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Guaperas sin afeitar

Me intrigó durante mucho tiempo: misterio en el Orient Express o en donde sea. Arcano social. Por qué, me pregunté durante años, en casi todas las películas de la última década los tíos guapos salen con barba de tres días. No de un día para otro, ni de esas que se llevan tal cual, sino pelos sin rasurar, sombra fija y viril en el careto. Barbas que ni crecen ni se afeitan, indelebles, permanentes, criogenizadas o como se diga. Barbas de Schrödinger: mínimas pero exactas, inmutables, que no crecen ni decrecen, despeinan o rebelan, y que sobreviven con idénticas dimensiones, inalterables en guerras, apocalipsis zombis, naufragios, traiciones, resacas bíblicas y crisis existenciales chungas.

Pero al fin, disculpen la inmodestia, he descifrado el enigma de las arenas. Ocurrió viendo una película sobre una novela mía donde el protagonista –un cura, hay que joderse– lleva todo el rato una de esas barbas someras que ni crecen, ni menguan, ni traspasan.Que se afeitan cada día, pero para que parezca que no se afeitan. Fue entonces cuando dije eureka. Eso no es vello facial guarro, pensé, sino proclamación estética. El equivalente machote al rímel de las señoras guapas que se levantan con el ojo intacto después de una noche de pecado o de un remojón en las cataratas del Iguazú. Antes, los héroes de las pelis llevaban espada, revólver o gabardina. Hoy, para ser interesante en el cine debes parecer complejo, y para parecer complejo has de llevar barba de tres días y mirada de trauma mal digerido. Todo muy viril, muy intenso. Y sobre todo, más falso que la sonrisa de un político.

La barba cinematográfica de tres días no es complemento facial sino declaración de intenciones. Un anacronismo que indignaría igual a Espartaco que al conde de Montecristo. Sirve para decirle al espectador que el prota en cuestión es duro pero sensible. Ha visto el infierno, pero sigue siendo follable. Está por encima de las convenciones, porque él marca las reglas. ¿Para qué trabajar un personaje complejo si puedes pegarle una sombra en la mandíbula? Y lo extraordinario no es que todos exhiban esa autenticidad artificial; es que, como digo, sus dimensiones no cambian: 0,5 centímetros exactos. El protagonista pasa meses encerrado en una celda húmeda, alimentado con gachas y desesperación, y cuando sale luce la misma barba que al entrar. Y cuando con esa pinta se pone un frac y visita a la princesa de Clèves, en vez de hacer que los criados lo echen a patadas, ella se lo lleva a la cama.

Sabemos que en la vida real una barba tiene fases: empieza inevitable, sigue molesta para tu legítima –o tu ilegítima– y luego, antes de llegar a barba respetable, te convierte en alguien a quien la policía observa con interés profesional. Pero el cine no quiere saber nada de eso; quiere la barba sólo incipiente, cobarde, que no obliga a tomar decisiones. Porque una barba que crece plantea preguntas incómodas. ¿Recortarla? ¿Dejarla larga? ¿Aceptar que el personaje necesita una ducha?… No, demasiado real. En el cine de hoy, la realidad molesta mucho. Una barba de tres días supone desaliño pero del bueno, del que no huele. No hay piojos, ni caspa, ni manchas raras. Es una informalidad limpia, fotogénica. El protagonista ha perdido a su familia, su fe o su perro, pero nunca el control de su vello facial. Hay límites que ni James Bond cruza aunque tenga tiempo, aunque tenga espejo, aunque disponga de un baño con agua caliente. Afeitarse sería un riesgo narrativo: admitir que puedes cambiar, que la vida deja marcas reales.

