Hay una superstición más estúpida que creer en la filantropía de un político o en las dietas milagro: pensar que Internet tiene memoria. Y no la tiene. Lo que tiene es rencor. La memoria exige antecedentes y cierto esfuerzo intelectual; el rencor sólo necesita una frase fuera de contexto y la mala fe, la ignorancia o la imbecilidad de quien interpreta. Así funciona el vertedero digital donde cuarenta años de artículos, entrevistas, libros y declaraciones desaparecen de golpe, borrados por un comentario de ciento cuarenta caracteres. Eso ocurrió con quien firma este artículo, a causa de la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina: un mensaje en Twitter un día antes y un mensaje un día después.
Pero dejemos aparte al niño, al papá y al reportero besucón. Pocos argentinos agradecieron el primer mensaje, ni éste buscaba eso; pero con el segundo, miles de ellos descubrieron de pronto que yo había pasado media vida odiando a Argentina y ahora me quitaba la careta uniéndome a una conjura internacional. Una revelación extraordinaria —ahí están las hemerotecas y los archivos de televisión— sobre todo porque pasé media vida haciendo exactamente lo contrario. Y probaron, de nuevo, que es más fácil convertir una frase en un delito de lesa patria que dedicar cinco minutos a conocer la biografía de quien la escribió.
Lo pintoresco es que el mensaje que me convirtió en enemigo público empezaba pidiendo no confundir al país entero con el comportamiento —que a mí no me gustó, cada cual tiene sus gustos y disgustos— de unos futbolistas. O sea, que intenté que los dos millones y medio de seguidores que tengo en Twitter no confundieran a toda la Argentina con once, o los que fueran, jugadores de su selección. Pero como saben los veteranos de las redes sociales, pedir que lean lo que escribes y no lo que dicen que has escrito es pedir que el niño de la banderita en la cara y el que se vayan a la mierda recite ante el micrófono un poema de Borges. Señalas un árbol, dices que crece torcido, y miles de repentinos expertos forestales gritan que le acabas de declarar la guerra al bosque.
La situación resulta más absurda, o extravagante, porque ningún español ha hablado con tanto amor y entusiasmo de la Argentina como yo desde que, en 1982, cubrí —viviendo varios meses en Buenos Aires, con un brevísimo viaje al teatro de operaciones— la guerra de Malvinas. Desde entonces he recorrido el país, elogiado su cine, su teatro, su literatura, su cálida hospitalidad y esa admirable tradición de tratar a Borges, Bioy Casares o Cortázar —pese a los golpes que desde hace décadas asestan sus gobernantes a la cultura— con una hondura que envidiarían muchas universidades de este lado del Atlántico, mientras en España el gran debate intelectual consiste en decidir si una influencer se ha operado las tetas. Pero eso dejó de existir con las 43 palabras de un tuiteo, o con el resumen sesgado que de ellas se hizo. Cuarenta años de artículos, declaraciones y comentarios pesaron menos que un dicen que ha dicho, y se cumplió el siniestro protocolo de las redes sociales: la trayectoria, la biografía, no importan. Lo que cuenta es disponer de algo inflamable que caliente a la turba.
Entonces comenzó el ritual acostumbrado. Como discutir el fondo del mensaje era complicado, había que desacreditar al autor. De pronto aparecieron miles de especialistas en Pérez-Reverte que jamás habían leído un libro ni un artículo mío, ni visto mis reportajes de televisión. Unos señalaron la deleznable calidad de las novelas —“Buenas para encender el fuego de un asado” es mi frase favorita— y otros cuestionaron mis años como reportero de guerra. La sucesión de adjetivos fue espectacular, y como además de pertenecer a la Real Academia Española soy miembro de la Academia Porteña del Lunfardo por la novela El tango de la Guardia Vieja, eso me permitió interpretar —y disfrutar, pues trabajo con palabras— una serie de insultos que anoté cuidadosamente: boludo, gil, salame, pelotudo, tarado, forro, sorete, bolacero, careta, fantasma, chorro, garca, chanta, cagón, hijo de puta y la concha de mi madre.
Tampoco faltaron políticos y periodistas de los que nunca desaprovechan la ocasión de convertir una gilipollez en epopeya patriótica. Varios de ellos se envolvieron en la bandera nacional, porque fútbol, política y cierto periodismo bastardo mantienen, en la Argentina y fuera de ella, un ménage a trois donde el sentido común acaba triturado por las barras bravas, los votos y la audiencia. Sin embargo, el asunto es simple: yo no ataqué a la Argentina; hablé de unos futbolistas, señalando que ciertas actitudes no representaban al país. Y lo singular es que, para mi estupor, buena parte del país afirmó que sí se sentía representado por ellos. Incluso, supongo, por el niño de la banderita pintada en la cara.
