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5 poemas de Nilton Santiago

Nilton Santiago es un poeta nacido en Lima, Perú, en 1979, aunque reside en Barcelona desde hace varios años. Es autor de El libro de los espejos (2003), La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro, Madrid 2012), El equipaje del ángel (XXVII Premio Tiflos de Poesía, Visor Libros 2014), Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor Libros, 2015) y de Historia universal del etcétera (I Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro, Valparaíso Ediciones 2019).

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SOBRE EL FALSO ETIQUETADO DE MERLUZA PROCEDENTE DE ÁFRICA 10 (QUE SE VENDE COMO EUROPEA O AMERICANA)

Ahora lo sabes,
también los peces tienen que pasar las fronteras,
llorar todas sus afonías,
pedirle impuestos a la luna llena que cada noche se disuelve en sus lágrimas
cuando se ha roto “la cadena de frío” en sus maltrechos corazones marinos.
Pero así es la soledad en el agua cuando se sabe de antemano
que compartirás el envase (con otro solitario) en algún frigorífico,
así son los falsos pasaportes
para los que no saben llorar bajo el agua
y terminan en los supermercados con la carne limpia y sin escamas,
lista para meter al horno.

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CUANDO LOS PERROS SON LOS ÚNICOS QUE CONOCEN EL CAMINO A CASA

Como el viento que arrastra a las hormigas fuera del camino
así arrastran las mañanas la imagen del último vagón del tren.

Los oficinistas y las amas de casa
abren las cortinas de su corazón
mientras los perros se borran del paisaje,
como si fuesen a habitar un reloj de arena.

El reloj de arena o su imagen en este poema
arroja sus manecillas contra las nubes.

Una nube en este poema es una jaula llena de pájaros
y el pájaro no es un animal alado lleno de plumas,
sino que en este poema es un animal que llueve,
es tan solo una moneda líquida con la que un ángel
acaba de pagar una noche de hotel.

Este poema yace en el fondo del corazón de un ama de casa
que acaba de perder para siempre el contenido de sus lágrimas
y tú y yo somos la miel que entra en los avisperos
y también el contenido de una lágrima,
la mano que suelta a la mano para coger la estrella
y caer

al vacío.

El vacío lo contiene todo.

El vacío es el pañuelo que seca las lágrimas de las mariposas
cuando se miran al espejo y comprueban dos hipótesis:
a) que si se miran al espejo aún pueden ver que tienen la mirada de una oruga y
b) que no existe una imagen concreta del pasado.

El pasado va cambiando en la medida que el futuro se reduce a cenizas
hasta convertirse en un haz de luz.

Y de pronto tú y yo vemos aproximarse al tren
por la esquina de esta página en blanco.

El chofer del tren ve que nos acercamos
como si fuésemos nosotros quienes somos cuando estamos juntos
y junio y las bicicletas y este martes
fueran en realidad quienes dicen ser.

Pero el tren ni siquiera es un tren porque en este poema solo existen palabras.

Y esta cama que veo vacía
es simplemente una palabra dando botes fuera de este poema
hasta perderse en la esquina de mi habitación.

El cuerpo del ángel es el mismo que el de la hormiga filosófica
en el preciso momento que el viento nos arrastra fuera del camino.

Los perros son los únicos que ahora han quedado en el paisaje
porque a pesar de que se han borrado para habitar un reloj de arena
yo soy el único que jamás he existido en este poema.

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EL VACÍO COMO LENGUAJE, OTRA RECETA DE LA ABUELA DE ANDREA

La piel es un invento de la necesidad de tocarnos
—dices, mientras pones la mesa para la cena de esta noche
cuando aún es la hora del desayuno.
Estamos en la casa de Andrea,
una especie de lágrima de azúcar del tamaño del mar.
Andrea tiene el corazón lleno de sardinas,
como lo tenía su abuela cuando era niña
y creía que la luna era un vertedero de lágrimas.
Andrea dice que en su patria las sardinas vuelan sobre las nubes
confundidos entre hipocampos y mantarrayas.
Nadie sabe por qué.
Sólo se sabe que los más pobres entre los pobres
los pescan poniendo inmensas redes entre los árboles.

