José Ignacio Pérez Romero es graduado en Literatura General y Comparada y profesor de Lengua y Literatura en educación secundaria.
Niños fractales es su primer poemario, un lugar desde donde pensar la poesía y la edad. En sus páginas, la infancia no aparece idealizada como recuerdo, sino como una presencia que persiste y dialoga con el adulto, cuestionándolo. Los poemas exploran la memoria, la herencia, la fragilidad y el paso del tiempo, tratando de sostener la pregunta por lo que queda vivo en nosotros cuando “ya viene la edad”.
Zenda comparte cinco poemas de Niños fractales, de José Ignacio Pérez Romero.
***
Historia de un adulto escaso
Depende todo de que la poesía pueda evitar un atropello
o pueda evitar la vida
Dios sabe que la evita en la periferia
Yo soy un emperador de barrio
No he dejado que la poesía evite ni una sola de mis vidas
Nací en el domingo de la historia
El aliento triunfante de la democracia liberal mecía mis primeros cabellos
Los mercados respiraban optimismo con olor a palomitas
y las horas se hacían largas bajo la luminaria de la infancia
Mi música era casi importante
Heredé un firme credo hacia los dioses nuevos
La MTV predicaba grunge
y mi hermano el firme convencimiento de que Nirvana había inventado el nihilismo:
Tú recuerda, siempre la pastilla roja
la heroína es el secreto detrás de las más bellas canciones de amor
e internet tumbará el sistema
no lo olvides
Las aspiraciones se inclinaban
hacia los vicios de una pequeña burguesía que seríamos
Ve a la universidad, estudia
El mundo se tendía a nuestros pies
como una baraja marcada para los vivos
Por entonces, al barrio nos traían la verdad
no sé de dónde
La verdad venía de allá en forma de libros
Había que forrarla y no pintarrajear los márgenes
De lo contrario, los hermanos pequeños
no la heredarían nítida en su peso
Yo heredé la verdad distraída de mi hermano
Por eso las vías de tren saturadas de grafitis
y las partes inferiores de los puentes
siempre fueron pequeñas certezas
Tenía apenas una tragedia, una infancia indolente
sabiduría de hermano pequeño
Nadie a quien explicar tres imprescindibles de supervivencia:
1 Adoptar fachadas perfectas
2 Desterrar los episodios más disonantes de nuestra vida
3 Fingir ser un árbol precioso
perfectamente alimentado por la lluvia
Una pieza del pavimento digna de elogio
Cuando comenzaron a sacudir mi inocencia
ya era portador de un peso único
estaba hecho de perdón macizo
Nadie sabía gimotear mejor que yo por mamá
salvo, quizá, ese otro pajarito que vio caer la gente del World Trade Center
Siete años soñando con un avión que estrellase las Cuatro Torres
y estalló un tren de cercanías en Atocha
Disculpad
empiezo a hablar desde el fondo de mí
y no queda nada bello
Mi pelo es lacio y mi alma, guillotina
Mi alma no podría matar a un ciervo.
Mi gobierno depende de que aquí
—justo aquí—
haya un ciervo muerto
Posaré su cornamenta sobre mi piel de hielo
Posaré su cornamenta para gobernar donde Dios evite la vida y la poesía muera
Estaba todo dispuesto a derrumbarse
La felicidad era así: estructuras imperfectas que se hacían perfectas
Equilibrios imposibles, sostenidos, milagrosos, levitantes
Leviatanes de cartón expuestos a la lluvia o algo así
No hacía falta conocer los riesgos
hacía falta vislumbrar, celebrar
cuarto y mitad de nervios como preludio de la emoción
Cuando el mantra de las posibilidades estalló
los horizontes fueron edificios sacudiéndose el cristal
un fallo: reflejar la poesía en tan poca expectativa
saber que vives en un hilo y que no puedes caer
Luchaba contra un futuro posible:
el gran cónsul romano de raza española
Bigote o afeitado apurado
Medio borracho por costumbre
Pins, escudos y estampas sobre la solapa
Hecho de pan y circo, hombre sobre hombre
macho labrado sobre sí
Papá, marido, abuelo
primer y último indicio del mundo
vestigio del homo peninsularis Pero…
¿qué es exactamente un hombre
y qué significa masculinidad?
