Vivimos tiempos de charlatanes y falsos profetas, entre palabras tan manoseadas que pierden el sentido original. Libertad es una de ellas, sobre todo cuando se la utiliza, paradójicamente, para justificar la sumisión. Ahí tenemos el debate siempre aplazado, siempre incómodo, sobre el burka y el niqab: prendas que cubren por completo el cuerpo y el rostro de algunas mujeres musulmanas —el hiyab es otra cosa, simple pañuelo en torno a la cabeza—. Y que, según notables idiotas con voz pública, son expresión legítima de identidad y autonomía.
El Islam extremo inculca a las mujeres, desde niñas, que su cuerpo despierta turbios instintos en los hombres, y que la virtud consiste en ser invisibles excepto en casa para el esposo y la familia. Aquí la frontera entre convicción e imposición se vuelve difusa: portavoces del feminismo y la izquierda radical que denuncian el control del cuerpo femenino en otros ámbitos —presión estética, cosificación, explotación sexual—, sostienen que prohibir el burka o el niqab es un atentado contra la libertad de esas mujeres. Pero el feminismo surgió, entre otras cosas, para cuestionar a quienes imponen cómo vestir, comportarse o mostrarse. Defender esas prendas, por tanto, es admitir la desigualdad según la identidad. Algunas voces de la más imbécil supuesta izquierda española sostienen que una prohibición de estas prendas sería islamófoba y racista, confundiendo así la crítica a una práctica indigna con el rechazo a una religión o una comunidad.
Ninguna libertad es absoluta. Europa no permite la mutilación genital femenina aunque haya quienes la defiendan como tradición, ni acepta el matrimonio forzado aunque se invoque la cultura. El límite está en la dignidad y los derechos fundamentales de la persona. Y ni el burka ni el niqab respetan eso. Es cierto que en España el número de mujeres que los lleva todavía es reducido; pero también lo es que en Francia, Bélgica, norte de Italia, algunas zonas del Reino Unido o de Alemania, su uso va cada vez a más en comunidades donde las interpretaciones rigoristas del Islam ganan terreno. Pensar que España es inmune a eso resulta ingenuo.
Un argumento habitual es que prohibir estas prendas en espacios públicos castiga a las mujeres, dejándolas más aisladas. Eso esquiva la cuestión: qué mensaje transmite una sociedad cuando acepta que parte de ella viva cubierta, invisible, sometida a normas religiosas. No es casual que, en países donde el burka o el niqab son obligatorios, las mujeres también tengan prohibido el acceso a la educación, el trabajo o la participación política. Se da, por tanto, una evidente incongruencia en ciertos discursos feministas extremos: al mismo tiempo que reivindican la visibilidad de las mujeres, defienden su invisibilidad física. En Europa, debido al auge del radicalismo religioso en la creciente —e irreversible— población musulmana, hay demasiadas mujeres atrapadas en estructuras de poder complejas, donde la presión no siempre es violencia explícita: miradas reprobadoras, defensa del honor, miedo a qué dirán el imán o los vecinos. Además, cada una de esas prendas transmite un mensaje a las niñas que miran, musulmanas o no. Les dice que es posible —y tal vez deseable— que la mujer se cubra mientras el hombre lleva el rostro descubierto.
Quienes rechazan una limitación legal argumentan que el Estado no debe decidir sobre la vestimenta. En realidad el Estado ya regula aspectos de la indumentaria, por seguridad, por identificación, por neutralidad en determinados espacios. La cuestión es con qué criterio hacerlo y para proteger qué valores. Urge desmontar los argumentos de quienes, por miedo a coincidir con la derecha radical, sostienen lo insostenible: una postura, ésta, muy estúpida y muy española.
Pero desde cualquier punto de vista, el burka y el niqab son sumisión a una teocracia extrema, repugnante, oscura y siniestra; y decirlo en voz alta es simple higiene moral. A Europa le costó siglos y sangre librarse de sacerdotes y tiranos, y es intolerable que nos los traigan de nuevo.
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Publicado el 30 de abril de 2026 en XL Semanal.


Muy de acuerdo en todo.
En contra de ese mensaje absurdo de una neoizquierda esclava de sus complejos, y en contra de los que quieren involucionar este país, convirtiéndolo de nuevo en sombras oscuras de un patético pasado, en el que la mujer también estaba sometida a la voluntad del marido, al sermón del cura o a la propia legislación; llámense Abogados Cristianos o blanqueadores del franquismo con nombre de diccionario.
