Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Viernes, 21 de febrero de 1936: La alocución de Azaña
El Ahora era un diario gráfico republicano de línea moderada, centrista. Lo dirigía el periodista Manuel Chaves Nogales y el texto que estaba leyendo Ángel Navarrete, el mejor amigo de Pepe Mañas, era la alocución pronunciada ante los micrófonos de Radio Nacional, el miércoles por la tarde, a eso de las cinco, por el propio Azaña.
A todos los ciudadanos españoles, el Gobierno de la República se dirige con palabras de paz, como corresponde al poder legítimo de la nación, constituido en virtud de la voluntad manifestada en las elecciones pasadas. El Gobierno espera que toda la nación corresponda a los propósitos de pacificación, al restablecimiento de la justicia, de la libertad, de la vigencia de la Constitución y del espíritu republicano que él tiene desde la hora en que se ha constituido.
El Gobierno es el único ejecutor del programa político que ha servido de base a la coalición electoral. Nadie ignora que ese programa comprende, en primer término, las decisiones necesarias para sanar las heridas causadas en el cuerpo nacional en estos últimos tiempos y restaurar hasta los últimos efectos de las desventuras ocurridas. A este propósito, el Gobierno, en su reunión de esta mañana, ha dado ya las disposiciones necesarias para que hoy mismo se reinstalen los ayuntamientos populares suspendidos gubernativamente. Asimismo, se han dado instrucciones a los ministerios para que comience y se lleve a cabo con toda rapidez la reparación de las ilegalidades cometidas con los funcionarios públicos, restituyéndolos a los destinos de que arbitrariamente hayan sido privados, y se han hecho ya las primeras gestiones para que, en un plazo brevísimo, el anhelo de la amnistía, que nos ha llevado a todos a la contienda electoral, sea una realidad…
El Gobierno de la República tiene el convencimiento de que todos los españoles, sin distinción de ideas políticas y depuestos ya los ardimientos de la contienda electoral, muy legítimos, pero que deben terminar cuando la contienda cesa, cooperarán en la obra que el Gobierno trata de emprender bajo su responsabilidad exclusiva…
—¿Qué te parece, Ángel?
Ángel Navarrete alzó la vista. Era viernes y, por primera vez, al amparo del alboroto producido por la victoria del Frente Popular, se sentía seguro para acercarse a la taberna. El tabernero, con total normalidad, le sirvió el vino, que apuró de un trago. Luego le puso otro. A Ángel le acompañaban dos de sus primos, cada cual con un pistolón al cinto. Había habido algún incidente en la plaza de Brunete durante la primera noche, como en todas partes, cuando los partidarios del Frente Popular manifestaron, entre petardazos y voces, su alegría. Aun así, Ángel prefirió esperar todavía un par de días antes de mostrarse.
Hoy ya se sabía que la Diputación Permanente de las Cortes estaba a punto de aprobar la amnistía de los treinta mil presos condenados por la revolución de Asturias. También se sabía que la mayoría de los militares represores, los colaboradores más cercanos a Gil-Robles, partirían a nuevos destinos periféricos que podían considerarse exilios.
La respuesta del sindicalista no pudo ser más lacónica:
—Insuficiente.
Y acabó la conversación, porque aparecieron sus otros primos a rogarles que volvieran a casa. El Ahora quedó abierto sobre la mesa, junto al pequeño taburete donde había estado sentado el cenetista.


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