Pero lo más revelador no fue la bronca futbolística, sino hasta qué punto las redes sociales sustituyen pensamiento por sentimiento. Hoy las emociones relevan a la razón. Pocos leen de verdad; lo que hacen es buscar pretextos para aplaudir u ofenderse. La indignación exige menos esfuerzo que pensar y concede una superioridad moral que complace a quienes confunden activismo y compromiso con insultar desde el sofá mientras sostienen el móvil en una mano y el ego en la otra.
Lo que en este disparate argento más me entristeció no fueron los insultos, sino los mensajes de algunos lectores —lectores auténticos— de mis novelas y artículos, cuya lealtad creía probada y que sin embargo se dijeron ofendidos aunque conocen mis novelas, opiniones y trayectoria; amigos que me han escuchado en la Feria del Libro y en las televisiones argentinas, testigos de mi afecto y respeto, del cariño con que siempre hablé de un país que admiro en lo que tiene de admirable y al que siempre critiqué a cara descubierta y sin miedo a las consecuencias —lo hice allí mismo, nunca fuera de él—, en lo que tiene de criticable: el desprecio de los intelectuales argentinos a Osvaldo Soriano, la indiferencia y el maltrato hacia quienes combatieron en Malvinas y tantas otras cosas manifestadas durante décadas. Pues, como dije muchas veces, el medio centenar de viajes que hice a la Argentina nunca fue a un país extranjero, sino a mi propia casa. A visitar a mis primos y mis hermanos.
Por fortuna, en estos días también aparecieron muchos argentinos que hicieron algo insólito: leer el mensaje y comprenderlo. Algunos señalaron que una crítica no es una condena nacional; otros recordaron los elogios que durante cuarenta años dediqué a su país: las librerías, la altura intelectual y cultural, mis desayunos en la Biela, mi afecto por Soriano, Horacio Ferrer y el negro Fontanarrosa, mi hermandad inquebrantable con Jorge Fernández Díaz, mis comidas en Los Inmortales, mi añoranza por la vieja Munich, mi lealtad a los lectores cada año en La Rural…. Otros, incluso en desacuerdo conmigo, comprendieron algo sencillo pero incompatible con el fanatismo y la estupidez: criticar un acto puntual de una selección de fútbol no es despreciar a un país ni a quienes lo habitan. Esa costumbre llamada conversación, donde dos personas pueden disentir sin buscar el exterminio del contrario, parece hoy un resto arqueológico digno de exponerse en un museo junto a los sables de caballería, las cintas VHS y la educación. Porque en realidad la polémica nunca trató sobre Argentina, ni España, ni siquiera sobre fútbol; trató de cuando una sociedad enferma de culpas y extraños complejos decide que una captura de pantalla vale más que una biografía, que un tuit pesa más que cuarenta libros y miles de artículos publicados. Y, bueno. Dentro de unos meses nadie recordará aquella final ni aquellos mensajes: habrá otros linchamientos y otra multitud furiosa creyendo defender a su patria mientras aporrea un teclado con la misma destreza intelectual de un bruto golpeando un tambor. O como el niño de la banderita. Pero ésa no es la Argentina que amé siempre; ni la que, a pesar de ella misma, todavía amo.
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Artículo publicado el sábado 1 de agosto en el diario La Nación de Buenos Aires.


Es una opinión, respetable x cierto. Es fútbol, solo eso, en Argentina se vive de una manera llena de PASION!! En España de otra manera.
Pues yo me lo haria mirar si lo viviesa de “esa” manera.
Con respeto y sin ánimo de ofender, es una manera bastante patológica. La llamada pasión no puede ser una coartada para la barbarie.
Fútbol, nacionalismo y redes sociales. La nitroglicerina en una coctelera es mucho menos peligrosa.
“Creamos noticias para librar de culpabilidad al lector”, dice el director de un periódico interpretado por el gran James Wood en “Ejecución inminente”. Y, como suele ocurrir, las noticias que venden son las malas noticias. No tiene el mismo tirón un buen chico que un ser mezquino. Es la oferta disponible.
El envilecimiento es fácil, desconecta tu conciencia, te descarga de responsabilidad al unirte a una multitud para conseguir el gran éxito de escupir y crucificar a un inocente. Esta historia se repite, pero sólo lo ves claro cuando tienes la suerte de que te claven al palo. Ya estaba dicho: quien se envilece, quien se divorcia de la verdad, se convierte en un esclavo. Y también en estúpido perdido.
