Inicio > Poesía > 5 poemas de Pureza, de Irene Domínguez

5 poemas de Pureza, de Irene Domínguez

5 poemas de Pureza, de Irene Domínguez

Irene Domínguez mereció uno de los accésits del Premio Adonáis 2022 con un poemario de inspiración juanramoniana del que cabe resaltar, según el jurado, “su poderosa evocación de la infancia y por la fuerza con la que describe la cotidianidad, las relaciones amorosas y la crisis generacional que afecta a tantos jóvenes de hoy”.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Pureza (Rialp).

***

LA TORRE, EL CABALLO Y EL ALFIL 

No me canso de decirle a mi entrenador
tira la toalla
pero él no oye nada porque ni en el ring ni fuera
se le ha visto nunca.
Quizás, a su manera, trata de salvarme
del deshonor.

Eugenio Montale

Vienen sólo para pegarse entre ellos
y muchos no tienen dinero ni cama
en la que descansar después de la pelea.
Han cruzado el Mediterráneo
para perseguir un futuro
tan lejano y cercano como la distancia
que separa su piel quemada de la lona.
Cada domingo olvidan sus trabajos
en el cuadrilátero frente a otros
que son rivales y reflejo de sí mismos.
El entrenador, con voz de compañero
de celda, les grita:
patada recta patada con paso patada diagonal
y lo ejecutan perfectamente sin saber
que una tradición lo llama
«el movimiento de la torre, el caballo y el alfil».
Son tan puros como la sangre que salta en un golpe seco.
Tal vez en otro país o en otro mundo distinto a este,
alguien les dijo que aquí podrían honrar sus apellidos.
Por primera vez alguien
se dirige a ellos por sus apellidos.
Este domingo a las ocho de la mañana
busco en ellos mi instinto de morir, mi instinto de matar,
y me juego lo único en mí que no odio, mi nariz,
y me vendo el pecho para parecerme a ellos.
Porque alguien también me dijo
que aquí podría honrar mis apellidos.

*** 

ME tapé los pendientes con las manos frente al espejo.
Le dije a mi padre: mira, ¡soy un niño!
Pero temía llegar a clase y dejar de gustarte,
que mi feminidad no fuese feminidad suficiente,
que me dejases por otra niña y jugases a los papás con ella
(no soportaba imaginarte siendo marido de Elena
o de Sandra o de María o de Carmen).
Mi padre me besó la frente, me cogió en brazos
y me sentó en su Renault rojo matrícula dieciséis dieciséis.
Ese día fuimos al campo y jugamos al fútbol.

***

A Guillermo Marco Remón

ME regalaste un pompero por mi cumpleaños.
Lo trajiste como si un tesoro te hubiera bendecido las manos.
Te dije que era mi juguete favorito
y te enseñé la forma de que durase mucho más,
capturando una en el aire para crear otra nueva.
Ese día hicimos muchas, juntos,
y pensamos que nos durarían para siempre
las pompas y la infancia.
En algún momento creceríamos y me enseñarías
ese poema de Pessoa sobre pompas de jabón
con una precisión redondita o aérea
y comprendería que tú eras el chiquillo
que se entretiene en soltar por la pajita
toda una filosofía.
Nuestras pompas entonces eran inocentes,
brisa que apenas roza las flores al pasar,
besos de niños al aire. Ahora son caóticas
y tienen versos de poemas que nos gustan.
Verte, qué visión tan clara.
Vivir es seguirte viendo.
Cambiaríamos las pompas
por otros juegos menos niños,
pero nuestro amor seguiría toda esa filosofía.
Nos enseñaríamos la forma de que durase mucho más.

***

PERO tú qué te has creído Irene little Irene
con ese vestido de gomas que se pegan a tu cuerpo
y ese escote redondo de barco que naufraga
por esas islas que sólo habitan reyes.
Cuántas veces tenemos que tocarte las palmas
y llamar tu atención, cuántas veces tenemos
que llamarte sultana o emperatriz
y prejuzgarte y avisarles a tus chicos
de lo diabla que eres,
y la de veces que has hecho por ganarte esa fama.
Sólo nosotros lo sabemos.
No fue abandono, fue supervivencia.
Te quiero, pero no soporto la forma que tienes
de derribar los muros cuando me miras.
Tus ojos en llamas nos han quemado los entresijos
de la ingenuidad.

***

KIM K. ACABA DE COMPARTIR UNA PUBLICACIÓN 

You want a piece of me.

Britney Spears

¡Basta de silencios!
¡Gritad con cien mil lenguas! 
porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!

Santa Catalina de Siena

Vosotros queréis un pedazo de mí,
cuando me veis sola y hecha añicos,
pero yo no soy solo yo.
Pertenezco a una raza que ya existe,
de muñecas rusas fabricadas por artesanos
que las multiplican con variaciones
(medalla de oro, pecho blanco, mejillas rosas…),
y que todo el mundo desea abrir,
todas con un nombre distinto tallado,
todas con algo familiar en la mirada.
Vosotros queréis un pedazo de mí,
saquear mi cuerpo igual que Borchardt Nefertiti.
Por eso me corté las tetas
y os las ofrecí en una bandeja de plata.
El dolor me convirtió en Catalina.
Sangré por los costados mientras las palabras
salían dictadas a borbotones,
como si Alguien guiase mis manos,
las mismas manos que nos abrazan cuando os marcháis.
Con el pelo empapado de sangre
me seguís mirando y me decís que gotea,
que lo esparza por vuestras páginas escritas a mí,
a nosotras, a las de esta antigua raza milenaria,
por esos versos que se multiplican y apelotonan
hasta convertirse en un silencio
que grita con cien mil lenguas.
Quise quitarme del cuello la medalla de oro,
deseé un pecho menos blanco, unas mejillas ásperas,
y sentí envidia del artesano ambulante
que talló mi nombre propio,
que entregó el suyo, conmigo, a la artesanía.
Era la única manera de sobreviviros a todos.
Vosotros queréis un pedazo de mí.
Aquí estoy, cogedlo,
pero no os cortéis con los añicos.

—————————————

Autora: Irene Domínguez. Título: Pureza. Editorial: Rialp. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

4.3/5 (106 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

1 Comentario
Antiguos
Recientes Más votados
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios
Gaudencio Rodríguez Santana
Gaudencio Rodríguez Santana
11 meses hace

Hermosa y fuerte esa poesía. Me la quedo en la memoria. Y ojalá algún día me llegue hasta aquí.