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4 poemas de Patricia Suárez

Patricia Suárez es una poeta nacida en Mieres, Asturias, en 1999. Es graduada en Lengua Española y sus Literaturas. Especializada en Comunicación por la Universidad de Oviedo, donde actualmente investiga la recepción del Quijote en la novela española contemporánea. Es vicepresidenta cultural y didáctica de la asociación de filólogos SOPHVM y, coordinadora del proyecto de literatura asturiana, Asturian Writers. Es autora de libros como Limerencia (2017), La flor cortada (2019), La genealogía de los espejos (2023), Telémaco en la garganta (2024), Premio en el XIII Concurso Literario de la Universidad de Oviedo, y Sorolla fue tu voz (2025). Ha ganado la beca «Asturies» de literatura en la Residencia 1863 de Coruña (2024) con un proyecto basado en la teoría del género de Judith Butler, así como el XXII premio internacional de relato corto Eugenio Carbajal (2024).

***

YA NO ESTÁ LA HIJA
paseando por la cinta de la infancia
jugando a qué ser de mayor

—qué es ser, mayor, le pregunto al tiempo—

Ya no está: no la busques
ya no dice la palabra recreo
ya no formula el término profesor

—la niña se fue y nació mujer—

Qué es ser, mujer, le pregunto al sexo

Tener una pared y hacerla casa
tener un cuerpo y cederle un vestido
tener un espejo y mostrarle el rostro
tener una cama y cambiarle la sábana

Ya no está
la caligrafía párvula
el calendario escolar
el juego en el parque de papás y mamás

—la letra se fue y escribe en Word—

Qué es escribir, literatura, le pregunto a la experiencia

Tener un género y proponerle disputa
tener un verso y hacerse poeta
tener un pintalabios y esconder la boca
tener un perro y ponerle correa

—ostentar una idea y nacer metáfora—

Poseer una vivencia y hacerla biográfica

Ya no está esa aprendiz a historia
corriendo por el parque en busca de la fábula
resbalando sobre el tobogán de la sombra

deshaciendo su presente
con la vocación de futuro

Ahora
quien se mira
es la otra.

***

VAS SIGUIENDO A LA LUNA
y, cuando te cansas, a mitad de camino,
pintas
una mesa
una silla
un rotulador
un folio
y existe tu espacio en mitad de la península

Dibujas la luna, pero llena parece
una señal de tráfico
un ejercicio geométrico
un anillo sin dedo
una moneda sin cara
un espejo sin cristal
el ojo sin mirada de un niño;
entonces,
escribes un sustantivo bajo la incompetente incógnita:

«luna»

Pero no es luna
lo que buscas, sino la luna
sin título
más allá del olivo castellano de la ficción

Quizá,
antes de trazar las líneas del escritorio,
hay que medir
lo que ocupa tu cuerpo en el cuadro
y para qué quieres el astro.

***

EXISTES EN EL RELIEVE LLAMADO
poniendo el eco al silencio a través de tus pasos

Ilusionas, en ilustres adjetivos,
al tiempo acostado sobre la llanura de tu camino

Observas, en sintonía con el paraje,
el rubor de esta porción de España en la que cabe el mundo

Dibujan tu perfil los girasoles de Castilla
y miro cómo te miran los rincones que andas

La llaman Ampudia de julio
y te nombra estatua corrida del verano:
quedas, en ella, como el amarillo transformado
en dorado cuando tú pintas este cuadro

Tus ojos han visitado las calles
y Palencia, de julio, se viste de rojo traje
para celebrar que hoy mi mirada de turista se afinca
a tu ruta de recuerdo:

el efecto de darte, de espaldas al frente, la mano
la causa de observarte, hacia delante, la vida

Sumas en trayectos de infancia
las voces de mi polifónico terreno
y, ahí estás, en la casa sin número
con vistas a la plaza de un pueblo

El reloj se para cuando el color llama a nuestra puerta:
hoy, este, tu, Sorolla, recoge el interior de tu nombre
que responde al realismo de una meseta
que espera, entre ciudad y materia, la suela de tus sandalias.