Dicen los sabios que el pecado más diabólico es la soberbia, porque impide la regeneración.
Nunca había entendido la esencia del tango hasta este mundial de fútbol. El argentino empieza a llorar y no tiene consuelo posible. Nunca me ha gustado el fútbol: veintidós millonarios sudorosos en calzoncillos corriendo detrás de un balón, lo cambio por seguir en Instagram a Señoras de buen ver.
A mí me pasa lo mismo con esos grupos de personas, algunas millonarias, que se aprenden de memoria unos textos inventados y escritos por un tercero y los repiten en voz alta, disfrazados, ya sea delante de una cámara, ya sea delante de espectadores intentando que creamos que eso es real. Patético.
Sabes quien es Pirandello?
Usted, como reportero de guerra, habrá comprobado en sus carnes la sinrazón de la jauría humana. Ahora, con internet, la sinrazón continua, sin balas ni muertos, pero de la misma forma despiadada.
Soy argentina y comparto totalmente sus palabras. Esa chusma futbolera, violenta no me representa ni representa al, diría, 90% de mis compatriotas.
¿tampoco a los porteños? ¿Cuantos socios de CF hay en Argentina? ¿no llegan al 10%? Lo dudo
Cómo decía aquel francés, un tal Jean o algo así, no hay amigos, hay momentos de amistad. Saludos de un lector que se refugia en sus historias de otra época, que pese a sus miserias, también anhelo.
Eres genial, Arturo. Una de las pocas mentes preclaras de nuestro país con voz alta. Eso tiene un precio supongo. Te leemos muchos…aunque algunos no se extienden más del contenido de un tuit….y haya quien no comprende lo que lee pero se crea con la autoridad moral de pronunciar su extremo juicio con esa verborrea sin fundamento (verborrea rima con diarrea?). Esa es la sociedad con atrofia cortical que domina hoy en muchos ámbitos y que devora contenido en redes que no precisan digestión. La lectura crítica necesita criterio, y eso requiere esfuerzo como tú dices. Un abrazo.
Hace años que dejé de dar explicaciones por lo que digo o escribo, los que me conocen no necesitan explicaciones y los que no, pues me la trae al pairo. No merece la pena tener que explicar por que se dijo tal o cual frase y menos a bípedos que se mueven a golpe de fanatismo. Por cierto, no me gusta el balompié, pero puestos a perder, prefiero ante Argentina que ante la pérfida Albión.
Saludos de un fiel seguidor suyo, argentino, que no se sintió ofendido en lo más mínimo por su mensaje, que valora el profundo afecto que, en más de una oportunidad ha profesado por nuestro país y que, al final del cuento, entiende que la final de la Copa del Mundo ha sido un partido que hemos perdido y que no debe ir más allá de lo que fue: un partido de fútbol, el deporte más bello del planeta, donde a veces toca ganar, y otras tantas perder, pero siempre hay revancha.
Argentina me rompió el corazón hace tiempo, tanto potencial desperdiciado.
Con su cometario mi estimada, entra en la misma generalización que menciona el autor, la de mezclar un país con la actitud de unos pocos, que bien cierto es, los hay de un lado y del otro del Atlántico.
El autor no generalizó, no mezcló al país, dejó muy claro que es solo una parte y salvó al resto.
Excelente artículo. Conozco bastante bien la vida y obra del autor. De esta última, no solo por leerla, sino por enseñarla en mis clases de Literatura. He vivido media vida en Argentina y ya voy por la otra media aquí en España, así que he aprendido a entender la manera de pensar de ambos pueblos. Los argentinos podrán enojarse y soltarle mil puteadas, pero en el fondo siempre queda un misterioso aprecio al que dice las cosas de frente. Y cuando ya se han desahogado, tienen una enorme capacidad de olvido. En España es al revés: todos agachan la cabeza ante el que dice las cosas de frente -casi como avergonzados-, pero nadie se olvida y allí queda el tumor enquistado. En fin, que el problema siempre es para el que dice las cosas de frente, sea en este lado o en el otro del charco. El autor seguirá diciéndolo así y yo seguiré aplaudiéndolo.
El fervor deportivo es inversamente proporcional a la capacidad intelectual.
Sería interesante cuantificar, si eso fuera posible y en un tiempo prudencial, cuántos comentarios positivos y cuántos negativos -aunque esto, visto así, sea una simplificación- hubo de la del tuit de Pérez Reverte. Puede que los necios hagan más ruido que los inteligentes, pero me gustaría creer que no son mayoría.
