Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Miércoles, 29 de abril de 1936: Josep Pla y Adi
¿Has leído lo de las elecciones francesas, Adi? ¿No te parece un escándalo que las mujeres sigan sin votar? —dijo Josep Pla.
—En fin, esto me da ideas para un nuevo artículo.
Estaban en la masía familiar de Llofriu, una de las tantas pequeñas propiedades rurales del Bajo Ampurdán. Siguiendo el consejo de Cambó, el matrimonio Pla marchó de Madrid y, con el buen tiempo, empezaban a salir al porche, al amparo de la viña que lo cubría. Ya estaba bien de vivir encerrados por el frío invierno de Madrid. Hacía un día primaveral espléndido. El sol brillaba. Los dos leían juntos los periódicos comprados en Palafrugell.
—¿Qué estás anotando, Josep?
—Motivos por los cuales las derechas perdieron las elecciones de febrero. Le quiero proponer a Cambó publicar un libro sobre lo que hemos visto en Madrid estos meses. Me parece interesante.
—¿Y cuáles son esos motivos?
—Por el momento tengo ocho.
—Dímelos.
—De acuerdo. Primero, la participación de la CNT, o por lo menos que los anarcosindicalistas no pidieran la abstención como en otras ocasiones. En el 33, sus afiliados no votaron. Este año, en febrero, sí lo hicieron. Por la amnistía que prometió el Frente Popular. Es un factor sentimental decisivo. Cuando la represión de Asturias, fue un error no ejecutar a los jefes de la insurrección y en cambio detener a tanta gente menor. Si se hubiera aplicado la pena capital a unos cuantos, se podría haber sacado de la cárcel a miles de detenidos. Así se hubieran restado argumentos a las izquierdas. En Madrid tienen tendencia a ejecutar ratones y ser clementes con leones.
—En todas partes, Josep.
—Luego está la cuestión regionalista. Aunque las derechas han tenido tradicionalmente simpatía por las libertades regionales, a raíz de la revolución de Asturias los conservadores se han vuelto unitarios, centralistas. Eso les resta apoyos, por ejemplo, de los simpatizantes vascos del PNV, que hoy ven mayores posibilidades de juego con las izquierdas en el poder.
—Ajá.
—Y desde luego no ayudó la indisciplina de los votantes. Tengo entendido que votaron caóticamente. Tachaban nombres. Mezclaban candidatos de diversas ideologías. En cambio, los seguidores del Frente Popular votaron con disciplina. Y ha habido demasiada abstención, Adi. Amén de la desunión de los partidos conservadores, que en muchas circunscripciones se presentaron por separado, en parte a causa de la errática política del partido gubernamental de Portela. En unas circunscripciones, los de la CEDA iban en alianza con los antirrepublicanos, y en otras con los republicanos del centro-derecha, sin presentar un programa común en toda España.
—Todo eso me parece muy acertado, Josep.
—Y naturalmente está el desgaste de los partidos en el Gobierno, en especial los radicales de Lerroux. El Viejo León ha desaparecido de la faz de la Tierra, exiliado en su finca de San Rafael…
—Como nosotros aquí.
—Con más amargura, Adi. Y creo que también incidió la Ley de Restricciones de Chapaprieta. Ha habido mucho pequeño funcionario, a quien le han rebajado el sueldo, que votó contra el Gobierno.
—En mi oficina de Madrid se habló mucho de eso, Josep.
Supongo que también aparecen en tu lista las falsificaciones y atropellos electorales.
—Pues no. Las decisiones de la Comisión de Actas que presidía Prieto han ayudado a desequilibrar aún más la composición del Parlamento. Pero los pucherazos de Portela y el Gobierno, visto que en algunos casos iban aliados con las derechas y en otros con las izquierdas, considero que apenas influyeron en el resultado. Menos, yo diría, que el hecho de que, con su opción fracasada de centro, le restó votos a las derechas, evitando una coalición gubernamental amplia y consistente en todas partes.
—A mí lo que no me gustó fue ver la cantidad de propaganda electoral de las derechas. El excesivo personalismo de Gil-Robles me lo hizo antipático.
—También se podría añadir. Y desde luego no podemos olvidarnos de la ley electoral tan brutalmente mayoritaria de Azaña. Creo que con todo eso, consigo más o menos explicármelo.


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