En esto el cine se ha vuelto asquerosamente conservador. Cuando todos los actores salían afeitados hasta cazando mamuts, un cambio físico indicaba evolución. Ahora nos hemos ido al otro lado, y la evolución –cuando la hay– se expresa con silencios y primeros planos mientras la barba sigue como el primer día: reaccionaria, inmóvil como ideas que nunca se revisan, aunque resulte anacrónica o ridícula. Y el espectador moderno traga, claro que traga, porque el truco anuncia machote interesante. De otro modo el bueno de la peli parecería demasiado limpio, demasiado normal. Quizá demasiado feliz.

Algún día, tal vez, alguien se atreva: un director inteligente, un actor seguro de sí o un productor honrado. Y veremos a protagonistas afeitados o sin afeitar, pero como Dios manda. Hasta entonces seguiremos con la falsa pelufa, la puntita nada más, mentira actual del cine y la vida. Antes todos sabíamos que las pelis mentían, pero no importaba porque eso era el cine. Ahora quieren que lo engullamos cual si fuera verdad, pero hay gran diferencia de uno a otro. Como decía mi amigo Pedro Armendáriz –el hijo del mejicano de las películas de John Ford–, el cine sólo era verdad cuando era mentira.

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Publicado el 23 de enero de 2026 en XL Semanal.

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ricarrob
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16 ddís hace

Los pelos son un problema. Siempre lo han sido. A los unos desde que en la adolescencia comienzan a asomar, aunque entonces el descubrimiento sea bienvenido (¡no sabes la que te espera toda la santa vida!). A las otras porque, en nuestros usos sociales, nuestras convenciones, en las mujeres está peor visto, sobre todo entre ellas, todo hay que decirlo.

El rostro no es lo peor, en mi opinión. Que estos insoportables apéndices insistan en salir por dentro de la nariz es una tortura. Y las antiestéticas melenas que crecen hacia el exterior desde las orejas hasta descansar en los hombros, no es que molesten a uno pero a los demás les ofenden y no se sabe por qué, oiga.

Y, aunque suene feo y hablando de picores, no hay nada más molesto que los pelos del culo, seamos sinceros. Y, como decía el viejo chiste del chino, !los pelos del culo no me dejan dormir¡ ¿Se lo saben?

Y respecto a la disertación tan intelectual de don Arturo sobre las longitudes exactas de las barbas, decir que las modas imponen su marca en las sociedades. Y, de nuevo la posible o probable decadencia social. Cuando los viejos están empeñadísimos, absurdamente, en parecer jóvenes, los jóvenes están empeñadísimos en parecer viejos con esas patriarcales barbas bíblicas que ahora se dejan. Parecen salidos del Antiguo Testamento o de una granja de toros o de gallinas de la América Profunda. Luego dicen que no tienen para vivienda, cuando se gastan el jornal en esas cuidadísimos y longevos barbones.
Si ya lo unimos a las crestas con los laterales rapados (tal y como se los dejaban en los añós 30 los nazis), parecen salidos de una pelícla de vikingos.

!Oiga¡ !lo que puede dar de sí una barba¡

Con el panorama que estamos viviendo, solamente nos queda trivializar un poco.

Saludos a todos.

basurillas
basurillas
15 ddís hace
Responder a  ricarrob

Así, exclusivamente entre nosotros, querido amigo Ricarrob, el verdadero problema de este país en mi opinión no es el de esta estética futil y remilgada para aparentar lo que no es y lo que no se es. En mi opinión el problema es que tenemos, nos crecen, demasiados pelos en la lengua para criticar, objetivamente y de forma persuasiva, argumental y madura, tanto entuerto y tuercebotas mandamases que nos encontramos en las noticias cada mañana. Ese si es un verdadero problema capilar; porque sin denuncia, sin machacona queja y diatriba, nos crecen los malos y los malotes, los maltratadores de todo tipo, los corruptos, los salvapatrias, los malversadores, los defraudadores, los de cobro en B, los políticos mentirosos y chanchulleros, los que ahorran en temas vitales para la ciudadanía para dárselo a los amiguetes del partido. Todos esos se van de rositas y…pelillos a la mar.

https://m.youtube.com/watch?v=8lgI6K9RHrQ

ricarrob
ricarrob
15 ddís hace
Responder a  basurillas

Razón lleva usted, estimado.
Un abrazo.

ricarrob
ricarrob
16 ddís hace

Bueno, esto da para mucho. Me he estado un rato regodeando con dichos sobre los temas capilares. Los hay que no tienen desperdicio y algunos no los conocía. Nuestro bellísimo idioma está plagado de ellos.

