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5 poemas de Juan Vico

Foto: Susana Pozo.

Juan Vico es un narrador y poeta nacido en Badalona en 1975. Es autor del libro de relatos El Claustro Rojo (Sloper, 2014) y de las novelas El animal más triste (Seix Barral, 2019), Los bosques imantados (Seix Barral, 2016), El teatro de la luz (Gadir, 2013; Premio Fundación MonteLeón) y Hobo (La Isla de Siltolá, 2012). Ha publicado también cuatro poemarios: Condición de los amantes (La Isla de Siltolá, 2021), La balada de Molly Sinclair (Origami, 2014), Still Life (UAB, 2011) y Víspera de ayer (Pre-Textos, 2005; Premio Internacional Arcipreste de Hita). Su libro más reciente es el ensayo La fábrica de espectros (WunderKammer, 2022).

***

TEMA LIBRE

La mano saciando la sed.
La sed vaciando la mano.

Cortinas ondeando en la habitación
sin la habitación.

Y entonces tú, gacela insomne,
dime dónde temblarás

cuando toda esta noche
haya ardido.

***

CATÁLOGO RAZONADO

Las fotos que conservo no me ayudan
a fijar tu imagen: emerges
de cada una como personas distintas
y ni siquiera sumándolas podría obtener
un tranquilizante retrato robot.
Digamos
que no encajan entre ellas, o que al menos
yo no consigo hacerlas corresponder:
se atraen y se repelen
como piezas de un puzle absurdo.
Pero es el modo, en fin,
en que te evoco aquí de nuevo,
heteróclita y evanescente, sin ningún
propósito definido,
al tiempo que me pregunto
si no existimos con preferencia
en los pedazos que de nosotros
van guardando los demás,
pobres ruinas instaladas en lujosos pedestales,
torpes fetiches flotando en burdos tarros de formol,
sobre algún falso techo, tras algún
doble fondo,
bajo la alfombra sin lavar del escenario.

***

ÁNGULO DE INMUNIDAD

Un tatuaje, una herida,
la incandescencia
de un misterio
sin marcada función
argumental.

¿En la piel

de quién? Tampoco importa.
El enigma, en realidad,
está en el ojo: es la mancha,
el punto ciego de esta historia:
su pasión intransitiva.

***

MITOLOGÍA PERSONAL

Tú desfiguras el mundo
o puede que el mundo ya fuera
una exquisita amenaza, una falacia adictiva,
antes de que nuestros tiempos se rozaran.
Reconozco a veces la misma luz inclinándose,
la música de fondo, el ángulo inaugural,
un pliegue como modelo y causa
de la repetición. Todavía alcanza
su influencia y, sin embargo,
voy malogrando un gesto en cada frase:
si escribo aquí, olvido allí.
Hazme
callar ahora, retuerce mi sonsonete,
abomina para siempre de los sinónimos.
Miénteme así: déjame creer
que un himno es apenas una naranja
y que esta alabanza esculpe piedras
sin peso.

***

POR UNA NOCHE

Hemos fingido la misma escena
frente a públicos peores
y justo ahora
que comienzan a abandonar sus asientos
recalentados, voluptuosos
en su torpor,
te pido: quédate un rato, acaso ceda
a mi súplica el pianista, puede que incluso
le resultemos simpáticos. La utilería
moderadamente novelesca
con que adornamos nuestra historia nos vendrá
de maravilla en caso de fuerza mayor:
otro metro, media
mirada y ya
nos acercamos al punto exacto donde
lo dejamos correr: era esta
la baldosa, sin duda, y si no
muy poco importa: un mísero compás
nos pertenece
hasta que suene la alarma. Digamos
por una noche
las más viejas frases hechas,
oigámoslas caer, rendidos,
desde la altiva
herida
de su obviedad
y observemos por fin cómo se estampan
sobre la cínica prisión de mis costillas,
sobre la tolvanera irremediable de tu ombligo,
sobre el sombrero mendicante de este empeño.

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