Y mientras luchaba, rezaba
porque alguien mirase dentro de mis ojos
Tan dentro como en mí se podía mirar
se encontraron los nudos que hundían la visual
Ante tanta falta de inocencia
lo aposté todo a la inteligencia
La poesía estuvo a punto de morir.
Si la poesía muere, solo quedaría la edad.
Si la poesía muere
¿cómo juzgaríamos un alma capaz?
La inteligencia fue un fraude
la edad, una asesina burocrática
un tren de cercanías
La edad no podía morir, la poesía sí
La escasez no dejó de masticarme
muelas jóvenes astillaban mis huesos como palulú
hasta convertirme en un desaliñado niño sobrio
Un espíritu parco anhelando el lumpen proletario
desde los márgenes del arte marginado
para nadie, para ninguno
y la pandemia lo hizo realidad
Me dejó enterrado al fondo de mí
Niños dentro de otros niños como muñecas Matrioshka
saludaban una nueva oportunidad para la infancia:
un adulto roto en espejos rotos
niños fractales rodeados de otros niños
Si les he reunido aquí
es para evitar un atropello
porque ahora vivo a expensas de la edad
esperando, atado a las vías
Estos niños no han venido a consolarme
Han venido a despertar multitudes en usted
Han sido arrojados a los noventa, a los dos mil
espolvoreados en el postre de mis últimos treinta años
No han dejado que la poesía evite ni una sola de sus vidas
¡Mírenlos! ¡Deberíamos detener la edad!
¡Es una asesina de cercanías! ¡Es un tren burocrático!
¡No es inocente!
Depende todo de que la poesía pueda evitar un atropello
y ya viene la edad.
***
Adultos escasos
Se duermen por las esquinas, dicen que solo hacen su papel
Espían por rendijas a otros que jamás los ven
Y también se hacen los muertos, eso es algo bastante común
Padecen varias fobias que no se han descrito aún
Dirías que son igual que túNacho Vegas: Actores poco memorables
Se atardecen los ojos balbuceantes como escabrosos finales
El cuerpo se cocina al diazepam
La ciudad adquiere la consistencia de lo pantanoso
Hay minutos de lodo sobre las barandillas
Me pregunto cómo la lenta cadencia de mi respiración forma parte del paisaje
cómo el abanico perezoso de mis párpados
y dentro de mí, la fiebre del café es un titán con el nervio roto
Me siento condenado a un ánimo mustio
Todo es injusto y en todo está dispuesto a insinuarse un llanto
Alcanzo un cigarrillo
para arder como arde la soledad:
haciéndose curva
Quien ha mirado a los ojos a una ciudad
sabe que la velocidad es soledad en movimiento
Solo los ancianos de la plaza trenzan un ritmo justo:
aparecen y desaparecen al mismo tiempo que yo viscero y respiro
Entre tanto quiero ser útil
bailable al menos
Quisiera acabar con las prisas, relinchar rabias
hacer suma de vacíos, canturrear una canción tan bajo
que me permita dudar de si el silencio escucha
Recuerdo que mi padre me puso la música sobre los hombros
para que no me volase
Yo me la quitaba para comer dulce
bailar charlestón
Me la ponía para llorarte a los ojos
sujeto de un verso por los tobillos
Todos somos adultos escasos ahora
Adultos a los que no nos llegan las lágrimas a los párpados
Ni siquiera atroces y emperrados en la distancia que nos traemos con otro tiempo
Somos actores poco memorables hundidos en un silencio
¡Qué poco público!
¡Qué poco evento!
Estamos hechos todo un equilibrio de taquilla
poniendo el nervio frente a la nada
la nada frente al escenario
día tras día
Ejecuta ensayada muerte
ala compartida
perfecta técnica
y concluiremos sin aplausos.