Quién argumenta que está prohibición encerraría a estas mujeres en sus casas está renunciando a perseguir una práctica delictiva cual sería la retención de una persona en un lugar cerrado, en suma un secuestro. Es decir, carecen del valor de perseguir estás conductas para “no entrometerse en ámbitos privados”. Otro ejemplo más de cogérsela con papel de fumar.
Agamenón o el porquero
El auditorio reía
A mandíbula batiente
Mientras Nasser exponía
Cómo fue el incidente.
El jefe de los hermanos
Le pidió al Presidente
Imponer en sus dictados
La norma sin precedentes.
Y Nasser le contestó:
– Empieza tú con tu hija…
Que al parecer no aceptó
Lo que su padre decía.
Egipto, años sesenta,
Ni el hijab bien se veía…
La mujer iba contenta
Con la cabeza “vacía”.
Don Arturo, es vital,
¿El problema es coincidir
Con “derecha radical”
En el tema expuesto aquí?
¿Las “hijas de Robespierre”
Defienden la “integridad”
Y, después de La Vendée,
Nos hablan de “libertad”?
La verdad es la verdad
En este mundo rastrero,
La diga, con claridad,
Agamenón o el porquero.
Ya vendrán nuevas memorias
De los vendidos felones
Para que “cubran de gloria”
El forro de sus calzones.
Que es una elección de las musulmanas es un cuento: no hay más que ver la cara de amargura de muchas que llevan prendas que solo dejan ver la cara en el temible verano madrileño.
Lamentablemente, la evolución de la población en Europa es de baja natalidad entre los europeos, comparada con la alta de las familias musulmanas. En poco tiempo, surgirán partidos políticos islámicos, que ganarán escaños en los parlamentos. ¿Cuánto falta para que se imponga esta costumbre a todas las mujeres, musulmanas o no?
Ya hay partidos políticos islámicos.
Añado que la norma de la vestimenta es hipócrita: resulta que si un hombre es lascivo, la culpa es de las mujeres que pasan por la calle. ¡Vamos!
Bueno,el tema en mi opinión, no tiene mucho recorrido. Si el enmascaramiento femenino de debe, en el fondo, a una práctica machista, debe prohibirse por ser contraria a los derechos protegidos por la Constitución y por muy diversas normas de todo tipo, rango y territorio implicado.
Y si se debe a una cuestión religiosa que obliga a únicamente uno de los sexos, además de discriminatoria, chocaría frontalmente con el carácter laico del Estado.
Y por encima de todo, nada nos obliga a aceptar pautas cuasi medievales contrarias a los principios que rigen nuestra sociedad desde hace siglos y en un entorno occidental que comparte los mismos principios, y que costó muchos esfuerzos y notables sacrificios introducir en nuestra sociedad.
Lo que deberíamos hacer en las calles de nuestro país es mirar fijamente, todos y todas, a las enmascaradas como bichos raros -tal y como deberían sentirse- de forma que la presión social de la mayoría de la ciudadanía fuera, en número e intensidad, muy superior a aquella que las obliga al enmascaramiento; tal y como se miraría a un maltratador que maltrata publicamente y con violencia a una mujer, con la única diferencia de que, normalmente, ese maltratador no está presente pues ya no le hace falta de tanta violencia física y psíquica y presión social empleada . Y en último caso si quieren seguir con esta práctica que vuelvan a su país donde es tolerada.
Pues si Allah el Misericordioso no piensa así, tal vez sea menos misericordioso de lo que nos quieren hacer creer…
¡Ojalá España fuese un Estado laico de verdad, y al 100%, y se apartara la religión de cualquier acto público de vida civil o militar!
Pero no es así: tal y como recoge la tan (no para mí) apreciada Constitución, España es un Estado aconfesional, que no es lo mismo, ni de lejos, que laico.
España es un Estado legalmente aconfesional y culturalmente católico.
El catolicismo ha perdido peso en la sociedad y con un par de pontífices como el anterior y el actual pronto podrá cumplir usted ese sueño húmedo de ver un Estado laico.
Espero que apoye a quienes realmente se enfrentan para que no usted ni sus descendientes padezcan un Estado islámico.
Saludos.
¿Sueño húmedo?
Es usted tan soez como sus coplillas
Sí señora, lo soy, pero lucharé por que usted no tenga que usar un burka.
Una vez más, don Arturo, lo ha clavado y tiene toda la razón. Otro artículo de los que resultan necesarios para abrir un debate que demasiada gente prefiere esquivar. Pero, si me permite, desde la mirada de una mujer, sus palabras me parecen aún más valiosas por otra razón que no menciona.
