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5 poemas de Valerio Magrelli

5 poemas de Valerio Magrelli

Valerio Magrelli (Roma, 1957) es uno de los principales poetas italianos contemporáneos. Enseña Literatura Francesa en la Universidad de Cassino y colabora en varios diarios. Además de ser autor de una extensa obra poética, en la que destacan los libros Ora serrata retinae (1980) y Vetas y naturalezas (1987), Magrelli ha escrito numerosos ensayos y ha traducido a prestigiosos poetas franceses, como Valéry, Mallarmé y Verlaine.

«Cuando me encontré con mi comisario homónimo, confieso que no me sorprendí. Entre tantos de sus colegas, antes o después, era normal que también él apareciera. Más bien me asombró la terquedad, la obstinación con que lo he visto viajar de Egipto a Francia, de Estados Unidos a Turquía, siempre devoto de un sueño infantil de justicia e, incluso, de una justicia en verso. Su patria, sin embargo, sigue siendo Italia, mientras que su especialidad parece consistir en la defensa de la víctima —la víctima como figura sacrificial, devaluada, invisible, eliminada—. En la estela de sus ilustres predecesores, nuestro héroe afronta los casos más diversos, a través de una pequeña pero nutrida enciclopedia del delito. En resumen, microhistorias e invectivas. Sin embargo, el verdadero hilo conductor sigue siendo la reflexión sobre una ley que a menudo, demasiado a menudo, tiende a olvidar los pobres derechos de las presas, especialmente los de aquellas inermes por excelencia: mujeres, paisaje e infancia».

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X

Cada día una estafa,
un robo, un homicidio.
¡Cómo es posible que no exista otra cosa!
¿Acaso no se van nunca al estadio,
por ejemplo?
Quizás es esta la verdad;
quizás es esta la verdadera naturaleza humana.
Quizás por eso gusta tanto el policíaco.
De ahí que desconfíe, el comisario,
ininterrumpidamente.
Aquí no hacemos más que desconfiar.
Tenía razón el poeta:
ilegibilidad del mundo.
Todo es doble.

XIII

Lo más aburrido
de algunos tiroteos vistos en el cine
es el revólver que el malo babea
en vez de decidirse a disparar.
Te ruego, elimíname
sin decirme por qué.
Te creo, te entiendo, pero apunta al corazón: todo
con tal de ahorrarme otra explicación.

XXII

Así los 30 años se convierten en 10.
Las cuchilladas, en cambio, no son negociables,
siguen siendo las mismas.
Cosa extraña: al descuento de la pena
no corresponde nunca aquel del crimen.
El castigo, en resumen, puede disminuir,
pero el delito no, se queda igual.
Si la víctima paga siempre todo,
al culpable, bah, se lo complace,
ya sabes. ¿Somos o no somos el paraíso
del arrepentimiento?
Lo inauguraron los padres jesuitas,
explicó Pascal, para fidelizar a los clientes
(o clientizar a los fieles) con ofertas especiales,
dirigidas a aumentar el número
de abonados.

XXXI

¿Piratas de las calles?
Otra cosa que le repugna.
¿Así que hieres y te das a la fuga?
¿Golpeas y te escapas?
Tal vez solo el exilio baste,
exiliarlos de todo el consorcio civil.
No te puedes quedar entre los hombres si no muestras
piedad.
A menos que te sometas a un invasivo
transplante de neuronas espejo
que te transforme en una criatura
sensibilísima, con supersensaciones,
una verdadera fragua de empatía,
abierta a todo tipo de emociones.
Hermoso, sin embargo, imaginar la paridad en donde
en vez de ser «condenado a muerte»,
el criminal sea «condenado al amor».

XXII

Y está también el ácido.
¿Qué se puede decir?
El que llega a borrar un rostro humano
debiera ser borrado de lo Humano,
apartado.
Sin la menor violencia, último don
que ofrecen los humanos a quien no lo es.
Lo irremediable exige simetría.
En una celda aireada, buena comida y baño,
pero escindido, se-pa-ra-do.
Tener un rostro implica obligaciones.
Desfigurar el rostro significa firmar
una eterna renuncia a la comunidad.

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Autor: Valerio Magrelli. Título: El comisario Magrelli. Editorial: Visor. Venta: Todostuslibros y Amazon

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