Andrea continúa:
en su pueblo no sólo hay centauros en las guarderías
(que lloran cuando ven el telediario)
refugiados sirios arrojados al mar,
refugiados libaneses cayendo en paracaídas sobre las bibliotecas,
sino también que hay gente que cree
que la soledad es lo único que nos hace parecidos a las estrellas.

Andrea ha cocinado unos espaguetis frutti di mare.
La receta es de su abuela,
una vieja de casi doscientos años que ha vivido dos guerras
ha perdido tres maridos y ha sepultado a todos sus hijos bajo un cerezo.
Yo no he dicho una palabra.
El silencio se expande sobre la mesa
como las mantarrayas entre las nubes,
como el corazón de los refugiados en una morgue de hipocampos.

¿No es cierto acaso que quién conoce su corazón está enfermo?

Me dice ahora Andrea, mientras recoge los platos.
No tengo ni idea, la verdad —le respondo—,
mientras le señalo la iguana que se esconde en mi corazón.

La única verdad es la nada,
la nada es el esqueleto de Dios
—dice Andrea,
mientras chupa una valva vacía de mejillón.

***

ANÁLISIS SOBRE EL FRACASO DE UN POEMA (Y DEL LENGUAJE) PARA DESCRIBIR LA LUNA LLENA

Un hecho poético abandona una farmacia
donde una pobre vieja ha concertado una cita con este poema.
No soy yo el que ve a la vieja sujetarse de la lluvia para sentarse
sino un pelícano.
El pelícano es un ser del aire.
Eso lo sabemos porque el aire cruza los campos de girasoles.
Porque 15.000 litros de aire entran en los pulmones de un gorila al día.
Entonces tomamos conciencia de que existe el aire
porque sabemos que los gorilas existen.

En la farmacia, a la vieja le recomiendan cuidarse la glucosa.
El hecho poético se pone las gafas de leer
y deja al pelícano y a la vieja hablando de sus males.

Todo se puede solucionar con paracetamol.

El hecho poético baja a la estación del metro.
Entra sin pagar, como es lógico.
Un vagabundo le pide dinero.
“Pero el dinero solo sirve para hacernos más pobres”
—le dice el hecho poético.
Igualmente deja caer una moneda como una yema caliente.
El vagabundo la guarda en una de las grietas de su corazón.

Dos muchachas
hablan con una libélula que creo que soy yo.
¿Soy yo o mi representación? ¿qué coño es ser yo?
Las dos chicas ríen porque les he dibujado un mapa en la mano.
Buscan un sitio donde “comprar”.
Debo tener cara de “camello” latinoamericano.
Mientras espero el tren no puedo dejar de ver el puto móvil.
Como todos los hijos de puta
que vamos a trabajar vestidos como soldaditos de plomo.
No sabemos ni usar un matamoscas y creemos que hacemos
lo suficiente para ganarnos los frejoles.
El metro está lleno de negros vendiendo bolsos falsificados.
Los miro. También un policía que escupe sobre las vías.
Este día no ha existido.
Ni la farmacia, ni el vagabundo, ni las dos chicas libélula.

El hecho poético vuelve a casa, resignado,
vestido como yo:
un puto soldadito de plomo.

Otra noche se irá a la cama sin escribir un poema.

***

EL ESTUDIO DE LA MATERIA DEL AGUA VS. EL ESTUDIO DE LA MATERIA DEL LENGUAJE

Para designar la palabra mar
primero
hay que saber qué es la lluvia para un caballo.
Segundo
hay que ponerle una escafandra al caballo
no, mejor hay que sacar el caballo del agua.
Para ello sólo tienes que ir a buscarlo al diccionario
en la palabra mar
allí lo encontrarás solitario y lleno de escamas
y verás que ha crecido
hasta alcanzar el tamaño de un pez
y que el significado de caballo
está irremediablemente contenido en la palabra mar.

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