***

ME VEO EN LOS OJOS DE MI MADRE:
el simulacro de su iris
se hace incendio en mi mirada

Paseo, por el perfil de sus pupilas,
como la niña que busco
como la adulta que habito
como la mujer que visto

—día a día, con las dioptrías
de unos puntos afincados al testimonio—

Recibo el quién eres
con la firmeza de responder lo soy
con la inocencia de haber sido ella
con la confianza de tenerme ella como su otra

Yo,
Aprendo cada vivencia posesiva:
su andar visual explora los caminos de mi vida
como un peregrino que atisba las huellas de otro viajero
y crezco, maduro, cumplo, ordeno

Exploto en la calidez del recuerdo
como una turista recién llegada del sur

En los ojos de mi madre,
veo la playa, el mar, la ola, el juego, la orilla:

los castillos de infancia
rendidos al oficio de la escritura
los cubos de arena
tendidos sobre el trabajo
el helado de verano
vendido a la investigación

Solo descubro la imagen:
la capturo, la aprieto, la estructuro

Posa una hija
por cada pie que avanza
Reposa una niña
por cada vela que sopla

Se dice Patricia en sus brazos
y se pronuncia territorio genealógico de su puerto

Me veo en los ojos de la palabra madre
que conforma y remonta
como un sustantivo adulterado
por las capas de la metáfora heroica

Observo que, desde los ojos de mi madre,
hay un nombre que me llama.

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CAMILO ARIAS
CAMILO ARIAS
1 mes hace

me tomó por sorpresa lo buenos que son

Antonio
Antonio
1 mes hace

Esas frases resultan, en verdad, bastante mediocres. Aunque, si hemos de ser justos, en el tiempo literariamente menguado que atravesamos, tampoco parece razonable esperar demasiado más de cierta poesía contemporánea.

Ojalá Zenda Libros acertara a descubrir poetas de auténtica entidad: algún heredero de Machado, de Lorca o incluso de Góngora. Conozco a varios cuya música verbal y cuyo rigor expresivo son muy superiores a lo que suele celebrarse; sin embargo, continúan sin el reconocimiento merecido, acaso porque nadie les dispensa la promoción –gratuita, interesada o nacida del simple amiguismo– que a otros tan generosamente se les concede.

A la autora solo cabe animarla a seguir escribiendo, sí, pero también a internarse con mayor profundidad en su propia emoción, para que el sentimiento deje de ser mera enunciación y alcance verdadera densidad poética..

Fernando
Fernando
1 mes hace
Responder a  Antonio

Poeta joven, no se le puede cortar las alas.
Me gusta mucho la poesía y no me gusta toda la poesía que leo, como tampoco me gusta toda la música que escucho.
Los dos primeros poemas están bien.
Quizás con el tiempo estén mejor.

Antonio
Antonio
1 mes hace
Responder a  Fernando

Que un poeta sea joven no significa que deba ser leído con condescendencia. La juventud no invalida la exigencia, ni la exigencia corta las alas: a veces, precisamente las afina. Es preferible una crítica verdadera a una benevolencia paternal.

Enrique Palma Vignale
Enrique Palma Vignale
1 mes hace
Responder a  Antonio

La poesía es arte. Te puede gustar o no. Si no te gusta, es mejor no decir nada.

Antonio
Antonio
1 mes hace

Precisamente porque la poesía es arte, admite lectura, juicio y crítica. Reducir toda discrepancia al ‘si no te gusta, calla’ empobrece bastante la conversación.

Pelayo
Pelayo
1 mes hace

Hay poetas que escriben versos y poetas que crean mundos. Patricia
Suárez pertenece a estos últimos. Su labor es un regalo para quienes buscamos en la poesía un refugio y una pregunta constante. Gracias, Patricia, por recordarnos a través de tu métrica y tu sensibilidad que la palabra todavía tiene el poder de conmover y sanar.

Última edición 1 mes hace por Pelayo
Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  Pelayo

Don Pelayo, no seré yo quien niegue la sensibilidad que usted ve en Patricia, eso es subjetivo y propio de cada cual, pero la métrica no la puede ver ni usted ni nadie porque carecen de métrica alguna tales versos.
Saludos.