Crecer siendo mujer en Occidente es hacerlo con un mapa de pequeñas batallas. Disentir, pensar, estudiar, escribir, caminar sola de noche sin miedo, mirar de frente… Es una conquista que empieza en lo más íntimo, se prolonga durante toda la vida y que a nosotras nos permite aportar muchísimo a la sociedad. Por eso me indigna tanto que se considere un gesto de tolerancia defender lo que solo es sumisión, sumisión pura y dura. A mi modo de ver, hay una línea muy fina entre el respeto a otras culturas y la ceguera cómplice. Y, sobre todo, es una enorme traición a los esfuerzos de todas las que nos precedieron.
Yo puedo decidir si ponerme o no algo. Sin embargo, la niña que crece bajo esas imposiciones no decide, solo obedece (y a menudo su obediencia es el precio que paga para no ser golpeada, excluida o, en el peor de los casos, asesinada). Por lo tanto, defender esa elección como libre es aceptar una derrota que, como usted bien dice, nos costó siglos de sangre superar.
Por cierto, me pregunto si, en el fondo, esa ceguera cómplice de la que hablo nace más del miedo a ofender que de una reflexión de verdad. Ojalá alguien pudiera explicármelo.
Gracias por escribir cosas así, por alzar la voz de esta manera. Artículos como este hacen mucha falta.
Ceguera cómplice, cobarde y lucrativa. Esa “imbecil supuesta izquierda española” se beneficia de subvenciones de los ayatolás o como se escriba; mi falta de respeto por ellos y sus doctrinas me lleva a darme lo mismo como se escriba su nombre.
Leer tu comentario ha sido como leer la réplica perfecta. Con tres adjetivos (cobarde, cómplice y lucrativa) has ido más lejos que muchos párrafos enteros. Toda la razón, y gracias por compartirla.
Saludos cordiales.
No te excites, que yo también lo escribo así, con Y griega y tilde.
Siempre me he regido por algunas reglas: el equilibrio, la búsqueda de la razón, la huida del blanco o del negro, la búsqueda del matiz. No me gustan, no me gustaron nunca, las verdades absolutas, los dogmas de fé indiscutibles; el o lo tomas o lo dejas, el conmigo o contra mí.
El Islam, es una realidad incomprensible para nosotros, creemos que es algo venido del siglo VII que amenaza con instalarse en nuestras vidas en el siglo XXI. Al menos esa es la explicación que se nos da, eso es lo que se nos dice. Pero el Islam es algo muy homogéneo, hay muchos islames, muchas corrientes, tantas como cristianas, como judías. Pasa, que el Islam más estándar, y el más cerrado, el que emana la monarquía árabe, es el que más dinero tiene para comprar voluntades, abrir mezquitas, o montar centros sociales. Imagínese usted que organizaciones ultra católicas como el yunque, u organizaciones ultra protestantes estuvieran sentadas sobre el petrodólar, lo que no harían.
Matizado el tema, he de decir que me parece mal la medida de la prohibición del burka; en primer lugar porque el burka en nuestras calles es residual, y la mujer musulmana que vemos por la calle va con el simple pañuelo que le cubre el cabello, la cabeza, y deja el rostro a la vista. En segundo lugar, me parece que es crear un problema donde no lo hay. En cuanto al decoro de la mujer en el vestir, el cristianismo y el judaísmo también lo sugieren, otra cosa es que lo impongan, sino lo hacen es porque no pueden.
De todos modos, y sin querer caer en el progresismo barato, y puestos a salvar a la mujer de sus las imposiciones; yo me preocuparia también de las que vienen del negocio de la moda: tallas insignificantes, vestimentas para niñas de catorce años que parecen diseñadas más por algún pederasta de tres al cuarto, que por un diseñador de modas de verdad. Me preocuparia también por la cosificación que del cuerpo de la mujer hace el capitalismo, la vanalizacion de conductas sexuales mediante el acceso incontrolado a la pornografía, dejando que niñas de doce años salgan a la calle vestidas como gogós de discoteca. Eso, no es cultura judeo-cristiana, ni greco-latina; eso es pederastia enmascarada de moda, y corrupción de menores. Lo veo más importante, ahora mismo, que prohibir el burka.
Pero esa es mi opinión.
Saludos.
Gracias, por fin un comentario que señala el elefante en la habitación. Podemos señalar —y muchas veces con razón— los vicios de otras sociedades, pero no es menos cierto que lo que se denomina “cultura occidental” se ha convertido en una cáscara vacía, donde poco queda ya de la herencia judeocristiana, griega y romana. A menos, claro, que entendamos que los valores romanos los representa Mesalina y no Marco Aurelio.
Y ese es precisamente el problema que yo veo: nuestra supuesta cultura, así como nuestra herencia cultural, se ha reducido al consumismo desmedido en medio de una sexualización permanente de todo. Si alguien entiende que una sociedad que representa eso es sinónimo de cultura y libertad, que la defienda. Yo, por ello, sí que no voy a mover ni un dedo.
