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Una dedicatoria de Lord Byron

Una dedicatoria de Lord Byron

Esta descomunal obra en verso de Lord Byron narra las aventuras de don Juan desde sus amores ilícitos en su España natal hasta su trágico final. Esta edición, a cargo de Andreu Jaume, quien también se encarga de la traducción, nos permite acercarnos a una obra capital del romanticismo.

En Zenda reproducimos la Dedicatoria del Don Juan, de Lord Byron (Penguin Clásicos).

***

DEDICATORIA

¡Bob Southey! Eres poeta, poeta laureado
y representante de toda la estirpe.
Aunque es cierto que al fin te volviste tory,
el tuyo ha sido caso común estos años.
Y bien, mi renegado épico, que haces
con todos los lakistas, dentro y fuera de lugar?
Nido de melodiosos, a mi juicio
como ≪veinticuatro mirlos en un pye≫.

≪Abierto dicho pye empezaron a cantar≫
(esta vieja canción y nuevo símil van bien)
≪un fino plato que ponerle al rey≫
o regente, que admira ese tipo de comida.
Y Coleridge también ha cogido altura,
pero cual halcón agobiado por su capucha,
explicando metafísica a la nación.
Ojalá pueda explicar su explicación.

Tú, Bob, eres bastante insolente, sabes,
por esa decepción tuya en el anhelo
de desplazar a los canoros aquí abajo
y ser el único mirlo en el plato.
Y luego te estresas demasiado, o así,
y te derrumbas cual pez volador
boqueando en cubierta, demasiado subes, Bob,
y te caes, por falta de humedad, seco, Bob.

Y Wordsworth en muy larga Excursión
(creo que tiene el cuarto quinientas páginas)
ha ofrecido una muestra de la vasta versión
de su nuevo sistema para turbar a los sabios.
Es poesía, al menos eso sostiene el,
y puede parecerlo cuando Sirio rabia
y aquel que lo entiende sería capaz
de añadir una historia a la torre de Babel.

Caballeros, a fuerza de largo retiro
de mejor compañía, habéis mantenido
la vuestra en Keswick y a través de constante
fusión de mentes al final habéis convenido,
como la conclusión más lógica,
que poesía tiene corona solo para vosotros.
Hay una estrechez en una noción así
que me hace desear cambiéis lagos por mar.

No imitaría yo la mezquina idea
ni acuñaría mi amor propio con tal vicio,
por la gloria que vuestra conversión trajo,
pues el oro en si no hubiera sido su pago.
Tenéis vuestro salario; ¿para eso trabajáis?
Y Wordsworth tiene puesto en el Excise.
Sois tipos ruines, sí, pero poetas igual
y muy bien asentados en la colina inmortal.

Vuestros laureles ocultan la calvicie de frente,
quizá algún rubor virtuoso; dejémoslo estar.
No os envidio ni el fruto ni las ramas
y por la fama os pirraríais abajo,
universal es el campo y permite alcance
para sentir el fulgor inherente a todos.
Scott, Rogers, Campbell, Moore y Crabbe
la competencia os harán en la posteridad.

En cuanto a mí, vagando con musas pedestres,
no rivalizo con vosotros en corcel alado,
deseo que el destino os de, cuando quiera,
la fama que envidiáis y el talento que os falta.
Y recordad que un poeta nada pierde
al darle a sus hermanos su recompensa,
y que el lamento de los días presentes
no garantiza el camino a la futura alabanza.

Quien sus laureles guarda para la posteridad
(¿quien no clamo por bella restitución?)
no tiene mucha cosecha de sobra, siendo
el único herido por su propio aserto.
Y aunque aquí y allá alguna gloriosa rareza
surge como Titan de la inmersión del mar,
la mayor parte de esos demandantes van
Dios sabe dónde pues nadie más lo sabrá.

Si caído en días aciagos con lenguas malditas,
Milton apelo al Tiempo vengador,
si el Tiempo, vengador, execra sus faltas
y hace que miltoniano suponga sublime,
el no quiso ocultar su alma en cantos
ni convertir su talento en un crimen.
No detesto al padre para elogiar al hijo
sino que acabo el odio al tirano que inicio.

¿Creéis que podría, el ciego anciano,
levantarse cual Samuel para enfriar de nuevo
la sangre de los reyes con sus profecías,
o de nuevo con vida –escarchado otra vez
de tiempo y juicios y esos ojos deshechos
y las hijas crueles– débil, pálido y pobre,
y adorar a un sultán? Obedecer el
a un eunuco mental como Castlereagh?

¡Bribón de sangre fría, placido lampiño!,
metes las suaves manos en la sangre de Erin
y así para mayor masacre sabes jadear,
traspasado a la ira en costa hermana,
el útil más vulgar que precisa tiranía,
con el talento justo y nada mas
para extender cadenas puestas por otros
y ofrecer veneno mezclado hace tiempo.

Orador de fraseo tan pobre y bajo,
vil de un modo inefable y legítimo,
que ni aun los más groseros aduladores alaban
ni le sonríen las naciones rivales.
Ni siquiera una chispa de trasiego vivaz
puede arder en la constante muela de Ixion
que gira y gira para darle al mundo noción
de infinitos tormentos y flujo perpetuo.

Chapucero incluso en su oficio asqueroso,
trasteando, con parches, dejando atrás
cosas que aun a sus amos dan miedo,
estados que frenar y mentes que encerrar,
conspiración o congresos que hacer,
moldeando grilletes para la humanidad,
hojalatero esclavista, remendón de cadenas,
con Dios y el odio del hombre como ganancia.

Si podemos juzgar la cuestión por la mente,
castrada hasta la medula, tiene
tan solo dos objetos, como servir y atar,
creyendo su cadena propia de los hombres,
Eutropio de sus muchos amos, al mérito ciego
como a la libertad, a la sabiduría y al ingenio,
valiente porque el hielo no siente nada,
su coraje estancado en un vicio.

Dónde me pondré yo para no ver sus lazos,
pues no los sentiré nunca. Italia,
tu rediviva alma romana se rebela
bajo la estatal mentira que sopla sobre ti.
Tu rechinante cadena y las heridas abiertas
de Erin tienen voces, lenguas que gritan para mí.
Europa tiene esclavos, aliados, reyes, soldados,
y vive este Southey para cantarlos fatal.

Entretanto, señor laureado, procedo yo
a dedicarle en simple verso este canción a vos.
Y si en compases lisonjeros yo no predico
es porque aún retengo mi beis y azul;
mis ideas políticas aún tienen que educarse.
La apostasía esta también muy de moda,
mantener el propio credo se ha vuelto tarea
hercúlea, ¿verdad, mi tory ultrajuliano?

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Autor: Lord Byron. Título: Don Juan. Editorial: Penguin Clásicos. Venta: Todos tus libros.

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