Alguien dijo..”-la tolerancia llegará a un punto en que a la gente inteligente se le prohibirá pensar para no ofender a los demás,” , yo prefiero ” No gastes explicaciones; los amigos no las necesitan y los enemigos no las creen”, hoy en tiempos vertiginosos de capturas de pantalla las palabras no alcanzan cuando nadie quiere escuchar, saludos
Arturo, te enojás porque muchos argentinos te atendieron en X, pero no te hacés cargo de que el que echó nafta al fuego fuiste vos.
A algunos nos dolió porque un escritor con tu pluma catalogó a compatriotas como “parte de una sociedad detestable” por un partido de fútbol, sin entender que en un Mundial somos todos argentinos, incluso esa parte de la que escribís y que no creo que conozcas. Es el único momento en el que realmente sentimos esa unidad que pocos entienden.
Muchos te leímos siempre como a un hermano, y de un hermano uno espera lucidez, no que chicanee bajándose al barro. El vertedero digital es lo que es, claro… pero el tuit lo escribiste vos.
Estimado… No se crea que TODOS los argentinos se vuelven bestias por un partido de fútbol: sus compatriotas andan opinando en este mismo lugar que eso no lo es todo y que hay que guardar las proporciones. Dicho eso, dejemos en claro que el comportamiento de varios jugadores argentinos antes, durante y después del partido fue deplorable (Al igual que cuando ganaron el Mundial anterior, dicho sea de paso). No puede pedir más lucidez a Pérez-Reverte en el comentario que hizo, porque ni faltó a la verdad ni ocultó parte de ella y, por sobre todo, no se enojó porque lo atendieron muchos argentinos, sino porque lo malentendieron esos muchos argentinos. Además… ¡Ni siquiera le gusta el fútbol!
No escribió que esos jugadores son “parte de una sociedad detestable”, como cita usted erróneamente, sino que, tras decir que no representan a toda la Argentina, precisó que “sólo representan a la parte más violenta e irracional de una cierta sociedad argentina”. La diferencia entre una y otra cosa es radical. Lo detestable no es el todo, sino una parte. Usted no maneja la sintaxis y eso vicia todo su comentario. O no ha entendido o no ha querido entender.
Mi impresión es que todo esto acaba siendo un auténtico galimatías. Pero, dentro de ese galimatías, sí creo que pueden detectarse algunos patrones que nos afectan a todos.
Existe la crítica exagerada desde el victimismo, sin duda. Pero también existen el chovinismo nacional, la idealización de unos pueblos frente a otros y los prejuicios heredados de la historia. Los tienen muchos argentinos, muchos españoles y, en mi opinión, también el propio Pérez-Reverte.
Por ejemplo, siempre he percibido en él un cierto desdén hacia los británicos. Se adivina incluso en el primer mensaje que cita, cuando afirma que preferiría perder contra Argentina antes que contra Inglaterra porque son “primos hermanos”. Es una preferencia perfectamente legítima, pero revela una simpatía y una antipatía que no parecen surgir sólo del fútbol. No recuerdo un apoyo semejante a Uruguay cuando juega contra Argelia, por ejemplo.
Mi experiencia personal con los británicos ha sido muy distinta de los estereotipos. He conocido auténticos energúmenos, zafios y desconsiderados, especialmente en algunas zonas turísticas españolas, pero también personas extraordinariamente educadas, competentes y respetuosas. Recuerdo a aquel comandante de la Royal Air Force que, cuando me disculpé por mi pobre inglés, me respondió con una sonrisa: “Es mucho peor mi español”.
Tampoco comparto la idea de responsabilizar a las redes sociales. Las redes no piensan, no juzgan ni sienten; son, ante todo, un medio de transmisión. Pueden amplificar determinadas conductas, igual que antes lo hacían la televisión, la radio o los periódicos, pero el origen del problema sigue estando en las personas. Culpar al instrumento es una forma demasiado cómoda de eludir nuestra propia responsabilidad.
Por eso creo que el artículo incurre, en parte, en una excusatio non petita: una larga defensa personal frente a una polémica que, en el fondo, forma parte de la naturaleza humana. Cada uno ama, critica o desprecia lo que considera oportuno, y los demás responderán de formas muy distintas: con argumentos, con prejuicios, con aplausos, con insultos… o simplemente no responderán. Así ha sido siempre el ser humano y, probablemente, así seguirá siendo.
Es curioso, debe de haber algo “peligroso” en Argentina, porque Ramiro de Maeztu, que era un británico de temperamento, volvió a sentirse español cuando vivió en Argentina. En nuestra sangre, el corazón tiene mucha fuerza, a veces más que la razón. Nuestro quijotismo tiene esa raíz. No sé si somos mejores o peores. Somos así.