Diego Asenjo
Diego Asenjo
1 mes hace

Patricia Suárez está publicada en Zenda por sus méritos, que son reconocibles y argumentables: inteligencia, sensibilidad, intuición y una voz propia en construcción. No por amiguismo ni por promoción interesada, acusación que, dicho sea de paso, se lanza sin un solo dato que la sostenga.

Su poesía construye atmósferas con eficacia, y eso no es algo que deba pasarse por alto. En «Ya no está la hija» hay un andamiaje formal claro (las preguntas al tiempo, al sexo, a la experiencia) que funciona con contención y coherencia. Y «—la letra se fue y escribe en Word—» es un hallazgo genuino con esa irrupción de lo cotidiano en medio de lo lírico.

Lo que alguno aquí hace al invocar a Machado, a Lorca o a Góngora no es criterio crítico. Es usar el canon como garrote. La crítica literaria honesta mide una obra en sus propios términos y argumenta con el texto delante. En ese comentario no se cita un verso concreto, no se señala un fallo específico, ni se propone una lectura alternativa. Solo hay una pretendida superioridad.

Suárez tiene 27 años. Le espera mucho tiempo por delante para seguir puliendo su obra. El trabajo que se ve en su poesía, su esfuerzo y su talento son suficientes para merecer que la leamos con respeto y atención.

Última edición 1 mes hace por Diego Asenjo
Julián
1 mes hace

Patricia transporta al que sabe “mirar”, con su lenguaje poético, lo que se esconde detrás de “una niña / una adulta / una mujer” que pretende y/o aspira a encontrarse en el espacio divino donde lo poético se configura, nos habita y nos (re)hace. Bravo.

Alba
Alba
1 mes hace

Nuestra sociedad, a lo largo de los siglos, se ha dedicado a elaborar juicios a toda manifestación artística que surgía. Muchos de ellos, basados en una superiorad moral, incluso, en estereotipos, totalmente cuestionables.
Me pregunto si se llegó a cuestionar que muchos de los grandes clases respetados (con razón) hoy en día estaban a la altura de predecesores como Horacio.
La poesía, como otros géneros literarios, evoluciona para adaptarse a una cultura en constante cambio que represente a los ciudadanos de cada década y siglo.
Y eso hace Patricia Suárez, como otros tantos escritores y escritoras contemporáneos. El uso de diferentes categorías gramáticas como analogías es una característica de su obra que permite explorar temas cotidianos como la familia y el autoconocimiento desde una perspectiva estructurada, pero a la vez subjetiva, como debe de suceder en la poesía.
Quizás la autora no sea para todo el mundo, pero estoy segura de que a muchas personas les ayudará a analizar la realidad que les rodea de manera sensible y cercana.

Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  Alba

La poesía evoluciona a lo largo del tiempo, cierto, pero pretender hacer pasar por poesía lo que no lo es, no es una evolución, es una degeneración.
No es el caso de Patricia pero, desafortunadamente, sí se da demasiadas veces.
Si Horacio, Ovidio, Virgilio o cualquier clásico hubiesen hecho algo parecido a lo que ahora pretende imponerse nadie los recordaría.
Todo el mundo se inspira en lo que antes ha conocido, no sigue sus pautas pero le condiciona en su obra. Para que eso ocurra la obra anterior tiene que ser conocida, mucho me temo que nadie en un futuro conocerá nada de estos “nuevos” vanguardistas.
Antes de llegar al surrealismo Lorca y Dalí, por ejemplo, ya dominaban con soltura las respectivas técnicas de sus disciplinas, uno la copla andaluza y el otro la pintura clásica, después experimentaron, no antes, hoy experimentan desde el principio abusando tanto del verso libre como de la paciencia de los lectores que cada día se alejan más de la poesía aunque se edite más poesía que nunca.
Saludos.

Jandro
Jandro
1 mes hace

Personalmente no soy muy fan de la poesía en general, prefiero las narraciones sean en prosa o en lírica, pero con la poesía de Patricia Suárez siempre me encuentro intentando desentrañar el significado de los versos, los cuales dan la sensación de mostrar la profundidad de la propia alma de la autora; sus vivencias, anhelos, momentos vitales y reflexiones personales, me gusta especialmente el de la madre pues evoca el contacto con la infancia y la idea de la continuidad en la descendencia.