***
Muchísimo que hacer
“Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.”César Vallejo Los nueve monstruos
Hay que retomar la extrañeza
Hay que amenazar la costumbre
Hay que volar las estructuras que sostienen el latido
Hay que hacernos respirar al ritmo de la taquicardia
Hay un reencuentro con esa luz apacible, hija de un atardecer azteca
Hay siempre un febril llamado a recorrerla
a darle magnitud a las coincidencias, sentido a los desastres
Hay una mudanza a los recuerdos
Hay memorias guardadas como colecciones de detonadores
Hay que conservarlas durante años, sin desactivarse, sin explotar
Hay quien se arranca los pómulos
Hay quien derrama lágrimas que chillan, al menos, la mudez de las campanas
Hay que zarandear la rutina como si no albergase delicadeza
Hay que extinguir ese entumecimiento que no sabías, padecías
Hay que restallar el silencio que tutela tu voz como un padre de violenta ternura
y traer a los niños que fuiste a celebrar la explosión
Hay que jugar en los lugares donde refleja en distorsiones tan exactas
la ingenuidad de un niño y su feliz ensueño
Hay que pensar que se puede tocar de nuevo la primera infancia
la única que se ha fascinado con los planos del mundo
Hay que dejar que toda la vida se pliegue en torno a esa posibilidad:
atar al adulto de pies y manos, bailar
Hay que escuchar a la voz de tu madre anunciar:
Han venido a buscarte
Hay que dejarse imaginar por un niño como un futuro lánguido
¿Viste el desconcierto en su cara?
***
Teoría de los niños fractales
“Todos los niños crecen, excepto uno.
No tardan en saber que van a crecer”
J.M. Barrie, Peter Pan
Todos los niños desembocan en adulto
cuando el frío y el horario calan hasta el tuétano
Se desafila su mirada, las aristas de sus dientes
El paisaje de la infancia se corrompe
en impávidos silencios que acaban con adultos dóciles
callando al amargor del café en la madrugada
Se esconde la vitalidad en una forma de dolor tibio
y el verso no ataca la consistencia del sentido
ya no hace temblar nada
Pero algunos adultos estamos rotos en niños
somos flores de niños
niños secretos y frágiles
niños fractales rodeados de otros niños
Con secreto escándalo latiendo aún en las mejillas
les enseñamos el peso del silencio en un poema.
***
Ayer no ocurrió nada
Ayer no ocurrió nada
y te has vencido sobre el sofá
de manera no muy distinta a la que lo haría una sábana
Puede sentirse cómo tu columna ha cedido a los pliegues del respaldo caprichoso
y tu voluntad bebe de un acuífero helado de incertidumbre
por cada una de las cosas que no sucedieron ayer
Agarras una novela demasiado gruesa
sabiendo que no puedes pedirle un giro, una sorpresa
No puedes pedirle un hallazgo que te absorba o te atrape
y necesitas caer por la madriguera de conejo
Ahí estás, rogándole a una novela demasiado gruesa
un golpe, una rotura de mandíbula, vivir
aunque sea la anodina vida del chico que habita la página 246.
Dices: sea esa mi vida
Las páginas ocupadas por números como habitaciones de hotel
Tú, mudo, te has ofrecido a cambiar
a coser o trenzar algunas de las hebras de tu existencia
—la de la pluma que se desprende de un ala—
con la de un chico ficticio que ya recorre la 2-4-7
Ayer no ocurrió nada
le dices a una motocicleta medio rota
a sus manos en tu espalda
A la risa de dos adolescentes
alguien debería dejar claro que ayer no ocurrió nada.
Solo en el paso lento
en la mirada como un escarabajo buscando rápido dónde posarse
podría adivinarse que no es la primera vez que estás allí
reanimando uno o dos cuerpos
haciendo nostalgia
surcos en la memoria como un artesano.
Confías en el rictus ensayado de la tristeza
como en una señal de auxilio
Es algo visceral
Quien está hecho de una alegría celular
posee un escalofrío vitalista que recorre su cuerpo
y tú, has entregado tanto a la hoguera de la tristeza
para no congelar lo vivido
para ver cómo se deshace el frío
que solo puedes admirar desde unos metros ese impulso
enamorarte, a veces
En el deshielo, convertir todo en palabras:
los muros en palabras
la gente bebiendo café caliente e ignorando tus señales
los pasos demasiado lentos, mareados
Puede decirse, incluso, cómo se consume la tristeza
convencida de no olvidar, entre todas, una noche que se derrite
Cuando ya se ha evaporado
queda un frío inalterable en los huesos
un frío que olvida palabras y paseos
¿por qué estamos aquí?
Solo una mirada de incomprensión
como una baliza arrancada al feroz paisaje de la memoria
enciende las brasas, las caricias, la película, el cuerpo
Tú vuelves por ella
que tenía razón, que era el principio
Ella no vuelve a verte a ti
a acariciarte la oreja helada
a cogerte las manos
a enredarse en el nudo tenso de tus sentimientos
Los explora con cuidado en algún rincón de tu cabeza
los rasga con la uña
los deja sonar desafinados.


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