Estoy con usted, yo tampoco voy a defender ese tipo de sociedad. De ahí mi comentario. Saludos.
Javier, gracias por un comentario tan meditado y tan bien argumentado. Se nota que huye usted de los dogmas, y eso es de agradecer. Totalmente de acuerdo en que el burka es aún residual en España, y en que hay otras imposiciones sobre el cuerpo de la mujer que también merecen debate (las tallas imposibles, la hipersexualización de la infancia, la pornografía al alcance de un clic). Pero me pregunto si no será precisamente por ser aún residual por lo que conviene hablar ahora, antes de que deje de serlo. Porque cuando algo se normaliza, ya es demasiado tarde para debatir.
Hombre, dicen que una sociedad prevenida vale por dos, pero a veces es mejor dejar venir los acontecimientos. El burka y el nikap son prendas, que no están presentes en la calle de forma masiva. En el caso del burka, yo no he visto ninguno todavía, y en el caso del nikap, en veinticinco años que llevo viviendo en Madrid, donde hay una población musulmana notable, habré visto un par de mujeres portándolo. Me parece muy heavy legislar sobre una prenda que las mujeres musulmanes que viven en este país, ni visten, ni creo que estén dispuestas a que se la impongan, por muy musulmanas que sean.
¿Sabe usted que el burka, en Afganistán, nació para cubrir el cuerpo de las mujeres de la alta sociedad, de las mujeres de los notables, y que la mayoría de las mujeres del país, apenas cubrían su cabeza con una especie de escharpe de seda? El burka fue una imposición de los talibán, a finales del siglo XX, por cierto, talibán que fueron creados a los pechos de los Estados Unidos.
Pienso que las mujeres, en nuestro país, en nuestra sociedad, estan sometidas, como usted muy bien ha comentado, a imposiciones más visibles, y que rayan muchas veces lo inhumano y lo indecente, y legislar acerca de eso, si sería de utilidad,al menos, mucho más que hacerlo de una prenda que no es usada en nuestras calles.
Quizá el mero hecho de sacarlo a colación sea dar aire a los que desean que los musulmanes no se integren manca, a los que buscan el enfrentamiento, y no la adaptación.
Gracias por su comentario y saludos.
Javier, gracias por este nuevo comentario. No sabía lo del origen del burka en Afganistán ni lo de los talibanes. Me ha parecido un dato muy revelador, que me hecho pensar. Entiendo su postura, de verdad. No obstante, sigo pensando que hablar de esto ahora, cuando aún es residual, es justo lo que evita que luego sea tarde, pues cuando algo empieza a verse, ya se ha normalizado. Y legislar entonces es mucho más difícil. Dicho esto, coincido plenamente en que hay otras batallas más urgentes. Pero quizá no sean incompatibles, sino complementarias.
Un saludo.
Disiento con los tres del carácter residual de la cuestión. Ello puede ser así en grandes ciudades, aunque hay barrios y barrios muy diferentes en ellas; pero la realidad que yo conozco en pueblos medianos, por ejemplo de la sierra madrileña, donde la impresión al pasear por sus calles es la de una verdadera invasión consumada, es totalmente distinta. Las realidades no empiezan sólo en los grandes núcleos urbanos, pueden producirse en comunidades menos grandes, en forma de manchas de aceite que van extendiéndose poco a poco y que acaban por permeabilizar toda la estructura social, máxime con la elevada política de nacimientos de estas sociedades, fruto normalmente de otras imposiciones culturales respecto al colectivo femenino.
Invasión….pero aquí no estamos hablando de la presencia masiva de musulmanes en las calles, estamos hablando de la presencia del burka en esas mismas calles.
El burka es residual, porque los musulmanes que viven hoy en España, en su mayoría vienen de Marruecos, donde el burka es un elemento tan ajeno a ellos como a nosotros.
Apreciado contertuliano Á., gracias por traer su perspectiva. No había caído en la realidad de los pueblos medianos y me parece un argumento muy atendible. Lo de las manchas de aceite es una imagen perfecta. Comparto la idea de fondo, aunque yo no usaría la palabra «invasión», es una palabra muy cargada, pero entiendo lo que quieres decir. La cuestión, tal como lo veo yo, no es solo el burka, es todo lo demás que viene con según qué interpretaciones del islam cuando no se frena a tiempo.
Un saludo de admiración.
