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5 poemas de Natalia Litvinova

Natalia Litvinova es una poeta y traductora argentina de origen bielorruso, nacida en Gómel en 1986. Ha publicado Esteparia (ediciones del Dock, 2010); Grieta (Gog y Magog, 2012); Todo ajeno (Vaso Roto, 2013); Cuerpos textualizados, junto a Javier Galarza (Letra Editorial, 2014), Siguiente vitalidad, editado en Argentina (Audisea, 2015), España (La bella Varsovia, 2016), Chile (Libros Tadeys, 2016) y Cesto de trenzas (La bella Varsovia, 2018). Ha compilado y traducido las antologías El ruido de la existencia, de los poetas rusos Vladislav Jodasevich y Serguéi Esénin (editorial Leviatán, 2013) y Poemas como rezos, de Cherubina de Gabriak y de Zenaida Gippius (Ed. Alción, y Ed. Artesequinepueda). Codirige la editorial Llantén junto a Tom Maver. Obtuvo el Premio estímulo de la Fundación Argentina para la Poesía (2017).

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FLORES DE CHERNÓBIL

Nuestros hombres comienzan a extinguirse,
nadie sabe por qué las mujeres resisten más.
Mi padre llora al sacrificar a un animal
mientras mi madre cambia el empapelado de las paredes.
No nos dejan exponernos al sol, empalidecemos
como flores que crecen bajo la nieve.
Huimos al bosque, lejos de este edificio,
yo con mi blusa infantil y mi hermano con su remera lisa.
Qué ganas de volver al lugar donde nacimos
y correr con los brazos extendidos,
limpiar el aire como uno de esos aviones
que arrojan espuma
sobre el sarcófago humeante.

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DISPARO

El tiempo se rompe como un vaso.
Puedo juntarlo con las manos y admirar
el mundo en sus cristales rotos.
O juntar las manos como quien reza.
No juntar más que mis manos.
Apuntar con los dedos a mi pecho
disparando sin darme muerte.
Tan sólo acomodarlas allí
como a dos palomas débiles y frías
después de una vida de lluvia.

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MANO

acariciá a tu hija
que pide una docena de guerras
como rosas tachadas
para recomponer su cuerpo.

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EL MAR DE NOCHE ES UN ABISMO SI LA LUNA NO LO TOCA

Los poemas tristes
son un secreto homenaje a la alegría.
De ser posible, yo pediría nacer barco,
uno que va hacia su naufragio
y sabe que hay un iceberg para él.
Mi vida consistiría en aprender
a nadar tranquila.

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Rezo, pero ¿acaso
alguien escucha
este relincho?
Hay algo magnífico
en la espera,
el murmullo
hacia el oído
de nadie.

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