Este libro reúne por primera vez en español una selección de poemas —entre ellos, el célebre «Non omnis moriar», pieza en la que dejó escrito el nombre de la mujer que la había delatado a los nazis— de una de las voces más singulares de la literatura polaca del siglo XX.
En Zenda reproducimos cinco poemas de El ave de fuego. Antología de poemas (Báltica), de Zuzanna Ginczanka.
***
Soberbia
Somos
centros de círculos,
somos
centros de mundos
pensamos la palabra:
«yo»
cerrados en ella como con llave:
mi circunscripción, mi circunscripción c e n t r a l
no quiere hermanarse con la tuya:
somos
centros de círculos
y nos separan
siete colinas — —
nuestros círculos crecen de orgullo,
se inflan de soberbia,
—¡oh, círculos
lacustres de agua,
— oh, fama
que te agrandas!
en el chapoteo de la lejanía
ya no se oye nuestra propia ola —
nos perdemos en la hipertrofia desbocada
como en ciudades de hormigón armado.
— ¿De qué hablamos?
De nosotros,
que es bueno ser tu propio timonel,
que la libertad es nuestra patria
y nuestro orgullo multiplicado por cien.
— ¿Qué callamos?
El dolor que
de un hachazo abrió el cráneo,
que en la soberbia —
de círculos —
que crecen—
crece con nosotros
la s o l e d a d — —
31 de mayo 1934
***
Gramática
(— y echar raíces en las palabras con alegría
y enamorarse de las palabras es tan fácil —
basta con sujetarlas entre las puntas de los dedos y mirarlas al trasluz como un vino de Borgoña).
Los adjetivos se desperezan como gatos
y como los gatos están hechos para las caricias
suaves, tiernos, mansos gatos ronronean en andante y maestoso.
Los tiernos gatos tienen en los ojos lagos y abismos de algas verdes
Miro soñolienta las pupilas gatunas
misteriosas y cristalinas y traidoras.
He aquí la masa y la forma, he aquí el contenido indispensable,
el quid de las cosas, la materia incrustada en el sustantivo,
y la inmovilidad del mundo y la paz de inercias y la constancia,
algo que existe y dura, la palabra condensada en un cuerpo.
He aquí simples mesas y duros bancos de madera,
he aquí frágiles y húmedas hierbas de tejidos vegetales,
he aquí la iglesia rojiza, que con su gótico en Dios crece,
y he aquí el venoso, arterial, sencillísimo corazón humano.
El adverbio en cambio es un milagro repentino
la sorpresa que salta al frotar el chispero —
y sucedió algo no se sabe cómo —
y ahora está ya al bies y al través
y con ambas manos envuelve el pensamiento y todo es seguro, lánguido y bueno.
Los pronombres son minúsculas estancias,
con pequeñas macetas en las ventanas.
Cada rincón es un recuerdo del pasado
y son solo para Ti y para mí.
Con su secreto abracadabra
florecen las leyes del álgebra del amor:
yo — soy tú, tú — eres yo (ecuación)
yo sin ti — tú sin mí, da cero.
Arropados en los ocasos adoramos
hurgar en palabras como en cajones.
Yo soy tú — tú eres yo. Ecuación.
Los pronombres son secretos como flores,
como diminutas, diminutas estancias,
en las que habitas oculta del mundo.
(– así que, entre las puntas de los dedos toma la palabra
y al trasluz mírala como un vino de Borgoña
—y echar raíces en las palabras con alegría
y enamorarse de las palabras es tan fácil. —)
1936
***
Virginidad
Nosotras….
El caos de avellanos desmelenados tras la lluvia
huele a pulpa de sus frutos untuosos,
las vacas paren en el aire sofocante
en los establos que arden como estrellas. —
¡Oh, grosellas y trigo maduro
jugosidad a punto de derramarse,
oh, lobas amamantando a sus crías,
los ojos de las lobas son dulces como lirios!
Chorrea de las resinas la espesa miel,
la ubre de la cabra pesa como una calabaza —
— fluye leche blanca como la eternidad
en los templos del pecho materno.
Y nosotras…
… en
cubículos empapelados en color melocotón
herméticos como termos de acero
enredadas en los vestidos hasta el cuello
mantenemos
conversaciones
educadas.
1936
***
Nota al margen
No nací
del polvo,
no volveré
al polvo.
No descendí
del cielo
y no retornaré al cielo.
Yo misma soy el cielo
como una cúpula de cristal.
Yo misma soy la tierra
como el suelo fértil.
No me he fugado
de ningún lugar
y no volveré
allí.
Aparte de mí no conozco ninguna otra lejanía.
En el pulmón henchido del viento
y en la calcificación de las rocas
a mí misma
aquí
dispersa
debo
encontrar.
1936
***
Non omnis moriar — mis espléndidas posesiones,
Prados de manteles, fortalezas de armarios,
Sábanas extensas, preciosas lencerías
Y mis vestidos, vestidos claros me sobrevivirán.
No dejo aquí a herederos,
Que tu mano hurgue entre mis cosas judías,
Señora Chominowa, de Lvov, valiente consorte de un soplón,
Delatora diligente, madre de un Volksdeutscher.
Que te sirvan ahora a ti, a los tuyos, ¿por qué dejarlas a extraños?
Oh, queridos — no es una lisonja ni palabras vanas.
Me acuerdo bien de vosotros, como también vosotros de mí
Os acordasteis cuando llegó la Schupo.
Como les recordasteis quien era yo.
Que levanten la copa, pues, estos amigos
Y brinden por mi entierro y por su riqueza:
Alfombras y tapices, fuentes y candelabros —
Que beban toda la noche, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de alhajas, gemas y oros
En sofás, colchones, edredones y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá la faena en sus manos!
Bucles de crines equinos y de heno marino,
Nubes de plumón de almohadas rajadas
Se les pegarán a las manos, tornándolas alas;
Será mi sangre que pegará la estopa con el plumón ligero
Y alados de pronto los convertirá en ángeles.
1942
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Autora: Zuzanna Ginczanka. Título: El ave de fuego. Antología de poemas. Traducción: Elzbieta Bortkiewicz. Editorial: Báltica. Venta: Todos tus libros.
BIO
Zuzanna Ginczanka (1917-1944), nacida Sara Polina Gincburg, fue una de las voces más destacadas de la poesía polaca de entreguerras. Nació en Kiev, en el seno de una familia judía que, tras la Revolución rusa, se estableció en Równe, entonces ciudad oriental de Polonia y hoy parte de Ucrania. Criada por su abuela materna, eligió el polaco como lengua literaria y comenzó muy joven a publicar poemas. En 1935 se trasladó a Varsovia para estudiar Pedagogía y pronto se integró en los círculos literarios de la capital. Admirada por Julian Tuwim, Witold Gombrowicz y otros escritores de su tiempo, colaboró también con la revista satírica Szpilki. En 1936 publicó su único libro de poemas, O centaurach (De centauros). Durante la guerra se ocultó primero en Lviv, luego en Cracovia. Fue detenida por la Gestapo y asesinada en 1944. Redescubierta en las últimas décadas y traducida a numerosos idiomas, Ginczanka se ha convertido en una autora de culto para sus nuevos lectores.



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