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5 poemas de Miguel Labordeta

5 poemas de Miguel Labordeta

Su pipa y su carné de ciudadano del mundo eran sus señas de identidad. Su obra poética está llena de magia, surrealismo y lenguaje desbordado. A continuación os ofrecemos 5 poemas de Miguel Labordeta.

Antepasados huéspedes

Todos los caminos
han conducido a mí.
El idilio de las abuelas
y las lluvias sobre los estanques
en las lejanas mañanas perezosas.
Las indiferentes ruecas
de pasadas primaveras marchitas
y el viento entre colinas
golpeando el atardecer.
Las anchas fauces olvidadas
exhaustas ya de tierra madre
desorbitadas total
exangües de silencio y espera.
Aquel que preguntó
el otro que no fue bien amado
ese que rudamente habló a Dios
y todos estos que en legión
más cercana y antigua
sorbieron la humilde gota misteriosa
que nos es ofrecida
por incumplidos cauces de promesa y de sangre.
Estáis allí
atónitos huéspedes
de cada primavera
en desvanecimiento convertidos ya
absorbidos en el puro eco
sin respuesta de mis manos
contemplando el mundo
y los enamorados de abril.
¡Ah hermanos…
hermanos míos en la muerte…!
Sagrados emigrantes hacia la orilla de los Cielos
sobre mi corazón resbaláis hondamente
como los ciervos moribundos al caer en la nieve.
Millones de días como éste
sin sentido reposan en ceniza
y mis sueños sonríen quedamente
deslizados por vuestros ríos secos.
Los pinceles del sol han esponjado tierra
y de vuestra savia una sabiduría extraña
su zumo ha cimentado
para nuevas mañanas con cuello de muchacha
y flores de gacela.
Habéis conducido a mí…
mas yo soy el que canta
yo sólo… sí… yo sólo…
que contengo un otoño bajo mis suelas rotas
de vagabundo dios de las bodegas.
Han desaparecido las nubes
y diviso las primeras estrellas
de los rojos equinoccios de marzo.

Ateo

Dame
minuto perdido
tu sentido entero.

Dame
nube olvidada
tu hermosa tristeza sin arraigo.

Dame
Vida mía única
tu imposible verdad.

Dame
mi soledad
tu repleta cosecha de renuncias.

Dame
muerte mía
tu relámpago de abrasado total.

Y tu -electrón terrible,
y tu -velocidad de la luz,
y tu -vértigo de distancias,
y tu -infinitud de guarismos
:y tu -secreto goce germinal de las pequeñas larvas que bucean hacia el sol,
y tu -lindo caballito de cartón de mis sueños de niño destripador,
dadme en seguro trance
vuestro centro inexorable
de palpitar dulcísimo;
entregadme en éxtasis deslumbrado
el devenir ciego de tanta primavera tronchada.
A ver si así
solo y con todo
compongo de mi sed indecible
el tremendo suceder de la Totalidad.

Confesión del inicuo

Este momento mío
lo soñaré asesinado ya.
Estos pájaros rojos de hambre
que maman de mis sienes por ti
un claro volcán de medianoche
los engendré cuando los niños
pasábamos lista ante el temible
profesor del Otoño.
Aquella criatura que será lluvia
la nutro con mis actuales combates.
Un tiempo denso de soles y de muertos
recorre la impávida gruta de mis ríos
hacia tu hermoso corazón de mendigo.
Confieso una furtiva confidencia
con esos náufragos que aman las estrellas,
con esa gota amarga de las minas
que secretamente aspira a una muerte profunda.
Pero nada poseeremos.
Toda piel se hará nube,
todo beso beberá de la arcilla
rojiza de los futuros marzos
y ésta mi pupila milagrosa
se envolverá en la remota túnica
de sus destrucciones.
De amanecida mis mastines silban
los funestos presagios de la sed
lentamente en deriva
hacia las palpitantes brasas
de los difuntos relojes de arena.
Mas dejadme
olvido de la certeza,
esperadme, mi dulce amor,
en la cita oceánica de mi tumba.
A las veintiuna y quince
hoy veintitrés de marzo
de cierto punto perdido
del continuo finito.

Destino

Lo sabéis amigos
no volveremos más.
La virtud de la lluvia
se aniquila en los soles
y el viento entre las flores
se sumerge en la sangre de los toros.
Sólo los viejos vagabundos al morir
pueden saber quizá
el secreto de la hora derramada
y el porqué de la mujer húmeda en estío.
Pero nosotros no. No podemos volver.
Es imposible calavera mariposa
el tiempo entre la niebla seducido.
Somos nosotros mismos
el ritmo pereciente
y nuestro gesto
la invisible caracola de la muerte
primavera pura aniquilada
en incesantes mundos destruidos.
Nada más. Tan sólo eso.
Un levantar baldío de los brazos
para recoger el mar que se nos huye
pletórico de ahogados y de olvidos.
Un lamento también
y un querer crear agujeros
en el agua mansa de los recién nacidos.
Mientras os alejáis
cantando juventudes
yo permanezco aquí
mudo y atónito
como un muerto inmortal
soñando vida inmensa
y una antigua e inconcebible libertad.
No volveremos más.
Es cierto amigos.
Atardece.
La estatua el árbol la hormiga
y esta pena mía tan hermosa
se confunden en la mente ignorada de las manos.
35 segundos han pasado en mi reloj de Pulsera.

Ofertorio

(Número cero)

Sin ti. Sin ti. Hora inviolable.
Inescrutable sollozo.
Fuga sagrada de lo que invado y destruyo.
Mis piernas de tristeza golpean las estrellas.
Navíos secretos de habitantes desnucados
hunden odio amargo, sediento
de dislocadas primaveras ciegas,
donde se yergue el titán enano de la Vida
vencido inmenso mar
de donde surgen albas implacables
como una mano tierna.
Ciñéndome en la furiosa danza
de este sangriento olvido,
de este pozo espeso de agonía
en cuyo fondo muere amanecer
un despertar hermoso
en antigua sonrisa de las Madres.
Tu brisa dorada de muchachas
me explica la lección conmovida
Con el sublime ejemplo .
del pequeño escarabajo de los cementerios.
¡Conducta que no admite discordias!
Pero yo rompo feroz todos tus espejos
y con mis navajas de fósforo
rasgo de punta a punta tu vientre de mentiras.
Los Cielos se me derraman podridos límites.
Hambrientos de corazón postrado
me interrogan -acuchillan- piden limosna a ratos amorosos,
tras años-luz de insomnio,
donde los termómetros azules
se convierten en sueño sin tormenta,
aglomero a todos los innumerables muertos humanos
ya galope tendido de tigres desbocados
los conduzco hacia el fin de los mapas solares
para pedirte cuentas
por nuestra inconsolable voz acuchillada.