Gracias Amanda, por fin alguien ha comprendido la cuestión intrínseca. No se trata solamente de los signos exteriores de la sumisión femenina por motivos machistas y/religiosos. Se trata de la dimensión humana más íntima, donde a las mujeres, desde su círculo social, desde su propia familia, desde el minarete y, en especial, desde la figura arcaíca de los maridos, padres y hermanos dominantes en el hogar, convierten a la mujer en un ser subsidiario y sometido al hombre; estado que se rige por normas sociales más intensas que cualquier ley de un Parlamento. Prácticamente sólo una o dos generaciones nos diferencian casi de esa misma situación en la España de la dictadura. En aquella España de velo y vestidos decorosos hasta la nausea, de autorizaciones del marido para tener una sencilla cuenta bancaria, etc, etc. Aunque sólo sea una posibilidad lejana yo no viviría feliz nuevamente en una sociedad como esa. Yo quiero a una mujer y hombre libre de ataduras salvo las que acepte voluntariamente. Y en esa libertad se incluye también el no a las reglas impuestas por la moda, por la publicidad o por cualquier grupo de presión político, social o económico.
Á., gracias a ti por este nuevo comentario. Me ha gustado mucho lo que dices de que apenas un par de generaciones nos separan de aquella España de velos, autorizaciones maritales y decoro impuesto. Es una verdad que a veces se olvida, y conviene recordarla. Celebrar la libertad de las mujeres (y de los hombres) que eligen sus propias ataduras es, como bien dices, la única forma de no retroceder.
Quiero que sepas que para mí es un privilegio enorme debatir contigo y no veas lo muchísimo que me alegro de que sigas al pie del cañón.
Son dos batallas distintas, en mi opinión, y las dos son importantes y hay que lucharlas. Hoy tocaba hablar y debatir sobre una de ellas. La otra, respecto a la sexualización abusiva y la moda como práctica denigrante y alienante (incluso relacionada con prácticas alimenticias infames, saludablemente equívocas y publicitariamente agresivas y uniformantes) no puede justificar, creo, olvidar o restar importancia a la planteada por don Arturo.
Saludos.
Ya, pero resulta que una, yo si la veo a menudo por la calle, es el burka el que no veo.
De acuerdo contigo en casi todo, pero aunque sea residual (todavía), mejor prevenir que curar…
Tocayo, cuando dice lo de; mejor prevenir que curar; y hace referencia a la residualidad, ¿lo hace en referencia al burka o al islam?.
El burka, es una prenda residual, autóctona de un determinado país del planeta, llamado Afganistán.
Reflexionamos, por favor.
Determinada enseñanza del islam, repito, sentado sobre el petrodólar es una cosa. Pero no es el todo.
Saludos.
Queda claro, muy claro, que don Arturo no evita los debates incómodos. Lo hace desde la fama y el reconocimiento universal (que ha obtenido por méritos propios, no por estar casado-con o ser hijo-de) de acuerdo, pero lo hace. Y eso es algo que hay que agradecerle, porque como no haya más personas libres (y no sujetas a la autocensura y la opinión remunerada), con sustancia (y no ignorantes) y con relevancia pública, estamos acabados. Una enfermedad puede acabar con un organismo sano si no se trata, y para tratarla, hay que detectarla. Me cae el alma a los pies cuando veo que los únicos que señalan los peligros de la inmigración islámica son los de Vox, aunque desde una perspectiva esencialista que me parece muy desatinada. No hace falta una bola de cristal para comprobar qué ocurre en una sociedad europea cuando los políticos son incapaces de gestionar la necesaria inmigración. Bastaría con observar qué ocurre en esos lugares mencionados en el artículo donde todo se ha ido de madre: los inmigrantes no se integran, ni por la educación ni cuando alcanzan cierto nivel económico; se crean ghettos de los que huye la clase trabajadora indígena (que acaba votando a los Le Pen de turno), problemas sociales de todo tipo y un sentimiento de rechazo en un sector de los nacionales que impulsa el auge de partidos que añaden más leña al problema y que se llevan al antiguo votante de izquierdas por la inoperancia de los partidos socialistas locales.
Todo eso ocurre, en resumidas cuentas, cuando la inmigración está descontrolada y supera la capacidad de integración de una sociedad. Siempre ha habido inmigración e integración, pero si hay más inmigrantes que nacimientos, te cargas los mecanismos de integración por inundación. No sólo es responsable el tirano (del que no nos hemos librado, don Arturo) que compra el voto del inmigrante al que ha regalado paguita y papeles con dinero público. Esa clase de políticos, por cierto, representan el sainete del enfrentamiento con ciertos empresarios sin escrúpulos, pero en realidad ambos van de la mano en explotar a la clase trabajadora nacional (con inflación y otros impuestos el uno y con la competencia de los inmigrantes que asegure sueldos bajos el otro). También es responsable el ciudadano que ha decidido quedarse con los beneficios de la sociedad sin los sacrificios, y por supuesto, ese falso feminismo que ha liberado a la mujer de la crianza para soltarla en un mercado laboral donde, si quiere ganar al hombre, tiene que renunciar a tener hijos y aún pareja estable, porque lo primero en la vida es el éxito profesional, claro está. Todo una estafa piramidal de un capitalismo de baja calidad y una izquierda pilotada por burgueses universitarios sin mácula de grasa.
