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5 poemas de Ignacio Pérez Cerón

Ignacio Pérez Cerón es un poeta y traductor nacido en Málaga en 1996. Estudió Traducción e Interpretación de inglés y alemán por la Universidad de Málaga, por donde obtuvo también el Máster en Traducción para el Mundo Editorial. Su primer libro, Restos de sal, se publicó en la colección Monosabio del Ayuntamiento de Málaga en el 2019. En el año 2020 ganó el premio MálagaCREA en la modalidad de poesía, y ese mismo año recibió también un accésit del premio Adonáis por su obra Márgenes de error (Ediciones Rialp, 2021).

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Manténgase detrás de la línea amarilla

No funciona la máquina expendedora
hora punta ojos cansados
el metro no llega a la estación
Problemas técnicos en las vías
disculpen las molestias

Alguien pregunta qué ha pasado
    Han arrollado a una persona
Es la segunda que salta este mes

y enumero en mi mente las cosas que crujen
dedo patatas manzana Kit Kat
siguen hablando y miro el túnel
    hojas esparto galleta pared
me llega olor a esmalta de uñas
    hueso columna rodilla esternón
y a pelo quemado

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El cementerio de San Miguel

Qué lugar terrible es aquel que tiene
un cementerio vacío

Maribel Andrés Llamero

Nunca fue tan firme la tapia
del cementerio de San Miguel
como en el Día de Todos los Santos

tampoco cuando se vino abajo
en la inundación
de mil novecientos ochenta y nueve

y flotaban los ataúdes por las calles
como coches de choque mal llevados
o patitos negros en una bañera

Google dice que en este cementerio
hay un portal a una dimensión paralela
y tiene dos reseñas positivas

A veces quiero pensar
que en ese universo alterno
la tapia sigue en pie

los nichos no están vacíos
y la gente lleva flores de antimateria
a sus familiares

En esa otra Málaga
los vecinos aparcan en el cementerio
los sábados por la noche

beben cerveza se mean en las sombras
y profanan con pintadas los muros
que mantuvieron a los muertos en su sitio

En esa otra Málaga
la tapia sigue en pie
y la reseña de Google solo dice

Buen cementerio
Muy limpio y tranquilo
Lo recomendaría

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Certeza

La catástrofe habita en los márgenes de error

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I

La primera gran decepción de mi vida
vino a los siete años
Apúntate a esta competición de nado
ahí arriba en la piscina
me dijiste
se te da genial bucear
cuánta confianza tenías puesta
mamá
en un cuerpo tan pequeño

Recuerdo esa mañana de julio
el espacio habitado por torsos macilentos
maillots y slips que aún no marcaban
los bultos terribles de la madurez
recuerdo sus caras sus dientes de leche
el olor a plástico de los manguitos
y los nervios

Ella me admiraba cuando sonó el silbato
y salté al agua desde el bordillo
no le importaba que no supiera nadar
que solo buceara genial que no fuera suficiente
que quedase el último que me sintiera
un fracaso como hijo

No pasa nada me han dicho que hay premios para todos
a todos les dan algo por participar
A la noche la gala de entrega en la pista de tenis
tres de los cuatro nadadores sobre el podio
y mi nombre nunca llega
con aprensión rasco de la suela de sus botas
el poco orgullo que consigo rescatar
Yo también soy bueno yo también sé
ganar premios yo también merezco atención
yo también quiero contentar a mi madre

Dieciséis años más tarde aún pienso en la derrota
en el hueco de mi estante en forma de placa
de aprensión concentrada en un vaso de triunfo
en un limpiametales caducado
con el precinto nuevo

Es por eso mamá que no quiero apuntarme a natación
la anemia y el insomnio y la desconfianza
no se curan nadando a crol
aunque aún busque en las depuradoras
en el cloro en el fondo de las piscinas
ese nombre que nunca llega

***

II

Viendo una película en el cine he sentido que era un niño y tenía la tarde para mí para salir con amigos jugar en sus casas ese instante que dura apenas tres segundos donde pienso en esto en el niño que aún no sabe qué son los celos mentir por piedad los pensamientos lascivos la autocompa­sión en ese niño que rechaza la idea de fumar de volver a casa oliendo a alcohol en ese niño que aún no sabe que tocará un instrumento conocerá a un bajista que ahora está muerto y que tampoco sabe que el abuelo morirá en unos meses el día del cumpleaños que escribirá poemas que ocul­ta a su familia por compasión por no ver llorar a su padre poemas que contarán secretos fami­liares poemas que no quiere enseñar a su madre poemas a los que aún les tiene miedo No está mal volver transportarse a ese momento de in­consciencia de incivismo de cohibición de niñez evadirse y no saber aunque sea por tres segundos que aún no tiene que jugar a los entierros

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