Donald Rodney Justice fue un profesor de escritura y poeta nacido en Miami, Florida, Estados Unidos, en 1925. Después de obtener su doctorado, dio muchos años clases en el programa de escritura creativa de la Universidad de Iowa, primera universidad del país que creó un grado en escritura creativa. También enseñó en la Universidad de Syracusa, en la Universidad de California en Irvine, en Princeton o en la Universidad de Virginia. Publicó trece colecciones de poesía, entre sus libros destacan The Summer Anniversaries (1960), con el que ganó el Lamont Poetry Prize, otorgado por la Academia de Poetas Americanos, o Selected Poems, con el que ganó el Premio Pulitzer de Poesía en 1980. Su obra se ha comparado con la de autores y autoras como Elizabeth Bishop, Thom Gunn o Philip Larkin. Murió en 2004. Presentamos una selección de poemas con traducción de Roberto Castillo Sandoval, Mijail Lamas y Jordi Doce.
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Hay una luz dorada en ciertos cuadros viejos
1
Hay una luz dorada en ciertos cuadros viejos
que representa una difusión de luz solar.
Es como la felicidad, cuando somos felices.
Viene de todas partes, esta luz, y de ninguna al mismo tiempo,
y los pobres soldados que se reclinan al pie de la cruz
comparten su caridad por partes iguales con la cruz.
2
Orfeo vaciló junto al oscuro río.
Teniendo tanto por delante miró hacia atrás.
Creemos que cantó en ese momento, pero el canto se perdió.
Por lo menos pudo ver una vez más la espalda amada.
Yo digo que así era la canción: Ah, prolonga
ahora el dolor si eso es todo lo que hay que prolongar.
3
El mundo está lleno de polvo, tío. Trabajemos.
Un día la enfermedad se irá de la tierra para siempre.
La arboleda florecerá; alguien tocará la guitarra.
Nuestro trabajo será considerado fuerte y limpio y bueno.
Y todo lo que hemos sufrido por haber existido
se olvidará como si nunca hubiéramos existido.
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Hombres a los cuarenta
Los hombres a los cuarenta
Aprenden a cerrar despacio
Las puertas de habitaciones a las que
No volverán.
Quietos en un escalón
Que sienten moverse
Como la cubierta de un barco debajo de ellos,
Aunque el oleaje es tranquilo.
Al fondo de los espejos
Ellos redescubren
La cara del muchacho que practica anudarse
En secreto la corbata de su padre
Y el rostro de ese padre
Aún está tibio bajo el misterio de la espuma de afeitar.
Ahora son más padres que hijos.
Algo los colma, algo
Que es como el sonido crepuscular
De los grillos, inmenso,
Llenando el bosque al pie de la ladera
A espaldas de sus casas hipotecadas.
***
Sobre la muerte de amigos en la niñez
No los veremos en el cielo con la barba poblada
ni bronceándose entre los calvos del infierno;
si acaso, al final de la tarde, en el patio desierto de la escuela,
componiendo un anillo o juntando sus manos
en juegos cuyos nombres se nos han olvidado.
Ven, memoria, ayúdame a encontrarlos en las sombras.


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