En España no sólo habrá un problema de integración, aquí habrá un problema mucho más difícil, tal vez mortal. Tenemos a los cortagargantas en Malí, a dos pasos de aquí, a punto de reconstituir el califato. Sún más cerca tenemos a un verdadero califa en Rabat que, aunque reblandecido por efebos y fiestas en París, aspira a quedarse con el Sáhara, Canarias, Ceuta y Melilla. Eso de momento, y ahora con el apoyo del tarado de Washington y el Radovan Karadzic de Tel Aviv (gracias, Pedro Sánchez). Digo de momento, porque su sueño húmedo es al-Andalus, que no es el nombre de Andalucía, sino de la España musulmana medieval.
Todos conocemos a muchos compañeros marroquíes que no están en eso, pero tenemos un problemón en la medida en que sus hijos se integren en España y prefieran ser ciudadanos españoles a ser soldados del Profeta. No es un problema de religión en sí, porque el pañuelo, la alfombra o la escafandra sobre el cuerpo femenino también es un problema social en países musulmanes. En Argelia, Túnez, Egipto, Siria, etc. se dio la paradoja de que las madres llevaban vaqueros y la cabeza descubierta mientras las hijas venían de la universidad con la cabeza cubierta, o que los padres eran de izquierdas y los hijos salieron fundamentalistas. Don Arturo vio todo eso en sus años de reportero.
La que se nos viene encima, como no empiece a haber gente como don Arturo que señalé el problema y abra el debate. Por cierto, don Arturo, ni nos hemos liberado de sacerdotes ni de tiranos. Los sacerdotes, simplemente, están centrados en lo que deben estar centrados. El cristianismo se ha aplicado hasta sus últimas consecuencias las máximas de “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” y “Mi Reino no es de este mundo”. Esa distinción no la tiene el islam. Eso sí, nuestra cultura, costumbres e instituciones siguen teniendo fundamentos cristianos. Por eso los parlamentos, la limitación del poder por la ley y la noción de libertad se originó en sociedades cristianas. Otra cosa son los tiranos. De ésos, no nos hemos liberado. A esos siempre los tendremos con nosotros, por eso hay que trabajarlo y no soñar con utopías. Aquí se metía en celdas a los místicos, hasta que se demostraba que eran verdaderos místicos. Sigamos con ese santo y cristianísimo escepticismo hacia los profetas de ocasión y las soluciones milagrosas.
¿Sabes, John, que tu comentario se lee con la calma que merecen las cosas que NO han sido escritas a la ligera? Así he leído tu magnífico comentario y créeme si te digo que lo he leído dos veces, porque en la primera he encontrado mucho y en la segunda aún más, como suele ocurrir con los textos que de verdad valen la pena, con los que no se agotan en una sola lectura sino que se van desplegando poco a poco, como si estuvieran vivos o como si hubieran sido escritos precisamente para ser releídos.
Me quedo con dos ideas que me han parecido brillantes. La primera, que la inmigración descontrolada rompe los mecanismos de integración, y eso lo estamos viendo aunque haya quienes prefieran no verlo, o peor aún, quienes prefieran mirar hacia otro lado mientras se les llena la boca de palabras que ya no significan nada porque han sido vaciadas de tanto emplearlas. La segunda, que la distinción entre el poder temporal y el espiritual que hizo el cristianismo es una de las claves de nuestra libertad, y eso, dicho así, en medio de un comentario de Zenda, te reconcilia con la lectura y hasta con la vida.
Ya lo dijo Aristóteles, o algo por el estilo, que el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice. Y tú, John, piensas todo lo que dices, se nota, y te doy las gracias por ello, de verdad. Encontrar ideas así, expresadas con este cuidado, es algo que no pasa todos los días.
P. D. He leído tu otro comentario, John. Me ha llegado hondo. Eso de que el trabajo que no conoce el éxito queda para unos pocos (a veces para una misma) es de esas verdades que, cuando se escuchan, ya no se olvidan. ¿Quién sabe si alguna vez nos hemos cruzado sin saberlo? Sería estupendo poder charlar algún día con alguien como tú que piensa con tanta claridad. En los tiempos que corren, donde abunda la superficialidad, encontrar a una persona culta, para mí, es como recibir agua de mayo. Ojalá.