Los nuevos héroes que nos describe don Arturo están un poco depreciados. Y las ranas también. porque ya las ranas no se convierten en príncipes. Será que nadie las besa. Y no tienen pelos ya que se podría decir que los políticos serán honrados cuando las ranas críen pelos. ¿Verdad?

Porque don Arturo nos ha deleitado con un artículo con pelos y señales aunque quizás nos haya tomado el pelo. No sé. ¡Oiga, don Arturo, que sus lectores no tenemos ni un pelo de tontos! Aunque usted no se corte un pelo.

Tener la lengua llena de pelos debe ser incomodísimo y no que se lo pregunten al ministro de los puentes (esperemos que no se caiga alguno, aunque con los gafes ya se sabe). Porque está todo el país tomado por los pelos y se nos ponen los pelos de punta ya que no nos fiamos ni un pelo.

¡Si todo se explicara con pelos y señales! Pero ya se sabe, cuando usted oiga hablar de transparencia, ya sabe que no va a saber nada. Porque, tenemos un gobierno de medio pelo para rato, aunque nos tiremos de los pelos.

No sé si todo esto va al pelo pero vienen bien tantos pelos ya que donde hay pelo hay alegría. Este dicho no lo entiendo, no sé si se refiere a la humana región púbica, maraña boscosa donde las haya.

No tener pelo también crea sus propias oportunidades ya que la ocasión la pintan calva.

Hay mucho más pero, lo voy a dejar aquí. Que sirva esto para que los habituales de esta tertulia, incluso los negativos que no se cortan ni un pelo, echemos pelillos a la mar.

Saludos a todos.

John P. Herra
John P. Herra
15 ddís hace

Mentiras finas y seguras… El cine sólo era verdad cuando era mentira. Todo esto es una realidad que muchos no ven. Muchas existencias de invernadero. Lechuguinos de pelo deshecho, ositos de peluche con gafas de pasta, putos atormentados e impostores de muchas caras que siempre desaparecen a la hora de los guantazos o del curro en el que te ensucias las manos. La mili cumplía una función social haciéndoles ver que el mundo era un poco más complejo y que todo señorito tiene que limpiar letrinas con las manos alguna vez en su vida. Eso sí que era una escuela de igualdad.

ricarrob
ricarrob
15 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Quedamos cada vez menos de los que teníamos que hacer la mili. Es una pena… Era como el rito de la mayoría de edad. Hoy, como no existe ningún rito de este tipo. con 30 y 40 años siguen siendo adolescentes. Es una pena. Ahí llegarán dentro de poco los mongoles y nadie sin saber disparar un Cetme. Es una pena.
Saludos.

basurillas
basurillas
13 ddís hace
Responder a  ricarrob

Bueno, no es por darme pote, estimado señor Ricarrob, pero yo, de la mili, aún podría enseñar a disparar una Astra, un subfusil, un Cetme, una Mg 42, una ametralladora 12,70 y un cañon de 105 de carro de combate AMX 30. Tres maniobras en San Gregorio no se olvidan facilmente.

