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4 poemas de Carlito Azevedo

Carlito Azevedo es un poeta, editor y traductor nacido en Río de Janeiro, Brasil, en 1961. Editó durante más de diez años la revista Inimigo Rumor y tradujo al portugués la poesía de Pierre Reverdy, Max Jacob y Henri Michaux, además de la prosa de Gustave Flaubert y César Aira. Obtuvo el Premio Jabuti por Collapsus linguae y el Premio Alphonsus de Guimarães de la Biblioteca Nacional do Brasil por su antología Sublunar. Publicó, además, en poesía As banhistas y Sob a noite física. En nuestro país la editorial Kriller 71 Ediciones publicó en 2015 su libro Monodrama. Presentamos una selección de poemas con traducción de Aníbal Cristobo.

***

El ángel boxeador intenta describir una escena

1.

Un joven dibuja círculos con el humo
del cigarrillo
y está acostado
en el suelo
leyendo un libro

Frente a él hay otro joven que
también dibuja círculos con el humo
del cigarrillo
y también está acostado
en el suelo
leyendo un libro

El primero tiene las rodillas erguidas
y entre las rodillas
en el aire
sostiene la rueda delantera de una bicicleta

El segundo también tiene las rodillas erguidas
y entre las rodillas
en el aire
sostiene la rueda trasera de una bicicleta

Mientras la vida microscópica
se arregla como puede y
según las propias leyes
los dos jóvenes
siguen leyendo y
dibujando círculos
con el humo
de los cigarrillos
lo que por lo demás
disimula mal
el no poco esfuerzo
de sostener una bicicleta
entre las rodillas

2.

Sobre todo porque
montada en la bicicleta
suspendida en el aire
pedalea
tomada por el entusiasmo
una chica
de 8 años
que está huyendo de casa
con toda la simplicidad
y todos los espasmos
está huyendo de casa
con todo su sexo
y todas las mañanas
está huyendo de casa
con toda su fuerza
y todas las montañas

3.

Agreguemos ahora que
la sala donde tiene lugar
esa escena es totalmente negra
de una negrura espesa y betuminosa
de alquitrán
lo que da a los círculos de humo
producidos por los jóvenes
acostados
un aspecto luminoso
no tan luminoso
sin embargo
cuando el rostro
de ella
mientras tanto
tomada por un frenético
entusiasmo
pedalea y
habla
sin parar
pedalea
parada
y sin parar

4.

En este instante
el ángel boxeador
para de describir
la escena que está
presenciando
y piensa que si algo de nosotros
sobrevive al fin
del junco
pensante
hipótesis remota

aunque al fin hipótesis
aunque al fin remota
entonces el ángel boxeador
se promete
en esa improbable
hipótesis
agotar todas las
posibilidades
de contrabandear
en la hora de la muerte
y hacia dentro de la muerte
burlando
el lavado de cerebro
del paraíso
alguna cosa
alguna
más mínima
cosa
de esa chica
la sonrisa
el color de sus ojos
la forma de
sus botitas

***

Sobre una fotonovela de Juan Nepomuceno

El auto averiado junto a la mata de espinos
después de derrapar, he aquí la circunstancia.
Pero

-está claro-

había un amor haciendo

todo doler. Y, en el asiento de atrás, la nube de
coñac y marihuana de donde emergían,
iluminados, sepia, los rostros de K. y
de la joven india.

“Extraño que todo esto no

parezca una pesadilla”, decía Aníbal, “con
tanta luna, la world music de los animales del
borde del camino.”

Pero el poema iba creciendo,

como el óxido en las puntas espinosas de la
carrocería, junto a la mata de espinos,
después de derrapar.

***

Estoy hablando de días soleados,
estoy hablando de días oscuros, es decir,
estoy hablando de flores, sí, de lomos
de libros, por lo tanto, de grabados de oro, es
decir, de niños jugando y nadando en el agua,
de la inundación, de quemar las cartas del escritor famoso,
del humo subiendo y dejando aquella mancha
en el techo, no estoy hablando de las colinas de Berkeley
sino de los entregadores de pizza portorriqueños de
Berkeley, de los entregadores de pizza húngaros de
Santiago, se diría que de libros que no se abren, de
puertas que no se abren, de sueños que no,
de una pesadilla recurrente, de una resina,
de un caballo corriendo, no son libros de arena.

***

Pálido cielo abisal
que no nos protege,
es antes cómplice, o mentor
intelectual de esas ruinas,
de nuestras mentes mutiladas.
Al pasar por ciertas casas y calles suburbanas, sucede a veces
que nos deparamos con algo
que brilla deslumbrante y disimétrico,
y nos conmueve al punto de que nos preguntamos
si de su aparición escandalosa, su cola
luminosa de átomos y vacío,
podrán surgir un día
muchachas aseadas en vestidos
de flores, llevando de la
mano a niños bien peinados
a la Escuela Municipal,
el Sueño Municipal.
Me detuve un día en una de esas
plazas y, acostado sobre el
césped, me puse a escuchar la
desconexión absoluta de
todas las hablas del mundo, de
todos los sueños del mundo.
Al levantarme para buscar
un poco de agua en el tanque
vacío vi (encarándome)
una rata que incluso
así me recordó a
Debra Wingers
abandonada en el desierto.

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