Gracias, Amanda. De culto, nada, créeme. Entiendo y comparto el último párrafo de tu comentario. Respondí a tu razonamiento de la poeta de marras. Tengo que matizar que si somos y nos sentimos libres, también es por una opción personal, que, dicho sea de paso, me resulta difícil imaginar fuera de un país de cultura cristiana.
John, gracias por tus palabras. Lo de que la libertad es también una opción personal (y que resulta difícil imaginarla fuera de un país de cultura cristiana) me ha parecido un matiz muy, pero que muy lúcido. Y sí, tienes razón con lo de la poeta de marras. Es antropológicamente interesante cómo, hoy en día, cualquiera se autodenomina poeta y lo hace sin rubor alguno. Me alegra que compartas mi opinión a ese respecto.
Lo del párrafo final, y perdona que insista, lo mantengo. Para mí eres una persona culta e inteligente, y por lo que intuyo a través de tu escritura (que deja entrever una humildad poco común), también buena gente. Por cierto, no te lo digo por halagar, sino por lógica.
Nos leemos, John.
Gracias por creerme buena gente.
Ahí has tocado algo sensible. Esa es una de mis aspiraciones en la vida, y yo también lo digo en serio. Lo demás me importa menos. Ser una buena persona y seguir siéndolo a pesar de todo; el que la maldad pueda hacerte sufrir, pero no inclinarte de su lado, mantenerte firme y poniéndo la otra mejilla y, a pesar de todo, ser feliz porque has logrado ser libre, ser dueño de ti mismo… Eso es el éxito en la vida para mí, Amanda, lo hemos hablado en otras ocasiones. Habrá gente a quien eso le parezca pueril y ridículo. ¡Qué poco me importa! Así que, gracias, porque en eso sí quiero ser un triunfador y ya se nota que tú lo eres.
John, ahora sí que me has dejado sin palabras.
Ser buena persona y seguir siéndolo a pesar de todo, eso que dices que es el éxito en la vida, es justo lo que mi madre siempre nos repetía a mi hermana y a mí, siendo nosotras demasiado jóvenes como para quedarnos sin ella, antes de que un largo cáncer de huesos se la llevara. Que el mejor legado que podía dejarnos era la educación, la cultura y, por encima de todo, la bondad. Que fuéramos amables con el mundo, con lo que nos rodeaba, sin esperar nada a cambio. Haber leído tus palabras ha sido un bálsamo, un poco como volver a escucharla. Así que gracias, John, de corazón.
Por Dios, de pueril y ridículo nada de nada. Es una forma de estar en el mundo, y tú, estás de esa forma.
Nos leemos.
P. D. Por cierto, he comentado en la entrevista a los Casanova y a Carles Esquembre, y te he mencionado. Creo que tu comentario allí merecía una réplica. Por si quieres pasarte.
Extraordinario este comentario John. Sueltas verdades como puños, como puñales para rasgar ataduras.
Gracias, amigo B. Te leo siempre con interés, a ti y a los otros, y siempre encuentro cosas nuevas para reflexionar y que no se dicen.
Por cierto, no he leído al amigo Ricarrob esta semana. A ver si se anima.
Sí, a mi también me ha sorprendido desagradablemente su ausencia. Espero que no le haya disgustado nuestra plática como supuestos Kevin y Yoli de la semana pasada donde le cité. O tal vez le esté agobiando, como a mi hace unas cuantas semanas, la actuación del Club de los negativos.
Si nos lees… ¡Ánimo!
Gusto saludarlo Maestro, ya nos hacía falta y como siempre, dando una lección magistral de lo que debiera ser pero no es, si estas feministas vivieran en Irán, por ejemplo, entonces estarían luchando contra las burkas, así es la humanidad…..
La voz que clama en el desierto… y perderemos la cabeza de la misma forma. Pero es mejor morir defendiendo una justa causa que vivir esclavo.
Excelente caracterización: Religiones fundamentalistas y dictaduras se hermanan en las formas de reprimir. Callarse es complicidad, como el PSOE o Rusia o izquierdosos de la “buena conciencia” ante el régimen cubano, que impone otras formas de burka y nikab.
Buenas tardes , seamos honestos ¿es un problema de inmigración en general? o mas bien de “cierto tipo de inmigración” . El choque cultural , social y religioso es demasiado brusco para ser asimilado por ninguna de las dos partes. Nosotros no estamos dispuestos a retroceder 500 años de historia de conquista de derechos civiles y ellos no están preparados ni dispuestos a que les regalen algo que no se han ganado…
Ellos sí se lo habían ganado en Egipto, en tiempos de Nasser, hoy no lo han perdido del todo pero no es lo mismo. Sí se lo habían ganado en Irán, el del “malísimo” Sha, también en Afganistán, antes de la invasión soviética, y, por supuesto, en el crisol cultural del Libano.
