, el grandísimo bardo laureado, el librero valenciano Vicente Salvá… Personajes fascinantes de vidas convulsas, personajes que pedían a gritos una novela. El exilio español en Londres es un episodio que no está demasiado estudiado, así que tuve que documentarme rebuscando en libros de viejo, siguiendo pistas a través de biografías de la época de unos y otros hasta que llegué a una maravilla que recomiendo: Liberales y románticos, de Vicente Lloréns, historiador literario. Ahí estaban mis héroes dormidos, viviendo en el barrio de Somers Town, acompañando a los exiliados que vestían sus raídas capas españolas mientras buscaban una forma cualquiera de sobrevivir. Luego un viaje a Londres, una visita al cementerio en donde está enterrado William Blake, Bunhill Fields, a la casa de Wellington, Apsley House, excursiones a Cambrigde buscando lugares adecuados para situar a la sociedad secreta de “Los Apóstoles”, horas en El Prado sentada delante del Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros (menos mal que hay bancos en la sala 61A) y un fugaz homenaje a José de Espronceda en la Sacramental de San Justo para pedirle que me prestara un rato a las musas.

"Voraces es un homenaje al romanticismo. A todas las personas que lucharon por la libertad y luego cayeron en el olvido. A todos nuestros Vengadores del siglo XIX"

Con todos los ingredientes principales sobre la encimera, aún hubo que rebuscar más. Datos sobre la epidemia de cólera en Coruña que diezmó a la población en 1854, sobre la estancia del niño Pablo Sarasate en casa de Juana, tipos de armas, barcos, vestidos, levitas, gorros, relojes, comidas, costumbres, carruajes, entierros. La vida, en suma. Y libros, muchos libros: biografías de Sir Arthur Wellesley, de Espronceda, de Torrijos, de Espoz y Mina, de Juana de Vega; también de ficción como los Episodios nacionales de Galdós, Aventuras del fusilero Richard Sharpe, de Bernard Cornwell, El Vampiro de Polidori, el Tratado sobre los vampiros de Calmet, toda la obra de Espronceda. Poemas de Wordsworth, de Tennyson, de Lord Byron. Películas de Dreyer, de Coppola, de Fukunaga. Series como Penny Dreadful o Taboo. Meses inmersa en otro siglo, meses que se convirtieron en dos años de trabajo, dos años de equilibro entre la realidad histórica y la ficción gótica, entre la imaginación y la investigación. Acostumbrada a escribir novelas policiales situadas en la actualidad, mi amor por otro tipo de investigaciones se disparó desde el primer momento: no hay nada más reconfortante para una licenciada en Historia que poder, de alguna forma, ejercer su vocación.

Voraces es un homenaje al romanticismo. A todas las personas que lucharon por la libertad y luego cayeron en el olvido. A todos nuestros Vengadores del siglo XIX, hombres y mujeres que no vacilaban en dar su vida y su fortuna por el futuro de España. Y sobre todo es un homenaje a Juana de Vega, una mujer adelantada a su tiempo, benefactora, libre y que reposa para siempre en el cementerio de San Amaro con el corazón de Espoz y Mina conservado en una urna de plata y ébano.

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Autor: Nieves Abarca. Título: Voraces. Editorial: Espasa. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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