Recuerdo que una vez ayudé a un inglés con una avería que le había dejado colgado. El hombre estaba visiblemente extrañado de que alguien parara a ayudarle. Cuando arrancó el coche, me dió las gracias. Se me pasó por la cabeza decirle “Gracias no, devolved Gibraltar, cabrones”, pero, por si no entendía la broma, me limité a sonreír y contestar “de nada”.
Si de algo sirve, voy a pedir disculpas por las agresiones de mis compatriotas. Que idiotas hay en todas partes y violentos también. Aunque, pasionales como somos, es muy probable que muchos de aquellos que escribieron insultos, una vez pasada la efervescencia del momento fueran también capaces de ayudar a una abuela a cruzar la calle o de gastar lo que no tienen para ayudar a un amigo.
Yo me enteré de sus comentarios por alguien que me dijo “ahí lo tenés a tu admirado Pérez Reverte insultando a los argentinos”. Los busqué y los leí, y me dije que tenía usted razón y que el mensaje fue claro. Y aunque en ese momento hubiera a usted estado con cierta efervescencia futbolera (no conozco esa faceta suya) y hubiera escrito algo injusto me hubiera dado exactamente igual. Faltaría más que estuviéramos obligados a ser intachables todo el tiempo. O a no serlo, pero exigirlo de los demás.
He disfrutado de sus libros por años (Alatriste ha sido releído ya tres veces y El Asedio, dos), lo he visto en varias entrevistas y siempre a sido muy enriquecedor para mí, aunque yo no esté siempre de acuerdo con todo (como debe ser).
Siga opinando de lo quiera, bienvenida sea su palabra, apoyada en tan vasta cultura y trayectoria, que ya quisieran rozar al menos sus detractores.
Y, como dicen los porteños (yo soy tucumano): a los giles, ni cabida.
La más sensata, honesta y criteriosa opinión que he leído sobre este asunto.
“Esa costumbre llamada conversación, donde dos personas pueden disentir sin buscar el exterminio del contrario, parece hoy un resto arqueológico digno de exponerse en un museo junto a los sables de caballería, las cintas VHS y la educación.”
Después de esto, qué demonios puedo yo aportar?
Estimado Arturo como decía mi mamá no gastes polvora en chimango animal que no se come, las redes bien llamadas redes y falsamente o ignorantemente llamadas sociales son un caldo de cultivo de la estupidez y la imbecilidad nunca reflejan la realidad de lo que la gente piense o crea, seguí viniendo a Argentina que te vamos a tratar como un rey aunque no seamos monárquicos. Como todos sabemos siempre vende más aquel que empujó una viejita al cruzar la calle que aquel que la ayudó a cruzar la calle y eso lamentablemente aplica para los pseudo periodistas los malos medios y ni hablar para la redes falsas sociales. El incentivo constante de que hay que generar enemigos para tapar nuestras deficiencias lamentablemente hoy está encarnado en la sociedad argentina y en varias otras y la ignorancia abunda, no hay que pagar por el pito más que lo que el pito vale
Nada más complicado que las identidades colectivas. Por definición irracionales. Trabajan con el corazón y no con la cabeza. Y de una forma u otra todos formamos parte de alguna de ellas. Por eso su tuit y por eso la respuesta.
Adoro su forma de escribir.
Al principio creo llegar a coincidir con su primer twuit, pero después de ver la forma de ganar los partidos por los jugadores argentinos (no Argentina, aquí coincido con su segundo twuit) mi deseo, más que España ganara, era que el equipo de jugadores argentinos perdiera. Afortunadamente así ocurrió, y de la forma que todos vimos. Recordar que muchos de esos jugadores argentinos juegan en equipos españoles y también en LaPremier y en equipos europeos. Pero individualmente no se comportan como lo han hecho en este Mundial. En fin, no se lo tome a mal, todos hemos sido testigos de lo ocurrido.
Gracias Arturo! No esperabamos menos de vos, un intelectual de ley para quien lo cortes no quita lo valiente. Abrazo desde Argentina.
Soy argentina y respetuosa seguidora y lectora suya, Arturo. Doy fe de su admiración por nuestro país, por lo que jamás me he sentido ofendida por sus palabras. Es más, coincido y estimo que los argentinos bien nacidos han de adherir a su opinión. Nuestra Argentina en su mayoría, quiero y tengo la esperanza de que así sea, no comparte ese estilo de comportamiento. Mis más sinceros respetos y saludos, Don Arturo.
Estimado Arturo. Solo para decirle que en su velatorio Fernando Fernan Gómez pidió que solo hubiera música de tango. Nadie como Usted puede entender mejor este pedido. Gracias por querer a los argentinos.
