Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Lunes, 5 de octubre de 1936: Hablando con Companys
Otra de las entrevistas importantes tuvo lugar en Barcelona y la firmó un español, quizá el mejor cronista de la época: Manuel Chaves Nogales.
—No podría estar más de acuerdo, señor Nogales.
—En primer lugar, me sorprende y seguramente sorprenda a cualquiera que haya estado intoxicado por lo que se dice de usted en cierta prensa, verle en persona.
—¿Por qué? ¿Qué se dice de mí?
—Sus detractores piensan que es un político ignorante y furibundo enemigo de España. Los suyos ven al apóstol de las causas nobles, un ejemplo de abnegación y sacrifico, un hombre de vida ascética y leal servidor de España. Son dos extremos, y a mí me gustaría dar una imagen razonable de su figura.
—Usted, que me ha tratado un poco, ¿qué opina?
—Lo pensé según venía hasta este palacio de la Generalitat. Creo que tiene usted la simpatía de los catalanes, que son extremos en todo: el tonto es más tonto que en ninguna parte, el laborioso más laborioso, el criminal más criminal y el inteligente más inteligente…
—Supongo que debo darle las gracias.
—Creo que el físico acompaña. Es usted hombre delgado, correcto de facciones, de ojos claros, expresivos, sonrisa franca. Sus maneras son casi juveniles, y eso que pasa usted de la cincuentena. Si no me equivoco, de chico lo llamaban Pajarito.
—Efectivamente. Por lo mucho que me movía. Era inquieto. La gente me consideraba un chicuelo improvisador, atolondrado.
—Hoy no resulta usted inquieto, sino elegante. Y no es la ropa. La vez que lo visité en la cárcel tenía usted un único traje, el mismo con el que viajó a Madrid a negociar el Estatut. Pero incluso lleno de jirones, tiene usted hechuras y maneras de dandi. Y por supuesto no es posible hablar de Companys sin mencionar el pañuelo de seda que desborda del bolsillo de su pecho. Le puede faltar a usted comida y sueño, pero no el pañuelo. Es un complemento de su personalidad. Algunos piensan que en ese pañuelo está usted todo entero. Blanco, limpio.
—Me halaga en exceso, querido Nogales. Estoy esperando que saque usted el aguijón que necesariamente tiene que venir detrás. A veure!
—No hay aguijón. Digo lo que pienso. Me sería difícil encontrar encanto en un hombre que no respire bondad, o atractivo a quien tiene el alma envenenada. Es usted socarrón, con sentido del humor, mucho seny. Pero está al frente de la Generalitat en el momento más dramático de la historia de Cataluña, y queda por ver si el encanto basta para dar la talla. Lo primero que querría saber, si me permite, es ¿hasta qué punto manda usted en el Gobierno de Cataluña, puesto que está cogido entre dos fuegos? ¿Cómo se lleva con los anarquistas y con el Gobierno de Madrid? ¿Cómo maneja usted ese huracán que está siendo el arranque de la sublevación de Franco?


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: