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5 poemas de Logan February

Foto: Victor Adewale.

Logan February es un poeta no binario, además de ensayista, crítica musical, cantante, compositora y activista por los derechos LGBT nacido en Anambra, Nigeria, en 1999. Elle y sus obras han sido destacadas en The Guardian Life, Dazed, The Rumpus, Lambda Literary, Washington Square Review y Africa In Dialogue, entre otros. Es autore de In The Nude (PANK Books, 2021) y tres capítulos de poesía. En 2020, recibió el THE Future Awards Africa Prize for Literature. En España Kriller71 Ediciones publicó en 2021 Fuckboys, con traducción de Ezequiel Zaidenwerg.

***

Echarse atrás

Si el amor fuera un mar,
una diosa nodriza,
un tragaluz.
Si otra vez el vacío
de la foto se llenara
de pájaros. Si el tiempo
se extendiera
ante todes nosotres, un horizonte
Y nadie preguntara:
¿y ahora qué?
Si se me retorciera
el corazón, listo para estallar
como los fuegos artificiales.
Claro que me preocupo. La tierra
cae cada vez más en menopausia.
Lo celebramos con un brindis. Fiesta
en la playa. Año Nuevo
en la Isla de Lagos. Cruzar
la línea cósmica de llegada,
una semiótica de la turbulencia
de nuestras mentes. O tal vez no
turbulencia sino esto: lo que viene. Ya sé
lo que merezco. Estrellitas de bengala
en el espejo. Ruidos futuros. Un calor súbito.
Si no me hubiera arrastrado la marea,
me metería corriendo.

*** 

Marido es la palabra más hermosa

En ese calor tremendo
nos hicimos un festín. El aceite
dorado de especias, el susurro
travieso, diluyéndose, de la sartén
nos recordaba viejas quemaduras.
Sabor a carne tibia. Umami.
Qué rico estaba. De tus dedos, la sal
era una bendición. Me tuve que
sacar la camisa. Para sacarte
el cuchillo de la mano. Ojalá hubiéramos
tenido borgoña. Estábamos atrapados
en una especie de silencio. Cuando terminó
la canción, empezó a sonar de vuelta.

***

De piedra

A veces estás comiendo una manzana,
o tomando ginebra en una fiesta pésima,
y te acuerdas de tu garganta y su tersura.

A veces lo único que tienes puesto
es el peso de tus emociones, y tu único abrigo
es algo que se mueve en el abismo de tu barriga,

que te hace pensar: Ah, al final, yo
no era de piedra. Cualquiera puede imaginarse
la estatura de un chico así de hermoso, pero ¿quién

se acerca lo suficiente para notar el brillo nuevo de los ojos?
¿Quién se pregunta si no será el jugo dulcísimo
de alguna fruta blanda sobre tus labios, y se estira

para probarlo? Eso es poco frecuente. Eso es ternura, como
los dientes de mármol que rasgan la piel roja de la manzana. Eso
es amor: cuando él saca la boca de la sal de tu dolor

y también termina llorando.

***

La esperanza en un cajón de abejas
a la manera de Sylvia Plath

Cruzo los dedos quebrados para pedir un deseo:
que las ramas de los árboles me protejan de los dragones

y del mal. Pululan escarabajos por el sillón.
Mi terapeuta dice que la palabra es “trauma”.

Un pájaro caído se hace humo.
Yo revuelvo el azúcar en mi té, parado en la mitad

del vendaval de hojas secas. Espero que
papá me esté esperando donde termina el bosque

pero ya sé que él no existe más.
Me llueven las pastillas que me recetaron.

***

No amo nada que no me quepa en las manos
a la manera de Hanif Willis-Abdurraqib

No amo nada
que no me quepa en las manos.
Pero, por otra parte, tengo manos grandes.
Entonces prefiero las cosas pequeñas,
para poder armar un montón de cosas:
mi piedra deforme de la suerte,
la cadena oxidada de la puerta,
el clip para rascarme lo que me pica por dentro,
el corazón con forma de caracol de mi novio,
blanco como una perla, limpio de sangre.

Todo el mundo lleva las de perder en su propia historia:
¿qué problema hay en guardarle un lugarcito dentro de mí?
¿Por dentro todo el mundo
no trata de ocultar algo,
de meter de contrabando a alguna bestia cálida?
Echo de menos mi casa en mi propia habitación,
no vuelvo a mostrar la cara hasta que
mis ojos cobren vida de nuevo.

Buenas noches, ventana.
Buenas noches, pared.
Buenas noches, hermanito.
Buenas noches, noche. Perdón por estar
tan triste. Todo el mundo
lleva las de perder en su propia historia.

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