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5 poemas de Abierto toda la noche, de Charles Bukowski

5 poemas de Abierto toda la noche, de Charles Bukowski

Charles Bukowski (Andernach, 1920 – Los Ángeles, 1994) dejó a su muerte un inmenso legado de poemas inéditos. En palabras de la crítica Jennifer Schuessler: «El testimonio de una feroz ética del trabajo invertido, la fe en la autosuficiencia por medio de la atención infinita a uno mismo, el rechazo a desperdiciar siquiera la migaja más ínfima de mundo o de tiempo».

Estos poemas escritos entre 1980 y 1994 abordan los temas que hicieron de Bukowski un escritor tan venerado e imitado: la nostalgia por antiguos amores malogrados, las trifulcas en bares de mala muerte, el alcohol como combustible y condena, la euforia de la escritura cuando uno está en racha, la extraña belleza de los marginados de la sociedad, la enfermedad y el deterioro, todo ello dotado de una visceralidad más intensa a medida que el poeta barrunta la cercanía de su propia desaparición. Así, Abierto toda la noche constituye tanto una magnífica carta de presentación para quienes no se hayan adentrado todavía en el universo de Bukowski como un volumen imprescindible para los fieles seguidores del poeta.

***

a Jane Cooney Baker, fallecida el 22/01/62

así pues, te has ido
dejándome aquí
en una habitación con la persiana rota
y el Idilio de Sigfrido sonando en una pequeña radio roja.

y te fuiste tan rápido,
tan de repente como llegaste
y mientras te enjugaba la cara y los labios
abriste los ojos más grandes que aún pueda ver
y dijiste: «es posible que supiera
que eras tú»,
y me reconociste
aunque no durante mucho rato
y un viejo de piernecitas blancas
en la cama de al lado
dijo: «no quiero morir»,
y volvió a salirte sangre
y la sostuve en el cuenco de mis manos,
todo lo que quedaba
de las noches, y también de los días,
y el viejo seguía vivo
pero tú ya no,
nosotros ya no.

y te fuiste como llegaste,
me dejaste rápidamente,
me habías dejado tantas veces antes
cuando pensaba que me destrozaría
pero no me destrozaba
y tú siempre volvías.

ahora he apagado la radio
y alguien en el apartamento de al lado da un portazo.
la condena es firme: no te encontraré en la calle
ni sonará el teléfono, y ni un solo momento
podré estar en paz.

no es suficiente que haya muchas muertes
y que esta no sea la primera;
no es suficiente que pueda vivir muchos más días,
quizá incluso más años.

no es suficiente.
el teléfono es como un animal muerto que no
habla, y cuando hable de nuevo, ahora siempre será
la voz equivocada.

te he esperado otras veces y siempre has entrado por
la puerta. ahora tú tienes que esperarme a mí.

***

fui su amante

ahora me toca a mí
ascender a través de la ola verde
de burbujas de sangre,
mi cuerpo,
cebo en algún inmenso anzuelo;
nombres, ciudades, sueños,
ahora me toca a mí,
los he visto irse a todos,
amigos y amantes,
he visto al pianista seguir tocando
después de que se hubiera ido el público,
ahora me toca irme a mí,
toda la magnitud reducida a un dedal,
abajo,
abajo
con ellos, con ella,
ciudades tomadas y enterradas
así,
animales como montañas
y las propias montañas,
relámpagos y plegarias y luego
el mar,
extinguidos somos
como la nada,
como la nada somos
y el pianista sigue tocando
mientras diablillos se deslizan barandilla abajo,
me hundo
ahora a través de la ola verde
donde ningún rayo alcanza,
sostenedme,
aire y agua,
sostenedme,
apagad las
voces de las caras que comen pan duro y rechinan los dientes
y no dicen más que mentiras,
fui su amante y ella era la vida
y volvió la espalda y se marchó.

***

belleza desvanecida

eras, en los mejores momentos,
la delicada idea de una mano delicada
y cuando
bajo el amor de las flores sigo inmóvil y desvanecido
—mientras la araña bebe la hora cada vez más verde—
taño grises campanas,
que una rana diga

una voz ha muerto;

que las bestias del bosque,
los días que han odiado esto,
las tercas esposas de impávido pesar
planeen una pequeña rendición en alguna parte
entre Mexicali y Tampa;
tú desvanecida, los cigarrillos fumados, las hogazas cortadas,
y no vaya a ser que se tome esto por pena irónica;
echa la araña al vino,
resquebraja el endeble cráneo que apenas contenía luz,
haz que todo sea menos aún que un beso traidor,
y resérvame el último baile,
tú mucho más muerta que yo:

soy un cuenco para tus cenizas,
soy un puño para tu aire.

lo más inmenso de la belleza
es descubrirla desvanecida.

***

los mejores hombres son más fuertes solos

casi siempre mientras un hombre intenta
escribir
alguna mujer no para de entrar y salir,
quiere tal,
quiere cual.

casi siempre mientras un hombre está escribiendo
mantiene discusiones simultáneas con alguna mujer.

no es fácil discutir con una mujer y escribir
al mismo tiempo.
a veces creo que algunas mujeres tienen celos de
la máquina de escribir.

la máquina de escribir les costea comidas en restaurantes,
un coche decente, ropa, zapatos.
pero tienen celos de la máquina.
«cuando subes a escribir, me quedo aquí
sola», dicen.

cuando subo a escribir yo también estoy
solo.
hubo veces en que no había
adónde subir.
hubo veces en que solo era una habitación
con el retrete al fondo
del pasillo.
hubo veces en que no había habitación
ni máquina de escribir, solo un banco
en el parque.

«esa máquina es tu muleta», dicen
con buen juicio.

soy muy viejo para volver a la fábrica,
la fábrica no me querría
ya.

por suerte
esta máquina me ha sido tan fiel
como cualquier mujer que haya conocido.

y esta noche es una noche especial.
estoy solo de nuevo
igual que cuando empecé.

mis dedos sacuden las teclas.
la guerra nunca ha cesado.
me gusta esta lucha.

y ahora me doy cuenta de que
no hay nada tan hermoso y
tan puro y tan perfecto como una frase
bien escrita.

***

otro poema de amor

qué largas tienes las uñas, dijo,
Dios mío.

y yo dije:
no me corto nunca las uñas de los pies yo,
siempre hay alguna mujer que lo hace
por mí.

cogió el cortaúñas y empezó.

estaba en San Francisco
tumbado en el suelo.
ella era bailarina profesional,
habíamos hecho el amor, ido a Fisherman’s
Wharf, regresado y tomado una infusión
de hierbas, estábamos descansando antes
de hacer el amor
otra vez.

ella tenía un cuarto lleno de discos de música clásica
y libros,
hasta de los míos.

vaya uñas, dijo, Dios mío.
pero quédate quieto, no voy a
hacerte daño.

ya está, dijo cuando acabó de
cortármelas, ahora ya puedes buscar otra zorra
que te las corte la próxima
vez.

luego sacó un aceite y empezó a masajearme
los dedos y los pies.

vas a tener que hacerme un masaje en el cuello
a cambio, dijo.

le hice un masaje en el cuello mientras sonaba Mozart
y poco después estábamos haciendo el amor
otra vez.

ahora estoy de nuevo en Los Ángeles
sentado en la cocina
descalzo
y me vienen
a la cabeza imágenes
suyas.

Nina,
espero que la siguiente zorra que me corte las uñas de los pies
seas tú.

—————————————

Autor: Charles Bukowski. Traductor: Eduardo Iriarte. TítuloAbierto toda la nocheEditorial: Visor. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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