Hubo una exacerbación extrema de un nacionalismo barato fundado en nuestra selección nacional. Cuando en el 2022 aunque teníamos la misma pasión, íbamos paso a paso. Hay fundamentelmente tres temas que dividen a la sociedad: 1) Religión; 2) Política; y 3) Fútbol. Por eso en mis grupos de WhatsApp aclaro que no se aceptan esos tres temas.
El problema estimado PR, es que usted dice que lo juzgan por un tweet y no se tiene en cuenta su antecedentes e historial de comportamiento frente a la sociedad argentina. Que sin duda los tiene. Pero usted hace lo mismo con la seleccion. Juzga lo que hizo en un partido de malas artes y comportamiento zafio, y no lo que hizo en todo el mundial, donde no tuvo un solo expulsado (hasta la final), y tuvo compartamiento mas que bueno, que no ejemplar. Ademas, no se pone a pensar lo que esta seleccion represento a para los argentinos, no solo por sobreponerse a momentos adversos, sino tambien por, a pesar de los inconvenientes que les iba a ocasionar, enviar un reclamo de revindicacion territorial, que por su conocimiento de la Argentina sabe de la importancia que tiene en nuestra sociedad. Ademas, su comentario, es una mas en la larga lista de todos los comentarios negativos a la seleccion Argentina: que lo ayudaban, que le armaron, el fixture, que le anularon un gol, que le expulsaron y un largo etc. Por lo tanto, puedo entender que la reaccion de los argentinos con ustedes fuera exagerada, pero al menos reconozca que su comentario tuvo errores de generalizacion y no se hizo en el momento oportuno. Para decirlo en cristiano: meo fuera del tarro.
Desde argentina, Arturo, después de contestarle por X -el único comentario que hice en mi vida por esa red- a lo que consideré una injusta generalización suya, porque usted tildó de zafia a toda la selección -¿inlcuido Messi y otros?- por el eventual mal comportamiento de dos o tres argentinos (y españoles) le cuento que ese mismo día concluí feliz su libro Enviado Especial y que lo seguiré leyendo con el mismo aprecio de siempre, La lealtad no es uniformidad de citerio y en toda familia sana hay discusiones. Los insultos califican al que los pronuncia por aquello de que el operar sigue al ser. Como argentino hasta el tuétano y descendiente de españoles por madre y padre, le mando un abrazo y -si quiere- demos vuelta la página. Felicitaciones por esa gran selección española.
Don Arturo, no se preocupe demasiado. Como uruguayo que trabaja hace decenios en Argentina y con argentinos, estoy seguro que el gran pais de allende el Plata es mucho más grande que algunos bravucones de las redes que dicen expresarse en nombre de su país.
PD. Yo también admiro a Soriano!
Estoy convencido de que mi querido Don Arturo subestimó el poder del fútbol.
En España (y casi cualquier país occidental), la combinación fútbol+selección genera entusiasmo cuando gana y relativa indiferencia si pierde.
Pero en Argentina es distinto, es vital, cuestión de vida y Estado.
Hablar de cuántos argentinos del total de +40millones se ofendieron por el tuit es imposible, pero estoy seguro de que la sensibilidad en caliente a ese tuit es muy alta y creo no equivocarme que la gran mayoría defiende a su equipo como un gitano defiende a su familia: a muerte, pase lo que pase y haya pasado lo que haya pasado (lo cual es honroso a veces y bochornoso las otras, como en la final).
Si dijera que el mate es uruguayo y que hacer barbacoa no es algo especial, molestará a nuestros primos hermanos pero no hasta el punto que tiene meterse con su selección.
Te amamos Arturo la mayoría de los argentinos, el resto “gilada”.
Querido Arturo, tenés razón en que Internet no tiene memoria, solo rencor, y en que tu trayectoria de 40 años con Argentina no debería quedar borrada por un tuit. Pero permitime decirte que, con tu experiencia y tus 2,5 millones de seguidores, ese comentario llegó en el peor momento posible: post-final del Mundial, con el país a flor de piel y una campaña anti-Argentina ya instalada en redes.
Tu intención era matizar, pero las palabras que elegiste (“zafio”, “sucias maneras”, “detestable sociedad”) eran predeciblemente inflamables. Sabías —o deberías haber sabido— que en ese contexto cualquier crítica a los jugadores se leería como ataque al país entero, y que tu frase sería usada como munición por quienes ya querían oír eso.
Tenés razón en que te descontextualizaron. Pero fallaste en timing y forma: criticar conductas puntuales es legítimo, pero hacerlo en ese momento y con esa carga lingüística fue un error táctico de comunicación. La reacción en redes, aunque excesiva, fue predecible en un ecosistema que privilegia el sentimiento sobre la razón.