Sigue habiendo en Jordania un alto grado de libertad y respeto a la mujer, quizá no como en occidente, pero nada que ver con otras “monarquías” del golfo.
En Marruecos hubo más libertad para la mujer en tiempos pretéritos que ahora, aunque el del pelo naranja esté a partir un piñón con “mojarmé. Las mujeres musulmanes de Ceuta y Melilla vestían vaqueros y minifaldas sin ningún tipo de complejo, hoy ya no.
Sigamos por ese camino y pronto nos veremos en un problema social de magnitud insospechada cuando pretendan imponer sus usos y costumbres a las mujeres de los demás, en países musulmanes condenan a “cristianas” por blasfemia.
Necesitamos otra reconquista
Necesitamos simplemente seguir viviendo según nuestros usos y costumbres, nada más, y nada menos.
A eso se llama tradición, y, aunque esté denostado el término, es lo que hay que hacer.
Hablamos del niqab pero no mencionamos el hecho de que los obreros del campo musulmanes guarden el Ramadán trabajando al sol en duras faenas agrícolas o que guarden fiesta el día del Cordero en un país donde la tradición es cristiano católica.
Acoger e integrar es otra cosa señores, háganselo mirar, lo mismo las muy laicas que tienen por nombre una santa de tradición cristiana.
Marta de Betania por ejemplo.
Y tengo un marcapasos también… lo que hay que leer…
En mis “sueños húmedos” usted es alguien con merece la pena debatir; pero los sueños, sueños son…
Un último consejo: clases de poesía y de buenos modales, porque lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta…
Para usted la perra gorda, enhorabuena don Pelayo.
Quien quiera ser culto en un solo día
La jeri aprenderá gonza siguiente:
Fulgores, arrogar, joven, presiente,
Candor constituye métrica armonía.
Las lecciones ya me las dio Quevedo, no me las va a dar usted ni los que riman Salamanca con palanca y esos céntimos se los guarda, no necesito perras ni gordas ni chicas.
Me encanta ,como escribe y piensa este hombre ,me gustaria mucho oirlo hablar en directo pues mantener una conversacion con el seria ridiculo pues yo no acabe la egb,pero es que habla con tanta inteligencia,no se deja influir por las masas y lo transmite muy bien en lus lineas
En educación, en mi opinión, “el asombro” es la asignatura principal. Y de eso usted parece sobrada. Saludos.
Muy acertada la opinión de Pérez -Reverte, cuyas novelas no me canso de leer y releer. Como escritor principiante me gustaría poder hacerle algunas preguntas, y no sé cómo contactarlo.
Alguna quizá las responda aquí: https://www.zendalibros.com/carta-joven-escritor/
Muchas gracias. Saludos.
https://pt.euronews.com/2025/10/17/parlamento-portugues-aprova-proibicao-de-uso-de-burca-em-espacos-publicos
Cumprimentos de Lisboa
Totalmente de acuerdo Señor.
Y con la mayoría de los comentarios en general.
Que importante y que difícil es este tema.
En Inglaterra, Cambridge, donde vivo hay una mucha población musulmana. En el colegio donde va mi hija, (un centro público y normal) hay varias familias musulmanas y de estas todas las madres llevan el hiyab, incluida una de las profesoras. También hay niñas muy pequeñas ya con el pañuelo en la cabeza.
Hay dos madres musulmanas que van con el niqab creo, completamente tapadas de negro de arriba a abajo, solo se les ven los ojos.
Da miedo, verdaderamente.
Me alegro de que en España todavía no estén las cosas tan mal. ¡Lo que me parece flipante es que haya “feministas” que defienden el burka!? Por favor..
Muchas gracias por sacar este tema Sr. Perez-Reverte. Es un debate muy necesario, hay que prohibir el burka, además que si no se hace realmente las dejamos solas
Lo que más va a molar de que la morería se quede con Europa es que a toda esa panda de descerebrados les van a poner bien al día…
Pues sí, lo que nos vamos a reir. Y no tardarán ni un momento en bramar en las redes sociales y poner el grito en el cielo (y en el infierno) por el retroceso democrático. Más les valdría leerse y aprenderse de memoria los artículos al respecto de don Arturo, que tienen en esta misma página bajo el título de “Sobre moros y cristianos”. No tendrán desperdicio para estas almas candorosas y almas cántaro.