basurillas
basurillas
15 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Bueno, no tanto porque no la hacían también las mujeres; y los que perdían más de un año en lo que podías aprender en dos meses, eramos siempre nosotros. Un año en que te podías preparar perfectamente una oposición, justo en los tiempos en que las mujeres, mucho más inteligentes y tenaces en demasía que nosotros, incluso jugando a dos barajas, empezarón a abarcar y casi saturar las plazas de funcionariado o estatutarias en Sanidad, judicatura, fiscalía, carrera administrativa y muchas más. Y me alegro por ellas, se han ganado de sobra el privilegio por tantos siglos de sumisión forzada y tanta tontería machista masculina. Eso si, lo que sigo sin ver es mujeres en las obras públicas. Y mira que hay obras en Madrid y municipios aledaños. Son más inteligentes a rabiar. No tienen un pelo de tontas…

John P. Herra
John P. Herra
15 ddís hace
Responder a  basurillas

Sí, más allá de la instrucción era una pérdida de tiempo, excepto por esa oportunidad de convivir con gente diferente, y a veces, rara de cojones. Lo que vengo a decir es que me da la impresión de que la gente, en general, cada vez sale menos de sus gustos y ambiente. Con lo que me gusta a mí hablar con el que duerme en el cajero y echarme unas risas con cualquiera.

basurillas
basurillas
15 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Tiene razón. Salvo los que salen de Erasmus o deben partir al extranjero para prosperar, o para no soportar trabajos precarios indefinidamente, o desean vocacionalmente investigar, la llamada “zona de confort” parece estar a la orden del día. Aunque también es cierto que tampoco hay muchas oportunidades ni condiciones para dejarla atrás (precariedad laboral, imposibilidad de acceder a vivienda, imposibilidad de actuación en la más de media España despoblada, sumisión absoluta del país al sector turismo, etc).

John P. Herra
John P. Herra
14 ddís hace
Responder a  basurillas

El sector turismo es importante, creo que anda por el 15% del PIB. No me parece que se someta todo al turismo, es que llevamos décadas disparándonos en el pie en los demás sectores y, por comparación, parece que nos hemos uncido a él. Pero, insisto, es que llevamos décadas en una cruzada contra el autónomo, las pymes y otras cosas que funcionaban. Y como aquí nadie abre la boca, porque el plebeyo tiene que pagar y el subvencionado tiene que cobrar, pues vamos de mal en peor.

ricarrob
ricarrob
14 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Con el de los puentes soltando posverdades que no se las tragan ni los cocodrilos, el turismo se no va al carajo. Es todo un mérito, es el único sector que les faltaba por joder. Lo han conseguido.

John P. Herra
John P. Herra
12 ddís hace
Responder a  ricarrob

Afortunadamente, ni quemando el patrimonio, como ya hicieron alguna vez, lograrán joder el turismo. Ni con el confinamiento y su secuela, cuando tenías que comer a medio kilómetro del vecino de mesa y poniéndote la mascarilla entre bocado y bocado. Cuando levantaron la veda, las reservas se dispararon y nuestro sentido del “carpe diem” subió de graduación.

Basurillas
Basurillas
10 ddís hace
Responder a  basurillas

Me debo comer, y con mucho gusto, las palabras de mi comentario anterior. Y justo en una obra de peatonalización de la calle enfrente de mi casa: cinco mujeres, tres de al parecer de hispanoamérica y otras dos posiblemente españolas trabajando en la obra. Una recogiendo escombros, otra empujando una carretilla, dos mirando un plano, y la última hablando con un encargado. ¡¡¡Bravo por ellas!!!

Julen
Julen
15 ddís hace

Si Tom Hanks hiciera “Náufrago” hoy en día, ¿cómo sería?

basurillas
basurillas
15 ddís hace
Responder a  Julen

Claramente su amigo de soledad en la isla y en la escapada marítima no se llamaría Wilson. Tendría un nombre más hispano. Y en cuanto a su pelo, mucho más corto, para eso estaban las cuchillas de los patines sobre hielo, que lo mismo rasuran que sacan muelas.

