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Amar es un arte: 20 imprescindibles de la literatura erótica

Amar es un arte: 20 imprescindibles de la literatura erótica

No es fácil escribir de sexo, tal vez porque no es fácil escribir sobre el origen de las cosas, pues en dicho origen se mezclan de manera ancestral elementos complejos e indisociables como la ciencia, la literatura, la física o la religión. El ser humano necesita explicar y comprenderse, y el sexo es, sin lugar a dudas, el núcleo de esa explicación. Un núcleo que, al igual que el del planeta donde habitamos, es invisible, matérico, ardiente, poderoso y vital.

Tampoco es fácil leer el sexo, especialmente en el siglo XXI, donde la imagen erótica se ha cultivado desde todas las perspectivas posibles y en todas las direcciones, educando la mirada del espectador en un sexo audiovisual, no escrito. Gracias a unos amigos que escriben relatos eróticos desde hace casi un año bajo los seudónimos de Irene Adler y J.C. Pursewarden en zendalibros.com, y también gracias a la oportunidad que me brindaron en Altavoz Cultural de ser jurado de un premio literario erótico he podido comprobar algo muy singular, y es el poder impresionante, magnético, casi mágico, que el lenguaje sigue ejerciendo en el ser humano.

Escribir y leer sobre sexo después de tantos siglos de sexo y escritura sigue siendo un ejercicio complejo, desafiante, atrayente y clandestino tanto para el escritor como para el lector. Por eso hoy quiero recordar a los maestros que siguen ahí, pacientes, en las estanterías, esperando la consulta humilde, admirada y fructífera de los que desean volver a disfrutar leyéndolos, o bien de los valientes que hayan decidido dedicarse al oficio más viejo del mundo, contar historias, aprendiendo de aquellos que lo hicieron con grandeza:

1.- El arte de amar, de Ovidio. Los tres libros que componen este manual imprescindible, son, en realidad, una burla sutil a la hipocresía de su tiempo. Ovidio toma muchos de los elementos propios de poetas griegos y latinos anteriores y contemporáneos para ponerlos al servicio de su ironía vibrante. El italiano escribió este tratado a los cuarenta años, rodeado de un ambiente en el que las costumbres eran completamente normativas y moralistas, y eso le costó caro, pues el emperador Augusto, admirador y amigo, acabó desterrándolo y calificando la obra como “el arte de cometer adulterios”. Editorial Cátedra.

2.- En el siglo IV apareció en la India el Kamasutra, el más famoso y universal de los manuales de sexualidad, escrito por Mal-la Naga Vatsiaiana. Editorial Alma.

3.- En el siglo XV se recogen en Alejandría, la ciudad de Alejandro Bicorne, una serie de fábulas. Esas fábulas tienen una historia extraña, según se supone. Fueron habladas al principio en la India, luego en Persia, luego en el Asia Menor y, finalmente, ya escritas en árabe, se compilan en El Cairo. Es el Libro de Las mil y una noches. El título, continúa diciendo Borges, es uno de los más hermosos del mundo, pues lleva implícita una declaración de amor, como decir «te amaré eternamente y aún después». La idea de infinito es consustancial con Las mil y una noches. Editorial Austral/Destino.

4- El Decamerón, de Boccaccio, Escrita en el último periodo de la Edad Media, su modernidad hace añicos los esquemas literarios: escrita en prosa, no en verso como era habitual, dejó de lado la temática religiosa y los personajes bellos y heroicos que predominaban en la época, para centrarse en temas profanos, destacando, como el monarca de todo lo prohibido, el sexo. La peste negra en Florencia es el marco donde los tres hombres y siete mujeres de este libro de Boccaccio pretenden sobrellevar el aburrimiento en un intento original de huir del contagio. Durante diez días, cada joven cuenta una historia, construyendo los cien relatos eróticos más impresionantes de la historia de la literatura. Alianza Editorial.

5.- Por la misma época, pero en Italia, un intento de imprimir material erótico provocó un escándalo monumental cuando los italianos Pietro Aretino y Marcantonio Raimondi produjeron I modi en 1524, un libro ilustrado con 16 posturas sexuales. Editorial Amaranta.

6.- La moda erótica medieval llega a España, dando lugar a dos magníficas obras: El libro del buen amor (Castalia Ediciones), del Arcipreste de Hita, con un inconfundible sabor a la ironía más sensual del Ars Amandi de Ovidio,​ y La lozana andaluza (Biblioteca Castro), de Francisco Delicado, donde se describe el mundo de la prostitución en la Roma renacentista.

7.- La vie très horrifique du Grand Gargantua, de Rabelais, inspirada en el Decamerón de Boccaccio, es un best reader en la Francia del siglo XVI. Este libro, que va más allá de lo erótico, ha de verse como una epopeya de la palabra que trasciende su época y llega hasta el siglo XX con su humor intacto, vacuna para los franceses invadidos por Prusia en 1870, al igual que para los soldados de la Guerra del 14, que lo llevarán en la mochila con la máscara antigás. Una curiosidad: en 1546, tras una prodigiosa década de medicina y aventura, Rabelais dedica el libro tercero de sus gigantes a Margarita de Navarra y vuelve a ser condenado por herético. Editorial Acantilado.

