Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Viernes, 16 de octubre: Mañas se saca el carné de la CNT
Mi queridísima Merche:
Ángel Navarrete ha insistido en que me saque el carné de la CNT. Con él en el bolsillo hago el trayecto que lleva desde Carabanchel hasta el paseo del Cisne, donde están la secretaría del Comité de Abastos, mi nueva oficina. Allí ayudo al contable, cotejo haberes, deberes, y paso de vez en cuando por la casa de Cisneros del Ayuntamiento a llevar cuentas al alcalde.
Si no me han militarizado es porque tengo a mi cargo tres mujeres. El mío es el único ingreso en casa, visto lo poco que da la tienda. Por eso necesito reintegrarme al servicio activo como funcionario. Hay que hacer un escrito para solicitar la readmisión, y estoy en ello.
No te sorprenderá saber que sigo hundido tras la muerte de padre. Todavía, cuando abro la puerta de casa me parece que lo voy a encontrar echando un pitillo. O salgo y espero verlo arremangado en la huerta. ¡Cuántas veces me enfurecí cuando desaparecía a caballo durante un par de días! ¡Cuánto lo llegué a odiar, refugiado en las faldas de madre, no sabiendo sino criticarlo, deseando casi que desapareciera! Hoy es mi memoria traicionera la que me lleva a recordar los momentos en que nos enfrentábamos, y me siento como si hubiera tenido la culpa y lo hubiera empujado, con mis malos sentimientos, a la muerte.
Lo peor es la noche. Durante el día más o menos mantengo el ánimo. Además han muertos tantos vecinos, algunos en el frente, otros «paseados», que no puedo imponer mi pesar: todos han perdido a alguien. Carabanchel es un hospicio lleno de huérfanos, madres y abuelas, pero sin hombres, que están en el frente o trabajando en los despachos sindicales del centro.
Por la noche, a la hora de acostar, es cuando aparecen los fantasmas y el dolor te atenaza la garganta. Entre las sombras creo oír pasos. Pienso que es padre que vuelve de una de sus andanzas. O peor: oigo detenerse un coche cerca y pienso que vienen a por mí. Luego están los sollozos de madre y esa sequedad en la garganta, la dificultad de tragar, el sueño agitado, la amargura, por la mañana, al despertar. Me paso las horas espantando malos pensamientos.
Lo que me salva es el día a día, las labores cotidianas, el paso a paso. Y pensar que tengo tres mujeres a mi cargo, y que esperas tú en Ciudad Real. Son días tristes… Espero que vosotros estéis mejor.
Te quiere, tu Pepe
(de mi archivo familiar)


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