Pero bueno, Arturo, todo pasa y de todo se aprende. Aquí en Argentina te seguimos admirando por tu obra y respetando como siempre, porque sabemos que una frase no define cuatro décadas de cariño y respeto mutuo. Las puertas de esta casa, tu casa, siguen abiertas para cuando quieras volver a desayunar en La Biela o caminar por La Rural. Un abrazo.
No he entendido nunca porqué se le da papel representativo alguno a la selección de fútbol de un país, sobre los valores o los contravalores de ese país. La selección argentina, de representar a alguien, se representará a sí misma, esto es, a los futbolistas de ese equipo. Igual pasará con la española.
El fútbol es eso: un juego, un deporte, como lo puede ser el badminton, la petanca, o el balón volea.
Por eso no comprendo tanto “quilombo”.
Nunc vero?
Saludos.
Si la vida fuera justa y la gente decente…
Ladran luego cabalgamos… Mi admiracion siempre por tu verbo, tu argumentacion… y tu contenido ¡Viva Alatriste, la Guardia vieja y el Carpanta!
A José Ortega y Gasset le pasó lo mismo cuando tras la victoria fascista de Franco, recibió vilipendios en Buenos Aires, donde quizás pensó en quedarse. Hasta Borges lo criticó. Y a Rubén Darío en España, recordar a Unamuno y tantos intelectuales españoles que se burlaban del “indio”. En fin, el ser humano, sin distinciones letradas. A veces nos dejamos llevar por emociones, por envidias y rencores. España ganó generosamente y Argentina fue un mal perdedor. Se suicidó éticamente arrojándose de su ego, como el viejo chiste de cómo se suicidan los porteños: Logran escalar sus egos y se lanzan al profundo vacío. Sencillamente.
Bueno, hay gente que lee tres líneas y, en tres segundos, ya opina, “fusilando” al autor. No saber de lo que se habla u opina es una gran “ayuda”
Lo comprendo y me identifico con usted. Con solo su gran novela argentina Tango de la vieja guardia, queda usted relevado de todos los ataques.
Una pena que a quien van dirigidas estas palabras no vaya a dedicar el tiempo necesario para leerlas, y resumirlas en esos ciento cuarenta caracteres sería un desperdicio.
“Nuestro país no tiene la costumbre de oír la verdad. Toda verdad contraria a lo que se desea en el momento o a sentimientos generosos, de admiración, de amor o de patriotismo, ofende a los argentinos.”
Adolfo Bioy Casares. Descanso de caminantes. Diarios íntimos. Edición de Daniel Martino. Editorial Sudamericana, 2001
Buenas… Desde estos pagos sudamericanos, algunas consideraciones: a) sin caer en elucubraciones sobre porcentajes, fueron muchos los argentinos que, luego de ganarle la selección a Inglaterra, consideraron que la final no tenía ya mas trascendencia pues un triunfo de España no era trágico en absoluto; era la madre patria; b) En España también existe “la parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad” española; pasa en todos los países, y personalmente, y mucha gente por aquí, no se considera incluida en esa categoría; c) si alguien por aquí se ha sentido “ofendido” por esa afirmación de don Arturo (alguien con quien coincido en muchas cosas y no en muchas otras), no puedo menos que considerarlo inmerso en ese colegiado, cuya trascendencia porcentual y geográfica es imposible de cuantificar; d) tal como ocurre en España no es posible de unificar como “argentino” prototípico a un porteño, a un salteño, a un cordobés, santafesino, rionegrino, etc. Hay enormes diferencias culturales entre los habitantes de distintas provincias. Y quien conoce este país lo puede advertir claramente; también ocurre allá. En fin, es un tema que se ha magnificado enormemente por, a mi entender, intereses extradeportivos, quizás ideológicos o políticos. Saludos cordiales
Lo que no entienda es la extrañeza del autor con la respuesta en redes sociales (yo no tengo por higiene mental y negarme a desasnar a nadie) En cualquier caso y por mucho que Pérez-Reverte les quiera, la prepotencia argentina, sobre todo la porteña, es conocida y poco soportable
Tal vez no se perdona la ingenuidad de opinar de tal forma en un twuit, a un persona que, sabe y conoce de redes, asi como de medios de comunicación, y hace de su escritura su profesión. Leí un poco sorprendida ese comentario, no muy afortunado, porque la persona más allá de su historia, debe analizar la circunstancia en que se expresa, y puede prever que su comentario podría no ser bien recibido. Seguiré leyendo sus novelas, porque me han deleitado, pero tal vez, no seré yo tan inocente ahora.
