Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Lunes, 19 de octubre de 1936: ¿Y Santiago Carrillo?
¿Qué fue de Santiago Carrillo durante todos estos meses? Es una buena pregunta. Hoy todavía hay dudas. El propio Carrillo explica en sus memorias cómo, tras sorprenderles a él y a otros camaradas del JSU la sublevación en París, consiguieron regresar a España.
Sin pretender conclusiones definitivas, voy a procurar establecer lo poco que se sabe con seguridad. Lo primero es que Santiago Carrillo había desaparecido junto con otros compañeros en los momentos más difíciles de la sublevación. Es posible que aprovechasen la excusa del Congreso de París para quitarse de en medio. Y reapareció en Madrid a finales del verano, cuando todo estaba más tranquilo.
Desde entonces iba poco a poco cobrando importancia en la retaguardia. Seguramente fue por eso que un hombre de acción como Líster, que se las tenía tiesas con oficiales republicanos y anarquistas (las broncas entre Cipriano Mera y Líster en Talavera fueron épicas), empezó a cogerle tirria a él y a los hombres de despacho que manejaban el aparato del partido.
En mis lecturas sobre el periodo solo he visto aparecer a Carrillo en un artículo publicado en ABC el veintitrés de septiembre, donde se le cita dando una charla radiofónica en los micrófonos del Partido Comunista. Está en Madrid, después de haber pasado, según sus memorias, por la Barcelona revolucionaria de García Oliver y Companys, donde aprovechó para dejar las piezas bien colocadas en el JSU catalán, recién instalado en el Hotel de Colón. Me imagino que andaría con Chon, su misteriosa pareja. Esta Chon, su primera mujer, es otra gran incógnita. Algunos malintencionados como Líster aseguran que la mató Carrillo durante la guerra. Otros piensan que la abandonó. Hoy es imposible saberlo.
Sin meternos en honduras, lo único que puede decirse a ciencia cierta es que Santiago mantuvo una relación con ella durante los primeros meses de la guerra: Chon estaba embarazada de su primer hijo. Y así me gustaría imaginármelos en este diecinueve de octubre: una joven pareja paseando por el parque del Oeste. Andando entre pinos, a poco del crepúsculo, como todavía se podía hacer. Y más con escolta del JSU.
—¿Qué vas a hacer, Santiago? —Chon se tocó el vientre—. ¿Cómo vas a ocuparte de nosotros, teniendo tantas responsabilidades?
—Sacaré el tiempo de donde haga falta, Chon.
—Eso espero. O me uno mañana mismo a las mujeres que se manifiestan para que los hombres vayan al frente y no se queden en los cafés, donde hay mucha miliciana suelta —se burló Chon, cogiéndole la mano.
El amor es siempre hermoso.


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