8.- Esa mujer, la española Margarita de Navarra, es la autora de Heptameron,(Editorial Cátedra), escrito en 1558, una colección de 72 historias cortas que versan sobre los temas del amor, la lujuria, la infidelidad y otras materias románticas y sexuales. Otra mujer de armas tomar es María de Zayas y Sotomayor (Biblioteca Castro) que escribió por estas fechas su personal, atrevida, sensual versión del Decamerón en español.

9.- La respuesta inglesa a esta “moda” literaria fueron las Memoirs of a Woman of Pleasure (más tarde abreviadas y retituladas Fanny Hill), escritas en 1748 por John Cleland.

10.- La Francia del siglo XVIII es el reino erótico sin discusión, donde el sexo a veces también se funde con la filosofía, como demuestra la obra Teresa, filósofa (Editorial Valdemar) atribuida al Marqués d’Argens. El libertinaje ilustrado se plasma en las orgías literarias. Andréa de Nerciat destacó en este aspecto con Las Afroditas y El diablo en el cuerpo. Diversión erótica sin trasfondos (Editorial Actes Sud).

En cuanto a la sublimación intelectualizada del sexo, es decir, los fetichismos, tenemos a un maestro, Nicolas-Edme Restif de la Bretonne, eróticamente obsesionado con los pies y los zapatos. Editorial Gallimard.

11.- La literatura erótica más salvaje continuó en el siglo XIX en Centroeuropa. El autor austríaco Leopold von Sacher-Masoch, causante del término “masoquismo”, se hizo un hueco en la historia a partes iguales por el escándalo y el éxito de su obra La venus de las pieles (1870) (Tusquets ediciones). La versión alemana del escándalo fue Josephine Mutzenbacher (Tusquets ediciones), considerada como un clásico pornográfico. Publicada anónimamente, se atribuye su creación a Félix Salten. La historia es narrada bajo el punto de vista de una prostituta vienesa de 50 años, que rememora sus escapadas sexuales entre las edades de 5 y 12 años. El libro toca casi todos los posibles tabúes relativos al sexo, como la prostitución infantil, el incesto, la homosexualidad, la violación o las orgías. Una curiosidad singular: Félix Salten es también el autor del clásico infantil Bambi.

12.- Los felices años veinte del siglo XX tocan a su fin con una obra maestra del erotismo: El amante de Lady Chatterley (1928), de D. H. Lawrence. Editorial De Bolsillo.

13.- En esos años, un escritor enmascarado tras el seudónimo El Caballero Audaz alegra con su literatura erótica los salones de la España culta y moderna de principios de siglo.

14.- Mientras, en el bullicioso París de los años 20, todos los círculos cultos leen y recomiendan La pasión de Mademoiselle S, supuestamente anónimo. El diplomático francés Jean-Yves Berthault encontró, mientras vaciaba un antiguo desván, un estuche de piel repleto de cartas escritas a mano. Al leer la primera se dio cuenta del extraordinario tesoro que acababa de descubrir. Estas cartas, fechadas entre 1928 y 1930, y firmadas por la misteriosa Simone, están dirigidas a su amante Charles, un hombre más joven y casado. En ellas, Simone, una parisina de clase alta, expresa sus deseos y fantasías mientras se adentra en un mundo de placer físico. Editorial Seix Barral.

15.- Georges Bataille, con el libro titulado La historia del ojo (1928), publicada bajo seudónimo, entró por la puerta grande del voyeurismo, explorando las sensaciones y las relaciones sexuales entre dos adolescentes de tendencia exhibicionista. Tusquets Ediciones

16.- Henry Miller, con sus obras Trópico de Cáncer (1934) y Trópico de Capricornio (1938), prohibidas en múltiples países, encumbra la pornografía (entendida desde su significado griego original, como la relación con las prostitutas), describiéndola como una nueva religión. Ediciones Edhasa.

17.- Anaïs Nin fue una de las primeras representantes de la literatura erótica femenina moderna. Conocida por sus diarios, que cuentan su vida detallada desde los 12 años, Nin ha tocado multitud de temas eróticos en sus obras, como el incesto y el lesbianismo. Alianza Editorial.

18.- Vladimir Nabokov es principalmente conocido por ser el autor de Lolita (1955), ese clásico cada día más moderno. Editorial Anagrama.

19.- Una de las obras clave de la literatura erótica de la segunda mitad del siglo XX es, sin dudaHistoria de O. Escrita por Dominique Aury bajo el pseudónimo de Pauline Réage, fue un éxito de ventas, aunque tuvo que enfrentarse a una demanda gubernamental por obscenidad y atentado contra las buenas costumbres. Historia de O narra la historia de una fotógrafa de moda parisina, mujer moderna y emancipada, que acepta convertirse en objeto sexual de su amante y se embarca así en un proceso de degradación y autodestrucción que le resulta tan doloroso como placentero. Tusquets Ediciones.

20.- El último representante de esta lista es, quizás, el más perfecto de todos ellos, pues se ha encargado, en su larga, exitosa carrera, de construir un erotismo gráfico que ya es icono de elegancia, sensualidad, literatura y belleza. Se trata, como no podía ser de otra manera, del italiano Milo Manara (Norma Editorial). Las “mujeres Manara”, inconfundibles, son las más deseadas de la historia del cómic y el mismo autor dijo de ellas que “lo más difícil de dibujar en una mujer desnuda es la mirada, porque todo el secreto del erotismo está en los ojos. Son la inteligencia, la seducción. Siempre que dibujo una mujer vista desde atrás intento que su cabeza esté ligeramente girada para que al menos se le vea un ojo. La mirada es fundamental».

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