“El día que odié a Pérez-Reverte” Soy un seguidor de Fernández Díaz y, como tal, aprendí a respetar a Arturo . Me desilusionó su comentario, justamente porque juzgar la actitud de los jugadores argentinos es desconocer a los argentinos . Yo, – como argentino – me sentí representado y orgulloso de mi selección .
… Pero sigue sin entender el tuit.
Varios días leyendo los mensajes de aquí arriba, en pro y en contra, con los que estoy de acuerdo y los que no, me han ayudado a entender un poco más a muchos argentinos. No creo que el sentimiento arraigado que muchos españoles tenemos por Argentina pueda diluirse por un partido de fútbol. Un sentimiento de amor, aunque no siempre de admiración, del que no puedes despegarte aunque quisieras, porque forma parte de ti. Pero eso también nos pasa con España.
A este paso, la novela de George Orwell “1984”, será un cuento infantil.
Reverte: Déjeme decirle primero dos cosas en la que concordamos seguro: a. No debería mezclarse al autor con la obra. y b. Es un trágico malmanejo malicioso el mezclar el nacionalismo enfebrecido del siglo XX, la política, con un juego, deporte, entretenimiento, pasatiempo tan importante como improductivo y es como glorificar a los maderos en el pim pam pum según vuestra casta frase. L continuación de la guerra por otros medios: el fútbol o balompié. Y ya hubo guerras con muertos debido al fútbol. Una actividad tomadora y solo dadora para algunos bolsillos selectos.. y de manera muy generosa. Y mientras tanto, hay guerras, invasiones, el negocio de las armas, las mafias, el narcotráfico y hasta la *sombra*/ junguiana del fútbol siguen impunes y florecientes, y total que importa si a nuestro alrededor se desmayan de hambre o matan a mi vecino. Un *geniol*, trago alegre para combatir un cáncer de eterno retorno. La política siempre se mete y vuestros mil veces sean malditos sanchistas que son nuestros mil veces sean malditos peronkas, se metieron para enturbiarlo todo y siempre mal y peor. Y resulta que hoy el gobierno argentino y en muchos años es abiertamente liberal y de derecha para el horror de todos los propalestinos o mejor dicho pseudo propalestinos y amiguetes del Irán sangriento e islamonazi, Unión religiosa/nacionalista árabe/persa más la izquierda y populismos. Todos ellos colocan la Argentina de hoy como enemiga de ellos.
Pero pasemos al partido. España ganó muy bien. En la selección argentina la verdadera final fue contra Inglaterra, entonces llegaron vaciados emocionalmente a lo que se le sumó la cantidad de lesionados y el cansancio, pero así es el fútbol.
Ahora Sr. Reverte, tampoco vi tanta cosa sobre ese presunto comportamiento terrible de la selección argentina. Acepto que no fue ni lindo ni simpático, pero… el choque emocional de la pérdida provocó algunas rispideces, alguna reacción inapropiada de alguno, un responder a alguna cargada galaica y un grupo que miró para otro lado. Y, realmente… ¿fue tan terrible eso? ¿de verdad?. ¿Fue tan lesivo para con la selección española y con la madre patria toda? Para tanta respuesta imbécil de muchos y para ameritar la respuesta de un afamado intelectual como ud que ha respondido con los cojones y no con su masa gris. Tengo ud mis bendiciones laicas.
Argentina es grande, muy, muy grande en todos los aspectos. Y ganar a su magnífica y campeonísima selección no fue un pecado, ni una traición, ni un ajuste de cuentas. Fue, precisamente por la grandeza de Argentina, un gran orgullo para cualquier país, pero en especial para la hermana España. Y cuando los hermanos luchan y uno pierde todos perdemos y también ganamos. Grande sos Argentina, muy, muy grande. Y por si cabía alguna duda, desde España, había que decirlo.
Sí, Internet guarda mucho rencor y odio. Yo guardo rencor incluso hacia mí mismo por mi Internet del pasado. Y tengo entendido que pertenece al ejército -no sé si será al de los Estados Unidos de América, lo cual me parece peligroso- y también tengo entendido que hay siete personas en el mundo que tienen la llave para poder apagarlo mundialmente -lo cual creo que sería un apocalipsis-.
Lo de los argentinos con su selección nacional del fúrbol es enfermizo… Y el comportamiento en la final de sus furbolistas vergonzoso. A mí toda esta mierda me ha enfriado el aprecio por los los hermanos y primos de Hispanoamérica.
Como dijo el Flaco sobre Rocinante……si ladran Sancho……Bendiciones Maestro