Aguijón
Aguijón
15 ddís hace
Responder a  Julen

Pues la verdad, no lo sé, pero tanto el náufrago de Hansks como el resto de “robinsones” sólo son una mala copia de Pedro Serrano y la historia que nos contó Garcilaso de la Vega “el inca”.
Esa sí fue una gran historia real.
Saludos.
PD: Serrano y su compañero de fatigas terminaron desnudos y llenos de pelo por todo el cuerpo.

Javier
Javier
15 ddís hace

La barba de tres días es más creíble que la “barbilampiñez”. Al igual que el cine es más creíble que la política.
Si usted echa un ojo a nuestros políticos, los ganadores, los triunfadores, el primero y el segundo puesto en el cajón, son barbilampiños, con una imagen cuidada a escuadra y cartabón (Esto va sin segundas), de chico listo con matrícula en Harvard. Del tercero para abajo, ya va asomando algún folículo piloso facial. Abascal Conde, a lo Wifredo el Belloso. Rufián Romero a lo Al-Mutamid. Belarra…no me diga que a Belarra Urteaga no le quedaría bien una barba postiza, al estilo de la madre de Byant, el de la Vida de Bryant.
Los actores hoy están cortados por el mismo patrón: Chulazo con músculos de gimnasio y barba incipiente, cazadora de cuero y voz ronca e inentendible, tanto que necesita uno un sonotone para entender la película. Pero mejor así. Fíjese el chasco que se llevaron algunas con Rock Hudson.
Es siempre preferible el actor camaleón, a lo Robert De Niro, o Eduard Fernández.
Saludos.
P.D.
Mi solidaridad con usted frente a los intolerantes.

ricarrob
ricarrob
15 ddís hace
Responder a  Javier

Ríome a carcajadas de esta descripción. Si a la niña (es un decir) del exorcista le ponemos barba, ¡acaba y vámonos! Pesadilla terrorífica servida.

Aguijón
Aguijón
15 ddís hace
Responder a  Javier

Yo hago una reflexión sobre nuestros políticos:
Desde la transición ningún calvo ha ganado.
Sólo Calvo Sotelo llegó a presidente pero sin ganar, y era calvo dos veces.
Tanto Fraga como Carrillo fracasaron.
También Almunia y Rubalcaba.
Debe ser el subconsciente.
Saludos.

ricarrob
ricarrob
15 ddís hace
Responder a  Aguijón

Y uno sólo con barba y… nos salió rana sin pelo. Este que no vió al vecino como le pelaban o quizás no tenía vecinos y no puso la suya a remojar.

En cuanto a las mujeres, que no son calvas (ni siquiera Carmen Calvo), ni tienen barba, o eso creo, las tienen en los partidos principales como comparsas. Quizás deberían dejarse barba para que las coloquen de candidatas. Feminismo de medio pelo.

Sobre los peinados de los políticos se podría hacer un estudio psiquiátrico total. De ellos y de ellas. Un ejemplo: ¿saben ustedes adivinar quien es esa que tiene un peinado que parece el casco de Lord Vader? Seguro que le han dicho que no se mueva ni un pelo… y se lo ha tomado literal, imitando a su jefe que tampoco se le muve el casco ni un milímetro. No sé si se echan laca a kilos o es yeso directamente.

Bueno, es temprano y yo con estos pelos…

Aguijón
Aguijón
14 ddís hace
Responder a  ricarrob

¿Diana Morant?
Confieso que he tenido que mirar los nombres de las “ninistras”…
Sáqueme del error si no estoy en lo cierto.
Saludos.

ricarrob
ricarrob
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

Ha acertado usted a la primera. Enhorabuena.

basurillas
basurillas
13 ddís hace
Responder a  ricarrob

¡Ay! La única ministra con bella sonrisa y me la ponen en el disparadero de la permanente. Pero ojo con la señora que es teleco y nos podría construir la Estrella de la Muerte. No me la imagino diciéndome por la mańana: yo soy tu padre.

