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4 de febrero de 1936: El baile del chocolate jurídico

4 de febrero de 1936: El baile del chocolate jurídico

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Martes, 4 de febrero de 1936: El baile del chocolate jurídico

Era la primera noche en lo que iba de mes que Pepe Mañas subía al centro. La primera vez que mi abuelo entraba en el hotel de moda. Proyectado por un arquitecto francés, aquel Ritz de seis plantas databa de la primera década del siglo y fue uno de los primeros edificios en emplear en su construcción hormigón armado. En 1910 se estrenó por todo lo alto, con la decoración más exquisita: alfombras de la Real Fábrica de Tapices, mobiliario de Lizarraga y Sobrinos, espejos y cristalería de Pereantón, vajilla de Limoges, cubertería de The Goldsmiths.

A Madrid le faltaba un sitio para recibir a la aristocracia europea, y en los años transcurridos desde su inauguración el Ritz se convirtió en un referente de la vida social y en un lugar donde los cocineros eran franceses y el castizo chocolate caliente era sustituido por el té que bebían los aristócratas antes de bailar cada tarde el foxtrot y el charlestón, como en el resto de Europa. El hotel, comprado por la familia Marquet, se distinguía por el respeto exquisito de la etiqueta y así, nada más entrar, mi abuelo se cruzó con un plantel de presentes y futuros abogados, a cual más trajeado.

—Coño, Mañas, ¿cómo andas? —exclamó Paco Gutiérrez, que llevaba pajarita.

"¿Sabéis por qué me hice abogado, chicos? Porque tenía un tío registrador de la propiedad que cada vez que llegaba a Madrid me invitaba a salir con él. El tipo sacaba billete tras billete. Por donde pasaba, todos lo conocían y le saludaban"

Estaba hojeando el ABC y lo dobló para encararse con él. En la foto de la página se veía a una atractiva actriz, vestida para matar, fumando frente a su partenaire: «Marlene Dietrich, que tiene por pareja a Gary Cooper en la película americana Marruecos, volverá a trabajar con él en Deseo». Desde que Gil-Robles la vetara, la Dietrich vivía sus horas más gloriosas en la prensa. A Pepe Mañas, que traía El Heraldo bajo el brazo y había estado leyendo la sección de política y, en concreto, la noticia en que hablaban de la significativa derrota de Julián Besteiro en la Agrupación Socialista Madrileña, le molestó la frivolidad de Gutiérrez, y más en las circunstancias actuales. Él estaba muy preocupado por la situación. Pero aquello no parecía ir con su compañero.

—Ven que te presente, Pepe, que conviene que te vean la cara. Mira, Juanito Flores; aquí José Luis Soler, también pasó por el instituto San Isidro, solo que es más joven que nosotros… Ahí tienes a Ricardo Gullón, de la Universidad Central…

Toda la sala estaba llena de abogados que celebraban el tradicional baile del chocolate jurídico, un acto por el que anualmente pasaban sus excompañeros de facultad. La mayoría tomaban cócteles que servían camareros con librea. Algunos, achispados, hablaban más alto de lo normal. Otros rompían a bailar. Los más formales los observaban y miraban de reojo a las atildadas mujeres de la alta sociedad madrileña, jóvenes y no tanto, que inspeccionaban la congregación varonil. Había mucha flapper, chicas modernas de pelo corto, adictas al jazz, que fumaban y hasta, en algunos casos, conducían. La moda llegaba a España. Más de una pegaba hebra con futuras estrellas de la abogacía, y Mañas no se acababa de sentir del todo cómodo. Pero no había manera de escapar de la charla insustancial de Gutiérrez.

—¿Sabéis por qué me hice abogado, chicos? Porque tenía un tío registrador de la propiedad que cada vez que llegaba a Madrid me invitaba a salir con él. El tipo sacaba billete tras billete. Por donde pasaba, todos lo conocían y le saludaban. «Qué tal, don Francisco. Cómo está usted, don Francisco». Viéndolo, me dije: «Yo quiero ser como él», y me metí en la carrera. El problema es que pronto comprendí que, más allá de su sueldo, mi tío vivía sobre todo de las rentas… Y aquí me tenéis, compañeros. Ja, ja.

"A su alrededor se evitaba hablar de política, aunque no había que ser muy fino para darse cuenta de que todos estaban inquietos. Madrid, en espera de elecciones, era un hervidero de rumores"

Pepe Mañas le dio un buen trago a su gin-tonic. El alcohol empezó a hacer efecto. Las luces parecían más luminosas, los comentarios más inteligentes, las mujeres más guapas. A su alrededor se evitaba hablar de política, aunque no había que ser muy fino para darse cuenta de que todos estaban inquietos. Madrid, en espera de elecciones, era un hervidero de rumores. Pero no parecía tema de conversación apropiado para la ocasión. Esto es un oasis, pensó. Un espejismo de paz y mundanidad en medio de un país en plena transformación.

—Mira ese grupo de jueces —murmuró Gutiérrez, en un aparte—. No hay ninguno que no podamos meternos ahora mismo en el bolsillo por diez mil pesetas. ¿Qué te parece? Por cierto, ¿qué tal van tus oposiciones a notarías, Pepe?

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