Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Miércoles, 19 de agosto de 1936: José Giral en el Ministerio de la Guerra
Es por ahí. Le están esperando.
El ministro de la Guerra, general Hernández Sarabia, hasta hacía poco secretario personal de Azaña, debía recibirle. Pero se encontró con la sorpresa de que salía a atenderle el propio jefe del Gobierno, José Giral, hombre maduro, de pulcra presencia, con gafas redondas de aro, cuello duro almidonado, químico de profesión y amigo próximo de Azaña. Giral era un político templado, que no perdía la serenidad. Para hablar a solas, lo sacó al balcón, y Koltsov no desperdició la ocasión.
—La toma de Badajoz ha permitido a los rebeldes unir los territorios sublevados del norte y el sur. Con Badajoz en manos de Franco, la guerra entra en una nueva fase. Hasta ahora, las zonas controladas por los rebeldes estaban separadas. En algunos sitios, los bandos forman círculos concéntricos, como en Córdoba, donde la provincia republicana asedia a la ciudad rebelde, mientras en su interior los fascistas sitían los barrios obreros. Lo mismo en Asturias, Toledo o islas Baleares. Pero ahora se han unido las manchas separadas en macizos continuos que se extienden hacia Madrid. ¿No le preocupa eso?
—La caída de Badajoz no es tan dramática. Lo monstruoso es la matanza organizada por los fascistas. La pesadilla de ese fusilamiento de cuatro mil obreros, mujeres y niños en la plaza de toros. Pero, incluso controlando la ciudad, no les será fácil avanzar. En el Guadarrama nuestras unidades se mantienen firmes. En realidad, lo único catastrófico es la falta de armamento. Hacen falta aviones, artillería, tanques y fusiles. Por eso pedimos armas a todos los países no fascistas de Europa y América, al precio que sea, dígalo en su periódico. Gente tenemos. Hay voluntarios valientes y entusiastas, por todas partes se forman nuevas columnas. Pero faltan armas. Esa es nuestra gran preocupación.
—¿Cuánto puede durar la guerra?
—Con armas suficientes, medio año. Incluso podría liquidarse en tres semanas. El problema es que Alemania e Italia ayudan a los rebeldes. Esta misma mañana ha llegado algún huido de Sevilla confirmando que los sublevados tienen pistolas alemanas. En cambio a nosotros nos bloquea el Gobierno francés, que, presionado por Londres, ha firmado un acuerdo internacional de neutralidad incomprensible. Alemania e Italia se ríen de esa neutralidad. Pero, con todo, aplastaremos a los rebeldes, no tenga duda.
—Respecto de los intelectuales, me dicen que hoy mismo el presidente Azaña estuvo con Juan Ramón Jiménez. ¿Es cierto que se le ha proporcionado pasaporte para viajar a Argentina?
—Todavía no he hablado con el presidente. No le puedo decir nada.
—¿Y Federico García Lorca? ¿Sigue desaparecido en Granada?
—Eso no lo puedo saber porque Granada está en manos de los sublevados, aunque lamento decir que no me extrañaría. El gobernador civil es un monstruo en la línea de Queipo de Llano. Ha permitido centenares de fusilamientos. Ojalá no sea el caso. Le prometo que procuraré, en cuanto pueda, confirmar esos rumores. Y ahora, si me lo permite, debo atender a unos compañeros del Congreso —dijo José Giral.


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