Javier
Javier
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

En los últimos treinta años, las democracias occidentales extirparon de sus presidencias a los calvos, ya sea en fase aguda (Tipo bola de billar), incipiente (A lo Ted Kennedy) o disimulada (a lo Anasagasti).
Quizá Francia y Alemania se salten la norma (Kolh, Merz, Miterrand, Giscard D’Staing). En el Reino Unido, desde que desapareció Churchill, ya nada es lo mismo; los primeros ministros/tras/tres, son cada vez más mediocres, y todos gozan de buena pelambre.
Moraleja: Vote sólo después de escuchar a los potenciales candidatos por radio, sin imágenes de su pose que le distraigan.
Si en la época de Churchill hubieran existido la televisión, o las redes sociales jamás hubiera llegado a Downing Street, aquel triponcete, borrachín y fumapuros que le echó bemoles a la Segunda Guerra Mundial.

Aguijón
Aguijón
14 ddís hace
Responder a  Javier

Tiene usted razón

Aguijón
Aguijón
10 ddís hace
Responder a  Aguijón

Darle la razón don Javier merece 11 negativos… me reitero tiene usted razón, espero que la reiteración merezca 25, ánimo pues y un saludo don Javier.

John P. Herra
John P. Herra
14 ddís hace
Responder a  Javier

La que va a armar… Si le leen en Harvard, me veo venir un nuevo wokismo contra el heterocapilarado. Que los manes hirsutos nos protejan.

Javier
Javier
13 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Es que antes, a Harvard, si iba a estudiar alguien de las Españas, solo iban los niños peras. Hoy igual va cualquier hijo de diputado electo digitalmente.

Aguijón
Aguijón
15 ddís hace

Sobre barbas y calvas

Nunca he visto yo en la barba
Rasgo de tranquilidad,
Y, sin embargo, la calva
Denota que hay dignidad.

Sé que mi opinión es mía,
Y no sirve a los demás,
Hay quien de ella abomina
Y en Turquía los verás.

En fin que, sobre los gustos,
Que siempre son muy variados,
Cada cual escoja el suyo
Y así todos arreglados.

Incluso habrá que en su vida
Cambie presto de opinión
Y acabe odiando con ira
Lo que antes alabó:

“Todos los tiranos se abrazan como
Hermanos,
Exhibiendo a las gentes sus calvas
Indecentes…”

“Otros vendrán
Que el camino no habrán de labrar.
Él lo labró
A los otros les toca sembrar…”

Observo que los tiranos
Han lucido siempre barba,
Desde tiempos de romanos
Los “bárbaros” las llevaban.

En cambio, con Julio César,
Que ejerció de dictador,
Y con su calva cabeza
Alcanzó Roma esplendor.

Ya en épocas más recientes
Se ha podido comprobar
Que barbudos “indecentes”
Impiden la libertad.

Y no sólo pienso en Cuba,
Recuerden ustedes Irán,
Son barbudos esa turba
Que guía el ayatolá.

Habrá quien eso debata,
Puede que tenga razón,
La cosa se desbarata
Hablando de religión:

Jesucristo luce barba,
Como icono religioso,
El Buda sentado calva
Y con un “look” espantoso.

Digo yo que, en ese aspecto,
También tendrá su valor
Haber leído el prospecto
Que don Arturo narró.

Hay barbas metrosexuales
Con calvas de quita y pon:
David Beckham, Luis Rubiales
Y Gonzalito Miró.

E incluso calvas reales
Con barbas de condición:
Che Guevara, Fidel Castro
Y Juan Carlos de Borbón.

Pepe Bono, Hilario Pino,
Telly Savalas, Yul “Brynner”…
Eran calvos, lo sé a fijo
Y sin ser un detective.

Willy Nelson, Demis Roussos,
Kabir Bedi, Bud Spencer…
Lucían barba en sus usos
Como artistas influyentes.

Mas me sumo a don Arturo,
Eran barbas de verdad
No simulacros velludos
Destinados a engañar.

