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5 poemas de Ningún sitio adonde ir, de Mark Strand

5 poemas de Ningún sitio adonde ir, de Mark Strand

Este poemario recoge una amplia selección de la obra de Mark Strand, sin duda uno de los poetas estadounidenses más importantes del siglo XX, merecedor entre otros premios del Pulitzer en 1999. Entre las características de sus piezas, destaca el rechazo a los finales rotundos, prefiriendo los que son aperturas inagotables de los sentidos.

En Zenda ofrecemos cinco poemas de la edición bilingüe de Ningún sitio adonde ir (Visor).

***

CUANDO LAS VACACIONES ACABAN PARA SIEMPRE

Será extraño
darnos cuenta, al final, de que no podían durar
para siempre
(la voz tan segura nos había dicho una y otra vez
que nada cambiaría),
y recordar, también,
porque para entonces todo habrá terminado, cómo
eran
las cosas, y cómo desperdiciamos el tiempo
como si no hubiera nada que hacer,
cuando de pronto
el clima cambió, el aire altivo se volvió
insoportablemente pesado, el viento
asombrosamente mudo
y nuestras ciudades como cenizas,
y descubrir, también,
lo que nunca sospechamos, que era algo así como el
verano
en su máximo esplendor, excepto porque las noches
eran más cálidas
y las nubes parecían brillar,
y, aun así,
porque no habremos cambiado mucho, nos
preguntaremos
qué va a ser de las cosas, y quién quedará para
empezar
todo de nuevo,
e intentaremos, de algún modo,
aunque incapaces todavía, entender por qué
todo salió tan terriblemente mal; por qué
nos estamos muriendo.

***

EL SUEÑO

Mi cabeza se entreabre
y sales tú
a la luz rosa y violeta de la mañana.
¡Qué valiente eres!
Te alzas como la luna
mientras me siento en el borde de la cama,
con miedo de moverme.
Una brisa se desliza por la ventana,
me roza la mejilla y tú te estremeces.
No acabarás el día.
Los perros ladrarán
al verte,
los niños correrán hacia sus madres y los pájaros
se congregarán en torno a ti en busca de sombra.
Solo pensarlo te inquieta.
¡Regresa!
¡Trae a las niñas, al doctor y a la banda de samba!
Hay espacio de sobra.
Yo cerraré los ojos
y me acostaré en la oscuridad
para verte.

***

V

DUELO

Lloran por ti.
Cuando apareces a medianoche
y el rocío brilla en la piedra de tus mejillas,
lloran por ti.
Te guían de vuelta a la casa vacía.
Colocan las sillas y las mesas.
Te sientan y te enseñan a respirar.
Y tu aliento quema,
quema la caja de pino y las cenizas caen como la
luz del sol.
Te dan un libro y te piden que leas.
Te escuchan y sus ojos se llenan de lágrimas.
Las mujeres te acarician los dedos.
Peinan tu cabello devolviéndole su tono rubio.
Te afeitan la escarcha de la barba.
Masajean tus muslos.
Te visten con finas ropas.
Frotan tus manos para mantenerlas calientes.
Te dan de comer. Te ofrecen dinero.
Se arrodillan y te ruegan que no mueras.
Cuando apareces a medianoche lloran por ti.
Cierran los ojos y susurran tu nombre una y otra
vez.
Pero no pueden arrancar la luz sepultada de tus
venas.
No pueden alcanzar tus sueños.
Viejo, no hay manera.
Aparecer una y otra vez no sirve de nada.
Te lloran como pueden.

*** 

VIII

Si el amanecer rompiese el corazón y la luna fuese
una atrocidad
y el sol no fuera más que una fuente de letargo,
entonces por supuesto habría estado en silencio
todos estos años
y no hubiese elegido salir esta noche
con mi nuevo traje cruzado azul oscuro
y sentarme en un restaurante con un cuenco
de sopa ante mí para celebrar lo buena que ha sido
la vida y cómo ha culminado en este momento.
La armonía de la plenitud ha alcanzado su apogeo
y me estremezco de satisfacción y tú te ves
bien, también. Amo tu diente de oro y tu cabello
teñido
—un poco verde, un poco amarillo— y tu peso,
que finalmente está donde nunca pensamos
que estaría. Oh, mi compañera, mi bella muerte,
mi negro paraíso, mi veneno rancio,
mi musa simbolista, dame tu pecho
o tu mano o tu lengua que duerme todo el día
tras su muro de encías rojizas.
Échate en el suelo del restaurante
y recita todo lo que quede de mi felicidad.
Dime que no he vivido en vano, que las estrellas
no morirán, que las cosas seguirán tal como están,
que todo lo que he visto perdurará, que no he nacido
para el cambio, que cuanto he dicho no fue solo
para mí.

***

UN FRAGMENTO DE LA TORMENTA

A Sharon Horvath

Desde la sombra de las cúpulas en la ciudad de las
cúpulas
un copo de nieve, una tormenta de uno, ingrávido,
entró en tu habitación
y se abrió camino hasta el brazo del sillón donde tú,
al alzar la vista
de tu libro, lo viste en el mismo momento en que se
posó.
Eso fue todo. Nada más que un solemne entregarse
a la brevedad, al auge y la caída de la atención,
vertiginosamente,
un tiempo entre tiempos, un funeral sin flores. Nada
más que eso
si no fuera por la sensación de que ese fragmento de
la tormenta,
que se desvaneció ante tus ojos, regresará;
de que alguien, dentro de muchos años, sentado
como tú ahora, dirá:
«Ha llegado la hora. El aire está listo. Hay un claro
en el cielo».

—————————————

Autor: Mark Strand. Título: Ningún sitio adonde ir. Traducción: Nicole Brezin y Martín López-Vega. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros.

BIO

Mark Strand (Prince Edward Island, 1934-Nueva York, 2014), Premio Pulitzer en 1999 por su libro Tormenta de uno, y Wallace Stevens en 2004, es uno de los poetas estadounidenses más importantes del siglo XX. Heredero de Stevens y emparentado con la Escuela de Nueva York, Strand es un poeta realista que nunca olvida el cuidado del lenguaje ni la continua reflexión sobre la forma. Su capacidad para indagar en los paisajes del inconsciente con las herramientas más lúcidas del realismo lo distinguen tanto de sus antecesores como de sus compañeros de generación. Strand es único en su tiempo no solo en el contexto estadounidense sino en el de la poesía universal. Su obra transcurre en un territorio poético que él mismo identificó como «el yo, los límites del yo y los límites del mundo: esa tierra sombría entre el yo y la realidad».

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Iliana
Iliana
3 ddís hace

Excelente! Profundo, conmovedor. Arruga el alma al leerlo al pensarlo. Lagrimea el yo. Gracias!

Jesús Manuel
2 ddís hace
Responder a  Iliana

Llama la atención -y llena el alma de esperanza y alegría- la valoración tan alta que alcanzan estos versos entre los lectores, contrastando con las bajas calificaciones para tantos otros, más modernos, sí, pero pletóricos de pobreza, de falta de contenido, de poesía: solo largas enumeraciones de imágenes tontas, o ristras de pensamientos supuestamente ingeniosos, siempre vacíos, siempre tontos, y por lo general lloriqueantes. Qué alegría ver cómo los lectores saben diferenciar unos de otros….

Chris
Chris
2 ddís hace
Responder a  Jesús Manuel

Lo que sucede es que aquí a veces suben poemas de una calidad horrible, da igual que sean de poetas premiados o no. Me gustaría saber el criterio de publicación que tienen. Estoy de acuerdo con usted en que muchos son vacíos, evidencian una anemia poética colosal.