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
15 ddís hace

Peor era para los que llevamos barba o perilla el tema de los “Hipsters”, esos que parecían leñadores, pero no habían salido de Moratalaz en su puta vida, moda que ya pasó a la historia, gracias a Dios y salían ellos muy varoniles con su luenga barba y el pelo recogido en un moño samurái. A los que la llevamos de toda la vida, nos daba repelús ver a tanto cenutrio, tanto en la ficción como en la vida real, simulando ser un vikingo urbano. Como todo pasa, hasta las modas, nosotros seguimos con nuestra barba de toda la vida. Aparte de la barba de tres días, me carga que los actores hoy en día, hablan en susurros y sin vocalizar, lo que obliga a subir el volumen de la tele para adivinar que coño están murmurando. Por eso casi todo el cine que veo tiene al menos 20 años o mas.

John P. Herra
John P. Herra
15 ddís hace
Responder a  Pepe Cuervo

Siempre me he dejado la barba en invierno, pero cuando empezaron a salir los lametacones de los hipsters, voy mejor afeitado que Rock Hudson. Pero que escozor de gente.

José Ángel
15 ddís hace

El cine ha cambiado, ahora los protagonistas son héroes por estética (muy simple, debo añadir) y no por sus actos. ¿Para que crear un personaje profundo si una estética inducida en el público es más eficaz, representando una personalidad que no existe, pero no hace falta mostrar? Cuándo el arte deja de serlo…

Diego Alejandro Ramírez
Diego Alejandro Ramírez
14 ddís hace

Las películas no se suelen rodar en orden cronológico (salvo algunas excepciones). Sería lo ideal, claro. Ahora todo depende del plan de rodaje dictaminado por el productos o/y el director.
Además, para qué facilitar las cosas si se pueden hacer difíciles, complicadas y hasta absurdas.
Otra detalle es la coherencia entre plano y contraplano. Me divierte ver como botellas, vasos, cuadros, ventanas aparecen y desaparecen entre toma y toma. Se imagina si el actor, entre toma y toma, pasa una semana o un mes?
Antes la industria era LA INDUSTRIA con sus inmensas unidades de producción y, entre todas ellas, el maquillaje era otra cosa. Para qué someter a los pobres actores a largas secciones de maquillaje si se puede mantener un aspecto en toda la película. Se evita el trauma dérmico y se bajan los costos.

David Sepúlveda Pérez
David Sepúlveda Pérez
14 ddís hace

“Antes todos sabíamos que las pelis mentían, pero no importaba porque eso era el cine. Ahora quieren que lo engullamos cual si fuera verdad”.
Y ese, damas y caballeros, es el problema.

Alberto
Alberto
13 ddís hace

Que diferencia con aquellas terribles barbas que algunos lucíamos en los Tercios Saharianos, al terminar el campamento lo primero que hacíamos era dejar de afeitarnos para emular a nuestros mayores.

TLo
TLo
11 ddís hace

Pues mira, puestos a elocubrar, hay que ver para lo mucho puede dar una barba de tres días…Ya lleva algún tiempo de moda. Algunos la llevan con elegancia. Les sienta bien. Otros no están muy favorecidos… ni fu ni fa. No siento ningún interés por rascarme la piel si la inrrasurada barba presenta un aspecto poco higiénico, si el portador tiene púas en vez de suave cabello facial. Suelo agradecer el roce casual de un encuentro de mejillas que despiertan mi interés, evocan tiempos pasados, todavía deseados. Y si le acompaña un ligero aroma personal pues es con lo que me quedo.. repetiría again, and again and again. Ad infinitum!

Alicia Vellio
Alicia Vellio
8 ddís hace

Las barbas incipiente en los hombres y los pechos erectos de quirófano de las protagonistas, ya sea que representen a Juana de Arco, a una aborigen, a Cleopatra o a una respetable señora de 60 años.